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El pulso de Feijóo con Abascal en Valencia: el futuro ideológico de la derecha
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El pulso de Feijóo con Abascal en Valencia: el futuro ideológico de la derecha

En el continuo alejamiento y acercamiento entre Vox y PP, existen tres planos: el europeo, el nacional y el local. En dos de ellos hay puntos de conexión. En el tercero, la lucha será dura

Foto: El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y el presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y el presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
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Las negociaciones entre Vox y PP acerca del gobierno valenciano incluyen mucho más que la composición de un ejecutivo autonómico. Contienen un pulso sobre la dirección ideológica de la derecha española. Lo que está en juego es el grado de influencia que los de Abascal tendrán sobre Feijóo a la hora de dictar las políticas, algo que va mucho más allá de Valencia. Aunque sea solo un momento dentro de una pugna larga, las fotografías que muestran las encuestas son las de un PP a la baja y un Vox en alza, lo que implica un grado de presión mayor para Génova. Es cierto que el resultado final no se ve afectado, ya que la suma de ambos partidos daría un gobierno nacional conjunto, pero se ha abierto la puerta para la construcción de un nuevo equilibrio.

Es un pulso en el que Vox tiene a su favor el viento de la época. Se resalta con poca frecuencia, a pesar de que sea una variable muy importante: en dos asuntos cruciales en este tiempo, la descarbonización y la inmigración, los partidos europeos de la derecha tradicional están acercando sus posturas a los de extrema derecha. Han votado juntos en el Europarlamento porque sus puntos de vista coinciden y lo harán más en el futuro próximo.

"La división que veremos entre la derechas y las fuerzas nacionalistas será sobre cómo hacer las deportaciones, no sobre la existencia de estas"

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha asegurado que es hora de que los refugiados sirios regresen a su casa y ha anunciado que habrá repatriaciones. La postura sobre la inmigración ha cambiado significativamente en Europa. En Bambú entienden que el PP no ha tomado nota aún de ese giro, y que “ahora comienzan a darse cuenta, pero porque se lo han dicho desde Europa. Ellos estaban a otra cosa”. Las dos estrategias existentes en la política continental, la que insistía en el cordón sanitario y la que optaba por acercarse a las derechas populistas y extremas, está derivando hacia la segunda: “Esa dualidad se va a romper. En Alemania, en los Länder, tenemos a la CDU pactando todo con AfD. En España pueden decir una cosa y la contraria, pero en la mayoría de los países europeos la realidad del día a día se impone, y la división que veremos entre la derecha y las fuerzas nacionalistas será sobre cómo hacer las deportaciones, no sobre estas, en las que ambas estarán de acuerdo”. Para Vox, el PP no es consciente del momento.

El escenario nacional

Las negociaciones sobre la Comunidad Valenciana arrancan con un Vox centrado en su programa habitual, con la inmigración y las políticas verdes en el centro de sus críticas. También sus quejas acerca de los populares son las mismas que las de los últimos tiempos: el PP adopta varias estrategias incompatibles entre sí y haya falta de coherencia de un aparato que es capaz de hacer una cosa y la contraria. Vox insiste en que tiene un programa y en que, si el PP quiere su apoyo, tendrá que negociar sobre mucho más que nombres en concreto. Los de Abascal afirman carecer de preferencias sobre el nombre del presidente de la Comunidad, pero no sobre el perfil: quieren que se parezca a Marga Prohens en cuanto a la capacidad de llegar a acuerdos con Vox.

En segundo lugar, Bambú aspira a que los acuerdos en Valencia, si se alcanzan, tengan efectos en otros lugares. “Si llegásemos a una solución, tendríamos que votar una investidura en plena campaña extremeña. El PP tendría que explicar por qué en Valencia nos ponemos de acuerdo y en Extremadura no. O nos peleamos o nos asociamos, pero no las dos cosas a la vez”.

