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Vox profundiza su distancia con la Corona y afianza el 'voto protesta': "Hay un cálculo estratégico"
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RELACIÓN CON FELIPE VI

Vox profundiza su distancia con la Corona y afianza el 'voto protesta': "Hay un cálculo estratégico"

Abascal multiplica los gestos de desapego con la Casa Real desde que arrancó la legislatura, que en la dirección del partido achacan a la "contaminación" de la institución por parte del Palacio de la Moncloa

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, durante la recepción en el Palacio Real por el Día de la Hispanidad de 2024. (Europa Press/Pool/A. Pérez Meca))
El líder de Vox, Santiago Abascal, durante la recepción en el Palacio Real por el Día de la Hispanidad de 2024. (Europa Press/Pool/A. Pérez Meca))
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Un alejamiento medido, paulatino, pero constante. Los gestos de distancia de Vox con la Casa Real se han consolidado con el paso del tiempo. Desde la cúpula del partido no se critica abiertamente a la figura de Felipe VI. Y probablemente no haya en el futuro muestras de rechazo expreso. Pero tampoco signos de apoyo. Es el equilibrio en el que Santiago Abascal sostiene su relación con la Corona, y que responde, según los expertos, a un "cálculo estratégico" por una base de votantes dividida entre el respeto a los poderes del Estado y el "voto protesta", antisistema, cada vez más abundante y que capitaliza el partido ultraconservador.

En la dirección de Vox no niegan ese desapego. No lo achacan, eso sí, al propio papel que desempeña el Rey. Pero sí cuestionan la "contaminación" de la institución por injerencias procedentes del Palacio de la Moncloa. Las fuentes consultadas aseguran que, sobre esta cuestión, sus votantes responden de manera "muy heterogénea", pero aseguran tener medido que hoy por hoy la mayor valoración de la figura del monarca se encuentra entre los electores del PSOE, "no de Vox". Por todo ello blindan una hoja de ruta que no obedece a la casualidad, sino a la planificación.

El inédito plantón de Santiago Abascal al Rey durante los actos de la Fiesta Nacional fue el súmmum de ese giro estratégico, que se ha intensificado en la presente legislatura. Era la primera vez que el líder de Vox se ausentaba de la tribuna de autoridades durante el desfile militar y de la posterior recepción en el Palacio Real. Abascal solemnizó entonces que no volvería a compartir espacios con Pedro Sánchez salvo que pudiese denunciar en ellos "su corrupción y su traición", conllevase o no sacrificar la institucionalidad con la Corona. El dirigente vio el desfile desde la Plaza de Colón, a pie de calle.

El líder de Vox comunicó por carta su ausencia a la Zarzuela. Y aunque dirigió la mayoría de sus críticas al Gobierno, también visibilizó varios dardos velados a la Casa Real. Durante una comparecencia en la sede de Vox 24 horas después, Abascal censuró que el jefe del Estado no felicitase a María Corina Machado por su Premio Nobel de la Paz, un comportamiento del que culpó a Moncloa por su pretensión, dijo, de "secuestrar" a la Corona. Por culpa de Sánchez, Felipe VI "no responde a su poder institucional". Pero, al mismo tiempo, acabó su intervención asegurando que no tenía ningún "reproche" que hacerle de forma directa al Rey.

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"No es una estrategia deliberada ni una posición en la que se sientan cómodos", analiza la directora de comunicación de GAD3, María Martín, que apunta a que la hoja de ruta actual de Vox pasa por alejarse de "organismos estables", no sólo de la Corona, sino también de instituciones como la Iglesia. Pese a que la base de los votantes del partido es mayoritariamente creyente, Abascal no esconde su rechazo a la "jerarquía eclesiástica" especialmente por la defensa de la inmigración. También se plantó frente al Vaticano durante el pontificado de Francisco, al que redujo a "ciudadano Bergoglio" por predicar con parámetros contrarios a la esencia ideológica de Vox.

Todo esto es un "dilema" para Vox, según Martín, porque "su votante es mayoritariamente monárquico e institucional". Pero no es menos cierto, reflexiona, que "ha tenido una fuga en una parte de su votante con unas características muy determinadas que les han obligado a modular esa posición", zanja. La analista se refiere la distancia de Vox con la Casa Real se hizo más evidente a partir del boom de fuerzas antisistema como Se Acabó La Fiesta que bebían del electorado del partido ultraconservador. En las europeas de 2024, Alvise logró 800.000 votos y mitigó el ascenso de la formación de Abascal.

