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La lucha entre PP y Vox marca la recta final en Extremadura con la gobernabilidad en el aire
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ELECCIONES EL 21 DE DICIEMBRE

La lucha entre PP y Vox marca la recta final en Extremadura con la gobernabilidad en el aire

El castigo al PSOE se da por descontado, pero los sondeos auguran un desenlace incierto en la derecha. La batalla entre Abascal y Guardiola complica pactos a futuro que eviten una repetición electoral, opción que no se descarta

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, en Almendralejo (Badajoz). (Europa Press/Javier Cintas)
El líder de Vox, Santiago Abascal, en Almendralejo (Badajoz). (Europa Press/Javier Cintas)
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Extremadura es la primera "meta volante" de un largo carrusel electoral que culminará a más tardar en 2027 con las próximas elecciones generales. Pero los últimos compases de la campaña, que finaliza oficialmente este viernes, revelan una fotografía inédita con posibles réplicas en Aragón, Castilla y León y Andalucía, las regiones que abrirán, por este orden, las urnas en 2026. Por primera vez el foco no está en el duelo del bipartidismo, ni siquiera en un feudo histórico del PSOE. La gran batalla está en la derecha. Las consecuencias del reparto de escaños y de la dependencia final que el PP tenga de Vox se imprimirá también en la contienda nacional.

Tanto Génova como Bambú saben lo que se juegan. Y ni María Guardiola ni Santiago Abascal —figura central de la campaña de Vox frente a un desconocido Óscar Fernández— son ajenos a que la pugna se libra en su espacio político. Las alusiones a Miguel Ángel Gallardo, el candidato procesado del PSOE, son mínimas. La "debacle" del partido de Pedro Sánchez se da por segura, se pregunte donde se pregunte, y se mire donde se mire. La única incógnita es la severidad del castigo de los extremeños a los casos de corrupción y de acoso sexual que ha dejado la moral de la organización socialista por los suelos.

En los últimos días, si PP o Vox han apelado al lado izquierdo del tablero lo han hecho con el fin de atraer a votantes socialistas descontentos. Ese trasvase lo capitaliza el PP, aunque no hay que descuidar la transversalidad de un Vox con guiños constantes a las clases más populares y que comienza a pescar en el caladero del PSOE. La batalla es total. Los reproches mutuos es la constante vital de cada acto de campaña. Y la ferocidad de los ataques hace casi impensable un pacto si María Guardiola se queda aún lejos de la mayoría absoluta. En ninguna de las dos formaciones se descarta la opción de una repetición electoral.

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En la dirección del PP sacan pecho del cambio sociológico a la derecha que, tras el caso andaluz, se consolidará definitivamente en Extremadura tras el 21-D. Pero también saben que no es suficiente. La victoria de María Guardiola se espera "rotunda", pero las horquillas de los últimos sondeos privados publicados anticipan que el pulso con Vox no se despejará hasta la misma noche electoral. Los trackings que manejan en Génova son optimistas, —aseguran que "seguimos creciendo"—, pero ninguno refleja la mayoría absoluta, situada en los 33 escaños. En el PP de Extremadura siguen sin descartar ese escenario. "Difícil, pero no imposible", sentencian.

En el tiempo de descuento de la campaña, los populares han revitalizado el discurso del "voto útil" en busca del empujón final. Al margen de la propia Guardiola, Ayuso instó a los extremeños a evitar más coaliciones, y Feijóo llamó a elegir entre "avanzar" con un gobierno del PP sin tutelas "o quedar bloqueada" en la "pinza" que ya provocó el primer adelanto electoral en la historia de la región. "La prioridad de Guardiola es Extremadura, la del resto de partidos que Guardiola no saque mayoría", afianzó, sin obviar los dardos a un Vox que "sólo se presenta para importar la inestabilidad de la política nacional" a la región.

Salvo cambio de agenda, el líder del PP no volverá a pisar el territorio. Ni siquiera para el cierre del viernes. La presidenta de Extremadura diseñó una campaña estrictamente regionalizada, sin grandes actos y con el "feminismo" como bandera frente al "tufo machista" que Guardiola achaca a Vox, con la vista puesta en las más de 437.000 mujeres llamadas a las urnas este 21 de diciembre en pleno 'Me Too' de la organización socialista con múltiples denuncias por acoso sexual. Génova avaló la estrategia pese al perfil bajo de Feijóo, que apenas ha coincidido con la candidata durante la campaña. Y apuntan a que es una hoja de ruta que le está funcionando.

El objetivo del PP pasar por sumar más que toda la izquierda junta. Si ese escenario se produce, reflexionan, Vox debe facilitar la investidura, aunque el problema volvería con la tramitación de los presupuestos autonómicos y la convocatoria electoral podría haber sido en vano, con el consecuente posible desgaste del PP y de su candidata. Pero no es lo mismo que María Guardiola finalice la noche electoral con 28 o 29 diputados —superando por poco la marca de 2023— a que se sitúe a uno o dos escaños de la mayoría absoluta, escenario por el que se inclinan en Génova.

La contienda extremeña será decisiva también para Vox. Santiago Abascal se juega demostrar si el auge que venían pronosticando durante meses todos los sondeos para su formación, tanto a nivel territorial como nacional, estaba en lo cierto o no era más que un espejismo. No hay ni un sondeo, ni público ni privado, que vaticine que Vox no suba el 21 de diciembre. Pero al igual que Guardiola, dista mucho el hecho de quedarse en los 7 u 8 diputados —parten de 5— o escalar hasta los 10.

Consciente del desafío, el líder de Vox se ha asentado en Extremadura desde hace más de un mes. Raro es el día que Santiago Abascal no ha estado recorriendo la región, con intervenciones plagadas de dardos a la candidata del PP. A diferencia de lo que sucede con otros presidentes autonómicos, la relación entre los de Bambú y María Guardiola, a la que ven de "extrema izquierda", es completamente nula. Y ya han planteado que si sus votos son necesarios, las exigencias crecerán respecto a lo pactado, por ejemplo, en la Comunidad Valenciana. Abascal llegó a amenazar incluso con pedir el relevo de Guardiola para llegar a un entendimiento.

En el PP de Extremadura evitan poner todos los huevos en la cesta de Vox y creen que no se puede descartar que el PSOE facilite la gobernabilidad en caso de desastre total y de que Gallardo dimita el domingo, operación también de riesgo para los intereses nacionales de Feijóo. No parece probable que Guardiola consiga atraer a un partido al que tilda de "populista" y que, según ella, aparta a toda mujer que "asoma la cabeza". Ni tampoco que Vox se lo ponga fácil a una candidata a la que tilda llama "Irene Montero de Extremadura". Ahora mismo todo está en el aire, y las encuestas pronostican un final incierto hasta que finalice el recuento electoral.

Extremadura es la primera "meta volante" de un largo carrusel electoral que culminará a más tardar en 2027 con las próximas elecciones generales. Pero los últimos compases de la campaña, que finaliza oficialmente este viernes, revelan una fotografía inédita con posibles réplicas en Aragón, Castilla y León y Andalucía, las regiones que abrirán, por este orden, las urnas en 2026. Por primera vez el foco no está en el duelo del bipartidismo, ni siquiera en un feudo histórico del PSOE. La gran batalla está en la derecha. Las consecuencias del reparto de escaños y de la dependencia final que el PP tenga de Vox se imprimirá también en la contienda nacional.

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