Las 25 frases lapidarias del Rey emérito: "Felipe ya no era el joven amable y sonriente de antes"
Las memorias de Don Juan Carlos son el testimonio en primera persona de setenta años de la historia de España. El Confidencial selecciona las más impactantes a través de 25 nombres de la familia real, de España o del mundo
La edición en castellano de Reconciliación ya está en las librerías españolas. Las memorias de Don Juan Carlos, editadas por Planeta, son un relato ágil de 507 páginas en las que el Rey repasa siete décadas de la Historia de España intercalando recuerdos, reflexiones de fondo y un anecdotario diverso sólo al alcance de quien ha sido jefe del Estado casi cuarenta años.
Más allá de valoraciones apriorísticas, el libro tiene el interés del testimonio y serán los historiadores los encargados de ponderarlo. Una primera lectura permite rescatar historias de la Familia Real, del franquismo o de la Transición. También de su relación con los presidentes del Gobierno o con algunos de los líderes internacionales más significados en el último medio siglo, de Kissinger a Fidel Castro. Es sólo un aperitivo a través de 25 personajes históricos.
El Rey
"Y así terminó nuestra discusión de más de una hora. Me pregunté dónde habían ido a parar su ternura y su compasión. Ya no era el joven amable y sonriente de antes. El peso de la Corona lo había cambiado. Las pruebas y tensiones por las que había pasado le habían marcado. Mis asuntos y las dificultades políticas a las que se había enfrentado el país no le habían dejado indemne. Sofi había regresado de Miami con covid. Apenas la vi. El mes anterior le propuse reunirnos en Ginebra para celebrar nuestro sesenta aniversario de boda. Mi invitación quedó sin respuesta. Supongo que pensó que ya no había nada que celebrar, lo que me entristeció. Su presencia a mi lado sigue siendo muy querida para mí, pero sé que no quiere complicar el reinado de su hijo. Mi hija Elena; sus dos hijos, Victoria, de veintidós años, y Felipe, de veinticuatro; la hermana de mi mujer, la princesa Irene, que vive con ella, y Letizia y su hija Sofía, que regresaba del colegio, se reunieron con nosotros para comer. Ni platos ni vinos especiales, solo una comida ordinaria para el invitado en que me había convertido".
'Reconciliación', las memorias del Rey Juan Carlos I. (Editorial Planeta)
Doña Letizia
"Como suele ocurrir, su nueva vida familiar lo alejó de sus antiguas relaciones, de sus amigos de la infancia, de sus padres e incluso de sus hermanas. Mi hijo estaba convencido de la elección de su esposa. Tenía treinta y cuatro años y sabía lo que quería. Igual que mis hijas, que se casaron con los hombres que amaban. No intenté influir en ellas ni hacer de casamentero. ¡O si lo intenté fue inútil! La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares. Le decía: «La puerta de mi despacho está siempre abierta para ti, ven cuando quieras». Pero nunca vino. Nuestro desencuentro personal no debía reflejarse en nuestra acción institucional. Hice todo lo posible para superar nuestras diferencias, porque el éxito de la pareja real es una garantía para el futuro de la Corona".
"La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones"
Leonor y Sofía
"Por desgracia, nunca he podido salir solo por Madrid con mis nietas Leonor y Sofía. Mi mujer nunca ha podido recibirlas a solas en Palma, como hace habitualmente con todos sus primos. Las veía de vez en cuando, pero le habría encantado verlas más a menudo, sobre todo porque viven a escasos cien metros de distancia. Ella hubiera deseado transmitirles la genealogía, la historia y los valores de nuestra familia. Y algunos consejos de reina emérita con una trayectoria impecable a una futura Reina, aunque el contexto del reinado de Leonor será, sin duda alguna, diferente. Sé que Letizia y Felipe educan maravillosamente a sus hijas -son muy graciosas y simpáticas—, pero me entristecía no poder entablar una relación personal con ellas, contarles historias, compartir comidas en restaurantes, hacer viajes, llevarlas a ver algún partido, tal y como he hecho con mis otros nietos. Me hubiera encantado entablar una relación especial con mis herederas".
