El 'boom' de los funerales personalizados: "Quiero un grupo de rock en mi velatorio"
La mayoría de los funerales en España siguen siendo religiosos, aunque cada vez ganan más terreno las ceremonias personalizadas. Pueden estar vinculadas a un equipo de fútbol o realizarse en medio del campo
Antonia* quería ser enterrada en un ataúd con forma de barco para seguir la tradición vikinga. Tiene 87 años y lleva tiempo pidiéndole a su familia que planifiquen su funeral en alusión a la cultura ancestral nórdica. El problema es que en los hornos de incineración no pueden introducirse ataúdes modificados, pero nada impide que lleven inscripciones rúnicas. Esa fue la solución que halló la empresa contratada por la familia de Antonia para complacerla, la misma que organiza funerales en globo, dispersa las cenizas de un difunto por cinco continentes o busca mariachis para un funeral en Gran Canaria.
Esta familia no tiene ascendencia nórdica. Antonia solo quiere “despedirse” de acuerdo a los gustos que ha defendido toda su vida y eso es lo que mueve a los españoles que personalizan sus funerales. Ni son ricos ni les sobra el dinero. Quieren que sus familiares les den el último adiós escuchando en vivo a un grupo de rock típico o degustando comida tradicional. Nada de esto está en la carta de servicios básicos de las principales compañías del sector, pero cada vez se solicitan más funerales “súper” personalizados.
“Fue muy difícil encontrar empresas que nos permitieran cumplir los deseos de mi tía”, explica Begoña Romero, sobrina nieta de Antonia. “El sector es muy tradicional y más apegado a lo religioso. Nosotros no estábamos puestos ni teníamos los conocimientos para complacer a mi tía. Cuando dimos con la actual empresa nos alegramos mucho. Nos pondrán simbología vikinga en el sarcófago y música y decoración alegórica en la sala. Qué ciudadano común conoce a quien se dedica a hacer inscripciones vikingas en ataúdes. Aún no hemos cerrado el presupuesto con ellos, pero nos sale alrededor de un 40% más barato que con una empresa tradicional. Hace 30 o 40 años era impensable hacer un funeral vikingo en España.”
“Personalizamos uno de cada dos funerales”
El Confidencial solicitó el presupuesto para un hipotético velatorio personalizado a Interfunerarias, una empresa que tiene más de 50 tanatorios distribuidos por todo el país. Cobrarían 58 euros por la sábana que utilizarían con el difunto, 120 por el “acondicionamiento higiénico sanitario”, 216 por el “personal al servicio”, 148 por la “retirada del fallecido”, 745 por la cremación, 1.015 por la sala de velatorio, 860 por el ataúd, 340 por la urna de sal (para depositar las cenizas en el mar), y 147 euros por la utilización de una capilla. Con esos servicios, que son los que completarían un funeral básico o tradicional, los gastos ascenderían a 4.421 euros. Interfunerarias no se encargaría de la bandera para colocar sobre el ataúd, esto debía “garantizarlo la familia”.
Sobre la posibilidad de incluir un grupo musical en la ceremonia, la empresa consultada precisó que también lo debería aportar la familia “al tratarse de algo tan concreto”. Si la familia encontrase a los artistas, “la duración de la música sería de una hora, el tiempo previsto para usar la capilla” (147 euros por esa hora). Por último, la compañía fue tajante en referencia a una hipotética decoración de la sala: “No se puede modificar ni añadir nada a la estética del tanatorio”.
El tipo de funerales que se realizan en España explica la respuesta de Interfunerarias. “El 86% de las despedidas fueron ceremonias religiosas (85,4% católicas y 0,6% de otras religiones)”, precisa a este diario Alejandro Quinzán, secretario de la patronal del sector, Panasef. “Estos datos denotan que las familias españolas todavía apuestan por una ceremonia religiosa para despedir a sus seres queridos, aunque apreciamos que la ceremonia laica va creciendo de forma lenta, pero constante”.
