Es noticia
Las dos brechas que se han abierto en el plan estratégico de Sánchez
  1. España
análisis

Las dos brechas que se han abierto en el plan estratégico de Sánchez

El partido socialista está utilizando un planteamiento electoral similar al de las últimas generales. Sin embargo, éxitos pasados no aseguran rentabilidades futuras. Y menos ahora

Foto: Gabriel Rufián, en el Congreso. (Europa Press/Eduardo Parra)
Gabriel Rufián, en el Congreso. (Europa Press/Eduardo Parra)
EC EXCLUSIVO

Pedro Sánchez afirmó en el Congreso, durante la comparecencia del pasado miércoles, que quienes creen que los jóvenes van a votar a la derecha están equivocados. El día de las elecciones, cuando llegue el momento de la verdad, los jóvenes apostarán por los progresistas.

Los grandes partidos españoles suelen contar con un caudal de voto asegurado, en la medida en que disponen todavía de votantes fieles. Además, entre los jubilados y los funcionarios, dos grupos de la población especialmente interesados en que exista estabilidad en las instituciones, los partidos principales recogen bastantes apoyos. Pero esos sectores pueden ser necesarios, pero no suficientes. En el caso de los socialistas, se apostó por ampliar el campo con grupos especialmente interesados en la defensa de las libertades frente a una alianza que las quería constreñir, como era la de PP y Vox. Las mujeres, los profesionales urbanos y los jóvenes eran quienes podían otorgar ventaja a los socialistas. Esa fue la estrategia para el 23-J, y les salió bien. Ahora quieren jugar con las mismas cartas, la defensa de una gestión que ha generado buenos números macroeconómicos y la alerta antiautoritaria. Los jóvenes tienen un papel que jugar en esa partida.

Quizá por ello, Sánchez estuvo en Radio 3, la emisora pública que más espacio dedica a la música y la que orienta su programación a un público más joven. El presidente ha alabado el nuevo disco de Rosalía, ha mostrado su lista de Spotify y se declara aficionado a la música. Sánchez tiene el espíritu joven, y fue a la radio pública para mostrar cercanía.

Pero el guiño de Sánchez con la visita a Radio 3 tiene lugar en un contexto complicado en lo que se refiere a las tendencias políticas de los más jóvenes. El giro de la población de menor edad hacia posturas de derecha y su creciente simpatía con Vox han generado alarma. Sin embargo, los socialistas se muestran tranquilos, ya que están convencidos de que existe una disonancia entre lo que los jóvenes declaran en las encuestas y su forma de pensar real: están mucho más cerca, en sus prácticas cotidianas, de las posturas progresistas que de las conservadoras. Dicen una cosa, pero hacen otra, y una vez que ese malentendido quede disuelto, apostarán por partidos de izquierda.

La primera brecha

Mientras el PSOE se mueve en esa seguridad, o en esa esperanza, se están produciendo cambios en la política. El lugar central, al que más relevancia se le otorga, se define por una lucha entre PSOE y el PP, los dos partidos más votados en España, que se sustancia en sus peleas judiciales, las intervenciones en el Congreso, las tensiones mediáticas y el combate en las redes. En segundo plano está la pelea entre bloques, el de investidura y el de oposición, en el que existe también un reparto ideológico. La posición de la izquierda respecto del PSOE solía consistir en ir más allá de las propuestas socialistas: más políticas verdes, más medidas sociales, más feminismo, más diversidad. La derecha de Vox hacía algo similar con el PP: más tensión contra Sánchez, más defensa de España contra los separatismos, más tradición, más religión y más reducciones de impuestos y de regulación.

Rufián: "Basta con poner cinco minutos la oreja en un barrio para saber que los flujos migratorios son un reto para los barrios"

Esa división de posiciones ya no está operativa porque las peleas en el interior de los bloques se han abierto a causa de dos asuntos esenciales, la vivienda y la inmigración. Díaz Ayuso proclama que hay que defender la inmigración porque, si no, quién va a trabajar en el sector servicios y quién va a poner los ladrillos. Vox ha visto la oportunidad de colocarse frente al PP con una postura que lleva tiempo manteniendo. La inmigración es un elemento central en esa pugna en las derechas.

