La carta que Abascal guarda en su lucha electoral contra el PP
Las elecciones extremeñas tienen interés desde muchos puntos de vista. La política española emite ruidos de fondo desde hace tiempo y los que llegan desde las periferias pueden cambiar muchas cosas
Abascal, en un acto en Villanueva de la Serena, (EP/Jorge Armestar)
Extremadura es un buen lugar para escuchar los ruidos de fondo que emite la política española, que van mucho más allá de una comunidad autónoma. Los debates públicos tienen lugar en dos planos, a menudo sin vasos comunicantes: por arriba circulan los asuntos judiciales, las grandes palabras sobre las instituciones, las cifras macroeconómicas, la corrupción. Por debajo, está la realidad cotidiana, las preocupaciones del día a día de los españoles, los asuntos que constituyen la prioridad de la gente común. Son ruidos con frecuencias distintas y los oídos que los escuchan pertenecen a personas y clases sociales en circunstancias diferentes.
Las encuestas han situado nítidamente el punto de partida: un PP dominante, el PSOE a la baja, Vox con buenas perspectivas de crecimiento y Unidos por Extremadura al alza. Los discursos están marcados también: Feijóoacudió a varias poblaciones de la regióny aseguró en Don Benito que “Extremadura será el inicio del fin del sanchismo” y que cada papeleta del 21-D vale doble, “por Pedro y por David”. Sánchez abrió campaña en Plasencia recordando que hay que defender el estado del bienestar y la sanidad pública, y que es importante “que pierda la derecha”. Irene de Miguel, candidata de Unidas por Extremadura, ha insistido en que su tierra “será el dique de contención de las derechas”, pero que también luchará “para que los extremeños puedan vivir y no simplemente sobrevivir”. Los mensajes con los que se fijan las ideas fuerza se enuncian en clave nacional.
La pugna entre PP y Vox será muy interesante por lo que señala de las novedades en la política española
El foco principal está puesto sobre los deAbascal, por su capacidad de condicionar un futuro gobierno de Guardiola, por el auge a nivel nacional que les otorgan las encuestas y porque son el centro de la política ahora mismo: las izquierdas encuentran su principal mensaje en parar a la ultraderecha y el PP quiere frenar el ascenso de un partido que sienten electoralmente peligroso.
Sin embargo, de todas las confrontaciones que tendrán lugar en Extremadura, resulta especialmente interesante la lucha entre las derechas, no solo por sus consecuencias regionales, ni por lo que deje apuntado para el ciclo de elecciones autonómicas, sino porque en ella emergen esos dos planos divergentes de la política española.
Los lugares del cambio
Vox tiene tan fácil crecer, ya que viene de un 8% de voto, como difícil aumentar significativamente su porcentaje. En Extremadura los dos partidos principales cuentan con una implantación significativa, hay voto fiel y redes de intereses. Guardiola es la presidenta y las cifras de las que parte son bastante sólidas. Es un territorio en el que restar voto al PP o añadir nuevos simpatizantes no es fácil.
La confianza está depositada en la figura de Abascal más aún que en las siglas: “La comunión del simpatizante es con Santiago"
La campaña diseñada por Bambú se apoya en pocos puntos. Campaña de territorios, presencia física, pocos mensajes y directos. Los dirigentes nacionales visitan Extremadura regularmente, y en particular un Abascal que lleva unas semanas de actividad intensa. El líder del partido frenará la semana próxima su presencia en la región y la intensificará cara a la semana final. La razón de tanta visita del candidato nacional obedece a que, desde la perspectiva de Bambú, la confianza de su posible votante está depositada en la figura de Abascal más aún que en las siglas: “La comunión del simpatizante es con Santiago”.
Desde Bambú insisten en que el PP es incapaz de explicar por qué ha convocado elecciones, ya que Guardiola se negó a firmar para alcanzar un acuerdo de presupuestos lo mismo que se ha firmado en Valencia o Murcia, pero esa contradicción no tiene especial poder de convicción entre los votantes. Le ocurre igual al PSOE, que querría hacer valer la idea de que estas elecciones han sido convocadas instrumentalmente: “Sabemos por qué el PP necesita unas elecciones, pero no por qué las necesitaba Extremadura, ya que el Parlamento estaba funcionando”, aseguran fuentes del partido. Son argumentos que, sin embargo, han quedado fuera de la discusión pública y que tendrán un mínimo efecto en el voto. A los partidos que no son dominantes en la región, como Vox y Unidas por Extremadura tampoco les sirven de mucho las campañas en clave nacional, porque en ese terreno ganan PP y PSOE. Los mensajes por lo alto son poco eficaces.
