El PSOE se mueve para la sucesión de Sánchez: las dos estrategias del postsanchismo
Dos movimientos distintos se preparan para "canalizar el descontento" y conformar una alternativa que permita competir contra Sánchez en unas primarias tras las generales. Discrepan en los tiempos pero coinciden en el objetivo
Clausura del 41 Congreso Federal del PSOE en Sevilla, con Santos Cerdán a la izquierda. (Europa Press/Francisco J. Olmo).
Sobre el futuro del PSOE hay dos certezas. La primera es que en este momento nadie en el partido pone en duda que Pedro Sánchez seguirá siendo el líder del partido mientras sea el presidente del Gobierno. La segunda es que en la organización existe un descontento creciente con su liderazgo y se están empezando a diseñar estrategias para optar a su sucesión en el caso de que, después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista no pueda permanecer en la Moncloa. Ese será el momento, porque nadie se atreve a asegurar que, llegado el caso, el actual jefe del Ejecutivo no aspire a continuar liderando el partido en la oposición.
Según ha podido testar El Confidencial en una decena larga de dirigentes, exdirigentes y cargos medios y locales del partido son movimientos incipientes que tienen un elemento en común: conformar una alternativa que pueda aspirar a la Secretaría General del PSOE a través de unas primarias que nadie descarta puedan ser contra el propio Sánchez. Hay otra cuestión importante: la consideración de que el actual líder socialista ha construido un partido a su medida y que cualquier operación debe realizarse con el objetivo de "estar preparados cuando llegue el momento". Y un último detalle relevante: lo importante ahora no es el nombre del sucesor, sino la reconstrucción ideológica de la formación.
Estos movimientos se pueden agrupar en dos. El motivo está en que las estrategias discrepan en los tiempos y en el enfoque, si bien el punto de destino es el mismo: devolver al PSOE a las posiciones clásicas que ha abandonado tras siete años de Sánchez en La Moncloa, y muy especialmente desde las últimas elecciones generales del 23 de julio de 2023. Sostienen que el proyecto actual del PSOE está "desnaturalizado" por las cesiones a otros partidos como consecuencia del pacto con los partidos que conforman la mayoría que desalojó a Mariano Rajoy del poder y que Alfredo Pérez Rubalcaba bautizó como Frankenstein.
Más allá del descontento con el presidente del Gobierno, el primer movimiento muestra su preocupación porque en el partido se está produciendo una fractura entre sanchistas y antisanchistas. Prefieren definirse como una "alternativa" al actual liderazgo, pero huyendo de etiquetas. En este sentido, prevén dar un paso al frente en los primeros meses de 2026 con el fin de construir una estructura que pueda plantar cara al aparato del partido, férreamente controlado por la actual dirección. La idea, explican, no es lanzar un pulso orgánico para "cargarse" al secretario general, sino estar preparados "para el mañana". En este sentido, añaden que es "crucial" no dejar "en la estacada" a quienes se atrevan a dar un paso al frente para sumarse a la iniciativa.
Para ello, trabajan en armar un equipo promotor con caras conocidas a todos los niveles que permita canalizar el descontento del partido y "quitar el miedo" a quienes no se atreven a posicionarse en público. "Hay jóvenes del partido que se están ofreciendo a colaborar, pero no se atreven a dar el paso", subrayan.
"No se trata de que se pronuncien solo los históricos, que ya se han posicionado bastante en sus críticas a muchas de las decisiones de Pedro Sánchez, sino de construir una alternativa para recuperar la ilusión de los simpatizantes y de los militantes demostrando que es posible y necesario hacer las cosas de otra manera". Evidentemente, a esta estrategia son bienvenidos los referentes del PSOE de siempre, de Felipe González y Alfonso Guerra a las decenas de exdirigentes socialistas que ya se han posicionado en declaraciones públicas y manifiestos, desde Juan Carlos Rodríguez Ibarra a Jordi Sevilla. O tantos otros.