Pero ni las izquierdas ni el bloque de investidura están exentos de verse perturbados por las diferentes posiciones ante la inmigración. Los socialistas pueden permanecer firmes sobre la necesidad de la mano de obra extranjera y la importancia de la diversidad, pero Junts siente el aliento de Aliança Catalana y está variando su discurso; la Ertzaintza acaba de publicar una estadística en la que se refleja la criminalidad por nacionalidades y el PNV comienza a posicionarse con más prudencia en el asunto. Rufián intervino en el Congreso el pasado miércoles y comenzó afirmando que la vivienda era el problema central de los españoles, pero también dedicó tiempo a la inmigración. “Basta”, afirmó, “con poner cinco minutos la oreja en un barrio o hablar diez minutos con un alcalde para saber que los flujos migratorios son un reto para los barrios, que se tiene que basar en la seguridad, en la integración y en el respeto. En el respeto, porque que todo el mundo tiene derechos y obligaciones, se llame Javier o se llame Brahim”.

Las divisiones en las izquierdas y en el bloque de investidura se abren en las zonas de España donde triunfan los discursos de Vox y de Aliança

Como era consciente de que esas afirmaciones podían generar controversia en la izquierda, se justificó por adelantado: “No hablar de esto no es comprar el marco de la derecha, el del enemigo. No, mira, si no hablas de algo, no existes; no es astucia, es abandono”. Por supuesto, Podemos saltó como un muelle contra Rufián y Pablo Iglesias fijó posiciones: “Los nazis huelen la sangre como los tiburones. Comprar, aunque sea mínimamente, el discurso que asocia migraciones y seguridad, es un error. La inseguridad la provoca no poder pagar el alquiler, no los migrantes. Cada centímetro cedido a los nazis, les acerca más al gobierno”. La brecha en las izquierdas y en el bloque de investidura comienza a abrirse con estos asuntos, que estarán más presentes en aquellas zonas de España donde el discurso de Vox y de Aliança Catalana se vaya asentando. Los jóvenes de los barrios y pueblos donde hay una inmigración elevada son un público objetivo para estas fuerzas.

La reducción a la vivienda

La otra brecha abierta es la vivienda, el asunto en el que los partidos de un lado y otro ponen más énfasis. Feijóo asegura que la vivienda dependerá de su vicepresidencia primera cuando gobierne, las izquierdas insisten en la regulación y en los topes a los alquileres, la derecha en la construcción y Vox en la España de los propietarios.

Sin embargo, poner el foco en la vivienda tiene tanto de acertado como de tramposo. Se trata de un bien esencial que está absorbiendo, por la vía del alquiler o de la compra, buena parte de los recursos de los españoles. Pero también es cierto que los problemas no terminan ahí: el precio de bienes necesarios para la subsistencia ha subido sustancialmente en los últimos años, desde la alimentación hasta la energía, y la inflación sigue aumentando.

Los votantes cada vez demandan menos políticas públicas bien definidas: no se las creen y tampoco confían en que resuelvan sus problemas

Sin embargo, y los socialistas son especialistas en este sentido, para operar sobre el problema se opta por la reducción: el problema del declive en el nivel de vida es producto de los precios de la vivienda, estos afectan fundamentalmente a los jóvenes, y la solución está en las políticas públicas. Es decir, una dificultad general queda restringida a una concreta, y esta se acota a una parte de la población, la juvenil, por lo que el camino de salida aparece diáfano: poner en marcha políticas públicas que ayuden a que los jóvenes tengan facilidades para alquilar a precios asequibles. Es típico de la mentalidad gestora, reducir la realidad a la parte en la que resulte más sencillo operar.

Este es un marco muy frecuente entre los partidos en el poder. Pero, por bien que pueda sonar en campaña, acaban generando problemas. Paul Begala, un estratega demócrata que trabajó con Clinton, señalaba el acierto de la estrategia de Mamdani, sencilla, comprensible y directa: vamos a hacer la vida en la ciudad asequible. En ese paquete entraban unas cuantas medidas, como autobuses y guarderías gratuitos, congelación de alquileres, supermercados públicos e impuestos a los ricos. Begala contraponía esa visión con la que mantuvo Kamala Harris en la competición presidencial: “Como presidenta, trabajaré en colaboración con el sector para construir las viviendas que necesitamos, tanto para alquilar como para comprar. Eliminaremos las barreras y reduciremos la burocracia, incluso a nivel estatal y local. Y para el final de mi primer mandato, acabaremos con la escasez de vivienda en Estados Unidos mediante la construcción de tres millones de nuevas viviendas, tanto residenciales como de alquiler, a precios asequibles para la clase media. Y lo haremos juntos”. Lo harán juntos desde la oposición, porque resultaba evidente que se trataba de un mensaje carente de atractivo. Es el enfoque sobre la vivienda que con más frecuencia manejan nuestros políticos.