Juan Fernández-MirandaDiseño: Emma EsserDiseño: Blanca CasanovaDatos: Marta LeyDesarrollo: María Mateo
Doña Sofía
"Nada podrá borrar mis profundos sentimientos hacia mi esposa, Sofi, mi reina, ni siquiera algunas desavenencias. Sigo muy apegado a mi mujer, que conserva toda mi admiración y todo mi afecto. No tiene igual en mi vida y así seguirá siendo, aunque nuestros caminos se hayan separado desde que me fui de España y ya no compartimos el mismo techo. Sigue siendo la madre de mis hijos, una Reina extraordinaria y un vínculo afectivo fundamental e insustituible. Quiero repetirlo: Sofi es una mujer excepcional, recta, bondadosa, rigurosa, dedicada y benevolente. Es la encarnación de la nobleza de espíritu. No le gusta que la llame «gran profesional», pero España no ha podido tener una Reina más abnegada e intachable. Tenemos caracteres complementarios: ella es más metódica y yo más espontáneo. Tenemos intereses distintos: es conocida su pasión por la música clásica y la mía por las actividades deportivas".
"Sofi es una mujer excepcional, recta, bondadosa, rigurosa, dedicada y benevolente. Es la encarnación de la nobleza de espíritu"
"En muchos aspectos somos diferentes, pero compartimos el mismo sentido del deber, de la Corona, del honor, de la amistad, de la devoción a nuestros hijos y nietos, y a la familia en general, así como la afición por los viajes, la navegación y el mar. Esta lista no es exhaustiva, ya que deseo preservar nuestra intimidad. Hice cuanto pude, pese a mi torpeza, para garantizar su bienestar y comodidad, la suya propia y la de su familia griega en el exilio, a la que siempre he acogido y ayudado. El paso de los años no le ha restado ni un ápice a la inmensa gratitud y al respeto que siento por ella. Estoy convencido de que tendrá su lugar en la historia contemporánea de España".
Infanta Cristina
"Este juicio tuvo consecuencias desafortunadas para la Corona y para nuestra familia. Ya la relación que yo mantenía había ocasionado grandes tensiones con mis hijas, pero esta vez estábamos llegando a un nivel de disensión sin precedentes. Durante dos años consecutivos, Cristina y su familia estuvieron ausentes de las cenas de Navidad en la Zarzuela. Mi mujer sufrió enormemente al verse privada de la alegre presencia de una parte de sus nietos. La presión mediática llegó a tal extremo, que intenté aplacar las críticas sacrificando la unidad familiar. Lo asumí, no veía otra alternativa. Dado el impacto del asunto Nóos en la opinión pública, la Casa Real intentó establecer un cortafuegos, y desde el año 2011 la pareja fue excluida de las actividades oficiales de la Familia Real".
"Sugerí a mi hija que renunciara voluntariamente al título de duquesa de Palma que le fue concedido en su boda, como gesto de desagravio por la crisis. ¿Era ceder al clamor popular antes del veredicto final de los tribunales? ¿O era dar la razón a los críticos? En mi opinión, era necesario hacer un gesto simbólico que dejara claro que éramos conscientes del problema. Sí, seguramente fue una visión cortoplacista, porque ella no era responsable de las acciones de su marido. En cualquier caso, el título no era más que un honor que nada le restaba a su condición de infanta y alteza real".
Iñaki Urdangarín
"Con los años, la carrera deportiva de Iñaki llegó a su fin y obtuvo un máster en una prestigiosa escuela de negocios, Esade, con vistas a reciclarse profesionalmente. En el año 2003 se asoció con Diego Torres para dirigir la empresa Nóos. Sin duda, Diego Torres previó las conexiones que podría tener mi yerno, o al menos su potencial en el campo de las relaciones públicas y deportivas. Yo estaba encantado de que Iñaki hubiera emprendido con éxito una nueva carrera. Organizaba eventos deportivos y cumbres internacionales de turismo deportivo".
