El PP asume que Vox no dejará de crecer y obliga a Feijóo a reajustar su estrategia
Barones creen que el resultado de los de Abascal en Extremadura no será puntual y se mantendrá al alza el resto del ciclo electoral. En el partido alejan las mayorías absolutas y llaman a "naturalizar" a Vox como socio necesario
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/PP/Tarek)
Extremadura es el inicio de un "tsunami" que se replicará casi de forma idéntica en Aragón, Castilla y León, Andalucía... y en toda España. La lectura que el Partido Popular hace de los comicios del 21 de diciembre, los primeros del ciclo electoral, está llena de contrastes. Por un lado despunta un optimismo desbordante ante la posibilidad de que la secuencia electoral de 2026 pueda llegar a "borrar del mapa" a Pedro Sánchez y obligar al PSOE a una "refundación" tras tocar suelo en uno de sus últimos feudos territoriales. Pero también obliga a Alberto Núñez Feijóo a recalcular su estrategia con Vox ante la convicción interna de que "no dejarán de subir".
El líder del PP avaló la decisión de adelantar las elecciones en Extremadura con un doble objetivo: acelerar el desmoronamiento del PSOE en sus horas más bajas y demostrar que puede gobernar con manos libres, sin la tutela de Vox. Pero Feijóo se quedó lejos de pinchar la euforia demoscópica de los de Abascal. Aunque la hegemonía del PP no está en riesgo —y así lo demuestra el 43% del voto que logró el Partido Popular—, Extremadura afianzó la idea de que el futuro de la derecha pasa por encajar las piezas del entendimiento con Vox. "Cuanto antes lo naturalicemos, mejor. El miedo a la ultraderecha ya no opera", resume un dirigente nacional.
Ninguno de los tracking internos que manejaban a diario en la dirección nacional del PP vaticinó el subidón de Vox. El propio Feijóo aseguró en conversación informal con los periodistas el viernes previo a las elecciones que los de Abascal llegarían a un máximo del 13%, que se traducía en unos 8 o 9 diputados. Fue prudente el líder del PP con el resultado de Guardiola. Génova se marcó como meta superar los 30 escaños para reducir al máximo la dependencia de Vox, mientras que en Mérida se soñaba incluso con llegar a la mayoría absoluta. Vox superó las expectativas con el 17% y 11 escaños, seis más que en 2023. El PP sumó uno y se quedó en los 29.
Ni en Madrid ni en las delegaciones territoriales del PP creen que el resultado de Abascal en Extremadura sea algo puntual. "Nunca hay que subestimar a Vox", apunta un presidente autonómico, una tesis que se repite en otras regiones, en las que apuntan a que el crecimiento del partido ultraconservador se afianzará no sólo por la fuga de papeletas del PP, sino porque también ha comenzado a capitalizar voto del granero socialista. Vox triunfó pese a que una de sus principales banderas, la de la lucha contra la inmigración, está lejos del podio de los principales problemas para los extremeños.
En el PP, y especialmente en los territorios que abrirán las urnas en los próximos seis meses —Aragón, Castilla y León y Andalucía— sugieren que la estrategia de la guerra abierta con Vox no es la adecuada para hacer frente a esta nueva realidad. Con la única excepción de la negociación en la Comunidad Valenciana, momento en que Génova rebajó el tono para favorecer el acuerdo, el choque entre Feijóo y Abascal ha sido una constante desde hace mesesen la arena nacional.
La dureza con la que María Guardiola entró en el cuerpo a cuerpo contra Santiago Abascal en los primeros compases de la campaña en Extremadura tampoco se vio con buenos ojos en las filas de los conservadores. Pese a las "provocaciones" del líder de Vox, que amenazó incluso con pedir el relevo de la candidata del PP si necesitaban sus votos, importantes voces en el partido opinan que Guardiola se equivocó cuando llamó "machista" o "populista" a su competidor. "No puedes confrontar con Vox en lo personal y en lo ideológico porque les das alas, y además se te puede volver en contra", opina otro barón.
La pujanza del partido situado a su derecha diluye el espíritu de las mayorías absolutas y obliga a Feijóo a asumir definitivamente a Vox como socio necesario y a favorecer un clima de entendimiento. Incluso Juanma Moreno, que gobierna en solitario desde 2022, admite desde hace meses que la evolución de Vox puede poner en riesgo la absolutísima de Andalucía. "El 60% de los extremeños quieren que gobierne la derecha, y lo que tenemos que hacer [PP y Vox] es ponernos de acuerdo", resumió la portavoz del Congreso, Ester Muñoz.
El lunes, ante la Junta Directiva Nacional, Feijóo también pidió interpretar los resultados de Extremadura con "proporcionalidad". Lanzó con ello un mensaje velado tanto a Guardiola como a Abascal. Hay que buscar un acercamiento y dar a Vox el lugar en el que le han colocado los extremeños, pero sin plegarse a todos sus planteamientos y sin olvidar que es la tercera fuerza política. La búsqueda de pactos con un PSOE "inundado de corrupción y de acoso sexual" no es una opción.
La erosión del poder
Hasta ahora, el Partido Popular no ha dado con la tecla para frenar la tendencia al alza de Vox. La confrontación no ha dado resultados e ignorarles resulta más difícil que nunca por la inminente negociación extremeña. El presidente andaluz esbozó el pasado lunes una posible salida para tratar de iniciar el desgaste: "Vox sólo empezará a bajar cuando entre en los gobiernos y asuma responsabilidades", apuntó, justo la vía a la que el PP se resistió tras las autonómicas de 2023. El propio líder del PP prometió en el congreso nacional de julio que no compartirá la Moncloa con Vox.
Abascal detonó todos los gobiernos de coalición que compartía con el PP en junio de 2024. Vox lo justificó en la ruptura de los acuerdos relativos a la inmigración, pero en Génova sugieren desde hace tiempo que la decisión respondía a puro interés electoral por la erosión que provoca estar en el poder y por el estancamiento que entonces registraban en los sondeos. Desde entonces, los ultraconservadores no han dejado de crecer. La pregunta que ahora sobrevuela en el PP es si deberían ofrecer a Vox entrada en los nuevos ejecutivos autonómicos, empezando por el de Extremadura.
No es una opción que agrade precisamente a Guardiola, una de las dirigentes más críticas con Vox. Pero tampoco sería la primera vez. En 2023 les cedió una consejería. Este martes, la presidenta en funciones dejó una rendija abierta a esa opción. "Si su deseo [el de Abascal] es estar en el gobierno, tiene que haber un compromiso de trabajo", apuntó. Abascal tampoco descartó la posibilidad de pedir asientos. Pero al menos hasta ahora no es la idea que tienen en la dirección de Bambú. Sus exigencias tendrán más contenido programático e ideológico que orgánico. Harán valer sus votos e intentarán poner a Guardiola entre la espada y la pared. Pero desde fuera.
Extremadura es el inicio de un "tsunami" que se replicará casi de forma idéntica en Aragón, Castilla y León, Andalucía... y en toda España. La lectura que el Partido Popular hace de los comicios del 21 de diciembre, los primeros del ciclo electoral, está llena de contrastes. Por un lado despunta un optimismo desbordante ante la posibilidad de que la secuencia electoral de 2026 pueda llegar a "borrar del mapa" a Pedro Sánchez y obligar al PSOE a una "refundación" tras tocar suelo en uno de sus últimos feudos territoriales. Pero también obliga a Alberto Núñez Feijóo a recalcular su estrategia con Vox ante la convicción interna de que "no dejarán de subir".