Talayuela, el milagro de la convivencia en el pueblo con más inmigrantes de Extremadura
Una de cada cuatro personas es de origen marroquí en esta localidad de Cáceres. Se permite a los niños no ir a clase el Día del Cordero y también participan en el festival de Navidad
Vecinos de Talayuela, Extremadura, donde una de cada cuatro personas es de origen marroquí. (C. G.)
Youssef Meziane era un chico "tímido" y "débil" que cada semana iba al pabellón municipal de Talayuela a ver cómo otros niños practicaban kickboxing. Sufría en sus carnes la lacra del bullying y el racismo y era un niño cada vez más encerrado en sí mismo. Día tras día acudía a entretenerse viendo cómo otros practicaban deporte. Hasta que una tarde, Rubén Aceituno, el profesor, se dirigió a él: "Chico, ¿por qué no entrenas con nosotros?".
Aquel momento cambió la vida de Youssef . En el deporte encontró una salida al bullying que sufría y en Rubén esa mano tendida que todos necesitamos cuando tocamos fondo. Ahora, Youssef se ha convertido en esa mano tendida que un día le sostuvo a él antes de caer por el precipicio. Y con su trabajo como profesor de kickboxing y líder de la comunidad musulmana ayuda a que la convivencia en Talayuela, donde un 24% de la población es marroquí, sea una realidad. Un caso único en una región donde los más mayores acostumbran a llamar "forastero" a los que habitan en el pueblo de al lado.
En este municipio extremeño, escondido entre campos de secaderos de tabaco que parecen templos abandonados, una de cada cuatro personas que te encuentras por la calle es de Marruecos. Un lunes de diciembre a media tarde si paseas por las calles, y salvo por el decorado (una iglesia católica y un cartel que invita a celebrar la Semana Santa), uno pensaría que está en Casablanca. Por el pueblo caminan mujeres con velo y numerosos hombres con atuendos típicos del país norteafricano. En la mezquita se congregan decenas de ellos a las horas del rezo.
Youssef nos hace de guía por la localidad (7.439 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística (INE)). Pese a tratarse de un día laboral, el movimiento es notable, especialmente por parte de la comunidad musulmana. "Con racistas me he encontrado un montón de veces. Personas infelices que quieren amargarte la vida. No me han querido dejar entrar en alguna discoteca porque soy marroquí. Si no me encuentro a alguien como Rubén habría odiado", cuenta mientras nos movemos por las calles de trazado irregular de Talayuela.
Carlos, vecino de Talayuela: 'Los marroquíes más veteranos son muy respetuosos'. (C. G.)
"Empecé a hacer kickboxing porque me hacían bullying. Soy el mayor de tres hermanos y quería protegerlos". Youssef llegó con 17 años a Talayuela, en 2006. Hoy le saludan por la calle como si fuera Mohamed VI. Todos los marroquíes se paran a darle la mano y dedicarle un salam aleikum, pero también los españoles hablan con él. La convivencia en Talayuela es buena, como corroboran los musulmanes con los que hablamos, y también los españoles.
Uno de ellos, Carlos, que se dirige a nosotros antes de encontrarnos con Youssef para interesarse por el tipo de cámara que usa el fotógrafo. Lleva una gorra con la bandera de España. Le suena el teléfono móvil y el himno de la nación resuena a todo volumen. "Los marroquíes más veteranos son muy respetuosos. Los que vinieron en los 90 a trabajar en el tabaco. La gente nueva, los chavalines, es más complicado. Ha habido hasta apuñalamientos".
Karim circula con su vehículo por el municipio extremeño. (C. G.)
Mientras caminamos con Youssef por una de las calles, Carlos le gasta una broma a voces desde una terraza: "¡Cuidado con ese que es racista!". Youssef se ríe: "Este Carlos es un cachondo". Otro miembro de la comunidad musulmana, Karim, se ofrece a atendernos y hasta nos lleva a su casa tomar té y dátiles. Karim lleva siete años viviendo en Talayuela y trabajando en fincas de la zona, donde recoge cereza y productos del campo. "Siempre hay gente buena y gente mala", dice. Él también cree que la convivencia entre españoles y marroquíes en el pueblo es buena.
