Quiénes ganan lo que los socialistas pierden y cómo afecta a la izquierda
Las elecciones extremeñas cobran un matiz simbólico añadido al hilo de una semana agitada. Y en especial, para los partidos progresistas, que tenían una hoja de ruta marcada
Irene de Miguel, candidata de Unidas por Extremadura. (EFE/Jero Morales)
La campaña extremeña cobra mayor importancia todavía en términos simbólicos. Fue planteada desde una convicción: el mal momento del PSOE, con los escándalos que le acosan, le pasarían factura en las urnas, y Extremadura sería el lugar donde se comenzaría a demostrar. El 21-D llegará, además, en un instante especialmente complicado para los socialistas, ya que las encuestas no les resultaban favorables de partida, y las noticias de esta semana auguran un final de campaña difícil. Con el adelanto de los comicios en Aragón, la mala foto extremeña puede salir más movida aún en febrero.
Sin embargo, los resultados de las elecciones extremeñas tendrán que leerse con cuidado, en la medida en que confluyen las características propias de la región y el momento político nacional. El hecho mismo de que se esté ante unas elecciones adelantadas, así como la fecha elegida para los comicios, hacen que las previsiones sobre la participación estén llenas de incertidumbre. Además, en esta ocasión municipales y autonómicas no van juntas, lo que sugeriría, en principio, una participación menor. En segunda instancia, es un territorio en el que los dos grandes partidos cuentan con bastante voto fiel, por lo que las formaciones de los flancos tienen más difícil crecer: las ganancias modestas serán más indicativas que en otros territorios. En tercer lugar, son unas elecciones que se desarrollan mucho más en clave nacional que local, al contrario que los comicios autonómicos habituales, lo que llevará a la tentación de traducir casi directamente los resultados regionales al ámbito de la política española.
"Existe malestar con el PSOE, pero históricamente, el voto de descontento socialista no ha venido a parar a nosotros"
Se aprecia especialmente en la campaña de Guardiola, que está reproduciendo en su tierra las variables políticas nacionales. En Extremadura solía ocurrir al revés: la importancia que tenían los presidentes autonómicos extremeños estaba relacionada con la capacidad de hacer oír la voz de la región fuera de ella, lo que era relevante para una tierra necesitada. Guardiola no tiene ese perfil ‘exterior’ y son las voces nacionales las que se escuchan en su campaña: el ruido de sables, los tribunales, la UCO, Salazar, el hermano. Vox está mezclando las declaraciones insistentes sobre Sánchez, habitualmente enunciadas por Abascal, con un perfil complementario, que suelen desempeñar otros cargos nacionales: responsabilizan al bipartidismo de la falta de desarrollo de la tierra, y reivindican la posibilidad de que los jóvenes se queden en su tierra. Es una campaña mixta, pero con su líder priorizando lo nacional.
Aunque las luchas entre las derechas sean ahora especialmente importantes, lo que ocurra en las izquierdas es relevante. Las encuestas señalan que es buen momento para Unidas por Extremadura, su candidata, Irene de Miguel, cuenta con aceptación y el PSOE está desgastado, por lo que sería el momento de crecer. Sin embargo, como afirman fuentes del partido, "existe malestar con el PSOE, pero históricamente, el voto de descontento socialista no ha venido a parar a nosotros. El PP suele ganar lo que pierde el PSOE". Si Unidas por Extremadura pasa de los cuatro diputados con los que actualmente cuenta a seis, que son los esperados desde la formación, significará que la incomodidad en la izquierda con los socialistas aumenta. Sería un hecho significativo porque, hasta ahora, el desgaste socialista a nivel nacional no ha repercutido positivamente en las izquierdas. Cuando el PSOE pierde voto, según las encuestas, su flanco izquierdo no se ha visto beneficiado. Veremos hasta qué punto los resultados extremeños ratifican la situación previa o marcan una inflexión.
Dónde y cómo crecer
Este es el momento, además, en que los partidos del flanco izquierdo comenzarán a marcar un camino diferenciado respecto del gobierno. No en cuanto al soporte último al mismo, que deberá continuar, sino en cuanto a su oferta política. Los escándalos que rodean al PSOE fijan una oportunidad, que es una necesidad, pero también una suerte de trampa. Irene de Miguel, en Extremadura, ha defendido las acciones económicas del gobierno, y quiere hacer valer la eficacia de la coalición, pero también se ha distanciado sin hostilidad de los socialistas. Su campaña pone en el centro mucho más la ilusión que la crítica. En el resto de España, es probable que el discurso respecto de los socialistas se endurezca, y que la diferencia se busque en la crítica al PSOE por el machismo y por la corrupción. Es un movimiento lógico, pero insuficiente.