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Aquel fenómeno obligó a la derecha española a reaccionar. No sólo Vox, también el PP apostó por los nuevos formatos para llegar a un público eminentemente joven que sólo se mueve por los canales digitales. "Un tipo con un teléfono móvil ha sacado casi un millón de votos", les dijo Feijóo a los suyos para pedirles que se pusieran las pilas. Más de un año después, el suflé de Alvise parece haber remitido. "Tenían las alas muy cortas", celebran en la cúpula de Vox. Pero María Martín advierte que independientemente de la marca, la realidad social del 'voto del cabreo', que desconfía del sistema y que se ubica eminentemente en las capas más jóvenes de la formación -que apuesta mayoritariamente por Vox- no ha remitido. Más bien todo lo contrario.

Vox comenzó a poner tierra de por medio con el Rey a partir del punto de inflexión de la aprobación de la ley de amnistía. Al contrario de lo que hizo el PP, que apostó por blindar a la Corona de las decisiones del Gobierno, los de Abascal sí ejercieron presión política y social contra Felipe VI para que no firmase una norma que emanaba de las Cortes Generales, a lo que está obligado constitucionalmente. La tensión social se desbordó en las protestas de Ferraz, que el líder de Vox abanderó y apoyó, y en las que las facciones más antimonárquicas cargaron duramente contra el jefe del Estado.

"Santiago Abascal ha entendido que tiene que capitalizar el voto protesta", analiza el politólogo Pablo Simón. "Para ello, Vox debe mostrar rechazo a cualquier institución asociada al establishment". El experto apunta a que, para una parte importante del electorado de Vox, la Corona "se percibe como una institución que no tiene una oposición frontal contra Pedro Sánchez, y por tanto ellos quieren visibilizar que eso está por encima de cualquier otra consideración", incluso de guardar el decoro con la institución.

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Para Simón, la hoja de ruta del partido ultraconservador responde a un "cálculo estratégico que tiene que ver con pescar en el votante que es radicalmente antisistema, y que básicamente ubica la Corona como parte de ese sistema", apunta. "La derecha más extrema espera de la monarquía algo que no puede hacer, que el Rey no sancione leyes que salen del Parlamento. La monarquía parlamentaria no la acaban de entender", añade, por su parte, Ignacio Urquizu, profesor de Sociología en la UCM y exdiputado del PSOE en las Cortes de Aragón.

Abascal profundizó en la distancia exhibida con la ley de amnistía sólo unos meses después, cuando se produjo un hito que tampoco pasó desapercibido. Por primera vez, y a diferencia del resto de líderes políticos, el dirigente no quiso valorar el tradicional discurso de Nochebuena de Felipe VI. Pero tampoco lo cuestionó, buscando, de nuevo, ese equilibrio entre las distintas sensibilidades de su base electoral.

"La relación de la monarquía les divide, les polariza, y eso nunca beneficia internamente, al igual que sucede con otras cuestiones como la Iglesia o la relación con Donald Trump", añade Urquizu, también consultor externo de la encuestadora Metroscopia, que admite que "una parte del electorado de Vox está muy enfadado y quiere dar una patada al sistema". Por eso, considera, los de Abascal "van jugando" y equilibrando su agenda y su discurso.

Tras la amnistía, el episodio del discurso navideño del Rey y el inédito plantón el 12 de octubre, Vox ha consolidado esa estrategia de alejamiento, a la espera de próximos y simbólicos pasos, por ejemplo, durante la celebración de los 50 años de monarquía el próximo 21 de noviembre o si se ratifica en el silencio con el discurso del Rey el próximo 24 de diciembre.

Un alejamiento medido, paulatino, pero constante. Los gestos de distancia de Vox con la Casa Real se han consolidado con el paso del tiempo. Desde la cúpula del partido no se critica abiertamente a la figura de Felipe VI. Y probablemente no haya en el futuro muestras de rechazo expreso. Pero tampoco signos de apoyo. Es el equilibrio en el que Santiago Abascal sostiene su relación con la Corona, y que responde, según los expertos, a un "cálculo estratégico" por una base de votantes dividida entre el respeto a los poderes del Estado y el "voto protesta", antisistema, cada vez más abundante y que capitaliza el partido ultraconservador.

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