Para ganar voto hay que bajar al territorio, y eso significa poner el foco en las ciudades pequeñas e intermedias de la región. En parte porque son donde más descontento puede existir con los partidos mayoritarios, pero también porque allí es más factible el cambio de papeletas.
Allí donde los medios digitales no son tan útiles para difundir sus mensajes, regresan a los tradicionales, y en especial a los locales
Los mensajes que Vox difunde en esas localidades se centran en los decadentes servicios públicos y en la falta de futuro para los jóvenes, algo en lo que harán hincapié casi todos los partidos, así como el aumento de la prosperidad. Sin embargo, es en la capacidad de resignificar estas preocupaciones comunes donde pueden encontrar sus bazas. Cuando apelan al “derecho a producir y trabajar en tu región”, no se dirigen solo a esos jóvenes que se ven obligados a marcharse, sino, y muy especialmente, a esos mayores cuyos hijos han tenido que salir de su tierra. Es una idea que les funcionó en la campaña de las autonómicas de Castilla y León. Del mismo modo, la recuperación de la industria queda ligada al daño causado por las políticas verdes, que llevan al cierre de Almaraz, lo que supone “el fin de la soberanía energética”, pero también a la falta de desarrollo del regadío en Tierra de Barros, o a unos impuestos que restan posibilidades de crecimiento.
Pero, más allá de las ideas, estas tienen que llegar a los posibles votantes, y por eso la campaña que ha diseñado Bambú incluye numerosas visitas a pequeñas y medianas ciudades. En ellas, la información llega a sus habitantes a través de los medios de comunicación tradicionales, periódicos, radios y televisión. Sus poblaciones son mayores, y es entre los votantes de 45 a 60 años donde mayor hincapié quieren hacer. Para llegar a los votantes han ideado performances, como las lápidas de cartón con las que sembraron Almaraz, y aumentan su actividad en las calles, pero la aparición de Abascal añade un extra, ya que provoca que los medios locales y regionales tengan que informar de sus intervenciones. Allí donde los medios digitales no son tan útiles para difundir sus mensajes, regresan a los tradicionales, y en especial a los locales.
Las periferias españolas
Los ruidos de fondo de la política española importan. Por arriba se agita la pelea nacional, la brecha entre el PP y el PSOE, el desgaste de este y la posición dominante de los populares para liderar un cambio en el país. El ruido que circula por debajo tiene un sonido propio.
En Madrid, las alarmas se encendieron en las izquierdas por las teóricas transferencias de voto desde el PSOE a Vox, y en las derechas por la posible penetración del partido de Abascal en las zonas periféricas de Madrid, lo que ha contribuido a tensar sobremanera la relación de Díaz Ayuso con Pérez Moñino. Es una tendencia probable, no una realidad constatada, que afecta sobre todo a las grandes ciudades.
Las periferias regionales son cada vez más un terreno de juego al que hay que prestar atención. Hay un nuevo ruido en ellas
Hay otra España periférica, la de las ciudades pequeñas e intermedias, que tiene preocupaciones diferentes de las que dominan en las grandes urbes, y que genera fenómenos como el crecimiento de Aliança Catalana, o el surgimiento de opciones provincialistas, como Unión del Pueblo Leonés o Soria Ya. Esa España, en Extremadura o Andalucía, fue de izquierdas durante mucho tiempo. Hoy el humor en esas localidades es diferente, ya que, si bien perdura el recuerdo de voto, hay un clima más favorable al cambio. La entrada de Vox entre los jóvenes y el cansancio de esas generaciones que ya son mayores, pero no han entrado en la jubilación, pueden alterar el mapa político.
Las encuestas para el 21-D vaticinan un dominio de la derecha con cifras que alcanzan hasta el 55% de los votos. Extremadura es una de las regiones más pobres de España, y por lo tanto una de las más necesitadas de un impulso. Si pone la esperanza en la derecha, y esta alcanza unas cifras significativas de aceptación, el mensaje será evidente, en especial porque el PSOE ganó siete elecciones consecutivas superando cinco veces el 50% de los votos, a lo que se añadía lo que IU aportaba. En cualquier caso, esas periferias regionales son cada vez más un terreno de juego al que hay que prestar atención. Hay un nuevo ruido en ellas.
Extremadura es un buen lugar para escuchar los ruidos de fondo que emite la política española, que van mucho más allá de una comunidad autónoma. Los debates públicos tienen lugar en dos planos, a menudo sin vasos comunicantes: por arriba circulan los asuntos judiciales, las grandes palabras sobre las instituciones, las cifras macroeconómicas, la corrupción. Por debajo, está la realidad cotidiana, las preocupaciones del día a día de los españoles, los asuntos que constituyen la prioridad de la gente común. Son ruidos con frecuencias distintas y los oídos que los escuchan pertenecen a personas y clases sociales en circunstancias diferentes.