Cómo sacar a la Infantería de Marina del diván: la fantasía anfibia de la Armada
Un reciente artículo en la revista profesional de la Armada da un atisbo de los planes de la Infantería de Marina para su brigada expedicionaria y anfibia. Unidades más grandes y capaces que van a poner a prueba a la industria
Desembarco anfibio de la Infantería de Marina en la Malagueta. (EFE/Carlos Díaz)
El pasado 8 de septiembre se celebró el primer centenario del Desembarco de Alhucemas. Un episodio bélico que pasaría a los libros de historia por ser la primera vez que fuerzas de mar, tierra y aire, incluyendo primitivos medios acorazados, trabajaron conjuntamente en una acción militar a gran escala. El Desembarco contribuyó a la victoria española en la Guerra del Rif y se convirtió en un hito en los libros de estrategia al demostrar la viabilidad de las operaciones anfibias, hasta entonces cuestionadas por el reciente fracaso franco-británico en el Estrecho de los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial.
La Revista General de Marina, que edita la Armada española, le dedicó un número monográfico a la acción en Alhucemas, repasando su contexto histórico, sus protagonistas principales, los medios empleados y su impacto en la prensa de la época, el mundo académico y el pensamiento militar. La publicación aprovechó la efeméride para dedicar un apartado con varios artículos al presente y futuro de las operaciones anfibias. Allí encontramos el artículo Una fuerza anfibia decisiva para un incierto entorno estratégico, firmado por el coronel Mario Ferreira Anido, en el que nos ofrece una rara ventana al futuro de la Infantería de Marina española desde dentro.
Los marines del mundo, la española incluida, están en el diván estratégico. Otros cuerpos de Infantería de Marina, como el estadounidense, el británico y el portugués, han hecho públicos documentos con su visión de futuro y sus planes de reorganización. En España, en cambio, nos hemos tenido que conformar hasta ahora con alguna diapositiva dedicada a la Infantería de Marina en presentaciones de la Armada sobre planes de compra para contar atisbar los planes para el cuerpo. También, gracias a entrevistas y discursos de altos mandos, supimos de la existencia del Plan de Acción para la Fuerza de Infantería de Marina 2040, cuyos detalles no han trascendido. De ahí la importancia de este artículo para entender el posible rumbo de la brigada expedicionaria y anfibia.
El centenario de Alhucemas, con todo su simbolismo sobre la importancia de las operaciones anfibias y la lección histórica de cómo las fuerzas armadas deben adaptarse al cambio del momento estratégico, sucede tras unos años de crisis existencial para la Infantería de Marina española. La combinación de hachazo presupuestario, cambios organizativos de la Armada, sequía de misiones en el extranjero e incertidumbre ante el cambio tecnológico llevó al cuerpo a un lento declive durante el primer cuarto de siglo. Solo ahora se empieza a ver la luz al final del túnel ante la perspectiva de una fase alcista del presupuesto
Esos años de falta de recursos y personal llevó a unificar la Brigada de Infantería de Marina y la Unidad de Base para crear una sola entidad, la Brigada de Infantería Tercio de Armada con apenas 2.500 militares. En el camino se perdieron subunidades como la Compañía de Inteligencia. El Comandante General de Infantería de Marina pasó de depender directamente del Cuartel General de la Flota y trasladó su oficina de Madrid a San Fernando de Cádiz, lejos de los pasillos donde se toman las decisiones importantes.
Se dieron de baja los carros de combate M60A3TTS sin darles sustituto, mientras que las piezas autopropulsadas M109A2 tuvieron que cambiarse por otras cedidas por el Ejército de Tierra. Tras una intensa trayectoria de misiones internacionales, desde Haití a Afganistán pasando por Bosnia e Irak, se entró en una fase donde apenas un puñado de infantes de marina salían de España embarcados para misiones contra la piratería o para dar protección a la fuerza en Mali.
Esto creó un círculo vicioso en el que la falta de recursos y personal hacía que la Infantería de Marina no estuviera en mente de los decisores para realizar misiones y planes de futuro. Y esa falta de misiones y planes de futuro le relegaban a la hora de recibir recursos y personal. Mientras tanto, los cambios estratégicos y tecnológicos creaban una encrucijada histórica sobre el camino a seguir para la Infantería de Marina.