"Los pactos con los socios actuales del Gobierno impiden abordar grandes reformas en economía, sanidad, por ejemplo. Sin pactos amplios y sin hablar con todas las fuerzas políticas, incluyendo al PP, no se puede seguir adelante. Hace falta un proyecto de país", explica a este periódico. Es más, lamentan que el partido en la actualidad está absolutamente centrado en el 'me too' y la cuestión feminista, y "todo lo demás está en segundo plano". En este sentido, consideran que se está produciendo "un vacío en el discurso nacional y en los liderazgos nacionales". "Se está desatando la guerra preventiva respecto a los probables resultados malos en los territorios. Está Pedro y sus dos o tres guardias de corps, pero los líderes regionales están a lo suyo", diagnostican.
Segundo movimiento: "Necesitamos tiempo"
El segundo movimiento es más prudente y prefiere no dar la cara, aunque coincide en el objetivo: "Ir a unas primarias contra Sánchez después de las elecciones generales, cuando deje de ser presidente del Gobierno". Entienden que el líder del PSOE está intentando "comerse a Sumar" y alimentar "todo lo posible" a Vox para conseguir ganar las elecciones, aunque se quede "lejísimos" de la posibilidad de seguir en la Moncloa. "En ese caso, se quedará en el partido y construirá un discurso de 'no me dejan gobernar y la transición en el PSOE la hago yo'. Es un experto en ser víctima y mártir".
Este grupo, que sí se considera abiertamente antisanchista, entiende que "no se puede dar un paso hasta después de las generales". Mientras, quieren construir discurso, sociedad civil y una estructura que les permita competir. "El problema es que los tiempos los maneja él. A nosotros lo que nos interesa es que Sánchez convoque tarde. Necesitamos tiempo". Este segundo movimiento sabe con quién podrá contar en el futuro, y asegura que entre los nombres hay personas con poder orgánico que no dudarán en dar el paso y dejar de ser "sanchistas". Eso sí, siempre será después de que Sánchez deje de ser presidente del Gobierno.
Ante la pregunta de quién será el líder, la prudencia se convierte en silencio absoluto. No obstante, sí consideran que tiene que ser alguien joven, con cierta popularidad y "con más futuro que pasado". Por eso, entienden que no pueden ser, por ejemplo, Susana Díaz, que Eduardo Madina "no está en esto" o que Jordi Sevilla "no piensa en candidato". En cualquier caso, la identidad de quien pueda ser el candidato será el último punto en el orden del día, dado que "sea quien sea, ahora eso sería matarlo, o matarla".
Hay una tercera sensibilidad entre quienes consideran que Pedro Sánchez está perjudicando al partido. Son los que desde responsabilidades orgánicas creen que el presidente del Gobierno debe convocar las elecciones, en todo caso, antes de las próximas elecciones municipales y autonómicas, previstas para mayo de 2027, con la idea de no perjudicar a los candidatos y, por extensión, al partido.
No obstante, como apunta Nicolás Redondo, "a Sánchez podría convenirle tener malos resultados en las autonómicas para concentrar el poder en su figura nacional". El exlíder del PSE es pesimista y lamenta el "clima monolítico del partido: o estás con Sánchez o estás contra mí". Según explica a este periódico, el partido está "atrincherado" porque "el control del aparato es tal que no hay posibilidad de cambios internos sin proceso electoral".
En conclusión, a pesar del estado actual del Partido Socialista, con nula discrepancia interna en el ámbito público y con unas expectativas electorales a la baja, y a pesar de que el presidente tiene controlada a la mayoría de las federaciones, algo se está empezando a mover en el PSOE. Y el elemento común es que no les gusta Pedro Sánchez.
Sobre el futuro del PSOE hay dos certezas. La primera es que en este momento nadie en el partido pone en duda que Pedro Sánchez seguirá siendo el líder del partido mientras sea el presidente del Gobierno. La segunda es que en la organización existe un descontento creciente con su liderazgo y se están empezando a diseñar estrategias para optar a su sucesión en el caso de que, después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista no pueda permanecer en la Moncloa. Ese será el momento, porque nadie se atreve a asegurar que, llegado el caso, el actual jefe del Ejecutivo no aspire a continuar liderando el partido en la oposición.