"Los mariachis no pueden faltar. Quiero que mi familia disfrute y se sienta bien ese día"
Begoña aclara que quería cumplir los deseos de su tía abuela con la mayor cantidad de facilidades posibles y, visto el resultado, otros miembros de su familia se animaron para dejar organizados sus funerales. Así lo hizo Tania Valerón, quien sin ninguna enfermedad que ponga en peligro su vida ha previsto que toque un grupo de rock en su funeral. “Cuando mi padre falleció hace dos años, la aseguradora de decesos que él pagaba no se quiso hacer cargo de nada y al buscar en internet encontré a Pazy entre las opciones más baratas”, explica la joven de 34 años. “Como lo de mi padre salió tan bien, me animé a planificar el mío para no darle dolores de cabeza a nadie. La aseguradora quería 4.800 euros por los traslados y la incineración de mi padre, pero Pazy me cobró 2.800 euros por un paquete que incluía música y catering”.
En el funeral de Valerón habrá comida canaria típica, “patatas con mojo y queso valsequillo”, y quiere que se haga todo lo posible para que toque la banda de rock local Agaete. “Si ellos no pueden ya se verá, pero quiero que suene rock en vivo en mi despedida. También habrá mariachis, esa música no puede faltar. Quiero que mi familia disfrute y se sienta bien ese día”.
Bailar y reír, esa es la fórmula que defiende para los velatorios Daniela Rueda, una funeral planner que organiza como mínimo dos ceremonias al mes en Islas Baleares, y aproximadamente la mitad de ellas son personalizadas. Según su experiencia, los clientes quedan satisfechos con su trabajo cuanto mejor hayan reaccionado a sus “métodos terapéuticos” que buscan divertir a los dolientes mientras sufren la partida de un ser querido.
“Casi siempre llevo rotuladores para que los asistentes puedan escribir algo en la tapa del ataúd”, detalla la mallorquina de 39 años. “Yo lo gestiono todo por la familia, cobro como mínimo 500 euros y la media de mis servicios oscila los 1.500 euros. Todo depende de qué quieren y mi objetivo es que pasen un día bonito a pesar de la desgracia. El 50% de mis clientes quieren que haga todo muy clásico y el resto siempre pide algo especial. Es común que salgamos del tanatorio a celebrarlo en una especie de agroturismo con vistas a las montañas cerca de Palma, donde también se hacen muchas bodas. Este tipo de funerales casi siempre son laicos”.
Cuando a Rueda le solicitan música en vivo llama a instrumentistas autónomos que trabajan por encargo. Para el funeral de la niña que falleció hace seis años por una alergia a un helado que tomó en un hotel de Málaga, Rueda y su equipo recrearon canciones de los animados de Disney que veía la niña. En otra ocasión contrató a músicos que tocaron la banda sonora del wéstern El bueno, el feo y el malo, para el funeral de un señor que era fanático de esa película.
Funeral disco en barco o cenizas dentro de una falla
El trabajo de Rueda suele comenzar cuando una empresa funeraria tradicional se niega a ofrecer los extras que ella suele gestionar en los velatorios. “Digamos que medio entre la funeraria y la familia, me quedo en el centro y lidio con todo tipo de situaciones. Siempre hay, por ejemplo, quien pide mucho whisky en el funeral de una persona que le gustaba, pero luego aparece la típica hermana diciendo que eso es un horror. Hay familias a las que les cuesta cumplir los últimos deseos de sus difuntos. Mi reto es demostrar que en un funeral no tiene que haber solo tristeza, puede ser un día muy bonito y un homenaje. En el de mi padre lloramos, bailamos, reímos y le recordamos, porque la celebración de la persona que perdemos termina siendo terapéutica de cierta forma”.
Hay familias que realizan peticiones rimbombantes o complicadas de materializar, pero otras sencillamente quieren asociar los velatorios de seres queridos con sus respectivas personalidades en vida. Ese era el caso de Alejandro Nieto, el CEO y fundador de Pazy, la empresa contratada por Begoña y Valerón. Creó esta compañía para impedir que otros sufrieran lo que él cuando tuvo que despedir a su abuela, quien había pagado más de 20.000 euros de un seguro de decesos en cuotas mensuales durante décadas, y Nieto no pudo ni poner fotos de ella en la capilla ardiente.