Las demandas políticas contemporáneas

Estos desajustes generales han sido provocados por un tipo de economía que no se puede recomponer mediante parches parciales. Y la política ha apostado por poner en marcha (o por simplemente prometer) políticas estrechas dirigidas a paliar, pero que nunca revierten. Por eso los votantes cada vez demandan menos políticas públicas bien definidas: no se las creen y no solucionan sus problemas.

Los discursos exitosos, como el de Mamdani, apuestas por redefinir la situación por lo alto. En lugar de reducir, como hacen los gestores, amplían. El problema que afrontan los neoyorquinos es la enorme dificultad de una mayoría de ellos a la hora de afrontar el coste de la vida en su ciudad. La vivienda es una parte importante, pero hay muchas otras, por lo que Mamdani prometió solucionar el asunto de modo integral. Ese posicionamiento ideológico le dio la victoria. Mamdani se centró en una visión política sobre un problema definido por arriba, la inasequibilidad de la vida en la ciudad, más que en unas medidas concretas, que eran funcionales a un propósito mayor.

No quieren expertos que les expliquen políticas públicas necesarias, sino políticos que eleven la mirada y den una solución a sus problemas

En España, el discurso de Carlos H. Quero, el diputado de Vox, ha sido la espoleta que ha disparado las alarmas en el PP y en las izquierdas. Hernández Quero no se limitó a describir una serie de políticas públicas a través de las cuales favorecer la asequibilidad de la vivienda. Estas eran mucho menos relevantes que la definición por lo alto del problema: se ha pasado de una España en la que los trabajadores de los barrios populares tenían una vivienda y un coche en propiedad y trabajo estable a otra en la que la compra de vivienda es muy difícil para los trabajadores, y más si son jóvenes, en la que el trabajo es precario y en la que los barrios de las grandes ciudades están infradotados. Los inmigrantes aparecen como una causa de ese declive, pero no son el único. La promesa de Quero se dirigía hacia otro tipo de país, en lugar de centrarse en una serie de medidas parciales para ayudar a que la vivienda sea asequible.

Por supuesto, Mamdani puede no cumplir con lo prometido y convertirse en una suerte de Carmena o Colau estadounidense. El discurso de Carlos H. Quero puede no desarrollarse y quedar relegado a una visión conceptual que choca con la práctica de su partido. Pero ambos ejemplos deben servir no tanto para juzgar su validez o su posible cumplimiento como para constatar que los deseos de las poblaciones occidentales están cambiando. No quieren una serie de expertos que les describan políticas públicas necesariamente parciales. Quieren políticos que eleven la mirada, que redefinan por lo alto los problemas, que entiendan su situación y que les interpelen directamente. Las políticas públicas serían instrumentos subordinados a una política de mayor densidad y altura. Se trata de ampliar el campo, no de reducirlo para que sea manejable.

Sin embargo, a la hora de intentar movilizar a los jóvenes, como se ha propuesto el partido socialista, ya que los entiende necesarios para combatir a la extrema derecha, se está haciendo justo lo contrario. Los partidos en el poder, en el nacional y en el regional, tienden a hablar en un lenguaje que no es el que la sociedad demanda y que ya no interpela a sus posibles votantes. Y menos aún a los jóvenes: que mensajes rupturistas, como el de Mamdani o el de las derechas trumpistas, encuentren en ese grupo social un gran apoyo es revelador de cómo las demandas se han transformado. La gente espera cambios sustanciales que produzcan soluciones reales, y las políticas de gestión ni son creídas ni generan atractivo electoral.

Pedro Sánchez afirmó en el Congreso, durante la comparecencia del pasado miércoles, que quienes creen que los jóvenes van a votar a la derecha están equivocados. El día de las elecciones, cuando llegue el momento de la verdad, los jóvenes apostarán por los progresistas.

Pedro Sánchez Gabriel Rufián Santiago Abascal Alberto Núñez Feijóo Inmigración Stock de viviendas
El redactor recomienda