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Silvia Orriols: la Moreneta diabólica
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Silvia Orriols: la Moreneta diabólica

Carismática y radical, Silvia Orriols lidera un nacionalismo catalán inflexible que rechaza tanto la inmigración musulmana como la influencia española, atrayendo a votantes desencantados con otros líderes

Foto: La alcaldesa de Ripoll y líder de Aliança Catalana, Silvia Orriols. (Oriol Moles)
La alcaldesa de Ripoll y líder de Aliança Catalana, Silvia Orriols. (Oriol Moles)
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Hay una figura en Cataluña surgida de Ripoll, como el atentado de las Ramblas, que promete que no volverá a haber más atentados islamistas en las Ramblas ni más sumisión al maléfico Estado español. Esa diminuta mujer morena de ojos desorbitados se llama Silvia Orriols, y deberíais apuntar su nombre.

Algunos españoles alérgicos al Islam le hacen la ola cuando la líder de Aliança Catalana aparece subtitulada hablando del Islam. Me parece cómico ese aplauso cuando Orriols, que está hecha de una pieza como la Moreneta y lleva siempre la cruz visible en el pecho, ve al español como un moro más.

El Islam, dice, es el arma empleada por el invasor castellano para aniquilar la raza catalana. Explica que la política migratoria del Estado para Cataluña ha consistido en llenar de musulmanes esa tierra para disolver la identidad y arrastrar la sociedad al infierno de la delincuencia y el terrorismo.

Considera que el Islam está intentando colonizar Cataluña pero que el español ya lo hizo. Ve el Estado como un califato que domina su tierra desde hace 500 años y la reconquista pasa por expulsarlos a todos. Poco importa si se van a Francia, a Castellón, a Zaragoza o al mar, es problema de otros y no es problema de los catalanes puros.

No se presentará al Congreso de los Diputados. No quiere mancharse. No pisaría Madrid ni pisaría Rabat. Para esta mujer que silabea sin separar los dientes como quien prepara su venganza, el problema de la inmigración tiene menos que ver con el robo de carteras en las Ramblas que con la identidad.

Se niega a poner una palabra en castellano en su boca por el mismo motivo que no llevaría un hiyab en la cabeza. Combate a las mujeres veladas, las ayudas sociales a inmigrantes y el burkini, y en parecidos términos se refiere a los niños que hablan castellano en el patio de una escuela pública.

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Siempre está tranquila: no se calienta con las encerronas periodísticas, que son comunes. Destila una autoridad incuestionable y una seguridad integral. Frente a otros populistas tendentes al golpe en el pecho y el grito, ella emplea algo que se parece mucho más a la fría razón: elude el gesto emotivista salvo cuando habla del miedo que siente. La angustia identitaria arde bajo su calma seductora.

Es una mujer inteligente, extremadamente inteligente, a la que es difícil pillar "soltando bulos" como a otros que se han aprendido el argumentario el día anterior. Esto, unido a la estructura mineral de su nacionalismo, convierten a Silvia Orriols en la líder más carismática de la historia reciente de Cataluña. Según todas las encuestas, cada vez hay más votantes que optarían por ella.

Lo comprendo. Silvia Orriols es lo que otros nacionalistas catalanes no se atrevieron a ser. Quienes llenaron las calles en 2017 de banderas y supremacismo querían alguien como ella y no un Puigdemont temeroso, un Torra acomplejado o un Junqueras apocado. Incluso Pujol y Ferrusola parecen sucedáneos, puesto que en sus relaciones con Madrid pecaban de ese vicio tan catalán de la diplomacia.

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En Orriols no hay un gramo de diplomacia. No parece alguien dispuesto a dar su brazo a torcer con un reparto de menas, con una sentencia del Constitucional o con la duda ante la formación de un ejército catalán. Habla rígida e inflexible con los dientes apretados como las cuatro barras de la bandera y los nacionalistas sienten, cuando la oyen, que su integrismo los imanta.

Les proporciona seguridad oírla, porque no duda, y el aplomo de esa mujer les recuerda que no deben dudar.

La votarán, por este orden, nacionalistas catalanes de derechas con tanta alergia a la mezquita como al 25% de clases en castellano; los independentistas sin otra ideología que la unilateralidad a los que Junts y ERC traicionaron haciendo presidente a Pedro Sánchez; y también charnegos: habitantes de zonas más tensionadas por la inmigración que por el turismo, dispuestos a hablar un poco menos de español si con eso deja de oírse tanto árabe en sus barrios.

Sin embargo, el hecho de que Orriols considere lo español tan nocivo como lo musulmán debería ser un aviso a quienes todavía conserven algo de liberalismo en su sangre: un recordatorio de que todos podemos ser el moro de otro nacionalista, y que por lo tanto los hombres deben valorarse por sus actos y no por su identidad de grupo.

Hay una figura en Cataluña surgida de Ripoll, como el atentado de las Ramblas, que promete que no volverá a haber más atentados islamistas en las Ramblas ni más sumisión al maléfico Estado español. Esa diminuta mujer morena de ojos desorbitados se llama Silvia Orriols, y deberíais apuntar su nombre.

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