La ecuación electoral que da alas al PSOE para sobrevivir en la Moncloa
Lejos de ver sus expectativas electorales liquidadas, los socialistas mantienen que pueden ser competitivos en las próximas generales y afrontan con cierto optimismo la carrera de las autonómicas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero en un acto institucional del Ejecutivo. (Europa Press/Fernando Sánchez)
José Luis Rodríguez Zapatero suele contar en las entrevistas que su acreditado optimismo es su principal virtud pero no esconde que puede suponer también su mayor defecto. Frente a la obstinación de los sondeos por asegurar que en las próximas elecciones se impondrá la suma de PP y Vox, el expresidente sostuvo esta semana que el PSOE se encuentra en condiciones de competir electoralmente para que Pedro Sánchez permanezca en la Moncloa. A pesar del desgaste político de los escándalos de corrupción y de la dependencia de Junts, su percepción es que está todo "abierto". Y que será crucial la "autoestima" de los socialistas en ese preciso momento.
La realidad siempre es más compleja y por eso los psicólogos advierten de que un exceso de optimismo puede provocar una distorsión de la objetividad. Pero los vaticinios de Zapatero forman parte de una carambola, a la que apelan en el PSOE donde el "número mágico" es el 32%.
Hace unas semanas, en el diario Público apareció un artículo del anterior gurú electoral de Ferraz, Juan Miguel Becerra, director de DIANA (Departamento de Innovación, Análisis y Nuevas Audiencias) entre 2020 y 2025, que dirigentes del PSOE esgrimen ahora como la prueba de que pueden disputar las próximas elecciones al PP. Su tesis es que aunque Sánchez no depende exclusivamente de él, si se dan ciertas condiciones podría continuar. La clave, esgrime, está en la derecha, en la fuerte competición entre PP y Vox, el voto de Alberto Núñez Feijóo que migra a Santiago Abascal, y la supervivencia de SALF, el partido de Alvise Pérez, que, pese a sus problemas judiciales, "ha conseguido convertir su presencia digital en un espacio electoral real".
Becerra no elude el gran problema de la división de la izquierda pero mantiene que si Sumar (o la marca que se presente finalmente a los comicios) y Podemos, cada uno por su lado, alcanzan un 11% de votos, con un PSOE estabilizado en el 32%, podrían gobernar.
En este contexto, Sánchez se vería favorecido por la "dispersión del voto de derechas" que le "beneficiaría en el reparto de escaños". Los socialistas tienen la vista puesta en 32 provincias en las que "Vox podría subir bastante, no conseguiría un diputado más pero podría hacer que lo perdiera el PP". "Lo que va a diferenciar las próximas elecciones de las anteriores es que no hay transferencia de voto entre los bloques, sino solo dentro de cada bloque", subrayan en el partido.
Este esquema empieza a asumirse en el PSOE, ante el estreno del ciclo electoral. En junio, tras el enorme golpe de presunta implicación de Cerdán en la trama de Ábalos y Koldo, se veían hundidos pero el descanso estival y el comienzo de un nuevo curso político hizo milagros en su autoestima.
La dirección socialista siempre ha pensado que la siguiente cita con las urnas será una repetición de la pulsión de la anterior, con una fuerte movilización de la izquierda ante la amenaza de ver a Abascal en una vicepresidencia. Las extravagancias de Donald Trump en su segundo mandato y el fortalecimiento mundial de los partidos de ultraderecha han reforzado esa impresión.
A ello contribuye, además, que ven en Feijóo a un gran aliado, por su tendencia natural a "meter la pata" en los momentos de más asfixia del Gobierno. Esta reflexión resuena con frecuencia en el PSOE. En la Moncloa y su entorno para constatar la "falta de solidez política" del jefe de la oposición pero también entre quienes dentro del partido tienen una mirada crítica sobre la legislatura y piensan que si Sánchez logra subsistir es gracias a los continuos errores de Feijóo. La última constatación es la gestión del relevo de Carlos Mazón.
Los socialistas reclaman elecciones en la Comunidad Valenciana aunque dan por descontado que habrá un acuerdo entre PP y Vox, con grandes cesiones de los populares. No es que sean adivinos, es que si Feijóo estuviera seguro de que retienen este territorio habrían ido a elecciones en lugar de ponerse en manos de Abascal, apuntan.
Las negociaciones en Valencia, razonan, pueden ayudar en la campaña en Extremadura aunque en el partido son conscientes de que sus expectativas son malas porque Sánchez ha decidido respaldar la candidatura de Miguel Ángel Gallardo, imputado en la causa que afecta a su hermano. Están mucho más esperanzados en Castilla y León, donde no descartan ser primera fuerza pero sin expectativas de gobernar.
Unas previsiones con las que conjuran la idea de que están liquidados. Pero que se basan en dos premisas todavía sin constatar. Una, que el desgaste por la corrupción de Ábalos y Cerdán no resultará decisivo. Y dos, que no hay financiación ilegal y, por tanto, este asunto no supondrá la estocada final.
José Luis Rodríguez Zapatero suele contar en las entrevistas que su acreditado optimismo es su principal virtud pero no esconde que puede suponer también su mayor defecto. Frente a la obstinación de los sondeos por asegurar que en las próximas elecciones se impondrá la suma de PP y Vox, el expresidente sostuvo esta semana que el PSOE se encuentra en condiciones de competir electoralmente para que Pedro Sánchez permanezca en la Moncloa. A pesar del desgaste político de los escándalos de corrupción y de la dependencia de Junts, su percepción es que está todo "abierto". Y que será crucial la "autoestima" de los socialistas en ese preciso momento.