"Por irreflexión, Inaki firmaba sin pestañear todos los papeles que su socio le pedía"
"Diego Torres se encargaba de la parte administrativa de la empresa. Por ingenuidad, y seguramente por irreflexión, Iñaki, que confiaba en él, firmaba sin pestañear todos los papeles que su socio le pedía. El escándalo estalló en 2011. Los cargos eran graves: malversación de fondos públicos, fraude y tráfico de influencias. A todos nos pilló por sorpresa esta acusación. Obviamente, como suegro y padre, quise ayudar a Iñaki, y le propuse que contratara los servicios de uno de los mejores abogados españoles".
Don Juan
"Lo repetiré: era mi mejor consejero, mi mejor aliado, mi mejor amigo. La persona a la que le confiaba todo y que me comprendía con una simple mirada. Admiraba su fuerza de carácter. Fue un hombre fuerte y positivo hasta el final. Cuando ya estaba muy enfermo, me dijo: «He tenido mucha suerte en la vida». No había guardado en la memoria las duras pruebas que debió afrontar, pese a que fueron muchas. Las había superado todas con gran dignidad. Su exilio, su incómoda y precaria situación política, la muerte de su hijo menor...".
"Pese a todo, nunca manifestó ningún sentimiento de amargura. Siempre le conocí cálido y cordial. Amigable y franco con sus amigos y sobrinos, que le adoraban. Uno de mis mejores amigos de la infancia en Estoril, Bernardo Pinheiro, que compartía nuestra pasión por la vela, perdió a su padre cuando era adolescente. Mi padre le dijo: «Siempre estaré a tu lado», y así fue. Tenía ese sentido de la amistad. Se lo llevó en su travesía por el Atlántico. Mi padre desprendía cierto magnetismo. Le gustaba la compañía de los jóvenes, le encantaba contar anécdotas e historias a sus nietos: era como hablar con un libro abierto".
María de las Mercedes
"La dejé allí tranquila, escuchando la radio. Tras mi reunión de trabajo con José María Aznar, en la que repasamos la actualidad y los asuntos de Estado, como cada semana, nos sentamos a comer con el resto de la familia. Después del entrante, se me acercó un camarero y me susurró: «Majestad, su madre ha muerto». El impacto fue enorme. Por supuesto, habría preferido que me lo dijera en privado. No entendí esa falta de sensibilidad. El dolor me invadió. Mi madre se marchó sin molestar a nadie (nunca le gustó molestar), sin duda encantada de tenernos a su lado".
"Un camarero me susurró: 'Majestad, su madre ha muerto'. El impacto fue enorme"
"Era una de las personas más generosas y complacientes que conozco. Recibía feliz a los amigos que se autoinvitaban en el último momento. Le encantaba meterse en la cocina y organizar una cena improvisada. Se adaptaba a todas las situaciones que le deparaba la vida con dignidad y buen humor, sin buscar nunca el protagonismo, velando siempre por la armonía familiar. Fue una gran señora. Después de una misa familiar en la capilla del Palacio Real de Madrid, pedí un funeral de Reina en el Panteón de Reyes de El Escorial, donde solo reposan las madres y esposas de los reyes. Igual que mi padre, nunca llevó la corona, pero tenía todos los atributos de una gran reina".
Francisco Franco
"Veía a Franco con regularidad, casi cada semana, en el Palacio del Pardo, a unos cuantos kilómetros de mi residencia. Eran encuentros informales, aunque en un contexto siempre formal. Lo visitaba en su despacho y hablábamos al menos durante una hora. La conversación era muy libre. Yo disfrutaba de esas reuniones. Él se mostraba siempre amable, tranquilo, muy atento, pese a su sobrecargada agenda. Creo que dedicaba ese tiempo a estudiarme. Observaba mis reacciones y mis actitudes. Me comportaba de manera natural y me expresaba con franqueza, aunque me mantenía alerta. Él permanecía impenetrable".