"Las encuestas pueden ser favorables, pero son los mismos números que había en enero del 23. Y se perdió. El PP tiene que darse cuenta de esto"

El caso valenciano cuenta con otro factor favorable a Vox, el mal manejo por parte de los populares de la dimisión de Mazón. Entienden en Bambú que el PSOE está solventando sus propios problemas, entre ellos los que Junts no deja de plantear, pero que las dificultades de Moncloa no son aprovechadas por los populares. “En Moncloa están alimentando la esperanza de que pueden ganar, a pesar de que, en las encuestas, la suma de PP y Vox sigue arrojando entre el 48 y el 50% del voto, varios puntos más de los que hacen falta para gobernar. Sin embargo, el desastre del PP los anima”. Entienden en Vox que el PP se ha creado un problema y que no son ellos quienes deben resolverlo: “Tienen que arreglarse, presentar un programa y un candidato, y a partir de ahí, hablaremos. Pero que no nos hagan partícipes del lío, nosotros no lo hemos creado”. Desde Bambú, además, avisan de los riesgos: “Podemos estar con unas encuestas favorables, pero son los mismos números que había en enero del 23. Y se perdió. El PP tiene que darse cuenta de esto, porque Sánchez sabrá aprovecharlo: es un mago de la manipulación”.

La pelea local

Si en el frente internacional las alianzas entre las derechas parecen bastante probables, y en el frente nacional todo apunta a que el PP necesitará a Vox en distintas comunidades y, en teoría, en un futuro gobierno de España, la lucha entre ambos continuará hasta las elecciones. Son partidos que deben tener un nivel de entendimiento alto, pero que compiten por un porcentaje de votantes. Tendrán que acercarse y alejarse con frecuencia en los próximos meses para ganar electores.

Vox cree que, en Madrid, y a la hora de competir con el PP, el espacio en el que puede crecer es precisamente el de las clases populares

En esa pugna, llama la atención una iniciativa de Vox. Ha puesto en marcha la campaña Madrid Sur, En Pie, con la que recorrerán distintos barrios y localidades del sur madrileño, allí donde reside más clase trabajadora y donde se cuenta con un porcentaje más elevado de habitantes inmigrantes. Vox cree que, en Madrid, y a la hora de competir con el PP, el espacio en el que puede crecer es precisamente el de las clases populares, mucho más que en los barrios con recursos.

La campaña ha coincidido con la sustitución del portavoz adjunto en el Congreso, Ortega Smith, por un diputado joven, Carlos Hernández Quero, lo que ha sido interpretado como la retirada de la vieja guardia para abrir camino a nuevos impulsos lepenistas y obreristas. Dista mucho de eso: forma parte más bien de esa renovación de la vieja guardia que, de manera insistente, está realizando Vox. Carlos H. Quero, diputado por Málaga, madrileño de Tetuán, es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en vivienda. Ha sido el encargado de presentar el programa económico del partido junto a José María Figaredo. Su apoyo más firme en el partido proviene del mismo Abascal.

"La España de trabajo, casa y coche es un recuerdo lejano: se ha pasado de las segundas viviendas a las viviendas de segunda"

Hernández Quero representaría esa corriente, tildada de falangista, con la que Vox podría abrir brecha entre las clases populares, con la que Vox trataría de ganar nuevos electorados. Aunque Quero dista mucho de representar una corriente dominante en el partido, una intervención suya en Aluche, la primera parada de la gira, dejó algunos mensajes contundentes que generaron polémica a izquierda y a derecha, pero que merecieron un apoyo significativo entre los simpatizantes de Vox.

El centro de su discurso es la desaparición de un tipo de sociedad que entiende deseable. Su recuerdo de esos barrios trabajadores en los que la vivienda era en propiedad y el trabajo estable, las plazas estaban llenas de niños jugando y había lazos entre los vecinos no evoca solo el pasado, sino que sirve como telón de fondo comparativo: ahora “la gente tiene que irse de sus barrios por el aumento de precios, las viviendas son en alquiler, la inmigración ha aumentado sustancialmente, los pequeños comercios han desaparecido y el trabajo es precario. La España de trabajo, casa y coche es un recuerdo lejano: se ha pasado de las segundas viviendas a las viviendas de segunda”.

