Aprended de la Delta Force: no es solo el soldado de élite, es la visión, la estructura y los medios
De Absolute Resolve a Caracas: el legado del SAS forjó una unidad secreta, apoyada por JSOC, ISA y 160th SOAR, cuya capacidad contrasta con las limitaciones tecnológicas y logísticas españolas
La operación Absolute Resolve ha vuelto a poner el foco mediático sobre la Delta Force, una de las unidades de operaciones especiales más emblemáticas del ejército de EEUU. Pero más allá de la imagen (pública y estratégica) de "la Unidad", merece la pena repasar de dónde surgen, cómo evolucionaron y cómo se han ido adaptando a los tiempos. Porque para que un D’boy de élite ponga las botas en territorio enemigo se necesita todo un entramado logístico, operativo y estratégico de calado.
***
En 1962, el capitán Charles Beckwith fue enviado a Reino Unido para representar a Estados Unidos como uno de los oficiales de intercambio. Allí estuvo asignado al Servicio Aéreo Especial (SAS por sus siglas en inglés), una unidad de élite del ejército británico. El SAS nació durante la Segunda Guerra Mundial para realizar ataques detrás de las líneas enemigas en el norte de África y se le asignó un nombre tan ambiguo y descafeinado para confundir a la inteligencia alemana.
La unidad fue disuelta al término de la guerra para ser refundada poco tiempo después. Su primer despliegue tuvo lugar en las selvas de Malasia, donde el capitán Beckwith realizó patrullas de reconocimiento en profundidad como un miembro del SAS más. La experiencia le impactó profundamente y volvió a su país convencido de que el ejército de los Estados Unidos necesitaba una unidad así. La creación de un equivalente al SAS se convirtió en su cruzada profesional y personal.
La idea de Beckwith era formar una unidad con los mejores hombres y el mejor material regidos por una cultura de la excelencia. Por aquel entonces no tenía en mente una misión en concreto para ese grupo de élite. Pensaba que, con los efectivos adecuados, podría adaptarse a las circunstancias, formándose en el manejo de las herramientas o los procedimientos necesarios. La idea no generó mucho entusiasmo entre los altos mandos. Pero Beckwith no dejó de pregonarla por todos los destinos por los que pasó dentro de la comunidad de fuerzas especiales, muy volcada en esos años en la guerra de Vietnam. Su personalidad abrasiva no ayudó mucho, pero la red de amigos y superiores a los que fue convenciendo en este periplo resultaría decisiva a la larga.
Jesús M. Pérez TrianaUnidad de DatosMapa: Emma Esser y Blanca Casanova
El momento llegó en 1975, con Beckwith convertido en coronel. El terrorismo internacional había interrumpido con golpes como el secuestro de los atletas israelíes durante los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972 o el secuestro de varios ministros durante la cumbre de la OPEP, los países productores de petróleo, en Viena en 1975. Los países occidentales se lanzaron entonces a crear unidades de intervención especial. Gobiernos como Francia, Alemania y España asignaron la tarea a sus fuerzas policiales. Estados Unidos y Reino Unido confiaron en sus fuerzas armadas.
La nueva unidad, con Beckwith al mando, fue establecida en noviembre de 1977. Considerando que la unidad mínima de las fuerzas especiales de Estados Unidos se denomina Equipo A y que los elementos de mando superiores se denominan Equipo B y Equipo C, se bautizó a la nueva unidad Fuerza Delta. La unidad ha jugado siempre al despiste con su nombre, que fue por largo tiempo muy raro encontrar en documentos oficiales. Por el camino empleó denominaciones como Grupo de Aplicaciones de Combate (CAG), para disimular el destino de los fondos en partidas presupuestarias y en el papeleo que genera la logística militar.
La inspiración británica para su creación quedó reflejada en la organización interna de la Fuerza Delta, dividida al igual que el SAS por escuadrones. Cada escuadrón, mandado por un teniente coronel, se divide en tropas, una denominación heredada de las unidades de caballería. Por último, cada tropa está formada por cuatro equipos de seis miembros. Si el total de miembros de la Fuerza Delta en equipos de combate era entre 250 y 300 a principios de este siglo, la expansión de las unidades de las operaciones especiales tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 llevó a la creación de un cuarto escuadrón y el aumento de personal a entre 300-400. Cifras a las que hay que sumar un número mucho más elevado de cuadros de mando y personal en funciones de apoyo.
