Esta carta privada que el entonces Príncipe Juan Carlos envía a Francisco Franco el 16 de septiembre de 1971 revela el tipo de relación que mantenían el jefe del Estado y la persona que había designado como sucesor, y que vivía en España alejado de su familia desde 23 años antes: respeto y cariño.
La pregunta en 2025 es cómo es compatible ese Príncipe que mantiene una relación de afecto por Franco y ese Rey que consagra su gran obra política a desmontar el Estado franquista desde el mismo día en que es proclamado. La respuesta es que no sólo es compatible, sino que Juan Carlos de Borbón debía mantener ese doble juego si quería no solo reinar, sino llevar España a una democracia homologable a los países de su entorno. Así fue desde, al menos, 1969.
Juan Carlos vive en España desde el 9 de noviembre de 1948, al día siguiente de que sus padres le despiden en la Estación del Cossio de Lisboa. Ese niño de once años, de pelo rubio y rizado, se sube al Lusitania Express consciente de la decisión que ha tomado su padre: entregarle a su mayor adversario para adquirir una baza a futuro para restaurar la Monarquía. La infancia de don Juanito, que ya nunca más vivirá en la casa familiar, es un canje a cambio de una probabilidad.