Como recoge el coronel Ferreira Anido en su artículo, existe una extendida preocupación sobre cómo la proliferación de sensores avanzados y armamento inteligente de largo alcance hacen en el actual contexto tecnológico más difícil aproximar una fuerza anfibia a la costa. Ante el creciente reto de enfrentar a sistemas que hacen más difícil acceder a una zona y operar con libertad en ella en Estados Unidos se habla de la amenaza Anti Acceso y de Denegación de Área, conocida en inglés por las siglas A2 /AD. En Estados Unidos existe una extensa literatura sobre el impacto de la amenaza A2/AD en la guerra naval, considerando principalmente el riesgo que suponen las potencias competidoras que aspiran a contar con medios a la par en cuanto nivel tecnológico.
La amenaza A2/AD y la orientación hacia el Indo-Pacífico ha llevado a una serie de reformas en la organización del Cuerpo de Infantería de Marina en Estados Unidos. Han desaparecido las unidades de carros de combate y se han reducido las de artillería para aumentar el número de drones y crear nuevas unidades de misiles de largo alcance. Los nuevos Regimientos Litorales se han creado para una guerra de unidades dispersas sobre el territorio que realicen saltos de isla en isla en el Indo-Pacífico.
La tendencia histórica de la infantería de marina española de considerar al Cuerpo de Infantería de Marina en Estados Unidos como el espejo que mirarse podría llevar a una reproducción acrítica de la nueva doctrina y orgánica estadounidense. Algo así como copiarle los deberes a otro alumno sin entender que se enfrentaba a problemas diferentes. Aunque las experiencias reales de las guerras de Ucrania y Yemen nos han enseñado que la amenaza de misiles antibuque y drones en la guerra naval no sólo es cosa de grandes potencias como China y Rusia. Por lo que en España su Infantería de Marina debe buscar su propio camino.
En su artículoUna fuerza anfibia decisiva para un incierto entorno estratégico, el coronel Ferreira Anido dedica largo espacio a explicar la importancia que tiene para España ser capaz de proyectar fuerzas de desembarco y la complejidad de la amenaza a la que se enfrentarán. De ahí la necesidad de que la Armada y la Infantería de Marina cuenten con los medios adecuados. Menciona que se concibe la futura Brigada de Infantería de Infantería Tercio de Armada como unidad de 4.500 militares capaz de desplegar una fuerza de tres Batallones Reforzados de Desembarco con un cuarto como reserva. Esto supone un crecimiento en el número de personal.
El Grupo de Artillería de Desembarco (GAD), será uno de los principales beneficiarios del actual ciclo expansivo de la defensa en España. Crecerá con más y mejores materiales. Pasará de contar con una batería de seis sistemas de artillería propulsada de cadenas M109 a contar con tres baterías de un nuevo sistema por determinar. A esto se añadirá una cuarta batería del Sistema Lanzador de Alta Movilidad (SILAM), el futuro lanzador de cohetes del Ejército de Tierra. La Infantería de Marina irá de la mano con el Ejército de Tierra en sus planes de renovación de la artillería de tubo y cohete. Esto permitirá operar de forma conjunta más fácilmente y reducir costes en la infraestructura logística y de mantenimiento.
La defensa antiaérea de corto alcance la proporciona actualmente una batería con misiles de guía infrarroja Mistral que forma parte del GAD. Los futuros medios antiaéreos tendrán que combinar misiles y cañones automáticos para hacer frente no sólo a aeronaves sino también a drones, sin descartar futuros sistemas como armas de energía dirigida. Además, el GAD incorporará la capacidad de lanzar municiones merodeadoras de largo alcance.
La importancia dada a que los futuros sistemas de artillería autopropulsada cuenten con munición inteligente con alcance de 70 kilómetros, la incorporación de munición merodeadora con alcance de 120 kilómetros y los futuros sistemas de defensa contra drones reflejan la incorporación de lecciones aprendidas en la guerra de Ucrania, donde la artillería ha demostrado de nuevo ser la reina del campo de batalla.
