El pacto en Valencia, una "excepción" que no apacigua la guerra abierta entre PP y Vox
Los populares no creen que el acuerdo 'exprés' para investir a Pérez Llorca allane un entendimiento en Extremadura, Castilla y León o Aragón, donde las relaciones están rotas. Vox amaga con nuevas exigencias si logran más escaños
El expresidente de la Generalitat, Carlos Mazón, junto al nuevo presidente, Juanfran Pérez Llorca. (Europa Press/Eduardo Manzana)
Pese a la encarnizada guerra abierta entre Feijóo y Abascal y la ruptura en múltiples territorios, las dos grandes fuerzas de la derecha firmaron una especie de alto al fuego en las poco más de dos semanas que duraron las negociaciones para investir a Juanfran Pérez Llorca tras la dimisión de Carlos Mazón. Que el futuro de la Comunidad Valenciana estuviese en manos de Vox despertó grandes recelos a todos los niveles del partido, donde creían que un Abascal dominante elevaría el precio de sus exigencias para poner a Alberto Núñez Feijóo contra las cuerdas. Finalmente no fue así.
El acuerdo no escrito en Valencia entre PP y Vox fue limpio y sobre todo rápido. El partido ultraconservador no fue más allá de lo exigido previamente, y cedieron sus votos en primera votación para investir a un candidato que hizo guiños en su discurso de investidura a las líneas rojas que habían marcado sus compañeros de viaje en el rechazo a la agenda climática y a la inmigración irregular, sin entrar siquiera en la batalla por las discrepancias en materia lingüística. La diligencia con la que se fraguó el acuerdo podría marcar un precedente optimista en el desafío que tienen por delante otros presidentes autonómicos del PP. Pero nada más lejos de la realidad.
El mensaje oficial de Vox es que "nuestras condiciones son las mismas en todas partes" y culpan a Feijóo de poner palos en las ruedas a sus barones territoriales. Ponen como ejemplo los acuerdos presupuestarios previamente alcanzados en la Región de Murcia y Baleares. Este último territorio se enfrenta la próxima semana a la votación del techo de gasto, y fuentes populares temen que la negociación con Vox no prospere tras una legislatura llena de altibajos. "No parece que haya demasiada voluntad por su parte", sostienen.
Pero son los barones con fecha electoral próxima los que ven más difícil el entendimiento a futuros con Vox. Diversas fuentes, tanto a nivel nacional como territorial, consultadas por El Confidencial coinciden en ver el episodio en la Comunidad Valenciana como una "excepción", una suerte de oasis a la desconfianza larvada con los de Abascal en Extremadura, Castilla y León o Aragón, y que alcanza también al (casi inexistente) vínculo entre Génova y Bambú.
"En Valencia se ha trabajado mucho por tener una buena relación, el pacto responde a una coyuntura propia", sostienen. No en vano, Carlos Mazón fue el primero de los presidentes del PP en alcanzar un pacto de coalición con Vox tras las autonómicas de 2023, acuerdo que pilló con el pie cambiado a un Feijóo que había dado orden de aplazar el acercamiento a Vox para no condicionar la campaña de las generales. Con su apoyo logró sostener la presidencia de la Generalitat durante un año pese al desgaste por los agujeros de su gestión en la dana. Y el candidato para sucederle, Juanfran Pérez Llorca, tuvo siempre "buena sintonía" y línea directa con Bambú.
La situación en Extremadura, la primera región que abrirá las urnas el próximo 21 de diciembre, está a años luz. A diferencia de Mazón, Guardiola se revolvió contra Vox y se resistió a pactar con ellos, cosa que finalmente se produjo por la presión que ejerció la dirección nacional. "A María no la pueden ni ver", ratifican fuentes del PP extremeño. En Vox el discurso no es distinto, y ven "muy difícil" la posibilidad de entenderse con la presidenta extremeña. Esta circunstancia llena de interrogantes el escenario postelectoral. Tanto, que algunas voces ya se atreven a vaticinar que Guardiola iría "sin dudar" a una repetición electoral si Vox pone "condiciones muy altas".
Todos los sondeos publicados hasta ahora anticipan una victoria clara del Partido Popular, que estaría en condiciones de mejorar su marca de 2023 y ampliar la distancia con el PSOE. Pero se quedaría según las encuestas, a entre tres y cuatro escaños de la mayoría absoluta. Pese al optimismo con el que afronta el PP la campaña, Vox también puede mejorar notablemente su resultado. Incluso doblarlo. El último sondeo del CIS para Extremadura apunta a que la formación liderada en la región por Óscar Fernández podría pasar de 5 a entre 10 y 12 escaños.
La incapacidad de aprobar los presupuestos en Extremadura da buena muestra de la distancia entre las dos formaciones. Abascal ha redoblado su presencia en la región, con múltiples y multitudinarios mítines en los que abre fuego a discreción contra la candidata popular, a la que sitúa como la "tapada de Sánchez" o la "marca blanca" del PSOE. En una entrevista para El Debate, el líder de Vox ya avanzó que si Guardiola necesita sus votos, sus exigencias subirán. "Se va a encontrar con los mismos planteamientos o más contundentes si tenemos más representación", anotó.
La situación no es mejor en Castilla y León. En el territorio de Alfonso Fernández Mañueco certifican que la relación con Vox está completamente agotada y el pacto en la Comunidad Valenciana no les tranquiliza de cara a la posible negociación postelectoral. A la espera de las elecciones en marzo, tanto PSOE como Vox paralizaron el pasado 20 de noviembre la tramitación de los presupuestos por primera vez en la región. Y la misma tónica se respira en Aragón. El bloqueo a la legislatura por la ruptura escenificada por los de Abascal ha llevado al PP de Jorge Azcón a comenzar a buscar hueco en el calendario para el adelanto electoral.
En Bambú, la posibilidad de exigir a los barones del PP sillones en sus futuros gobiernos autonómicos no es prioritaria, pero tampoco descartable. En contra de lo que pensaban en el Partido Popular, el partido de Abascal se disparó tras la salida de los ejecutivos del PP, y por ahora prefieren la influencia a los sillones. Todo dependerá, no obstante, de los resultados que logren cosechar y de lo mucho o lo poco que el PP pueda aguantar el envite de los ultraconservadores en las urnas.
Reeditar una coalición electoral con Vox no es un escenario que contemplen en ninguno de los territorios que tienen próximas citas con las urnas. Ni Extremadura, ni Castilla y León, ni Andalucía. En parte para apelar a la movilización y al voto útil, Juanma Moreno ya ha reconocido públicamente que el auge de Vox puede hacerle perder la mayoría absoluta, pero ratifica también que prefiere ir a una repetición electoral antes que incluir a miembros del partido situado a su derecha en su ejecutivo. "Será Vox el que tendrá retratarse", zanjan en la dirección nacional.
Pese a la encarnizada guerra abierta entre Feijóo y Abascal y la ruptura en múltiples territorios, las dos grandes fuerzas de la derecha firmaron una especie de alto al fuego en las poco más de dos semanas que duraron las negociaciones para investir a Juanfran Pérez Llorca tras la dimisión de Carlos Mazón. Que el futuro de la Comunidad Valenciana estuviese en manos de Vox despertó grandes recelos a todos los niveles del partido, donde creían que un Abascal dominante elevaría el precio de sus exigencias para poner a Alberto Núñez Feijóo contra las cuerdas. Finalmente no fue así.