Carlos Arias Navarro
"El ministro del Interior, Carlos Arias Navarro, un franquista radical, fue nombrado presidente del Gobierno. Yo no le tenía un particular aprecio y no manteníamos relación alguna. Constaté con pesar que el Gobierno se endurecía y que Franco se debilitaba".
"Nuestra desconfianza era mutua y evidente. Este hombre seco y testarudo, de baja estatura, que lucía un bigote que le daba un aire amargado"
"El presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, nombrado por Franco, no me inspiraba simpatía, y él tampoco me tenía a mí en gran estima. Nuestra desconfianza era mutua y evidente. Este hombre seco y testarudo, de baja estatura, que lucía un bigote que le daba un aire amargado, conmovió al país cuando leyó por televisión el testamento de Franco. No pudo contener las lágrimas y el desasosiego ante los millones de telespectadores sobrecogidos por la noticia de la muerte del general. Pese a mis intentos de dialogar, no estábamos de acuerdo en casi nada, y yo nunca le hice saber lo que realmente pensaba".
"Su carácter imprevisible impedía cualquier diálogo constructivo. El general había dejado todo lo relativo a la sucesión a su régimen, según sus propias palabras, «atado y bien atado». El objetivo de Arias Navarro era mantener intacto el franquismo. Incluso creo que quería ser el representante de Franco en la Tierra; su garante. Para preservar mi propósito de cambio desde la continuidad, le mantuve en su puesto, ya que no presentó su dimisión. Sin embargo, le impuse una serie de ministros que yo consideraba progresistas".
Luis Carrero Blanco
"Franco empezaba a mostrar signos de debilidad. En junio de 1973 nombró al almirante Luis Carrero Blanco, uno de sus fieles más próximos, presidente del Gobierno. Hombre de confianza, convertido en su indispensable brazo derecho, se trataba de alguien que desde la Guerra Civil había ocupado puestos claves. Yo lo conocía poco, pero sabía que era partidario de una monarquía de tipo autoritario".
Torcuato Fernández-Miranda
"Mi antiguo profesor de Derecho, Torcuato Fernández-Miranda, era el hombre ideal, dadas sus aptitudes y sus aspiraciones políticas. Su rectitud y honradez eran admirables. Rara vez sonreía, pero tenía sentido del humor. Contemplaba los acontecimientos de una forma analítica y distanciada. Era un electrón libre en la escena política y no despertaba sospechas inmediatas. Yo estaba íntimamente convencido de que podía ser la pieza clave para ayudarme a reformar el régimen desde la legalidad. Estábamos de acuerdo en que el franquismo era una etapa en la historia de España y que no podía encarnar la esencia del Estado español".
"Durante mi mandato, siempre tuve una foto suya en mi despacho. Le debía mucho"
"Yo había depositado toda mi confianza en él desde sus primeras clases de Derecho. Había contribuido de manera decisiva en mi formación y el diálogo nunca se había interrumpido. Apreciaba su discreción y su inteligencia. Durante mi mandato, siempre tuve una foto suya en mi despacho. Le debía mucho".
"Cuando acababa de ser entronizado, le pregunté: «Torcuato, ¿Prefieres ser presidente del Gobierno o presidente de las Cortes?». No se lo pensó. Me contestó de inmediato: «Personalmente, preferiría ser presidente del Gobierno, pero para España y para la monarquía sería más útil como presidente de las Cortes». Y así se resolvió mi dilema". Torcuato y yo avanzábamos al unísono hacia el objetivo que queríamos alcanzar. Él tenía el método, la receta mágica para destrabar el régimen e iniciar el proceso de Transición: «Ir de la ley a la ley pasando por la ley».