Extremadura puede señalar el desgaste real del PSOE y qué fuerzas políticas están en disposición de aprovecharlo
En este sentido, las elecciones extremeñas también ofrecerán pistas respecto de cuáles son los ámbitos en que la izquierda puede competir con los socialistas. En especial, puede apuntar, aunque sea de esa forma ambigua en que los resultados extremeños pueden traducirse al resto de España, la magnitud del desgaste del PSOE, y quiénes pueden aprovecharlo. Es decir, quiénes ganan lo que los socialistas pierden.
Será interesante anotar cómo funciona la competencia tanto en el terreno social como en el geográfico. Unidas por Extremadura, en los últimos años, ha tenido su mayor porcentaje de votantes entre personas con nivel cultural, y con un componente significativo de servidores públicos, sean funcionarios, personal laboral o eventuales. Cuentan con presencia en el medio rural y gobiernan en algunas alcaldías pequeñas, y hay zonas, como en el valle del Jerte, donde han recogido el voto de gente que ha regresado desde la ciudad para instalarse allí. En una región con la población envejecida y con las personas de mayor edad votando al PP y al PSOE, conviene tomar nota de en qué segmentos de la población se produce la ganancia (si esta llega), y en qué localidades.
La hoja de ruta
Unidas por Extremadura está llevando a cabo una campaña centrada en los problemas de la región. Sin embargo, el diagnóstico de los males es ampliamente compartido: despoblación, envejecimiento, malas conexiones, emigración de los jóvenes, falta de impulso, necesidad de desarrollo. Todos los partidos coinciden en que hay que poner fin a esa situación. La radiografía, pues, no basta para vehicular voto. Las propuestas de la formación de Irene de Miguel han puesto el acento en asuntos conflictivos, como el biogás. Insisten en los problemas ligados a la sanidad y la educación que viven en especial en los pueblos, en la situación de los productores agrícolas, en la necesidad de conexiones y en el desarrollo industrial sostenible. Todas esas dificultades tratan de recogerse en un marco positivo, que intenta generar ilusión, más que en uno de confrontación y desencanto. En este sentido, compiten con el rival del otro flanco, Vox, cuyo programa pone el acento en el malestar de una tierra, en los problemas de la agenda verde, y en un sistema bipartidista que impide que los jóvenes permanezcan y que malgasta los recursos públicos. Será interesante constatar hasta qué punto penetran los discursos de los flancos, el de la ilusión y el cambio, y el del malestar con el mundo político, y en qué lugares y clases sociales funcionan. Será una foto que dirá bastante del momento ideológico español.
"La hoja de ruta continúa siendo la misma", pero con atención por si hubiera que modificarla
En última instancia, las elecciones extremeñas son relevantes para los progresistas por motivos tácticos. Un buen resultado reforzaría el mensaje acerca de la importancia de que todas las fuerzas del flanco izquierda concurran unidas, algo ampliamente asumido, pero difícil de encajar. Podemos afirmará que los buenos números se deben a que Sumar no estuvo en la ecuación e IU señalará que el camino a seguir es de la reunión y que se debe profundizar en él.
En segundo lugar, Extremadura puede introducir variaciones en los tiempos. Hasta ahora, dominaba la idea de que debería transcurrir el ciclo de elecciones autonómicas, con final en Andalucía, para plantear la forma y estructura de la reunión de las izquierdas. En ese instante, habría quedado más o menos aclarado dónde estaba cada cual y qué podía aportar a la coalición. Sin embargo, ese camino partía de una premisa: que había tiempo. El gobierno duraría hasta el 27, tal y como se viene afirmando insistentemente desde Moncloa, por lo que el verano era un buen momento para tejer la reunión. Sin embargo, el fuego cruzado de los últimos días pone en duda ese calendario. Incluso el PNV ve probable que las generales se celebren el año próximo. Las izquierdas se verían obligadas a acelerar, justo en la época del ciclo autonómico. De momento, “no cambia nada, salvo que pasen más cosas”. La hoja de ruta continúa siendo la misma, pero con una mayor atención por si hubiera que modificarla.
La campaña extremeña cobra mayor importancia todavía en términos simbólicos. Fue planteada desde una convicción: el mal momento del PSOE, con los escándalos que le acosan, le pasarían factura en las urnas, y Extremadura sería el lugar donde se comenzaría a demostrar. El 21-D llegará, además, en un instante especialmente complicado para los socialistas, ya que las encuestas no les resultaban favorables de partida, y las noticias de esta semana auguran un final de campaña difícil. Con el adelanto de los comicios en Aragón, la mala foto extremeña puede salir más movida aún en febrero.