“Hace tres o cuatro años en este país solo había aseguradoras de decesos y empresas funerarias al uso, de ahí todo lo que pasamos con mi abuela”, explica el emprendedor. “Todos los funerales eran muy a sota, caballo y rey. Nosotros nos encargamos de hacer realidad cualquier petición de la familia. Hemos hecho funerales de 15.000 euros con una fiesta disco sobre un barco desde el que se vertían las cenizas del fallecido, nos han pedido introducir cenizas en una falla para que el difunto vuelva a arder en Valencia, y en una ocasión despachamos 72 litros de vino en el funeral de un fanático de esa bebida”.
Pazy ha tenido clientes que quieren distribuir sus cenizas por cinco continentes o que sus familiares las dispersen durante un paseo en globo. Él y su personal nunca saben bien lo que le pueda pedir alguien. Tienen que ser como productores de cine, siempre prestos a rodar una escena rocambolesca. Desde Panasef precisan que “las empresas llevan años formando a su personal para ofrecer servicios funerarios cada vez más personalizados”, porque en los últimos años han ocurrido “cambios sociales importantes referentes al modo de despedir a nuestros seres queridos”. Pero que haya “empresas que permiten acudir al tanatorio a las mascotas del fallecido” o “retransmitir online un funeral en tiempo real”, son cambios que ni se acercan al proyecto de Nieto.
“A los españoles nos gusta hablar mucho y pagar poco, y con los seguros de decesos pagamos mucho y hablamos poco de ellos”, explica Nieto. “Nosotros jugamos con la ventaja de que más de la mitad de la población española intenta garantizar su sepelio y eso lo aprovechamos en nuestro favor. Si nos piden algo muy loco que no tenemos, buscamos la manera de conseguirlo en el tiempo que transcurre hasta que fallece la persona. Un reto importante son los grupos de música, y tenemos un abanico de contactos muy grande para poder llevar a Valladolid un grupo de rock de Granada en menos de 24 horas, por ejemplo”.
"Queremos que todo esté decorado con respecto al fútbol y al Alavés"
La gran paradoja de los servicios que presta Pazy radica en su costo y en quién los solicita. Nieto aclara que nada de lo que hacen resulta necesariamente más caro que un funeral tradicional y su ticket medio oscila alrededor de los 3.000 euros, casi 800 menos que lo estimado por la OCU para un funeral común. Esto explica que los clientes de Pazy no sean ricos o personas de clase media-alta, sino “gente común”, como los define Nieto, que quiere una experiencia funeraria diferente.
“Mis padres contrataron el funeral de mi abuelo para complacerlo con su equipo de fútbol, el Alavés”, cuenta Pedro*, un joven vasco de 23 años, sobre cómo su familia dio con Pazy. “Queremos que todo esté decorado con respecto al fútbol y al Alavés, que se toque el himno del equipo y se personalice el ataúd. Escogimos esta empresa por el precio y las posibilidades que nos ofrece”. El abuelo de Pedro tiene 82 años y su vida no corre peligro de momento, pero sus familiares insisten en despedirlo como ha vivido siempre en Vitoria: vestido de futbolista y entonando cánticos.
*Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente.
Antonia* quería ser enterrada en un ataúd con forma de barco para seguir la tradición vikinga. Tiene 87 años y lleva tiempo pidiéndole a su familia que planifiquen su funeral en alusión a la cultura ancestral nórdica. El problema es que en los hornos de incineración no pueden introducirse ataúdes modificados, pero nada impide que lleven inscripciones rúnicas. Esa fue la solución que halló la empresa contratada por la familia de Antonia para complacerla, la misma que organiza funerales en globo, dispersa las cenizas de un difunto por cinco continentes o busca mariachis para un funeral en Gran Canaria.