Adolfo Suárez
"¿Por qué estaba tan seguro de que Adolfo Suárez era la elección idónea para España?. Porque él encarnaba por sí solo la reforma sin ruptura que yo quería llevar a cabo. Era un producto puro del franquismo. Debía su ascenso profesional a su capacidad de trabajo, y había progresado desde puestos modestos a otros de responsabilidad. Lo conocí cuando era gobernador civil de Segovia. Enseguida me percaté de su viveza. Era diferente de los demás miembros del régimen con los que yo trataba: no había conocido la Guerra Civil, tenía ansias de modernidad y, en cambio, era muy franco conmigo y tenía el valor de sus convicciones".
"Para relajarse, jugaba al mus, un juego muy antiguo de origen vasco. Lo aprendí en el barco de mi padre, con los marineros de esa región"
"Desde su nombramiento como director general de Radiotelevisión Española (RTVE) en 1969, contribuyó a que yo tuviera cierta visibilidad mediática; luego, cuando pasó a ser secretario general del Movimiento Nacional en 1975, tuvo la audacia de declarar: «La monarquía de Juan Carlos es el futuro de una España moderna, democrática y justa». Fue muy osado por su parte. ¡Se pronunciaba a favor de la legalización de los partidos políticos, pese a que dirigía el único partido autorizado! Estaba dispuesto a entablar un diálogo constructivo con la oposición. Conocía los entresijos del franquismo, porque era de donde provenía, y podía inducirlos a evolucionar. Compartíamos el mismo deseo de construir una nueva España sin romper con el pasado y sin causar un trauma radical".
"En el plano personal, nos llevábamos muy bien. Era encantador y simpático. Tenía el espíritu del bon vivant sin serlo, porque no bebía y a la hora de comer se conformaba con tortillas o platos de lentejas. Para relajarse, jugaba al mus, un juego muy antiguo de origen vasco. Lo aprendí en el barco de mi padre, con los marineros de esa región. Adolfo y yo habíamos desarrollado una verdadera complicidad y confianza, hasta el punto de entendernos casi sin hablar. Teníamos una relación excepcional".
Santiago Carrillo
"Recuerdo que, en mi primer encuentro con Santiago Carrillo, le dije: «Don Santiago, está usted mucho más guapo sin peluca que con peluca», porque unos meses antes había sido detenido por la policía en Madrid con peluca. Para mostrarle mi respeto, le llamaba «don Santiago», privilegio que seguí concediéndole pese a que, tras años de amistad, él me decía: «Majestad, puede tutearme». Pero yo siempre le contestaba: «Para mí siempre será usted don Santiago». Le agradecí calurosamente la prueba de patriotismo que mostró a su regreso del exilio. No me pronuncio sobre su juventud y su actuación durante la Guerra Civil: no estuve allí y sigo convencido de que es difícil conocer la verdad. Solo puedo dar testimonio de su actitud tras la muerte de Franco".
"Los comunistas tenían una opinión muy negativa de mí y cuestionaban mi coeficiente"
"En relación con mi etapa de mutismo bajo Franco, admitió: «Señor, nos ha engañado a todos. Para hacerse el tonto durante tantos años, ¡hay que ser muy listo!». Los comunistas, y no eran los únicos, tenían una opinión muy negativa de mí e incluso cuestionaban mi coeficiente intelectual. Nos reímos mucho de aquello. «Buscábamos el elemento bisagra que facilitara la Transición de la dictadura a la democracia. No nos dimos cuenta de que lo teníamos delante de nuestras narices, y que lo había puesto allí el propio Franco», me dijo, todavía atónito".
Manuel Fraga
"Un franquista moderado, abierto a reformas aunque restringidas. Era partidario de la democracia pero con autoridad".