"Los que viven en un chalet con piscina climatizada, la derecha del dinero y la izquierda cuqui, predican la escasez desde su abundancia"

La evocación del pasado funciona especialmente cuando no hay una propuesta de futuro en el mundo de la política, ya que es útil para describir las disfuncionalidades del presente. Frente al Madrid de los mil acentos, el de la ciudad abierta y el del alquiler como libertad, propuesto por el PP, y el de las zonas verdes y la construcción de vivienda pública de alquiler que propone la izquierda, Hernández Quero apuesta por la vivienda en propiedad, y señala la importancia de que quienes han nacido en un barrio puedan quedarse en él. Lo hace desde una perspectiva de clase: “Esto no lo sufren en los barrios acomodados. Los mismos que viven en un chalet con piscina climatizada, la derecha del dinero y la izquierda cuqui, son los que predican la escasez desde su abundancia. Los poderosos han hecho una pinza contra la gente normal y los partidos políticos forman parte de ello. Hablan de un país que no existe”. La derecha de Díaz Ayuso y la izquierda de Más Madrid son claros objetivos de este discurso: la gente común frente a los privilegiados de un lado y de otro del espectro político.

Quero insiste en que, junto a la España vaciada, hay otra España, la maltratada, la de los barrios, la hacinada, desatendida y arrinconada, “que antes respiraba ilusión y esperanza. Eran espacios de dignidad”. Ahora nadie se preocupa de ella, porque son zonas olvidadas, donde no hay inversión pública, donde no se mejoran las condiciones de vida y se expulsa a los que nacieron allí.

"Los inmigrantes son una herramienta para subir el precio de la vivienda y para bajar los sueldos"

Del mismo modo, pone el acento en la inmigración desde una perspectiva diferente: “Dicen que los extranjeros vienen a hacer los trabajos que los españoles no quieren. No es cierto. Trajeron a los extranjeros para que aceptasen los sueldos que los españoles no podían permitirse aceptar, y con la vivienda, los traen porque aceptan las condiciones de vida que los españoles no pueden permitirse. Son una herramienta para subir el precio de la vivienda y para bajar los sueldos. Hay que cerrar las fronteras. No puede venir ninguna persona más porque faltan casas para vivir”.

Un discurso como este confronta tanto con el liberalismo que puede defender el PP como con las ideas de izquierda, pero también con el que ha mantenido Vox hasta ahora en los barrios trabajadores, más centrado en los peligros de la inmigración. Indica cambios cualitativos, por más que tengan que ver con una visión concreta dentro del partido que con una intención ideológica expresa del mismo. Pero subraya que hay nuevas zonas de combate.

El esfuerzo extra del PP

En resumen, hay entre las derechas un alineamiento de fondo en asuntos como el cambio climático y la inmigración, en los que es probable que lleguen a puntos de encuentro, en especial porque el giro europeo es real. Además, en este instante, y previsiblemente en el futuro, Vox le será necesario al PP para gobernar. El momento favorece a los de Abascal, que crecen en las encuestas, pero en Bambú no le dan mucho pábulo. No es ahora cuando tienen las cartas para dar el gran salto, eso ocurrirá dentro de unos años, y toca ser pacientes en lugar de correr. No tienen en mente convertirse en el partido de referencia de la derecha a corto plazo, y esperan que ese equilibrio en el que el PP conserva gran parte del poder en su espacio ideológico perdure en las próximas generales.

Sin embargo, Vox se asienta sobre dos convicciones: el viento de la época le resulta favorable y le hará crecer en el futuro próximo, y su capacidad de influencia ideológica sobre la derecha está en auge y no renunciarán a ella. En ese escenario, Vox está apostando para crecer por la presencia de Abascal en distintos pueblos de España, pero también por la realización de campañas que movilicen a los electorados a pie de calle. Los populares no solo tendrán que lidiar con las alianzas a las que lleguen en los gobiernos, sino con su capacidad de diferenciarse ideológicamente, con un programa concreto, respecto de las propuestas de Vox. Hasta ahora, han puesto mucho más el acento en combatir a Sánchez, pero no es suficiente. Tendrán que hacer un esfuerzo extra.

Las negociaciones entre Vox y PP acerca del gobierno valenciano incluyen mucho más que la composición de un ejecutivo autonómico. Contienen un pulso sobre la dirección ideológica de la derecha española. Lo que está en juego es el grado de influencia que los de Abascal tendrán sobre Feijóo a la hora de dictar las políticas, algo que va mucho más allá de Valencia. Aunque sea solo un momento dentro de una pugna larga, las fotografías que muestran las encuestas son las de un PP a la baja y un Vox en alza, lo que implica un grado de presión mayor para Génova. Es cierto que el resultado final no se ve afectado, ya que la suma de ambos partidos daría un gobierno nacional conjunto, pero se ha abierto la puerta para la construcción de un nuevo equilibrio.

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