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Todo el mundo recomienda este destino en verano y lo olvidan en otoño, pero es un error: el pueblo azul de Murcia que enamora
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Todo el mundo recomienda este destino en verano y lo olvidan en otoño, pero es un error: el pueblo azul de Murcia que enamora

Hay un rincón donde el mar, las salinas y el silencio forman un paisaje único que invita a regresar cuando llega el otoño: un lugar que brilla con luz propia incluso sin verano

Foto: Un lago rosado en San Pedro del Pinatar (iStock)
Un lago rosado en San Pedro del Pinatar (iStock)

A muchos les ocurre lo mismo: cuando el verano se despide, dejan de pensar en el mar. Pero hay un rincón de Murcia que invita a volver incluso cuando el calor afloja y los bañistas se marchan. San Pedro del Pinatar, conocido como el pueblo azul por el reflejo que dibujan sus salinas y el horizonte del Mediterráneo, es uno de esos lugares que conservan su encanto cuando llega el otoño.

El amanecer en el Parque Regional de las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar es uno de los espectáculos más hermosos del sureste español. El sol se levanta tiñendo de tonos rosados y azules las charcas salineras mientras los flamencos, garzas y cigüeñuelas buscan alimento. Pocos lugares ofrecen un paisaje tan hipnótico y silencioso, donde las montañas de sal parecen nieve bajo el reflejo del agua.

La Senda de los Tarays, reconocida como Sendero Azul, permite recorrer a pie este espacio protegido. Son apenas 3,2 kilómetros de camino que parten del Centro de Visitantes Las Salinas, un punto ideal para aprender sobre el taray, el árbol que resiste la salinidad del entorno y da nombre a la ruta. El sendero avanza junto a un canal de agua dulce que desemboca en el Mediterráneo, terminando en la playa de El Mojón, perfecta para cerrar el paseo con la brisa marina en el rostro.

Entre historia y naturaleza

San Pedro del Pinatar no es solo mar y sal. Su nombre recuerda el antiguo pinar que dominaba la zona siglos atrás, y su historia está marcada por las huellas de fenicios, romanos y árabes. Tras siglos de disputas entre Castilla y Aragón, el municipio logró su independencia en 1836, aunque su esencia pesquera y salinera nunca se perdió.

A mediados del siglo XX, el turismo cambió el rumbo del pueblo. Las primeras construcciones junto al mar trajeron visitantes y nuevos negocios, pero sin borrar la identidad local. Hoy, el equilibrio entre naturaleza y ocio sigue siendo una de las claves que enamoran a quienes lo visitan.

Una de las particularidades de San Pedro del Pinatar es su doble costa: 14 kilómetros de playas que se asoman tanto al Mediterráneo como al Mar Menor. Del lado mediterráneo, las playas son amplias, abiertas y de arena fina, como Torre Derribada, Las Salinas o Punta de Algas, donde se puede contemplar el intercambio de aguas entre ambos mares.

En cambio, las playas del Mar Menor, como Villananitos o La Puntica, son más tranquilas, con aguas cálidas ideales para pasear o disfrutar de un baño relajante. En la zona de La Mota se encuentran los famosos baños de lodo, una tradición local que aprovecha las propiedades minerales de las salinas y que muchos recomiendan para aliviar dolencias articulares o de piel.

Entre los rincones más curiosos del pueblo destaca La Casa del Reloj, una villa modernista donde murió Emilio Castelar, expresidente de la Primera República Española. Su tejado inclinado y su jardín con eucaliptos y palmeras le dan un aire casi alpino. Declarada Bien de Interés Cultural en 1995, es un símbolo del pasado ilustre del municipio.

También merece una visita la Iglesia de la Santísima Trinidad, que alberga un imponente mural de 18 metros del artista Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, en el que se narran las escenas más importantes de la vida cristiana.

Caminar por los senderos de las salinas, contemplar los flamencos al atardecer o probar un baño de barro mientras el aire huele a sal son planes que hacen de San Pedro del Pinatar un destino perfecto para quienes buscan calma y belleza fuera de temporada.

A muchos les ocurre lo mismo: cuando el verano se despide, dejan de pensar en el mar. Pero hay un rincón de Murcia que invita a volver incluso cuando el calor afloja y los bañistas se marchan. San Pedro del Pinatar, conocido como el pueblo azul por el reflejo que dibujan sus salinas y el horizonte del Mediterráneo, es uno de esos lugares que conservan su encanto cuando llega el otoño.

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