En el colegio de Talayuela
¿Cuál es la fórmula secreta de la convivencia de Talayuela? Según Youssef, el esfuerzo de ambas partes. El Ayuntamiento (gobernado por el PP en coalición con Vox), la comunidad educativa y la mezquita trabajan para que se respeten las diferencias culturales. El director del Colegio Gonzalo Encabo, Alfonso Corrales, apunta en la misma dirección. "Es verdad que la convivencia siempre es mejorable. Pero llevo 25 años en el pueblo y la verdad es que hay muy buena relación entre la población española y la marroquí. Se debe a un esfuerzo de las instituciones: públicas y de los representantes marroquíes", explica.
Talayuela fue uno de los lugares elegidos por Vox para hacer campaña. La formación acudió con Santiago Abascal y grabó un vídeo en el que no aparece ningún marroquí, pero tampoco se recogen comentarios contra la población inmigrante.
Niños a la salida del colegio en Talayuela. (C. G.)
Su experiencia es que españoles y marroquíes conviven mejor en el colegio que en la calle. "Los problemas son de niños y niñas, no de marroquíes y españoles. Es cierto que al principio empezó siendo difícil: cuando jugaban, se hacían equipos de marroquíes y equipos de españoles, las madres no acudían al colegio porque estaban vetadas por sus maridos... pero eso ha cambiado". Reconoce que ahora en la calle "se convive bien" y que "la mezquita está haciendo un gran papel".
En 2022, el Ministerio del Interior expulsó de España al antiguo imán de la mezquita de Talayuela, Yahya Benaouda, por propagar el islamismo radical. Al director del colegio este hecho le sigue sorprendiendo: "Con nosotros colaboró enormemente, a nosotros nos sorprendió". Youssef se ha convertido ahora en un "pilar importantísimo" para fomentar las buenas relaciones entre comunidades a través de la mezquita y el gimnasio.
Youssef Meziane llegó con 17 años a Talayuela. (C. G.)
El colegio otorga un día libre a la comunidad musulmana para celebrar el Día del Cordero y alguno con motivo del Ramadán. "Se facilita para que los niños celebren ese día y no se les pone una ausencia injustificada, pese a que oficialmente no son días festivos. Esto es un logro de todas las administraciones que hemos ido parando cualquier tinte xenófobo, de ataque a la comunidad islámica", señala.
Del mismo, en el festival de Navidad "los niños marroquíes participan al cien por cien. Nos adaptamos un poquito, porque hay villancicos tradicionales con mensaje de empatía, solidaridad… No con tintes tan religiosos, que también los hay y no pasa nada, participan. El 26 de diciembre hacemos el aguinaldo por todo el pueblo y todos los niños van a tiendas, ayuntamientos, bancos y todo el colegio participa cantando". Corrales explica que tampoco tuvieron problemas en que los niños participasen en los carnavales. "Si alguna familia ha puesto problemas se les ha dado a entender que son aspectos educativos y curriculares. No se trata de imponer nada, sino de compartir. Eso hacemos desde el mundo educativo y siempre en colaboración con la mezquita".
Decoración navideña en Talayuela. (C. G.)
No ha sido fácil. Reconoce que hubo un tiempo en que llegaron "muyahidines" a la zona (islamistas que practican la guerra santa) para prohibir la participación de los musulmanes en actos de integración. "Venían de Madrid a prohibir salidas y excursiones, imponiendo el uso del velo", asevera. Al igual que Carlos, el director del colegio ve notables diferencias entre las generaciones más veteranas y las nuevas. "Los mayores vinieron a trabajar al campo de la zona de Marruecos este, una zona muy deprimida y abandonada por el propio Gobierno marroquí. Ahora hay otra generación que no tiene nada que ver. Se ven algunos rasgos más radicales, por la influencia de las redes sociales, pero no es muy significativo. Sigue habiendo buena convivencia".
Este representante de la comunidad educativa también considera que hace falta un reparto "más equitativo de la población extranjera entre los colegios de una misma localidad. Las leyes educativas se llenan de conceptos de igualdad y reparto equitativo, pero no se ha hecho nada. No se ha tenido la valentía política. Un reparto equitativo impide que se formen guetos en los colegios, y que haya un colegio de marroquíes y otro de españoles".
