Los líderes también se la juegan: Extremadura abre el ciclo electoral con destino Moncloa
Mientras Feijóo y Abascal deberán gestionar el éxito y establecer las bases de su relación futura, a Sánchez le toca afrontar el descontento de un partido que va a empezar a recibir patadas dirigidas a Moncloa
Este domingo comienza un nuevo ciclo electoral que conducirá a las elecciones generales del verano de 2027, esas que Pedro Sánchez jura y perjura que no adelantará. El camino será un goteo de citas electorales diseñado meticulosamente por el PP para provocar un desgaste continuo en el Gobierno gracias a la confluencia de dos factores: una tendencia nacional e internacional de derechización del voto y un deterioro relevante del proyecto político que representa el líder del PSOE y que no sólo alcanza a Moncloa, sino que empapa a su marca electoral a todos los niveles.
En términos electorales, el actual ciclo electoral comienza hoy con las autonómicas en Extremadura. Después vendrán las de Aragón el 8 de febrero, las de Castilla y León a lo más tardar el 15 de marzo y las de Andalucía siempre antes del verano. Cuatro duelos regionales cargados de significado nacional porque, con independencia de lo que en realidad está en disputa —el poder en cada autonomía—, los cuatro líderes nacionales saben que también se la juegan: Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y Yolanda Díaz. En esas cuatro citas están llamados a las urnas más de 13 millones de españoles, uno de cada tres, suficiente para poder extrapolar tendencias.
Como en todo análisis electoral, hay que tener en cuenta la teoría de las expectativas, un argumento que los partidos políticos utilizan para maximizar o minimizar el impacto electoral de los resultados. Sobre esta base, las elecciones extremeñas se presentan favorables para el PP, como es obvio, pues quien ha decidido convocarlas es quien podía hacerlo, la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola. En esta cita, Feijóo busca lanzar el primer impacto de un mensaje nacional: el PP es con mucha diferencia la primera fuerza española y lo es creciendo a su izquierda y a su derecha. O dicho de otro modo más contundente: el 21D será el principio del fin del sanchismo.
Teniendo en cuenta que en las extremeñas de hace dos años la primera fuerza fue el PSOE con un empate a 28 escaños, el PP quiere conseguir tres cosas: pasar a ser los primeros, que se da por descontado; sumar más que toda la izquierda junta (PSOE más Unidas por Extremadura); y mantener un porcentaje de voto que triplique a Vox. Si esto fuera así, Guardiola estaría en mejor posición que antes de las elecciones porque su dependencia del partido de Abascal sería menor: en lugar de un sí tendría suficiente con una abstención.
El principal problema para Feijóo está en la dependencia de Vox y el escenario de negociaciones con el partido de Abascal, que se encuentra en una tendencia de crecimiento a todos los niveles. El sueño de los populares está en alcanzar una mayoría absoluta que, a tenor de la media de las encuestas, parece muy difícil, a pesar de que Guardiola está en porcentajes de voto similares a los que se la dieron a Juanma Moreno en Andalucía en 2021: el 43%. Sin embargo, la diferencia en el número de provincias (2 frente a 8) supone que el PP debería superar el 46% que consiguió José Antonio Monago en 2011 y que no le sirvió para tener la absoluta.
Así, llega el principal reto para Feijóo: las negociaciones con Vox en Extremadura no se pueden deslindar de las relaciones del resto de autonomías, municipios y, por supuesto, del Estado. Después de la mala gestión de este punto que se hizo entre mayo y julio de 2023, Feijóo sabe que cada paso debe darse con una mirada nacional. En aquel momento fueron protagonistas Carlos Mazón y María Guardiola, que tuvo que desdecirse de su intención inicial de no pactar jamás con Vox. Aquella estrategia fallida penalizó enormemente a Feijóo en las generales, pues el PSOE supo alimentar el mensaje de "que viene la ultraderecha".
En esta ocasión, y como antecedente, opera la buena coordinación que han demostrado tanto PP como Vox en la Generalitat Valenciana: tras la dimisión de Mazón, Feijóo y Abascal mantuvieron una conversación que fue el comienzo de un acuerdo que ha permitido mantener el documento de 50 puntos sellado entre ambos partidos en esa autonomía en 2023. Después, llegaron los desencuentros presupuestarios de Extremadura y Aragón, por lo que en este momento cómo se comporten ambos partidos es una incógnita. El partido se juega en un escenario en el que Vox acusa al PP de ser lo mismo que el PSOE y los populares les reprochan que hacen la pinza con los socialistas.