Bautismo (fallido) en Teherán
La primera gran misión para la Fuerza Delta fue posiblemente una de las más ambiciosas y complejas de su historia. Se trataba de rescatar al personal de la embajada de Estados Unidos en Teherán. Los trabajadores diplomáticos norteamericanos habían sido secuestrado en noviembre de 1979 por estudiantes radicales que pretendían empujar a las autoridades surgidas en Irán tras la revolución islámica a la ruptura total con Washington.
El plan de rescate consistía en volar aviones C-130 Hércules y helicópteros RH-53 Sea Stallion a una pista en el desierto en el interior del país persa para realizar una transferencia de combustible. Entonces, los helicópteros seguirían solos hasta las afueras de Teherán, donde aterrizarían en un lugar apartado y esperarían a la noche para que los miembros de la Fuerza Delta se infiltraran en la ciudad, asaltaran el lugar donde estaban el personal capturado y los trasladaran a un estadio deportivo. Allí, los recogerían los helicópteros. La ejecución dependía de un sinfín de elementos que podían fallar e implicaba a un gran número de unidades militares que nunca habían trabajado juntas.
En la primera parada se decidió suspender la operación por las averías en los helicópteros. Además, en plena maniobra para preparar el despegue, un helicóptero y un avión chocaron con un saldo de ocho militares muertos. El desastre le costó la reelección al presidente Jimmy Carter y dejó una enorme huella en la comunidad de fuerzas especiales de Estados Unidos.
La ambiciosa operación de Irán fue diseñada con criterios más políticos que militares para que cada rama de las fuerzas armadas de Estados Unidos se luciera. Se creó así una fuerza de tarea improvisada en la que los únicos preparados para una operación especial en el interior de un país hostil era la Fuerza Delta y otros miembros de unidades de operaciones especiales. Los helicópteros RH-53D Sea Stallion empleados eran de una unidad de la US Navy, la armada norteamericana, dedicados a la lucha contra minas. Lo único especial que llevaban para la misión era la pintura color arena.
Entre las múltiples lecciones aprendidas de este desastre, la más importante fue la necesidad de un mando específico para misiones altamente sensibles que requirieran la participación de varias ramas de las fuerzas armadas. Nació así el Mando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC). El nuevo cuartel general, con un general de división o un vicealmirante al frente, sirvió para que la Fuerza Delta tuviera una voz más autorizada hablando por ella frente al resto de la burocracia militar. Un problema que el coronel Beckwith se encontró repetidamente.
Lecciones de inteligencia y transporte
La operación de rescate en Irán generó demandas muy específicas de inteligencia por parte de la Delta Force, que debía saber el tipo de muro o puertas que debía sortear o los patrones de vida de los guardias iraníes. La clase de detalles a la que sólo un militar acostumbrado a realizar misiones de reconocimiento prestaba atención. Dentro del JSOC nació una unidad conocida como la Actividad de Apoyo de Inteligencia (ISA) y que es célebre por haber jugado aún más que la Fuerza Delta al despiste con nombres falsos.
La ISA tiene la particularidad de desplegar militares como agentes secretos en los lugares más insospechados del planeta. Jugó un papel destacado en la búsqueda de Pablo Escobar y es altamente probable que sus miembros llevaran meses trabajando en Caracas cuando tuvo lugar el asalto al refugio de Nicolás Maduro en el complejo militar de Fuerte Tiuna.
Por último, uno de las grandes lecciones del fiasco iraní fue la necesidad de contar con aparatos y tripulaciones especializadas en operaciones especiales. Nació así la unidad que es hoy en día el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (160th SOAR). Los vídeos grabados en la madrugada del 3 de enero de 2026 por venezolanos de a pie desde terrazas y balcones permitieron confirmar la presencia en el cielo de Caracas de los helicópteros Boeing MH-47G Chinook, variante reconocible por la sonda de reabastecimiento en vuelo y que sólo emplea el 160º SOAR.