Los recolectores de tabaco
Continuamos nuestra travesía por Talayuela. En la plaza del Ayuntamiento, muy cerca de la mezquita, conocemos a Gadir, marroquí que lleva desde los años 80 en la localidad extremeña. "Con la peseta se vivía mejor", dice. Llegó en 1988 para trabajar en la recogida de tabaco y trajo a su familia. Su nieta estudia el Grado en Terapia Ocupacional en la Universidad de Extremadura.
Gadir (d), Karim (i) y su hijo con la Iglesia de San Martín de fondo. (C. G.)
El caso de Gadir es paradigmático y explica por qué de un porcentaje tan alto de población marroquí en Talayuela. Domingo Barbolla, profesor en el área de Antropología Social de la Universidad de Extremadura y autor del libro Desde Talayuela al cielo: historias de inmigrantes buenos y malos, ha estudiado bien el fenómeno. "En un momento determinado, en los 90, hubo un cambio importante en el cultivo de tabaco, pasando del tabaco negro al tabaco rubio. Se pasó de fumar Ducados y Celtas a fumar Winston. Esto supuso un cambio importantísimo en el cultivo, ya que la recogida de tabaco rubio requería de mayor mano de obra. Las hojas se tienen que recoger cada semana y hacen falta temporeros permanentes hasta octubre-noviembre", explica.
Esta necesidad de mano de obra, inexistente en lugares próximos, provocó el efecto llamada: "Llegaron en torno a 4.000 habitantes de una zona de Uchda, pegada a Argelia, en Marruecos. Esto supuso que a una población de 8.000 llegaran en torno a 4.000 jóvenes y varones marroquíes". Barbolla explica que la buena acogida de esta población se debió a la necesidad económica que tenía la región de ellos. Después llegaron mujeres y niños, por lo que "se fue complejizando la situación".
Miembros de la comunidad musulmana en la mezquita de Talayuela. (C. G.)
"Cuando fueron menos necesarios empezaron a surgir nuevos conflictos en forma de religión. Samuel Huntington decía que era imposible la convivencia entre cristianos y musulmanes. Yo desmonto eso, porque lo que nos muestra Talayuela es que es la economía el punto clave: hay relaciones de normalidad entre comunidades cuando el sistema económico lo permite".
Solo 170 metros separan la Iglesia de San Martín de la Mezquita de Talayuela. Apenas en dos minutos andando uno puede pasar de escuchar villancicos a oír los rezos en la mezquita. Se construyó en 2011 con aportaciones de los marroquíes del pueblo. "Un buen musulmán no puede odiar a Jesucristo. Así de claro", afirma Youssef a la puerta de la mezquita, donde decenas de hombres entran para el rezo del mediodía.
Cuando termina la ceremonia, prácticamente todos se paran a saludarlo. Jóvenes y mayores. La gestión de la comunidad islámica es una de las principales dedicaciones de Youssef junto las clases de kickboxing, donde ayuda a niños que fueron como él. Quizá la clave de la fórmula de la convivencia radique en tres ingredientes: el esfuerzo de las dos comunidades, una situación económica favorable en el lugar de acogida y la existencia de personas como Rubén, que salvó a Youssef de la soledad.
Foto: C. G.
"He ido a cenas de Navidad con él y su familia algún año en que me he quedado solo porque mi familia viajó a Marruecos. Rubén es de las mejores personas que me he cruzado, y he llegado donde estoy gracias a él". Youssef Meziane ha pasado de ser un marginado a un defensor de los desfavorecidos, una suerte de Batman de Talayuela que habla árabe y español. "A mis clases vienen muchos. A veces veo en la calle cómo los marginados hacen piña y es un orgullo", dice Youssef mientras sonríe y camina por los barrios del pueblo del que forma parte desde hace ya 19 años.
Youssef Meziane era un chico "tímido" y "débil" que cada semana iba al pabellón municipal de Talayuela a ver cómo otros niños practicaban kickboxing. Sufría en sus carnes la lacra del bullying y el racismo y era un niño cada vez más encerrado en sí mismo. Día tras día acudía a entretenerse viendo cómo otros practicaban deporte. Hasta que una tarde, Rubén Aceituno, el profesor, se dirigió a él: "Chico, ¿por qué no entrenas con nosotros?".