En el caso de Abascal, la situación es la misma, pero a la inversa: Vox está subiendo en las encuestas y esto es una tendencia que se da por descontado que empezarán a consolidar en Extremadura. Mientras en el PP la protagonista de la campaña ha sido Guardiola, en Vox ha sido el propio Abascal, que se ha bregado en el último mes acudiendo a multitud de actos. En su caso, el riesgo está en mejorar resultados pero perder influencia, aunque es cierto que la estrategia de Vox de permanecer fuera de los ejecutivos es un plan a largo plazo, y eso les da la ventaja de poder jugar un doble juego de gobierno/oposición.
Sánchez y los dos dígitos
Mientras los riesgos de Feijóo y Abascal están en cómo gestionar el éxito, pues ambos mejorarán el resultado, en el caso del PSOE la cuestión será cómo gestionar la miseria: de las 11 elecciones autonómicas celebradas en Extremadura en democracia, los socialistas se han impuesto en diez, incluidas las anteriores, y en la mitad de ellas con mayoría absoluta. Todo apunta a que el reinado de Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Guillermo Fernández Vara desaparecerá en el candidato Miguel Ángel Gallardo, arrastrado por la ola de desgaste nacional del PSOE de Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno se ha implicado personalmente en la campaña, para empezar por la elección de un candidato absolutamente vinculado a él: está imputado en el caso Hermano. Llama la atención, igualmente, la desaparición de José Luis Rodríguez Zapatero, hasta ahora un activo electoral impagable para Sánchez que, sin embargo, esta vez ha sido ocultado en plena sucesión de informaciones sobre sus vínculos con Venezuela y con el rescate de la compañía aérea Plus Ultra.
Dado que nadie duda de que los socialistas bajarán en las encuestas y que no hay ninguna opción de que puedan gobernar, la dimensión del batacazo se medirá en cifras: si baja del 30% de los votos y el PP le saca más de diez puntos. Algunas encuestas apuntan incluso a que puede superar los 15, lo que confirmaría que el partido está sufriendo en primera persona el desgaste del Gobierno por los casos de corrupción y por la gestión del me too socialista, y que el mensaje triunfalista en relación con la economía no acaba de cuajar.
Por último, Yolanda Díaz está desaparecida. En un escenario en el que nadie sabe aún cómo se va a presentar Sumar a las próximas generales, aunque en ese espacio se asume que ella será la candidata por inexistencia de alternativa interna, la vicepresidenta tiene que asumir cómo Podemos e IU rentabilizan la candidatura en Extremadura, una coalición denominada Unidas por Extremadura que no tiene pinta de repetirse en el resto de las citas electorales. A pesar de que la candidata cuenta con el respaldo formal de Sumar, Irene de Miguel no duda en criticar a la vicepresidenta. Las encuestas le dan una subida respecto al 2023 e, incluso, la posibilidad de empatar con Vox, un resultado que, de confirmarse, será utilizado por Ione Belarra e Irene Montero como el modelo a seguir para el resto del ciclo electoral.
En términos de debate público, el ejercicio 26/27 será puramente electoral, pues se desarrollará con el horizonte de las elecciones municipales en las 8.000 localidades españolas y de las autonómicas, con cita obligada en Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra, además de Ceuta y Melilla. Para 2028 solo quedarían Galicia, el País Vasco y Cataluña, además de las Europeas para 2029, aunque eso será ya otro cantar.
Este domingo comienza un nuevo ciclo electoral que conducirá a las elecciones generales del verano de 2027, esas que Pedro Sánchez jura y perjura que no adelantará. El camino será un goteo de citas electorales diseñado meticulosamente por el PP para provocar un desgaste continuo en el Gobierno gracias a la confluencia de dos factores: una tendencia nacional e internacional de derechización del voto y un deterioro relevante del proyecto político que representa el líder del PSOE y que no sólo alcanza a Moncloa, sino que empapa a su marca electoral a todos los niveles.