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La sustitución de Pedro Sánchez y la mano firme de Moncloa
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La sustitución de Pedro Sánchez y la mano firme de Moncloa

En otra semana complicada para los socialistas, con fuego externo e interno, regresan los rumores sobre los movimientos de futuro en el partido. Moncloa tiene su propio camino

Foto: Pedro Sánchez. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
Pedro Sánchez. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
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El PSOE ha vivido otra semana cruel. El regreso de Salazar a la primera línea informativa y los demás casos de acoso, así como las causas judiciales abiertas y la situación irresuelta con Junts, complican la situación para Moncloa en distintos frentes. Óscar López, sin embargo, resumió el sentir de la presidencia cuando afirmó que este momento es complicado, pero que "cuándo no lo ha sido en esta legislatura". Hay mucha agitación fuera, pero Moncloa afirma continuar con su plan de trabajo, como si los escollos surgidos en estos días no cambiasen esencialmente la situación. Otra dificultad más, una de muchas.

La semana próxima tampoco ofrece buenos augurios para el Gobierno. Es previsible que el goteo de informaciones negativas continúe y el domingo 21 se celebrarán los comicios extremeños con vaticinios oscuros para el PSOE. La campaña se está desarrollando en términos nacionales, ya que la hipótesis de partida (y fue un motivo importante para su convocatoria) es que el PSOE está débil y que los escándalos le pasarán factura en las urnas. El viernes, Feijóo animaba a los extremeños a que votasen pensando en España. En Aragón, otro territorio complicado para los socialistas, se han convocado elecciones para febrero del año próximo. Dos malos resultados seguidos ratificarían la impresión de que el fin del Ejecutivo socialista está cercano.

Sánchez cuenta con un instrumento evidente para modificar el rumbo, como es una profunda remodelación del Gobierno

No hay buenas noticias a la vista y los socialistas suspiran por la pronta llegada de la Navidad. Del mismo modo que las vacaciones de verano ayudaron a que el escenario de presión se diluyera, e incluso que se equilibrasen fuerzas en septiembre, esperan que el paréntesis de las cenas familiares contribuya a relajar la presión. Pero el PSOE necesita algo más que un tiempo de pausa, en especial cuando las noticias que llegan de las investigaciones en curso son incesantes. El Gobierno, si quiere mantenerse, como ha asegurado que hará, necesita cambiar el paso, tanto para recuperar la iniciativa política como para desterrar el humor abatido que reina entre sus filas.

Sánchez y los ministros

Al margen de las iniciativas políticas, que están planificándose, Sánchez cuenta con un instrumento evidente para modificar el rumbo, como es una profunda remodelación de su gabinete. Se verá obligado a sustituir a Pilar Alegría, candidata en Aragón. Uno de los rumores frecuentes es que el presidente podría aprovechar la coyuntura para nombrar a nuevos ministros, con el objetivo de dar un nuevo impulso al Ejecutivo y enviar un mensaje distinto a la población.

Sánchez lleva tiempo incómodo con el trabajo que se está realizando en varios ministerios. Moncloa cada vez canaliza más la iniciativa política, y no solo por voluntad propia, ni por el signo de los tiempos: lo percibe como una necesidad. En un instante en el que hacen falta impulso e ideas, la sensación de que algunas carteras no están ayudando preocupa. Una remodelación en clave política sería una oportunidad para cambiar el paso y aportar nuevas visiones.

En un instante en el que hacen falta impulso e ideas, la sensación de que algunas carteras no están ayudando preocupa en la Moncloa

En ese escenario irrumpió Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda señaló que se había acabado el tiempo de “las reflexiones, los cambios y las reformas cosméticas. Hay un punto y aparte y toca actuar. Toca un cambio absolutamente profundo en el equipo de Gobierno”. La incomodidad de Moncloa con la vicepresidenta fue evidente. Al formular como exigencia una posibilidad que se estaba barajando, colocaba otro obstáculo en el camino: toda reforma podría ser interpretada como fruto de la presión de los socios. Desde Moncloa salieron a negar que fueran a acometer esa remodelación y recordaron que no hay nadie en el actual gabinete ministerial vinculado con casos de corrupción.

La crisis de Gobierno es una baza que debe utilizarse con precisión. El riesgo es quemar el cartucho para nada, de forma que la revigorización que se pretende se agote rápido. Este es un momento difícil para iniciativas de ese calado, en la medida en que las noticias sobre registros persisten y en que los ecos del 'MeToo' resuenan con fuerza. Tomar una decisión de esa clase requiere afinar el timing para que no quede opacada por el ruidoso ambiente de fondo. Hay que medir el momento para que la remodelación ministerial genere los efectos políticos pretendidos. En Moncloa manejan diversos escenarios y el cambio de ministros es uno de ellos.

El foco de tensión interna

Las malas noticias para el PSOE no han venido solo desde fuera. La agitación dentro del partido no solo responde a una preocupación razonable por la acumulación de escollos, ni al temor a que este desgaste continuo pase una factura significativa, o a los rumores sobre el fuego interno en los casos de acoso. Las preocupaciones de los ministros ante la amenaza de la remodelación, y la incertidumbre sobre si Sánchez se limitaría a sustituir a aquellas que tienen misiones electorales o ampliaría el foco, generó nervios entre equipos ministeriales. Las piezas comenzaron a moverse.

El foco de tensión interna ha llegado por este camino más que por las denuncias por acoso, que se entiende como un elemento derivado. Las denuncias contribuyen a deprimir al partido y generan un roto en términos electorales, al menos mientras no se dé una solución al problema. Los socios, además, ven en este punto el eslabón más débil del Gobierno de Sánchez. Sin embargo, la cúpula del partido está alineada con el presidente y no se percibe que haya nadie con la intención, los medios y la fuerza suficiente como para encabezar una alternativa, por más que los rumores circulen de manera incesante.

El asunto de la sucesión se planteará en su momento, tras la derrota y si esta se produce, afirman fuentes socialistas

El PSOE está en fase de resistencia, que atraviesa momentos de mayor energía y otros de decaimiento, y este es de los segundos. La suerte de Sánchez y la de los socialistas está ligada, y lo que se espera del Gobierno es que tome las riendas y cambie el paso. El asunto de la sucesión se planteará en su momento, tras la derrota y si esta se produce, afirman fuentes socialistas. Moncloa insiste en que los acontecimientos de estos días no alteran su propósito y que su tarea es gobernar. Ese es el escenario que Moncloa maneja.

Pero también es cierto que Sánchez necesita cambiar el humor abatido de sus filas y recuperar la iniciativa política. Son objetivos que precisan acciones contundentes en lugar de puramente defensivas. Ignorar el clima dominante transmitiría la sensación de pasividad, de que se han encerrado en un lugar al que no llegan los ecos del exterior. La entrevista con la publicación italiana L'Espresso, que ha nombrado a Sánchez ‘Persona del año’, anticipa algunas pistas sobre acciones e intenciones futuras.

El PSOE ha vivido otra semana cruel. El regreso de Salazar a la primera línea informativa y los demás casos de acoso, así como las causas judiciales abiertas y la situación irresuelta con Junts, complican la situación para Moncloa en distintos frentes. Óscar López, sin embargo, resumió el sentir de la presidencia cuando afirmó que este momento es complicado, pero que "cuándo no lo ha sido en esta legislatura". Hay mucha agitación fuera, pero Moncloa afirma continuar con su plan de trabajo, como si los escollos surgidos en estos días no cambiasen esencialmente la situación. Otra dificultad más, una de muchas.

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