El crecimiento en medios y personal de la brigada de Infantería de Marina "Tercio de Armada", con la previsión de desplegar hasta cuatro Batallones Reforzados de Desembarco, pasa inevitablemente por contar con buques de asalto anfibio más grandes. El actual L61 "Juan Carlos" de 26.000 toneladas llegó a la Armada dentro de los planes de contar con una plataforma de vuelo para los aviones de despegue corto y aterrizaje vertical AV-8B Harrier II que fuera una alternativa puntual al portaaeronaves R11 "Príncipe de Asturias". El actual buque ha demostrado sus limitaciones para desplegar satisfactoriamente aeronaves y una fuerza de desembarco a la vez.
Los futuros buques de asalto anfibio españoles con plataforma de vuelo para aeronaves de ala fija y capacidad para llevar una fuerza de desembarco tendrán que ser mayores que el L61 "Juan Carlos" para poder llevar suficiente munición, combustible, personal y aeronaves. Los planes son contar con al menos dos buques de 40.000 toneladas. La gran duda que sigue en el aire es cuál será la aeronave de ala fija que incorporará la Armada. Las dudas sobre los riesgos de operar el deseado F-35 en la era Trump ha llevado a la Armada a pensar en un portaaviones convencional con aeronaves lanzadas con catapulta y que frenan enganchando un cable (CATOBAR en inglés). Un buque así superaría con creces cualquiera que haya navegado con bandera española y supondría un salto muy ambicioso para la industria española.
Jesús M. Pérez TrianaDatos: Miguel Ángel Gavilanes
Los planes de la Armada pasan también por una nueva generación de buques de desembarco con dique inundable (LPD) que sustituirán en el futuro a los actuales L51 "Galicia" y L52 "Castilla", que van con retraso camino de someterse a la modernización de mitad de vida. Cabe destacar que la empresa española Navantia, a través de su filial australiana, presentó recientemente un diseño llamado LPD Smart de buque de asalto anfibio de 20.000 toneladas que parece encajar perfectamente en los planes ambiciosos de la Armada de buques de asalto anfibio más grandes.
Por último, la Armada plantea también una nueva generación de buques de desembarco anfibio de tamaño reducido equivalentes a los futuros buques tipo LSM (Landing Ship Medium) de 4.000 toneladas de la armada estadounidense. Se trata de una adaptación del diseño LST-100 de la empresa Damen de Países Bajos, la misma con la que la industria española se alió para diseñar los buques de la clase "Galicia". Lo que en Estados Unidos empezó siendo un proyecto de líneas futurista se resolvió contratando un diseño clásico y probado. No en vano, la Armada española ya contó con buques de líneas muy parecidas y comprados a Estados Unidos de segunda mano: los L11 "Velasco", L12 "Martín Álvarez" y L13 "Conde de Venadito".
La misión de los futuros buques tipo LSM es varar en la playa y desembarcar vehículos mediante rampa, manteniendo a los buques más grandes lo más lejos de la costa. Pero la Armada aspira a que el movimiento de buque a costa sea lo más corto posible. Para ello se aspira a contar con aerodeslizadores con colchón de aire (LCAC en inglés). Un tipo de embarcación que actualmente sólo operan Estados Unidos y Japón. Son conocidas por su complejidad y caro mantenimiento.
La lista de sistemas más caros y complejos que la Armada y la Infantería de Marina aspiran a contar en un futuro propicia dudas razonables sobre los niveles de operatividad esperables en un país de vaivenes políticos y económicos. Diseñar una Armada en tiempos de expansión presupuestaria requiere el acompañamiento de presupuestos estables en el largo plazo para no terminar con unas fuerzas armadas con juguetes caros y rotos. Pero los planes de expansión de la Infantería de Marina llevan necesariamente a una Armada con buques más grandes.
Y ahí encontramos retos grandes e inéditos para la industria española. Los sinsabores del programa S-80+ nos enseñan los riesgos de los saltos tecnológicos ambiciosos en solitario. Los ambiciosos planes de expansión de la Armada serán también planes ambiciosos para la industria naval española.
El pasado 8 de septiembre se celebró el primer centenario del Desembarco de Alhucemas. Un episodio bélico que pasaría a los libros de historia por ser la primera vez que fuerzas de mar, tierra y aire, incluyendo primitivos medios acorazados, trabajaron conjuntamente en una acción militar a gran escala. El Desembarco contribuyó a la victoria española en la Guerra del Rif y se convirtió en un hito en los libros de estrategia al demostrar la viabilidad de las operaciones anfibias, hasta entonces cuestionadas por el reciente fracaso franco-británico en el Estrecho de los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial.