Los "outsiders" que auparon a Sánchez en las primarias y que hoy lo pueden hacer caer
Los casos de corrupción y de acoso están vinculados a "personajes oscuros" que ascendieron en el partido en las elecciones internas de 2017 y que, en su mayoría, no tenían una larga trayectoria ni experiencia de gestión
Paco Salazar, en el centro, durante una reunión de la Ejecutiva del PSOE. (PSOE)
Un antiguo secretario de Organización regional del PSOE solía afirmar siempre lo mismo a cualquiera que le preguntase, en privado, sobre las primarias a las que su partido se abrazó en los tiempos de la nueva política. "Son lo peor que nos ha pasado", decía, mientras fumaba un cigarrillo siempre en el mismo punto de la asamblea autonómica donde tenía su escaño. En estos días de zozobra, una colaboradora de un barón ya retirado recordaba palabras muy similares de su jefe, un veterano socialista presente en la formación desde la práctica refundación de Suresnes, en 1974.
Pedro Sánchez se hizo con todo el poder del PSOE en sus segundas elecciones internas, las que ganó como una suerte de paladín de la militancia contra las estructuras del partido, que se alinearon con Susana Díaz. En su Manual de resistencia, el presidente recorre aquel camino que comenzó con su defenestración en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 y culminó con su victoria tras patearse España en un Peugeot rojo. En esas páginas recuerda quienes eran las únicas tres personas que conocían el número de avales que presentó antes de aquellos comicios: el propio Sánchez, Francisco Salazar y Santos Cerdán.
Koldo García Izaguirre custodió aquella noche los avales, conscientes como eran en el equipo de Sánchez det que el abultado número de firmas era clave para dar un golpe de efecto en una campaña que en el bando oficialista muchos daban por ganada. Salazar, Cerdán y García Izaguirre son tres buenos ejemplos de esas figuras que se arremolinaron alrededor del hoy líder socialista, que vive la mayor crisis desde que llegó a Moncloa tras la moción de censura. Y muchas de las razones que explican esta compleja travesía están en el modelo de partido que nació al calor de aquellas primarias y en las personas que se enrolaron en este nuevo PSOE atenazado por los casos de acoso que proliferan como setas y la corrupción que asedia al partido y al Gobierno.
"Eran personajes oscuros", expresa una fuente socialista para definir a algunos de los fieles que participaron en aquel proyecto. Se trataba, cuenta otra fuente, de "outsiders", figuras sin predicamento en sus federaciones y que, por lo tanto, "no tenían autoridad". "Eran personas sin experiencia de gestión y sin trayectoria orgánica", abunda un ex miembro de la Ejecutiva federal que formó parte del bando susanista. Muchos de ellos habían militado siempre en las facciones críticas con la estructura del partido que vieron una oportunidad en una formación que, en teoría, iba a virar hacia la horizontalidad y ha acabado mutando en un modelo cesarista.
Sánchez comenzó la nueva era rebajando al mínimo el porcentaje de avales necesario para participar en unas elecciones internas, aunque eso lo ha ido corrigiendo en los sucesivos congresos federales. También se suponía que la elaboración de listas iba a quedar en manos de la militancia y no en las asambleas en las que acababan pactando las diferentes familias de cada provincia. Pero eso no fue así en aquellos territorios que el secretario general del PSOE no controlaba, como ocurría en Andalucía hasta 2021, cuando logró desalojar a Susana Díaz del antiguo granero de votos socialistas por medio de Juan Espadas.
Las listas que los socialistas andaluces remitieron a Ferraz para las elecciones generales de 2019 iban encabezadas por figuras de la confianza de Susana Díaz, pero fueron modificadas por la dirección estatal para colocar a afines a Sánchez. "Fue un cambio en el modelo de partido", expresa una fuente socialista, que critica cómo el presidente del Gobierno llegó al poder con la vitola de ser el representante de las bases y convirtió al PSOE en una formación casi vertical. La muestra es la inexistencia de baronías —más allá del díscolo Emiliano García Page— que muchas veces ejercen como equilibrio y contrapoder.
Esa nueva realidad se ha dejado notar en cómo el partido ha vivido las entradas en prisión de José Luis Ábalos y Santos Cerdán o la lentitud con la que el PSOE ha gestionado el caso Salazar. "Ya no somos tan atrevidos como antes", expresa un miembro de la Ejecutiva del PSOE andaluz sobre la ausencia de críticas públicas al exasesor de Moncloa hasta que ya ha sido insostenible. Eso habría supuesto, explica, "enmendar la plana" a la dirección federal. Y eso es algo que hoy casi nadie se atreve a hacer en el socialismo.
Otro integrante de la dirección andaluza apuntaba hace unos días en el mismo sentido y recuerda que Salazar formaba parte del sanchismo de primera que tuvo mucho éxito entre los críticos con Susana Díaz. Según el relato de este dirigente, es complicado alzar la voz contra este grupo inicial de sanchistas sin consecuencias a nivel orgánico para quien se salga del guión. Y eso no es baladí ahora, cuando se aproxima el momento de armar las listas para las andaluzas y habrá codazos por optar a un puesto en el Parlamento.
Esa será otra labor que corresponderá a María Jesús Montero, ahora lideresa del PSOE andaluz y persona de la total confianza de Pedro Sánchez aunque no formó parte de ese grupo inicial de outsiders del primer sanchismo. La vicepresidenta primera y titular de Hacienda, no obstante, se ha conectado con ese clan de Dos Hermanas por medio de su número tres, el alcalde de la localidad nazarena, Francisco Rodríguez. El regidor de la localidad sevillana y secretario de Organización del PSOE-A es, como Salazar, pupilo del padrino político de Pedro Sánchez, el histórico Quico Toscano.
Fue allí, en esta ciudad pegada a la capital andaluza, donde el presidente del Gobierno se lanzó a recuperar Ferraz. Se trata de un lugar especial, donde el PSOE solo ha perdido en dos elecciones: las primeras municipales y tras la ola azul de Juanma Moreno en las últimas andaluzas. A pesar de contar con esta hoja de servicios, la agrupación socialista de Dos Hermanas siempre fue un tanto sui generis y nunca estuvo demasiado conectada con las facciones que encabezaban el poder orgánico. Es decir, eran parte de ese socialismo outsider que llegó al poder bajo la égida de Pedro Sánchez y que ahora vive horas bajas.
Un antiguo secretario de Organización regional del PSOE solía afirmar siempre lo mismo a cualquiera que le preguntase, en privado, sobre las primarias a las que su partido se abrazó en los tiempos de la nueva política. "Son lo peor que nos ha pasado", decía, mientras fumaba un cigarrillo siempre en el mismo punto de la asamblea autonómica donde tenía su escaño. En estos días de zozobra, una colaboradora de un barón ya retirado recordaba palabras muy similares de su jefe, un veterano socialista presente en la formación desde la práctica refundación de Suresnes, en 1974.