El PP sube y gana en Extremadura pero no logra cortar la dependencia de Vox
Guardiola logra 29 escaños, pero se queda a 4 de la absoluta y afronta una difícil negociación con Vox. La dirigente pide a Abascal una "lectura sosegada" del resultado y no descarta una repetición electoral: "No depende de mí"
Alberto Núñez Feijóo junto a la presidenta de Extremadura y candidata a la reelección, María Guardiola. (EFE/Eduardo Palomo)
María Guardiola puso en juego su sillón en Extremadura para intentar conseguir un gobierno sin ataduras. El Partido Popular buscaba demostrar que es capaz de gobernar en solitario y, como mínimo, reducir la dependencia de Vox a pesar de su pujanza. La clave residía en crecer a costa de un PSOE bajo mínimos y asestar un duro "castigo" a Pedro Sánchez en uno de los grandes feudos históricos de los socialistas. El experimento permitió al PP afianzarse por el desplome absoluto de Miguel Ángel Gallardo... pero provocó también que Vox se disparase y que la gobernabilidad vuelva a estar en sus manos.
Los populares ganaron con claridad las elecciones en Extremadura. Suben más de cuatro puntos respecto a 2023 y superan el 43% del voto... pero sólo se traduce en un escaño más en la Asamblea, es decir, 29, a cuatro de la mayoría absoluta. Con estos números, el PP no se libra de Vox, que confirmó su tendencia al alza y pasa de 5 a 11 escaños con el 17% de papeletas. El giro sociológico hacia la derecha se consolida en una región históricamente gobernada por el PSOE y alcanza en conjunto casi el 60% del voto frente al 36% de la izquierda. Los comicios también estuvieron marcados por una baja participación, especialmente fuerte en el entorno rural.
Para el PP fue una noche de contrastes. Cayeron en número de votos —casi 10.000 menos que en 2023—, aunque lograron poner un broche dulce al superar al PSOE por casi 20 puntos en uno de sus últimos bastiones. En paralelo, Santiago Abascal sigue sin tocar techo. Y el clima en la derecha no podía estar más enrarecido. La falta de sintonía es evidente, y este mismo domingo quedó patente que el intento de entenderse será de todo menos fácil.
El primer pulso se vivió justo después del recuento. Ni PP ni Vox querían ser los primeros en comparecer, aunque finalmente cedieron los populares por pocos minutos. "Guardiola ha tardado una hora en salir, pensando cómo va a explicar que ha gastado 7 millones de euros para conseguir un diputado más", escribió Vox en su cuenta oficial de X. La presidenta en funciones tampoco se cortó ni un pelo, lo que anticipa unas negociaciones a cara de perro salvo improbable abstención del PSOE. "El coste de estas elecciones ha sido infinitamente menor que lo que les cuesta a los extremeños no tener presupuestos", lanzó, en alusión al rechazo de Vox a las cuentas.
Guardiola ha tardado una hora en salir, pensando cómo va explicar que ha gastado 7 millones de euros en unas elecciones para conseguir un diputado más.
Anunció Guardiola que abrirá una ronda de contactos con todos los grupos, aunque sugirió con sorna que no sabía si llamar "al señor Óscar o a Abascal" por la omnipresencia del líder de Vox en Extremadura por encima incluso de su candidato. Invitó al dirigente a hacer una "lectura sosegada" del resultado. "Tendrán que ver si ponen por delante sus siglas o ponen por delante a Extremadura", zanjó. Ni siquiera descartó una repetición electoral porque "no es una cosa que dependa de mí". El tira y afloja no se quedó ahí. "Vamos a exigir respeto a los votantes de Vox", respondió Abascal. "Puedo asegurar que no serán invisibilizados ni traicionados".
El PP necesita la abstención de Vox
Extremadura era el primer test de un largo ciclo electoral. El resultado permite a Alberto Núñez Feijóo enfilar los próximos comicios en Aragón, Castilla y León y Andalucía que Génova ha agendado de forma escalonada para afianzar el desgaste del PSOE, pero sin dejar de mirar de reojo el retrovisor derecho. El sueño de conquistar gobiernos en solitario se le resiste y los de Santiago Abascal consolidan su auge.
Los sondeos eran esperanzadores desde el minuto en que María Guardiola llamó a las urnas a finales de octubre ante el bloqueo presupuestario del que culpó al PSOE y, sobre todo, a Vox. Pero no hay apertura de urnas sin riesgo. El principal era permitir a los ultraconservadores mejorar su resultado y no conseguir desbloquear la gobernabilidad, conscientes, además, que sus condiciones serían más duras en esta ocasión. Y pese a la mejora respecto a 2023 y el desastre absoluto del PSOE, ese temor se cumplió.
Génova trató de contener la euforia de los trackingsy rebajar expectativas en la recta final. No había que tropezar con la misma piedra que penalizó a Feijóo en 2023 y que le condujo al callejón sin salida de la frustración pese a la victoria. En el PP de Extremadura trasladaban "muy buenas sensaciones" desde la apertura de los colegios electorales este domingo que les hacían soñar incluso con la mayoría absoluta —33 diputados— pese a la dificultad de llegar a esa marca. Pero conforme avanzaba el recuento, las expectativas se desplomaron también en Mérida. "Vox está muy fuerte", trasladaban en la región. Muy por encima de lo previsto.
