El PSOE espera que el subidón de Vox esconda su porrazo histórico en Extremadura
Los socialistas no ven a Guardiola rozando la mayoría absoluta y se preparan para jugar la baza de que aumentará su dependencia de la ultraderecha. Confían en que tienen un suelo pese al desgaste de la marca
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el candidato socialista a la Presidencia de la Junta, Miguel Ángel Gallardo, en Cáceres. (Europa Press/Carlos Criado)
El primer test del nuevo ciclo electoral no apunta bien para el PSOE. Ni su profundo arraigo en Extremadura ni la implicación personal de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, parecen suficientes para frenar la caída de los socialistas. Se asume sin ambages que el resultado será malo. El propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), poco dado a maltratar el voto del PSOE, apuntó a una horquilla de entre 19 y 22 escaños frente a los 28 que tienen actualmente. Un escenario que hace solo unos meses parecía irreal y que ahora Moncloa y Ferraz aceptan como posible.
Los socialistas siempre mejoran sus opciones en la última semana de campaña, en la que por regla general movilizan el 20% del voto final. Pero estos comicios se celebran en un momento delicado para el partido, tanto en Extremadura como a nivel nacional. En las semanas previas a este domingo electoral, el exministro y exsecretario de Organización, José Luis Ábalos, ha entrado en prisión, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha registrado varios Ministerios por contratos ligados al expresidente de la SEPI, Vicente Férnández, y la mala gestión del caso Salazar ha hecho estallar un profundo malestar interno en el PSOE por la falta de sensibilidad en la atención a las víctimas de acoso sexual.
Esa tormenta nacional se completa con la situación judicial del propio candidato, Miguel Ángel Gallardo, acusado de supuestos delitos de tráfico de influencias y prevaricación administrativa cuando era presidente de la Diputación de Badajoz, en la causa contra el hermano de Pedro Sánchez, que se sentará también en el banquillo entre mayo y junio.
Fue justo esta circunstancia la que empujó a María Guardiolaa adelantar las elecciones y forzar el apoyo de Sánchez a Gallardo como candidato, pese a las dudas de una parte de la organización. Pero esa jugada esconde un reverso: aunque el PP desplazará al PSOE como primera fuerza y recuperará el control de la Mesa de la Asamblea, su actual dependencia de Vox será mayor.
Los sondeos apuntan a que la ultraderecha puede duplicar los cinco escaños que tiene ahora. En los últimos días, el PP ha aumentado incluso sus propias expectativas al detectar un gran trasvase de voto del PSOE que permitiría a Guardiola acariciar la mayoría absoluta. Los socialistas no ven este resultado y se aferran a que la presidenta extremeña, que primero no quiso pactar con Vox y luego tuvo que tragarse sus propias palabras, ahora los va a necesitar más.
Y este escenario creen que será su tabla de salvación. El derrumbe socialista parece impepinable, con la duda de cuál será finalmente el suelo en una autonomía que han dominado históricamente. Pero están convencidos de que el batacazo pasará más desapercibido por el subidón de Vox. Es una tesis que comparte también Moncloa, no sólo el PSOE extremeño. "Si adelantas las elecciones para quitarte de encima el chicle de Vox y al final duplican sus diputados", razonan en el Gobierno, no parece un gran avance. "Si han convocado elecciones para no depender de Vox y acaban dependiendo de Vox, quedarán en evidencia", coinciden varias fuentes del partido.
Aunque en recientes comparecencias en el Congreso, Pedro Sánchez ha ido tejiendo un discurso sobre la desmantelación de los servicios públicos en las autonomías que dirige del PP, su principal flanco de ataque es la connivencia con la ultraderecha y la amenaza de que lleguen juntos a la Moncloa. Y en ello confían como arma electoral, una vez que Extremadura estrena la carrera que culminará en 2027.
Los socialistas piensan que en las andaluzas de la próxima primavera, Juanma Moreno perderá la mayoría absoluta en Andalucía, y que previamente Alfonso Fernández Mañueco se verá también forzado a un nuevo pacto con Vox en Castilla y León. Solo en Aragón, en los comicios del 8 de febrero, los populares ven opciones de lograr una aritmética que deje fuera a la ultraderecha.
El PSOE extremeño se agarra a lo que considera errores de última hora de Guardiola. A su decisión de no participar en el debate de RTVE y dejar el atril vacío, el obligado despido de su chófer, pariente lejano suyo y condenado por violencia de género, la denuncia por acoso sexual al alcalde de Navalmoral de la Mata (Cáceres) y la sobreactuación por el robo de 124 votos emitidos por correo. "No están tan cerca de la mayoría absoluta, ni mucho menos", aseguran los socialistas.
Pedro Sánchez protagoniza este viernes el último mitin en Villanueva de la Serena (Badajoz), municipio del que fue alcalde Gallardo. Con la ayuda del presidente del Gobierno y de Ibarra, el candidato ha tratado de sacar adelante una campaña lastrada por su imputación, bajo la premisa de que su procesamiento forma parte de la "persecución" que sufre la familia del jefe del Ejecutivo. El apoyo de Sánchez es lo que le ha dado a Gallardo legitimidad para ser cabeza de cartel. El 21-D medirá hasta qué punto esa decisión ha podido ser un error. También el aguante de la marca PSOE en un momento en que muchos en el partido apuntan a un "fin de ciclo".
El primer test del nuevo ciclo electoral no apunta bien para el PSOE. Ni su profundo arraigo en Extremadura ni la implicación personal de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, parecen suficientes para frenar la caída de los socialistas. Se asume sin ambages que el resultado será malo. El propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), poco dado a maltratar el voto del PSOE, apuntó a una horquilla de entre 19 y 22 escaños frente a los 28 que tienen actualmente. Un escenario que hace solo unos meses parecía irreal y que ahora Moncloa y Ferraz aceptan como posible.