Felipe González y Alfonso Guerra
"Había tenido tiempo de conocer a Felipe González, que se convertiría en presidente del Gobierno, y a Alfonso Guerra, vicepresidente. Había podido calibrar su ambición de país y su lealtad institucional. Ambos habían defendido la República cuatro años antes, pero demostrarían ser escrupulosos en el respeto a las prerrogativas de la Corona. Se encontraron a la cabeza de un Gobierno cuya media de edad no llegaba a los cuarenta años, dispuesto a poner en marcha una sociedad moderna y próspera, y demostraron que eran verdaderos estadistas, dispuestos a construir conmigo una nueva España".
"El nuevo Gobierno socialista, presidido por dos sevillanos de poco más de cuarenta años, Felipe González y Alfonso Guerra, durará hasta 1996 y será firmemente reformista. Ambos tenían una personalidad simpática y enérgica. Felipe González desprendía bonhomía e ingenio, y Alfonso Guerra, un rigor y una cultura increíbles. Se complementaban muy bien y compartían la espontaneidad y la viveza de los líderes con ambición de país. La lucha antifranquista los había llevado a viajar y a tejer redes internacionales, a tomar decisiones audaces".
Milans del Bosch
"Dos meses antes del famoso 23 de febrero de 1981, mi padre había cenado con el general Milans del Bosch en casa de su fiel amigo Luis de Ussía, conde de los Gaitanes, que se había convertido en su secretario particular. Fue un encuentro amistoso sin segundas intenciones. «¡Antes de jubilarme, voy a sacar los tanques a la calle!», le dijo el general con aplomo. Para ser sincero, cuando mi padre me lo contó, no me lo tomé en serio, aunque seguramente debí haberlo hecho. Milans del Bosch era un hombre famoso por su valentía".
«¡Antes de jubilarme, voy a sacar los tanques a la calle!», le dijo el general con aplomo..."
"A la 1:45 envié un segundo télex a Milans del Bosch. A las 2:30 le pregunté por tercera vez por qué no se habían cumplido mis órdenes. Se mostró muy testarudo. Hasta las 4:30 de la mañana los tanques no volvieron a sus cuarteles. ¡Parece que algunos incluso se paraban en los semáforos en rojo! Tejero seguía obstinadamente encerrado en el Congreso. No se rindió hasta el mediodía del 24 de febrero, después de dieciocho horas de asedio".
Los expresidentes
"La Constitución limita el poder del Rey, pero la Corona hace mucho más de lo que parece a simple vista. Como resumió el pensador inglés del siglo XIX Walter Bagehot, el Rey tiene el derecho a ser consultado, a aconsejar y a advertir. Oficialmente, el Gobierno debía dirigirse a mí para pedir mi opinión o mi ayuda. Yo era como un mensajero especial para los asuntos espinosos, el último bombero en caso de incendio. Trabajé mano a mano con todos los presidentes de Gobierno: Adolfo Suárez (1976-1981), Leopoldo Calvo-Sotelo (1981-1982), Felipe González (1982-1996), José María Aznar (1996-2004), José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) y finalmente Mariano Rajoy. Cada uno tenía su propia personalidad y estilo. La prensa decía detectar preferencias personales mías por uno u otro, pero con todos mantuve una relación fluida y personal basada en la total confianza".
José Luis Rodríguez Zapatero
"Aproveché un viaje a Seattle, en el que iba a conocer la fundación de Bill y Melinda Gates, para llamar a George W. Bush y decirle que quería hablar con él en privado. No lo conocía tan bien como a su padre. No dudó en proponerme un encuentro informal, dos días después, en su rancho familiar de Texas. Advertí antes a Zapatero, poniéndole ante un hecho consumado. El presidente Bush me dio la bienvenida con un: «Espero que le guste el pavo, porque es Acción de Gracias». Y su padre añadió: «Con él se puede hablar a las claras». De hecho, después de la comida familiar, los tres mantuvimos una conversación sincera y constructiva. Para eliminar cualquier ambigüedad, me apresuré a puntualizar: «Pido disculpas por la actitud de Zapatero. Cometió un error político siendo secretario general del Partido Socialista, pero eso no debería afectar a la relación entre nuestros dos países, que es una relación fundamental. He venido aquí para garantizar que nuestra cooperación de Estado a Estado no se verá perjudicada». Así fue como descongelé las relaciones bilaterales entre nuestros dos países y conseguí desbloquear una situación de crisis. Sin mi intervención, las tensiones seguramente se habrían agravado. A continuación, me llevaron a dar un paseo por el rancho para mostrarme sus caballos y vacas. La familia Bush recibía pocos invitados en ese lugar rústico y aislado, para preservar su intimidad".
