El PP muestra músculo en la calle, pero aparca la moción de censura: "En este momento, no"
Génova deja la puerta abierta a utilizar en el futuro este mecanismo para "retratar" a los socios, cuenten o no con los apoyos, y sitúa como punto de inflexión la posible imputación del PSOE por financiación irregular
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Pérez Meca)
El Partido Popular superó las expectativas en torno a la séptima manifestación convocada contra el Gobierno en lo que va de legislatura. Ni el frío de Madrid ni la escasa antelación con la que se convocó la protesta evitó que 40.000 personas —80.000 según el PP— se acercasen al Templo de Debod para decir "basta ya" a Pedro Sánchez. Hace unos meses era Santos Cerdán el que pisaba Soto del Real. La mecha que vuelve a prender ahora la llama de la agitación social ha sido la entrada en prisión de José Luis Ábalos y Koldo García. Mientras tanto, otras investigaciones, como la que salpica a Ferraz por posible financiación ilegal, siguen su curso.
Las acusaciones de corrupción tras la sentencia de la Gürtel sobre las que Sánchez justificó la moción de censura contra Mariano Rajoy se han convertido ahora, más de siete años después, en un bumerán para el PSOE. "Crearon con su particular uso del poder un verdadero círculo perfecto de corrupción, encubriéndola con tretas y artimañas, obstaculizando la Justicia para intentar engañar a la gente". Esta frase, que hoy en día podría haber pronunciado cualquier portavoz del PP, la pronunció el propio José Luis Ábalos desde la tribuna de oradores del Congreso el día en que se desalojó, con los votos del PNV, al PP de la Moncloa.
La trascendencia del último mazazo judicial al corazón de los socialistas obligó a Feijóo a mover ficha. Sabía el político gallego que la decisión del Supremo no podía quedar sin respuesta. Y optó por otra manifestación, aun a riesgo de topar con el hartazgo social en la derecha de ver cómo, pese a todo, Sánchez no se movería del sillón presidencial. Feijóo escogió el Templo de Debod, un escenario acotado, más fácil de llenar. Telefoneó también a todos los barones del PP, que respondieron de forma casi unánime a la llamada. Se fletaron autobuses desde múltiples territorios. Y aun así, el temor a un pinchazo sobrevoló en el ambiente hasta este domingo.
No obstante, el líder popular comprobó que no ha perdido músculo en la calle. Las cifras no dejaron lugar a la duda. Acudieron menos personas que a la última convocatoria en la Plaza de España el pasado 8 de junio —50.000 según la Delegación del Gobierno—, pero superó por mucho el número que congregó la última vez que el PP convocó en el Templo de Debod, el diciembre de 2023, en aquella ocasión para protestar contra la amnistía: 15.000 asistentes según el PP y 8.000 de acuerdo a las cifras oficiales.
Pero más allá de la respuesta inmediata a través de la movilización a los escándalos judiciales del Gobierno, el debate que vuelve a azotar con fuerza en las filas de los conservadores es el de la oportunidad de activar ya una moción de censura. Es la única herramienta que tiene el primer partido de la oposición —y de la que ya carece Vox por falta de escaños— para intentar deponer a Sánchez antes de que se abran las urnas en 2027. El problema es que la aritmética sigue sin sonreírle a Feijóo.
Los guiños públicos que el líder del PP ha hecho en los últimos días sobre esta cuestión no han pasado desapercibidos. Tanto dentro como fuera del partido hay voces que creen que, al margen de la entrada en prisión de Ábalos y del caso de corrupción que se extiende a Cerdán, elementos como la histórica condena al fiscal general del Estado, la imputación de la esposa y del hermano del presidente del Gobierno o las pesquisas de la Audiencia Nacional sobre la financiación del Partido Socialista debe tener una respuesta clara, no solo en la calle sino también en el Congreso. Tenga o no visos de salir adelante.
Sin embargo, Feijóo tiene claro que hoy por hoy solo daría ese paso si logra atar los apoyos para que prospere. "Una moción no se presenta para intentar echar a Sánchez, sino para conseguirlo", reflexiona un dirigente de la máxima confianza del líder popular. "Ahora mismo, justo después de que le hayan tumbado la senda de déficit, le daría un respaldo que se ha demostrado que no tiene", aporta otra fuente autorizada.
En Génova no descartan utilizar este mecanismo en algún momento, aunque no cuenten con los votos, para que todos los socios "se retraten". Pero "en este momento, no", zanjan. "Si la registramos ahora y se pierde, ¿luego qué?", señalan en la dirección popular, donde sugieren que los casos que ahogan al presidente del Gobierno seguirán escalando. En definitiva, Feijóo mantiene la puerta abierta a activar una moción de censura como elemento simbólico de presión contra el Ejecutivo y los socios que le sostienen, pero sin precipitarse. Como le aconsejó Aznar, "alimentar la frustración" implica "llevar al país a un callejón sin salida".
Un punto de inflexión decisivo sería la posible imputación del PSOE por financiación irregular. Es precisamente el límite que algunos de los socios de Sánchez han puesto para recalcular su apoyo al Ejecutivo. De confirmarse, "el escenario cambiaría radicalmente", según aseguró el propio Miguel Tellado, secretario general del PP, el pasado viernes. Por si acaso, Feijóo comenzó también a abonar el terreno para abrir un posible entendimiento con Junts. El jueves, durante una comparecencia en Génova tras el encarcelamiento de Ábalos, el líder del PP dejó la puerta de una moción de censura más abierta que nunca. "Cuando tenga que decir algo, lo diré", aseguró.
Un día después, el viernes, Feijóo pidió directamente ayuda a los empresarios catalanes para convencer al partido de Carles Puigdemont. Incluso accedió públicamente a una posible moción de censura instrumental para convocar elecciones de inmediato, una hipótesis que corrió por algunos sectores de Junts tras escenificar la ruptura con el Gobierno. Pero fue Jordi Turull, secretario general de Junts, el encargado de poner a los populares los pies en la tierra pocas horas después y cerrar la puerta a un escenario de pacto con el PP. "No debe pedir ayuda, sino perdón", espetó.
El domingo, durante la multitudinaria manifestación, Feijóo no hizo alusión alguna a esta cuestión. Sí se dirigió a las formaciones "nacionalistas e independentistas" para preguntarles "hasta dónde están dispuestos a tragar", en alusión tanto a Junts como al PNV, con los que las relaciones están completamente rotas. Mucho más fría se mostró Isabel Díaz Ayuso, que deslizó la imposibilidad de llegar a un entendimiento con estos partidos. "Esta mafia no se va a romper", pronosticó. "No les queda ni pudor ni dignidad a ninguno de los que forman parte de esta coalición corrupta". La dirigente pidió coger fuerzas para dar la batalla final ante "la última etapa del sanchismo".
El Partido Popular superó las expectativas en torno a la séptima manifestación convocada contra el Gobierno en lo que va de legislatura. Ni el frío de Madrid ni la escasa antelación con la que se convocó la protesta evitó que 40.000 personas —80.000 según el PP— se acercasen al Templo de Debod para decir "basta ya" a Pedro Sánchez. Hace unos meses era Santos Cerdán el que pisaba Soto del Real. La mecha que vuelve a prender ahora la llama de la agitación social ha sido la entrada en prisión de José Luis Ábalos y Koldo García. Mientras tanto, otras investigaciones, como la que salpica a Ferraz por posible financiación ilegal, siguen su curso.