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Y el fiscal general se quitó la toga y trató de volverse humano en su prueba final ante el tribunal
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La quinta sesión del juicio

Y el fiscal general se quitó la toga y trató de volverse humano en su prueba final ante el tribunal

Protagonizó una defensa técnica contra la acusación de revelación de secretos en la que no dejó prueba por tratar de desmontar y defiende "su verdad" en contra de las sospechas de filtración

Foto: El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, en su declaración en el Supremo. (EFE/Señal Institucional Tribunal Supremo)
El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, en su declaración en el Supremo. (EFE/Señal Institucional Tribunal Supremo)
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Cuatro de la tarde. Todas las miradas clavadas en la silla colocada frente al atril desde el que los siete magistrados que forman el tribunal siguen el juicio contra el fiscal general. Es el día D y la hora H. El momento en el que Álvaro García Ortiz tiene al fin la oportunidad de defender su inocencia, ante los magistrados que decidirán su destino y ante toda España. En el momento decisivo, el jefe de la Fiscalía decidió quitarse la toga que ha llevado durante cinco sesiones y sentarse en el banquillo casi como un ciudadano de a pie.

No fue solo cosa de simbolismo. Contagió el gesto a su declaración completa en la que quiso humanizar su figura, incluso volverse cercano, y en la que renunció al constante choque que presidió la instrucción completa en el Supremo donde cuestionó de forma permanente al instructor Ángel Hurtado, a la UCO y sus pesquisas y, por extensión, a la investigación completa. Por la deriva de esos meses y también por las críticas de su defensa y de la Fiscalía ante la violación de derechos a la que -dicen- se le viene sometiendo, cualquiera hubiese esperado una reencarnación en Carles Puigdemont y un rechazo a la legalidad del tribunal.

Pero no. En su hora de la verdad, García Ortiz no cogió la vereda del relato que viene marcando el Ejecutivo, frentista con los jueces que investigan a su entorno y prefirió aferrarse a una defensa mucho más técnica en la que no dejó de marcar ni una sola de las casillas de las pruebas que sabe pesan en su contra y que trató de desactivar. El tiempo dirá si con suerte o con desgracia. No contestó a las acusaciones y atracó en puerto seguro, pero hasta eso lo justificó aludiendo a la falta de lealtad demostrada por la pareja de la presidenta de Madrid en toda esta historia.

Se refirió de forma expresa a las declaraciones de los dos testigos que más daño le provocan, justificó tanto el borrado de sus wasaps como los cambios de móvil, y describió su decisión de recabar los correos de la conformidad de Alberto González Amador como el intento de poner orden en un batiburrillo en el que él no había tomado parte y que había colocado ya la cuestión en el centro de la opinión pública. Repitió hasta dos veces que el contenido de esos correos "ya había sido revelado".

Foto: los-peritos-de-la-uco-confirman-que-garcia-ortiz-borro-sus-mensajes-el-mismo-dia-que-se-abrio-la-causa

Si algo le falló fue el ritmo. Habló como quien tiene el tiempo tasado y quiere acabar antes de que suene la campana. Rápido y casi sin tomar aire. También le falló la forma en la que evidenció su relación con su letrado, miembro de la Abogacía del Estado, Iñaki Ocio. En varias ocasiones pareció que le daba indicaciones, de jefe a subordinado, con apreciaciones sobre cómo debía preguntar o el orden cronológico que debía llevar el interrogatorio. Ahí fue de nuevo más togado y menos hombre de a pie.

Pero los deslices no alteraron el corazón del discurso. Almudena Lastra y el decano del Colegio de la Abogacía Madrileña, le tienen manía y por eso dicen esas cosas. La entrada en escena de Miguel Ángel Rodríguez y sus insinuaciones sobre las segundas intenciones de la Fiscalía respecto a la pareja del novio de Ayuso echaron a rodar un bulo, una insidia, una calumnia que alimentó la propia presidenta de Madrid en declaraciones públicas o tuits donde acusaba al Ministerio Público de actuar por venganza y por motivos políticos.

El clima era desconcertante y en él se cruzaban informaciones de unos medios y otros que hacían referencia ya a las negociaciones de conformidad. La idea era la de defender la honorabilidad de los fiscales implicados en el caso que cuestionaban tanto Ayuso como MAR, pero como los emails ya andaban circulando -no se sabe de la mano de quién, aunque no le faltaron ganas de insinuar que quizá de su enemiga íntima Lastra- decidió que había que hacer una cronología y "ser rigurosos" con lo sucedido.

"Sinvergüenza"

La nota de prensa no solo no reveló nada que no se supiera ya, sino que reservó extremos delicados que no debía hacerse públicos. Tuvieron la delicadeza de no llamar al aludido en ella "novio de Ayuso" y poner su nombre completo porque quedaba mejor. Los informes de la causa se filtraron y se difundió su correo personal y su número y comenzó a "tener problemas", a recibir "mensajes amenazantes". "Sinvergüenza al servicio del Gobierno". "Delincuente".

Respecto a la eliminación de los mensajes, hubo una afirmación entre lo irónico y lo cómico. Aseguró ser "un firme defensor de la protección de datos". Dicho por el acusado de revelar secretos más famoso, la frase tiene su aquel. Como defensor de proteger, elimina de forma sistemática todos sus chats de forma mensual y nunca devuelve un teléfono entregado por la Fiscalía porque comprobó que quedan abandonados y cogiendo polvo en un cajón.

El sospechoso perfecto que había descrito el teniente coronel Antonio Balas antes que él, ese que tiene el móvil y tiene el arma del crimen, quiso hacerse pequeñito e inofensivo. "Aquí no hay nada que ver. Circulen". Como broche final, una frase antológica: "La verdad no se filtra. La verdad se defiende".

Cuatro de la tarde. Todas las miradas clavadas en la silla colocada frente al atril desde el que los siete magistrados que forman el tribunal siguen el juicio contra el fiscal general. Es el día D y la hora H. El momento en el que Álvaro García Ortiz tiene al fin la oportunidad de defender su inocencia, ante los magistrados que decidirán su destino y ante toda España. En el momento decisivo, el jefe de la Fiscalía decidió quitarse la toga que ha llevado durante cinco sesiones y sentarse en el banquillo casi como un ciudadano de a pie.

Fiscalía General del Estado Tribunal Supremo Isabel Díaz Ayuso
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