El antisanchismo socialista, con Feijóo en el día negro de Sánchez: "Entre la melancolía y la esperanza"
El presidente del PP y su cúpula en el Senado se mezclan con Page, Felipe González, Guerra y Cándido Méndez en un emotivo acto de homenaje a Lambán que se convirtió en un reproche general al Gobierno y a su presidente
Acto en recuerdo del expresidente de Aragón, Javier Lambán. (EFE/Daniel González)
Alberto Núñez Feijóo se marcó un tanto simbólico cargado de significado político. En la jornada más negra de esta legislatura para Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, el Senado acogió un acto que acabó por convertirse en una auténtica cumbre del antisanchismo. No fue el azar, sino la voluntad de quienes decidieron ir y quienes decidieron ausentarse. Mientras el Congreso tumbaba el techo de gasto presentado por María Jesús Montero y el Tribunal Supremo se preparaba para enviar a prisión a José Luis Ábalos, en la Cámara Alta todo eran sonrisas y parabienes con motivo del homenaje al exsenador Javier Lambán, una cita que, fruto de la casualidad, permitió visualizar una alternativa hacia el centro o, como poco, una capacidad de entendimiento que derriba de un plumazo el muro contra la derecha y la ultraderecha levantado por el presidente Sánchez el día de su última investidura.
El hecho diferencial de este homenaje no fue que acudieran Felipe González, Alfonso Guerra, Emiliano García-Page, Cándido Méndez oJavier Fernández, todos ellos críticos en mayor o menor medida con el Gobierno, sino que también estuviera presente el líder de la oposición y el acto estuviera presidido por el presidente del Senado, Javier Rollán, acompañado de la portavoz del PP, Alicia García.
Pero hay más. Ni un solo ministro decidió arropar a la viuda del expresidente socialista de Aragón y tampoco Cristina Narbona, presidenta del PSOE, que, según ha podido saber este periódico, fue alertada previamente de la importancia del acto y de la presencia de Feijóo. Decidió no ir y priorizar su presencia en el Congreso en un día importante. El mayor rango presente fue el de Juan Espadas, portavoz socialista en la Cámara Alta que fue apartado por Sánchez como líder del PSOE andaluz cuando decidió entregar la mayor federación del partido a su número dos en el partido y en el Gobierno.
A las presencias y ausencias, y a la coincidencia temporal con la derrota parlamentaria y el ingreso en prisión de quien fuera la mano derecha del presidente del Gobierno, se sumaron los discursos, especialmente los de González y Méndez. En general, los mensajes se pudieron resumir en dos, que suponen un reconocimiento al legado político de Lambán y, a la vez, una enmienda a la totalidad del sanchismo: la reivindicación de la Transición y la apelación al entendimiento entre “el centroizquierda y el centroderecha” allí representado, tal y como dijo el presidente Rollán.
"Los problemas de fondo siguen intactos: desigualdad, pobreza infantil, bajos salarios, problema de la vivienda, paro de los jóvenes..."
Se dijo de muchas maneras. Primero, con la foto oficial tras finalizar el acto. Después, al estilo Alfonso Guerra: “Muchos socialistas sienten, como yo, difícil la aceptación de que el PP sea el enemigo y Bildu el amigo". O al estilo González: "Una de las cosas que en España ha desaparecido es la esperanza de que vamos a tener un futuro mejor". O al de Cándido Méndez: "Se han subordinado facetas fundamentales de gobernación a los independentistas catalanes".
"La polarización viene de arriba"
El momento cumbre fue el discurso del expresidente González, que cerró el acto en una sentida reflexión sobre su amistad con el exsenador homenajeado: "No he podido quitar de mi teléfono, y eso que está de moda borrar, ni los mensajes de Lambán, ni los de Alfredo Pérez Rubalcaba, no me atrevo a quitarlos".
González hizo un repaso de la actualidad política "tan intensa y tan borrascosa" haciéndose una pregunta: “¿Qué es lo que más le hubiera llamado la atención a Lambán en estos días tan intensos? Oír a la vicepresidenta primera del Gobierno cuando le preguntan si va a haber presupuestos decir con tranquilidad que 'depende de lo que decida Puigdemont'. La sentencia es definitiva. No hay que explicar mucho, porque explica todo lo que nos pasa. ¿Dónde se metería Lambán? Posiblemente, en el mismo lugar que yo”.
Sin citar a nadie, el expresidente también se refirió al actual clima político. "¿La polarización viene de abajo a arriba para llegar a esta permanente guerra? En absoluto, viene de arriba a abajo", dijo mientras pedía que el debate público vuelva a ser "sosegado". Como idea, propuso "una tregua de insultos de un mes", algo que no sólo afecta al Gobierno, sino también a la oposición.
González lamentó que España, "la Nación más antigua de Europa", muestra "cada cuarenta años una tentación autodestructiva", como demuestra que defender la Transición "no esté de moda". "¿La Transición fue perfecta? No. Huyan de las obras perfectas, porque suponen el dominio de unos sobre otros". A este carro de defender el proceso político que llevó a España de una dictadura a una democracia en tiempo récord se sumó con entusiasmo quien fuera su vicepresidente. Alfonso Guerra propuso lo que bautizó como el ‘Proyecto Lambán’, con el que pretende que un centenar de voluntarios lleven a institutos y universidades “las palabras de los demócratas” y los valores de la Transición.
Felipe González y Alfonso Guerra, en el banco azul del Antiguo Salón de Plenos del Senado
Un proyecto "normal"
Las llamadas a otra forma de hacer política llegaron también desde el ámbito sindical. Cándido Méndez advirtió de que la actual situación "puede provocar la frustración de la gran oportunidad que nos brindan los fondos Next Generation", que presentan problemas tanto en su solicitud a la Comisión Europea como en su ejecución. El exsecretario general de UGT comenzó su intervención destacando los resultados "positivos" de la gestión del Gobierno y puso dos ejemplos: la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o la reforma laboral. Sin embargo, acto seguido subrayó que ambas medidas "solucionan problemas parciales" mientras que "los problemas de fondo siguen intactos: desigualdad, pobreza infantil, bajos salarios, problema de la vivienda, paro de los jóvenes, transformación verde y digital, débil industrialización, seguridad energética empleos precarios".
A modo de conclusión, apuntó que "la sociedad española necesita un proyecto normal, que si existe sólo es en el papel, que lo aguanta todo": "Un proyecto normal y estrecha cooperación entre las instituciones políticas, un proyecto de cohesión para las personas y los territorios". En su opinión, se está produciendo un "acelerado deterioro de la cultura política de la negociación y del acuerdo al servicio del interés general" y para ello "lo primero es reconocer que la política se ha teñido de populismo".
También intervino en el acto el expresidente del Principado de Asturias Javier Fernández, quien asumió la responsabilidad de dirigir el PSOE tras la expulsión de Pedro Sánchez en 2016. Entre más de un centenar de asistentes, acudieron al antiguo Salón de Plenos del Senado los exministros Jordi Sevilla, Virgilio Zapatero, José Barrionuevo, Rosa Conde, José Luis Corcuera o Julián García Valverde, el expresidente del SenadoManuel Cruz yel exvicepresidente Juan José Laborda, el exalcalde de Madrid Juan Barranco, el exlíder del PSE Nicolás Redondo Terreros, los expresidentes del Consejo Económico y Social Jaime Montalvo y Marcos Peña.
Al salir, dos de los asistentes comentaban que actos como el que acaban de celebrar conducen "a la melancolía", pero uno de los presentes corrigió: "O a la esperanza". Mientras, la mayoría preguntaba a los periodistas qué había sucedido en la última hora y media en el Congreso y el Tribunal Supremo en relación con el techo de gasto y con José Luis Ábalos. Dos noticias que sitúan al Gobierno en una difícil situación y amenazan la continuidad de la legislatura.
Alberto Núñez Feijóo se marcó un tanto simbólico cargado de significado político. En la jornada más negra de esta legislatura para Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, el Senado acogió un acto que acabó por convertirse en una auténtica cumbre del antisanchismo. No fue el azar, sino la voluntad de quienes decidieron ir y quienes decidieron ausentarse. Mientras el Congreso tumbaba el techo de gasto presentado por María Jesús Montero y el Tribunal Supremo se preparaba para enviar a prisión a José Luis Ábalos, en la Cámara Alta todo eran sonrisas y parabienes con motivo del homenaje al exsenador Javier Lambán, una cita que, fruto de la casualidad, permitió visualizar una alternativa hacia el centro o, como poco, una capacidad de entendimiento que derriba de un plumazo el muro contra la derecha y la ultraderecha levantado por el presidente Sánchez el día de su última investidura.