Henry Kissinger
"El 2 de junio de 1976, en mi reunión con el presidente Ford y Henry Kissinger en la Casa Blanca, mostré mi determinación de llevar a cabo reformas. Ellos seguían de cerca la situación española, sobre todo desde la Revolución de los Claveles, que no habían anticipado, y que había dado paso a una gran inestabilidad en Portugal. Yo quería encarnar la garantía de un equilibrio moderador, de una evolución política suave. El secretario de Estado me sugirió que me embarcara en un proceso democrático gradual, manteniendo el calendario bajo control: «Go slowly!», «¡Vaya despacio!», me repetía. Hizo hincapié en la falta de tradición democrática de España y en su temor a que el comunismo llegara al poder. No se puede obligar a un país a cambiar sus instituciones desde fuera, por medio de principios, de moral o de programas de cooperación. Pero un apoyo público de esta magnitud nos ayudaba sin duda a avanzar con mayor aplomo".
"Seguíamos muy de cerca la suerte de España, porque, si la Transición fracasaba, España podía llevarse por delante a toda Europa"
"Muchos años más tarde, en una cena con el exsecretario de Estado, cuando ambos estábamos ya retirados de los asuntos públicos, me hizo una confidencia: «Seguíamos muy de cerca la suerte de España, porque, si la Transición fracasaba, España podía llevarse por delante a toda Europa». Decididamente, mis jóvenes hombros cargaban con un peso inconmensurable".
Giscard D'Estaign
"Giscard d'Estaing afirmaría haber convencido al presidente alemán Walter Scheel para que le acompañara a Madrid, pese a que el Gobierno de Alemania Occidental no necesitaba del estímulo de Giscard d'Estaing para apoyarme éticamente durante todo el proceso de la Transición. El presidente francés no se privaba de presumir... Cada vez que venía, tenía la impresión de que se creía Napoleón, cuyo hermano José intentó apoderarse de España, lo que provocó un levantamiento popular contra las tropas francesas. Me lanzó una insinuación al ver un cuadro de uno de mis antepasados llevando el Toisón de Oro, la máxima distinción de la Corona española; seguramente esperaba que yo se lo concediera. En cada una de mis invitaciones, se mostraba muy quisquilloso sobre su lugar en el protocolo. Su arrogancia, que rayaba en la condescendencia, podía hacer sombra a su inteligencia. Yo necesitaba su apoyo y él me lo hacía notar. Lo que no quiere decir que me ayudara más adelante en mis esfuerzos por incorporar a España a la Comunidad Europea o en la lucha contra ETA, que encontraba refugio impunemente en Francia tras cometer crímenes atroces en España".
Mijail Gorbachov
"Tras el cóctel de bienvenida, las mujeres y los representantes oficiales salieron. Nada más sentarme, me giré hacia Gorbachov y le dije a quemarropa: «Te están segando la hierba bajo los pies». Quería rebajar la tensión y ponerme manos a la obra lo antes posible. Quizá el intérprete no supo traducirlo, porque al principio Gorbachov no entendió lo que yo quería decirle. El intérprete le repitió lo que yo había dicho, él lo entendió y se volvió hacia Bush. Animé entonces al presidente estadounidense a que revelara todos los datos que tenía en su poder".
