Moncloa intenta ganar tiempo para reconducir la ruptura con Junts
El Gobierno confía en que los meses de parón en el Congreso le den margen para la reconciliación. Sánchez ya ha prometido publicar las balanzas fiscales
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. (Europa Press/Eduardo Parra)
Por mucho que Junts insista, el Gobierno no se da por enterado. Ya pueden repetir todos los días que la ruptura es un hecho, que la Moncloa mira para otro lado. Como quién oye llover. El Consejo de Ministros mantiene sin cambios su plan legislativo y en el Ejecutivo no asumen que acabar la legislatura sea ahora más complicado.
El Gobierno vive al día y sin ningún drama esta nueva crisis con Carles Puigdemont. Los posconvergentes no paran de preguntar a Pedro Sánchez qué piensa hacer, cómo pretende seguir sin los votos de su grupo parlamentario. Y lo único que él verbaliza es que pretende continuar igual que hasta ahora, negociando con todos los grupos de su inestable mayoría. En el Ejecutivo confían en que este choque con Junts se puede superar. Y que en enero, "Dios proveerá". "Han dicho que rompen y que no quieren negociar pero nos consideramos capaces de lanzar propuestas que les gusten", sostienen en Moncloa.
El calendario le resulta propicio a Sánchez para trabajar discretamente una posible reconciliación con Puigdemont. Este mes quedan únicamente dos plenos en el Congreso y en diciembre sólo está previsto la celebración de uno para respetar, como es tradicional, la campaña de las elecciones extremeñas del 21-D. A esta sequía legislativa se añade también que enero es inhábil en la Cámara.
Sin votaciones de por medio, el Gobierno no sufre tanta presión y dispone de margen para cumplir los compromisos pendientes con Puigdemont. Los contactos con su grupo parlamentario persisten aunque el Ejecutivo no sepa ahora qué harán en cada asunto. Este jueves se vota una enmienda, introducida por el PP en el Senado en la ley de Movilidad Sostenible, sobre la ampliación de la vida útil de tres de las cinco centrales nucleares del país, y los socialistas desconocen si Junts votará junto a Alberto Núñez Feijóo y Vox.
El Gobierno aprobará la semana que viene el techo de gasto y la senda de déficit, aunque es consciente de que no puede sacarlo adelante en el Congreso (la última semana de noviembre o la primera de diciembre) sin el respaldo de Junts. Pese a ello, se dicen dispuestos a poner en marcha esta liturgia previa a la presentación de los presupuestos. Pero ya, sin plazos. La segunda votación sobre los objetivos de estabilidad parece difícil de encajar en el calendario parlamentario en lo que queda de año. Y eso ya demora a 2026 la aprobación en el Consejo de Ministros de las nuevas cuentas del Estado.
Mientras, la voluntad del Ejecutivo es satisfacer a Puigdemont. Sánchez aseguró este miércoles que se están "esforzando" en saldar los incumplimientos y citó, entre otros asuntos pendientes, la publicación de las balanzas fiscales. Fuentes del Gobierno apuntan que son partidarios de hacerlo, pero que hay diferencias con Junts sobre la metodología.
La tensión con los posconvergentes no para de crecer. Ayer su portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, llamó al presidente "cínico" e "hipócrita". Él en la réplica se lo afeó: "Yo no he insultado a Junts ni a usted. Le ruego que no lo haga conmigo". Y le pidió que reconsideren su posición. "Bloqueo, que honestamente no conduce a nada, o entendimiento, que puede llevar a más prosperidad y más autogobierno a Cataluña". Sánchez se agarra a su confianza de que Puigdemont no se unirá a una moción de censura con PP y Vox.
Por mucho que Junts insista, el Gobierno no se da por enterado. Ya pueden repetir todos los días que la ruptura es un hecho, que la Moncloa mira para otro lado. Como quién oye llover. El Consejo de Ministros mantiene sin cambios su plan legislativo y en el Ejecutivo no asumen que acabar la legislatura sea ahora más complicado.