Rufián desmonta a Sánchez: de 155 monedas de plata en el Palau a 155 céntimos en el súper
El todavía portavoz de ERC desnuda el triunfalismo económico del Gobierno mientras sepulta su perfil indepe en mensajes radicales de izquierda. El cúmulo de escándalos propicia que Feijóo y Abascal apenas tengan que sobreactuar
Las 155 monedas que tanto preocuparon a Gabriel Rufián en el procés ya no son de plata, sino de céntimo. El todavía portavoz de ERC se sabe muerto porque Oriol Junqueras ya lo ha matado, aunque todos en Esquerra lo disimulen como en las buenas familias de orden. "Oriol mata en diferido", apuntan en Esquerra a este periódico por lo bajini. Por eso, este aspirante a líder de la izquierda española sigue en su estrategia de aprovechar lo que queda de legislatura nacional para erigirse en defensor de los desfavorecidos, en amable confrontador "del fascismo", en solicitante del couché de toda la vida, representado hoy en el TikTok y La Revuelta.
Pero lo cierto es que, entre sus trajes a medida, el peinado coqueto y la sonrisa Profidén, más esa ironía tan cultivada y efectista, Rufián ha desnudado hoy a Pedro Sánchez en la sesión de control al Gobierno, y lo ha hecho recurriendo a un argumento que está en la calle: “A la gente no le llega”. Y ha puesto un ejemplo: a una familia de tres que hoy quiera comer tres filetes de ternera y cenar tres de salmón le sale el día por 35 euros “en el súper”. “¿Y de qué sirve un país que va como un tiro en lo macro si a la gente no le da?”, ha preguntado Rufián como mirando al infinito, cambiando las 155 monedas de plata que tanto le preocuparon en el desenlace del procés por 155 monedas de cobre, muchas más de las que caben en el monedero de una madre de familia. O un padre.
La respuesta de Sánchez ha sido esclarecedora: cuando Rufián le está hablando esos céntimos que el españolito rebusca en la cartera cuando va a pagar en la carnicería, Sánchez responde con un único dato, 300.000 millones de euros. Una cifra tan alta que al contribuyente que va a hacer la compra no le dice nada. ¿Y por qué el presidente es tan burdo agazapándose tras las macrocifras cuando se le está preguntando por la señora que va a hacer la compra con las habas contadas, llevando las bolsas de casa y esos cupones descuento que tampoco caben en la cartera? Para echarle la culpa a otros, como habitualmente.
300.000 son los millones que se supone este Gobierno le ha dado a las comunidades autónomas para “salvar el estado del bienestar”. Traducido: "Señora, si a usted no le llega no es culpa de Sánchez, sino de las comunidades autónomas. ¿De todas? No, Sánchez solo se ha referido a tres, que son las que hoy le obsesionan. Por este orden: Madrid, Extremadura y Andalucía. Traducido al monclovés, ese idioma en el que todo se dice con tacticismo electoral: Isabel Díaz Ayuso, el enemigo número uno con el que el sanchismo quiere matar a Feijóo por comparación; María Guardiola, casualmente en plena campaña electoral, porque Sánchez sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena; y Andalucía, la comunidad más poblada de España, la que está citada a las urnas en junio, fecha en la que cada vez más socialistas confiesan que es su apuesta para el adelanto de las elecciones generales.
Así que Rufián ha hecho daño a Sánchez poniendo su triunfalismo ante el espejo de la realidad social, pero eso no ha evitado que el presidente del Gobierno haya tenido que enfrentarse a los truenos que ahora más que nunca le están haciendo daño: los escándalos sexuales en su Gobierno que cada vez intoxican a más y más gente, unos por acción, otros por omisión. En el hemiciclo no estaba José Luis Ábalos, ni tampoco Santos Cerdán, ni en la tribuna de invitados Francisco Salazar o Antonio Hernández, ni por supuesto Koldo García. Tampoco el presidente de la Diputación de Lugo, la última pieza de estas fichas de dominó que van cayendo en una única dirección: el Palacio de la Moncloa.
Tal vez por eso, ayer la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, utilizó en la rueda de prensa del martes una decena de veces la expresión "aquí en Moncloa". Como si lo que sucede allí, en Ferraz, no fuera competencia o responsabilidad de su jefe. Y precisamente ahí está la clave narrativa de este Gobierno: de lo que no hablamos, no existe. Y precisamente por eso, el pasado sábado, en el día de la Constitución, el presidente del Gobierno se dirigió a los periodistas ante las cámaras pero no admitió preguntas. Los emplazó a hablar de otros asuntos en los corrillos de palacio: bajo techo, sin micros, sin pruebas. Lo que no se dice no existe.
Y así, en la sesión de control, Sánchez se agarró al argumentario, que es en 2025 lo que el Peugeot de 2016: el vehículo que le permite recorrer España rodeado de los fieles, bunkerizado: "El feminismo a todos nos da lecciones, a mí el primero. Nosotros asumimos los errores ustedes se abrazan al error histórico que se llama Vox", le ha espetado a Alberto Núñez Feijóo zurrándole también a Santiago Abascal.
El presidente, él también, tiene derecho a defenderse, y a él le gusta hacerlo atacando. El problema de Sánchez es que empieza a ser inofensivo, porque se le acumulan los argumentos en contra. Qué gran momento este para hacer oposición. Feijóo ya casi no tiene que sobreactuar, lo cual le viene muy bien porque no es lo suyo: "A Ábalos, Cerdán y Salazar los eligió porque están hechos a su imagen y semejanza". "Usted no es mejor que ellos, usted es uno de ellos". "No son hechos aislados, es un código de conducta". "Ha pasado usted del 'yo sí te creo' al 'calladita estás más guapa'. "La lección de feminismo se la debieron dar en los prostíbulos". Y Abascal: "Usted es capaz de generar más tramas de Netflix y luego no sabe nada". "Usted puede decir misa, misa negra, pero la Moncloa no es el lugar donde usted vive, es el lugar donde usted se esconde".
A pesar de que el presidente del Gobierno interpreta con maestría sus propios argumentarios, se le ve demasiado el plumero. Porque lo que en realidad le ha preguntado Rufián ha sido cuáles son los problemas que le preocupan, y el presidente ha respondido tres: "la vivienda, la privatización de la sanidad pública y la estrategia de Seguridad Nacional del señor Trump". No los salarios, no el feminismo, no la corrupción y no el Estado de derecho. ¿Sabe usted por qué? Porque lo que le preocupa al todavía presidente del Gobierno son los asuntos en los que cree que puede movilizar voto, no los que obligan a los españoles a contar las monedas de cobre. Lo que de verdad le preocupa es salir de la Moncloa y ver cómo a Feijóo se le va poniendo cara de presidente, aunque para desesperación de los más ansiosos de la derecha, no sea por conquista, sino por herencia.
Las 155 monedas que tanto preocuparon a Gabriel Rufián en el procés ya no son de plata, sino de céntimo. El todavía portavoz de ERC se sabe muerto porque Oriol Junqueras ya lo ha matado, aunque todos en Esquerra lo disimulen como en las buenas familias de orden. "Oriol mata en diferido", apuntan en Esquerra a este periódico por lo bajini. Por eso, este aspirante a líder de la izquierda española sigue en su estrategia de aprovechar lo que queda de legislatura nacional para erigirse en defensor de los desfavorecidos, en amable confrontador "del fascismo", en solicitante del couché de toda la vida, representado hoy en el TikTok y La Revuelta.