En Madrid sí eran más prudentes. La absoluta se veía "muy difícil". Los objetivos que se habían marcado antes de que finalizase la votación pasaban por superar el 40% del voto, sumar más que toda la izquierda junta, lograr más de 30 escaños y reducir la dependencia de Vox a pesar de su crecimiento. Casi hacen pleno. Superar la barrera de los 30 diputados era una meta casi psicológica para vender la convocatoria como un éxito total, pero se le resistió a Guardiola por un puñado de votos. En concreto, se han quedado a poco más de 240 papeletas de arrebatarle un escaño al PSOE en la provincia de Cáceres, a la espera del recuento del voto CERA.
Cierto es que en 2023 María Guardiola necesitaba el 'sí' de Vox para ser investida. PSOE y PP empataron entonces a 28 escaños y los socialistas aún se impusieron en número de votos. Ahora, la presidenta de Extremadura en funciones solo necesitará la abstención de los ultraconservadores, porque el PP suma en solitario más que toda la izquierda junta. El derrumbe del partido de Sánchez, encabezado por Miguel Ángel Gallardo, se daba por descontado y la "hemorragia" ha sido profunda, inapelable. Se deja diez escaños y cae más de 14 puntos. Aello se aferran en la sede nacional del PP.
En Génova no hacen referencia por ahora a la cuantiosa subida de Vox. Se centran en el histórico derrumbe del PSOE en tan solo 30 meses, plagados de escándalos a nivel nacional. "Nosotros vamos a por el votante socialista", insisten. Abundan también en el "mensaje" de que "la voz" de los extremeños no es un castigo para Miguel Ángel Gallardo, sino para Pedro Sánchez. "Si no son capaces de subir en Extremadura, ¿dónde van a hacerlo? Es como si el PP obtuviese este resultado en feudos como Galicia", apuntan en la cúpula.
"La derrota para el PSOE es grande, y después de una paliza para la historia ya trabajamos en la siguiente gran noche para el Partido Popular", presumen en Génova, con la vista puesta en Aragón, donde Jorge Azcón se marca el mismo objetivo que tenía María Guardiola: reducir la dependencia de Vox y profundizar el hundimiento de los socialistas. Más fácil lo tiene el aragonés por la posible dependencia de fuerzas regionalistas. "Después de este 'superdomingo' para la izquierda en un feudo tradicional del PSOE, les esperamos en 49 días para seguir haciendo en elecciones autonómicas lo que de momento no podemos hacer en unas generales".
Alberto Núñez Feijóo siguió la noche electoral en Génova rodeado de su guardia pretoriana, entre ellos el vicesecretario y portavoz Borja Sémper, que reapareció junto a sus compañeros tras haber sido diagnosticado de cáncer. Tras finalizar el recuento, telefoneó a María Guardiola para felicitarle "por su triunfo". La dirigente siguió la noche electoral junto a los suyos en Mérida.
Campaña 'territorializada' y con tropiezos
El Partido Popular diseñó una campaña electoral atípica, que tuvo algún que otro tropiezo en la recta final por la polémica respecto a la excesiva reacción del PP por el robo de papeletas electorales —la Guardia Civil zanjó que se trataba de un robo común en busca de dinero y los 124 afectados pudieron volver a emitir su voto— o la ausencia de María Guardiola del debate de RTVE pese a liderar los sondeos, decisión que en importantes sectores del partido se vio como un "error" que podía penalizarla. La cacereña optó, especialmente en la última semana, por una campaña sin riesgos en la que redujo notablemente su presencia pública en comparación con la de sus rivales en las urnas.
La candidata del PP no quería grandes mítines ni tampoco injerencias de dirigentes nacionales. Protagonizó una campaña completamente "territorializada", marcada desde el inicio por el fuerte choque con Vox. Abascal le recriminaba día tras día su "soberbia" y la vinculaba a la "extrema izquierda". Incluso planteó su relevo como candidata para llegar a un entendimiento si, tras el recuento, necesitaba sus votos. Guardiola no calló y le recriminó su "tufo machista", aunque sin llegar a cerrar en este caso la puerta a acuerdos que "beneficien a la mayoría de los extremeños".
Pese a las evidentes diferencias respecto a 2023, Extremadura vuelve a la casilla de salida y depende de un difícil entendimiento entre los dos partidos de la derecha, con la incógnita de las exigencias que Vox pondrá esta vez encima de la mesa y sin descartarse el fantasma del bloqueo y de una hipotética repetición electoral. Los de Abascal lanzaban un aviso desde hace días: "Es un tema de voluntad. Si ellos quieren habrá acuerdo. Si quieren imponer, no lo habrá". Habrá diálogo. Un acuerdo son ya palabras mayores.
María Guardiola puso en juego su sillón en Extremadura para intentar conseguir un gobierno sin ataduras. El Partido Popular buscaba demostrar que es capaz de gobernar en solitario y, como mínimo, reducir la dependencia de Vox a pesar de su pujanza. La clave residía en crecer a costa de un PSOE bajo mínimos y asestar un duro "castigo" a Pedro Sánchez en uno de los grandes feudos históricos de los socialistas. El experimento permitió al PP afianzarse por el desplome absoluto de Miguel Ángel Gallardo... pero provocó también que Vox se disparase y que la gobernabilidad vuelva a estar en sus manos.