Sánchez apoya una versión sesgada a favor de Rabat de la última resolución de la ONU
Díaz irrumpe en la cumbre con Rabat pidiendo en un vídeo la libertad para el Sáhara. La prensa critica la negativa del presidente a informar y, en general, la opacidad que ha rodeado la reunión con el Ejecutivo marroquí
Sánchez, con el primer ministro marroquí Akhannouch en Moncloa. (EFE/Zipi Aragón)
El Gobierno de España brindó un contundente espaldarazo a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que apuesta por el escueto plan de autonomía que ofrece Marruecos como base de negociación para resolver el eterno conflicto del Sáhara Occidental.
La cumbre entre los gobiernos de España y Marruecos,la más breve desde que empezaron en 1993, concluyó a mediodía de este jueves en La Moncla sin que, por primera vez, hubiera una conferencia de prensa o una mera declaración. Sus conclusiones en 119 puntos, recogidas en un documento de 23 folios, fueron subidas a la web de Presidencia del Gobierno.
El Ejecutivo español había pasado hasta ahora de puntillas sobre la resolución 2797 que el máximo órgano de Naciones Unidas aprobó el 31 de octubre, pero el jueves afirmó que acogía “con satisfacción su adopción”. Lo hace mediante un corta-pega manipulado de su texto original porque omite que esta también recalca “la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental”, aunque le pone cortapisas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reiteró además su conocida posición sobre el Sáhara Occidental expresada en la carta que remitió al rey Mohamed VI en marzo de 2022.
La declaración conjunta no recoge, sin embargo, ninguna de las grandes reivindicaciones formuladas recientemente por las autoridades marroquíes a través de largos artículos en prensa salpicados de argumentos jurídicos. No menciona el traspaso a Marruecos del control del tráfico aéreo civil en el Sáhara Occidental, que se ejerce desde Las Palmas; ni el reconocimiento español de la soberanía marroquí sobre ese territorio; ni el reparto de las aguas territoriales entre Canarias y el continente africano.
Sólo hace una velada alusión al monte Tropic, sumergido a unos 500 kilómetros al sur de El Hierro, y cuyas grandes riquezas España y Marruecos aspiran a explotar cuando la tecnología lo permita. Ambos países “están de acuerdo en la importancia estratégica de los minerales críticos para la transición energética (...) y reafirman su compromiso de reforzar su cooperación en este ámbito.”
El texto sólo hace un par de guiños adicionales a Marruecos con relación al Sáhara que se añaden a su apoyo a la resolución de la ONU. En la estimación que hace de los hispanohablantes en Marruecos, el Instituto Cervantes, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores, incluye este año a los que residen en la excolonia española. Ambos gobiernos “se felicitan” por ello.
España acoge además “con satisfacción” la iniciativa real “para facilitar el acceso de los países del Sahel al océano Atlántico”, pasando por el Sáhara Occidental. Acepta así implícitamente que Rabat puede manejar ese territorio a su antojo, aunque no sea la potencia administradora.
La declaración está repleta de esa prosa lisonjera y vacua que la diplomacia española suele prodigar hacia sus huéspedes marroquíes. “España saluda la dinámica de apertura, progreso y modernidad que vive Marruecos gracias a las reformas de modernización guiadas por Su Majestad el Rey Mohamed VI (...)”, reza el texto.
Algunas de estas alabanzas distorsionan la realidad. Ambos gobiernos "se congratulan de la excelente cooperación económica y financiera" bilateral que ha desembocado en “la adquisición de material rodante de CAF” por los ferrocarriles marroquíes. El grueso de los contratos para los nuevos tramos de alta velocidad y la modernización de la red ferroviaria marroquí fueron adjudicados a empresas francesas y surcoreanas.
El documento tiene algunas omisiones que resultarán lacerantes para todos los empresarios que en Ceuta y Melilla apostaron por comerciar con Marruecos a través de las aduanas abiertas a principios de año. En la declaración, ambos gobiernos “se congratulan de la calidad de la cooperación operativa entre sus respectivas administraciones aduaneras (...)”. Las trabas que ponen las autoridades marroquíes impiden el funcionamiento de las aduanas de las dos ciudades autónomas. En Melilla no ha habido ni una sola operación comercial en los últimos cuatro meses y en Ceuta se pueden contar con los dedos de una mano.
El vídeo de Yolanda Díaz
A la cumbre en Madrid no asistieron los ministros de Sumar y la lideresa del partido y vicepresidenta, Yolanda Díaz, aprovechó la ocasión para subir un vídeo a Instagram en el que declama unos versos del poeta saharaui Limam Boisha. “Vamos a decirlo claramente: no vamos a ceder un centímetro de tierra saharaui”, afirma al final de su recitación. Concluye con un “¡Viva el Sáhara libre!”.
La prensa española también mostró su disgusto con la cumbre por la incomparecencia del presidente Sánchez para dar cuenta de los acuerdos alcanzados. No hubo ni siquiera un briefing en la Secretaría de Estado de Comunicación haciendo sospechar que el Gobierno tenía algo que esconder en la relación con Marruecos.
Ese escapismo gubernamental “choca frontalmente con los principios de transparencia que el Ejecutivo dice defender y restringe de manera peligrosa el derecho a la libertad de información”, denunció la Asociación de la Prensa de Madriden un comunicado. La Federación de Asociaciones de Periodistas Españoles se pronunció en términos muy parecidos. Nunca hasta la fecha se habían producido tales quejas de la prensa con motivo de una cumbre.
Los periodistas marroquíes que se desplazaron a Madrid también tuvieron algo que deplorar. “Es posible que el mareo político que está experimentando Sánchez tenga consecuencias para todos nosotros”, escribió desde La Moncloa Ahmed Najim, director del diario digital Goud. "Nuestro himno se tocó incompleto", se lamentó. La banda "se saltó una parte, en el medio, y además nuestra divisa 'Dios, patria, rey' no se escuchó".
El Gobierno de España brindó un contundente espaldarazo a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que apuesta por el escueto plan de autonomía que ofrece Marruecos como base de negociación para resolver el eterno conflicto del Sáhara Occidental.