El helicóptero Chinook, en su versión CH-74F, es empleado en España por el Batallón de Helicópteros de Transporte V del Ejército de Tierra, con base en Colmenar Viejo. La versión MH-47G difiere no sólo por la presencia de la sonda de reabastecimiento en vuelo que alarga el radio de misión más allá de los 740 kilómetros. La principal característica de los MH-47G es la enorme variedad y complejidad de sistemas de navegación y contramedidas, incluyendo radar de seguimiento de terreno y sistemas de visión infrarroja para volar lo más bajo posible y en condiciones meteorológicas adversas.
Otro aparato acompañó a los Chinook en los cielos de Caracas y cuya presencia sólo se intuyó en los vídeos grabados por venezolanos. Se trataría de los Sikorsky MH-60L, una versión especializada del conocido UH-60 Black Hawk. Al igual que los MH-47G, los MH-60L se diferencian de la versión estándar del modelo porque tienen sonda de reabastecimiento en vuelo y una enorme cantidad de sistemas electrónicos. Además, los MH-60L portan unas pequeñas alas que sirven para cargar depósitos suplementarios y toda clase de armamento, incluyendo misiles Hellfire y cohetes de 70mm, además de cañones y ametralladoras de cañones rotatorios como las que se hicieron sentir en la madrugada del 3 de enero en Caracas.
El vuelo de los MH-47G y MH-60L del 160th SOAR al corazón de Caracas sólo fue posible por el trabajo de apoyo de una gran cantidad de unidades y aparatos especializados de mando, inteligencia, reabastecimiento en vuelo, alerta temprana, etc. que están fuera del alcance de la mayoría de fuerzas armadas del planeta. Sólo Estados Unidos es capaz de hacer volar 150 aeronaves en una sola noche de forma coordinada en una misión tan compleja. Y sin embargo, más de uno se ha preguntado en España si nuestras fuerzas armadas serían capaces de realizar una operación así.
¿Qué tenemos nosotros?
Cuesta imaginar un escenario en el que España se decidiera a lanzar una operación para capturar a un jefe de Estado de otro país para llevarlo ante la justicia por narcotráfico. Pero incluso ante una operación similar, pero mucho menos ambiciosa, el principal obstáculo no sería la falta de unidades, material y personal de operaciones especiales; sino en todo lo que rodea a este tipo de misiones.
España cuenta desde 2014 con un Mando Conjunto de Operaciones Especiales y el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas dispone de unidad de inteligencia humana (HUMINT) cuya existencia fue conocida tras la visita del rey Felipe VI a la base de Retamares. Lo que se echa en falta en España de la lista de medios empleados por Estados Unidos el 3 de enero son aparatos como las aeronaves de obtención de inteligencia y alerta temprana, pero sobre todo la existencia en el Ejército del Aire y en las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra de unidades con aparatos especializados en operaciones especiales.
El Ejército del Aire ha dado un paso muy importante designando al Escuadrón 353 con sus aviones C295 y el Escuadrón 803 con sus helicópteros NH90 como unidades de referencia en materia de operaciones especiales. Así, el Escuadrón 803 obtuvo la certificación OTAN durante el ejercicio Sirio 22. Pero en ambos casos nos encontramos con que el principal elemento que los convierte en unidades de operaciones especiales es el adiestramiento y la doctrina, no los materiales.
Jesús M. Pérez TrianaDatos: Miguel Ángel Gavilanes
Así nos encontramos con la paradoja de que los principales obstáculos para las fuerzas armadas españolas a la hora de realizar una operación compleja no serían la falta de unidades de operaciones especiales con soldados de élite entrenados, sino los medios necesarios o la presencia clave de las unidades de apoyo en torno a ellas.
La operación Absolute Resolve ha vuelto a poner el foco mediático sobre la Delta Force, una de las unidades de operaciones especiales más emblemáticas del ejército de EEUU. Pero más allá de la imagen (pública y estratégica) de "la Unidad", merece la pena repasar de dónde surgen, cómo evolucionaron y cómo se han ido adaptando a los tiempos. Porque para que un D’boy de élite ponga las botas en territorio enemigo se necesita todo un entramado logístico, operativo y estratégico de calado.