Hugo Chávez
"Mis relaciones con todos (los jefes de Estado) han sido siempre respetuosas.Con una excepción. En la Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile en 2007, el presidente venezolano Hugo Chávez consiguió sacarme de mis casillas. Estábamos en una sesión plenaria, presidida por la presidenta chilena Michelle Bachelet, y Chávez monopolizó la palabra. Se lanzó a una larga diatriba, como de costumbre, pero esta vez salpicada de comentarios insultantes hacia España. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, sentado a mi lado, trató de defender a su predecesor, José María Aznar —y eso que era su adversario político—, a quien Chávez había llamado «fascista». Zapatero invocó el respeto democrático, pero fue en vano: el presidente venezolano continuó con su incesante retahíla de comentarios provocadores".
"Yo hervía de rabia. Zapatero me tiraba de la chaqueta para que no interviniera"
"Yo hervía de rabia. Zapatero me tiraba de la chaqueta para que no interviniera. Chávez había sobrepasado con creces su tiempo de intervención y la anfitriona, Michelle Bachelet, no decía nada. Estaba poniendo muy a prueba mi paciencia. Me quedé mirándole con insistencia, asombrado y molesto a la vez, hasta que no pude más y le dije: «¿Por qué no te callas?». Entonces me levanté y abandoné la reunión. Michelle Bachelet me persiguió por el pasillo: «¡Por favor, majestad, vuelva.». Lo que, por supuesto, no hice. La mayoría de los jefes de Estado vinieron luego a verme: «Sentimos mucho lo que ha pasado», me decían molestos. Me di cuenta de que mi frase había dado en el clavo cuando, más tarde, ese mismo día, un abogado sudafricano amigo mío me llamó para preguntarme si quería registrarla, igual que en su día había registrado mi firma para evitar imitaciones fraudulentas. Obviamente, me negué. Supe luego que en toda Hispanoamérica se distribuían camisetas, se vendían tonos de móvil y se creaban páginas web con la frase, y que el vídeo en YouTube batía récords de visualización. A mi pesar, «¿Por qué no te callas?» se convirtió en un lema de resistencia política".
Fidel Castro
Fidel Castro, uno de los principales líderes comunistas, siempre fue muy abierto y cálido con la Reina y conmigo. Solía decir a la prensa española: «¡Tenéis suerte de tener un Rey excepcional!». ¡Un revolucionario elogiando a un rey democrático! Estaba orgulloso de sus orígenes gallegos. Todos los años, hasta que dejé de fumar tras mi operación de pulmón, me enviaba una bonita caja de puros. Sé que hacía ese tipo de regalos a mucha gente, pero a mí me complacía cada vez recibirlos. En 1992, cuando todos los jefes de Estado subimos en Barcelona en el avión que debía llevarnos a la Exposición Universal de Sevilla, Violeta Chamorro, la presidenta de Nicaragua, vio dónde debía sentarse y me dijo: «¡Me sentaré al lado de quien usted quiera, menos de Fidel!».
"Yo estaba avergonzado, el tiempo se agotaba y estábamos a punto de despegar, así que Sofi se ofreció a sentarse al lado del comandante y yo viajé al lado de Violeta Chamorro, con quien me llevaba muy bien. Ella me llamaba «mi amor», lo que me divertía mucho, y al llegar me soltó: «No necesitamos chófer», así que hice yo de chófer. La Reina y Castro se pusieron a charlar, él muy galante con ella. Sofi le dijo: «¡Por qué sigue vistiendo uniforme militar? Mire, todo el mundo lleva traje». Él debió de tomar nota, pues en la siguiente cumbre iberoamericana apareció por primera vez con un elegante traje y corbata".
La edición en castellano de Reconciliación ya está en las librerías españolas. Las memorias de Don Juan Carlos, editadas por Planeta, son un relato ágil de 507 páginas en las que el Rey repasa siete décadas de la Historia de España intercalando recuerdos, reflexiones de fondo y un anecdotario diverso sólo al alcance de quien ha sido jefe del Estado casi cuarenta años.