"Hay que derogar buena parte de las leyes de incompatibilidades de los políticos"
El expresidente cree que los gobernantes cobran poco y que es difícil atraer talento a la política porque "te atizan por todas partes" y después "te estigmatiza". Aún así cree que "merece la pena" y publica un nuevo libro: 'El arte de gobernar'
Mariano Rajoy posa para El Confidencial en su oficina de Madrid. (S. B.)
Desde que es expresidente, Mariano Rajoy (Santiago, 1955) es más Mariano Rajoy que nunca. Se le ve en forma y disfrutando de una etapa alejado de la primera línea, y ha desarrollado una sorna y una forma de ser y de expresarse que causa sensación, incluso llega a las nuevas generaciones. Siete años después de salir de la política se ha lanzado a publicar su tercer libro, un volumen de aforismos basado en más de cuarenta años dedicados al servicio público, y lo ha hecho queriendo trasladar al ciudadano y sobre todo al joven político en qué consiste el arte de gobernar. Muy en su estilo, le quita importancia —"no es un tratado de política"—, y sin dar apenas nombres, cada frase evoca en el lector indefectiblemente la imagen de un líder político: Sánchez, Zapatero, Feijóo, Aznar, Casado, Puente, Iglesias… Casi todos los protagonistas de la política contemporánea española desfilan sin ser citados en un libro con el que el expresidente entre 2012 y 2018 hace una defensa de la profesión del político. Cree que hay que derogar las leyes de incompatibilidades para que el servicio público no esté penalizado, denuncia que los gobernantes están mal pagados y no rehúye preguntas incómodas: por qué subió los impuestos al llegar a la Moncloa, el caso Montoro o el error de incorporar las primarias al PP. También advierte a Feijóo de lo que deberá hacer si llega a la Moncloa y le desea que no le pase lo que le sucedió a él con la herencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Aun así, es optimista.
PREGUNTA. ¿La política merece la pena?
RESPUESTA. Sí, a pesar de todo, merece la pena. La pregunta es por qué hay tan poca gente seria, formal, que quiera dedicarse a la política. Vivimos en un mundo de división, de polarización, donde además las exigencias son muchas y bastante absurdas. Lo primero que hay que hacer cuando uno se dedica a la política es enseñarle a todo el mundo su patrimonio y su renta, y si su patrimonio o su renta es alto, ya empieza a recibir las primeras bofetadas aunque no haya hecho absolutamente nada. Luego aparece en política y le atizan por todas partes. Cuando sale de la política, sale estigmatizado y además incompatible para cualquier otra actividad privada durante un tiempo. Entonces se hace muy difícil y se hace muy duro para la gente participar en política. Pero mi tesis es que hay que participar en política, porque si la persona fuera formal y sensata no lo hace, su puesto lo cubrirán otros.
"Espero que a Feijóo no le pase lo que a mí: dijeron que la economía iba bárbaro y sufrimos la mayor crisis económica de la Historia"
P. ¿Habría que relajar las leyes de incompatibilidades?
R. Sí, hay que derogar buena parte de las leyes de incompatibilidades. Y luego esto que se han inventado: las puertas giratorias. O sea, tú sales de la política y lo que se quiere es que no puedas trabajar. Oiga, entonces nadie va a entrar en política, ¿no? Porque eres político, luego ya no puedes hacer nada.
P. ¿Usted cree que los políticos ganan poco en España?
R. Sí, se gana mucho más en la actividad privada. Realmente, el sueldo que tiene el presidente del Gobierno en mi época, y ahora seguro que también, era el más bajo de todos los presidentes de Europa. No tiene ningún sentido y no se corresponde con la labor de una persona que decide sobre decenas de miles de millones y que tiene un sueldo manifiestamente mejorable.
P. En el libro, señor Rajoy, usted no da nombres, salvo dos: don Juan Carlos y don Felipe. Hace usted una defensa del Rey Juan Carlos. ¿Qué le parecen sus memorias?
R. ¡Tengo que competir con el Rey Juan Carlos, porque yo he escrito otro libro! Mire, yo respeto las decisiones que ha tomado el Rey, pero a mí lo que me importa ya no es esto que, evidentemente, es un asunto importante. Lo que me importa es que se ponga al Rey Juan Carlos en el sitio que se merece en la Historia de España. Yo recuerdo que aquí en el año setenta y tantos, España vivió una situación de una enorme complejidad y el tránsito de un sistema autoritario como era el de Franco a la democracia lo pilotó el Rey Juan Carlos y gracias a él y a algunos colaboradores que tuvo, España se convirtió en una democracia. También ha cometido errores, pero ¿quién no comete errores? Yo desde luego no conozco a nadie y, por tanto, creo que el balance es el de una persona que ha hecho mucho por España y a mí me parece justo que la Historia se lo reconozca.
R. Lo que se hizo fue aprovechar algo que se había deslizado en una sentencia para organizar un gran circo con el tema de la corrupción. Pero hay una frase en el libro, y además creo que está en el apartado de la corrupción, que es "para dar lecciones hay que estar muy seguro. Si no, lo mejor es callarse".
P. Eso lo dice usted por Ábalos, supongo, que aquel día en la tribuna del Congreso apeló a la ética pública y a la ética del Estado.
R. Esa frase que yo acabo de recordarle a usted la pronuncié yo en el debate de la moción de censura. Está en el Diario de Sesiones. Es decir, oiga, para dar lecciones hay que estar muy seguro, si no, mejor callarse.
"No he vuelto a ver a Sánchez ni he ido a Moncloa desde que salí de allí. Por teléfono nos llamó una vez a los expresidentes"
P. Habla usted de parlamentarismo. ¿Qué le parecen las réplicas escritas del presidente del Gobierno?
R. Eso es muy habitual. El presidente del Gobierno lo hace permanentemente: lee siempre y no atiende a los argumentos del contrario. Eso es una degradación más, la del Parlamento. Es tanto como decir "me trae completamente sin cuidado lo que tú me hayas dicho, porque no te voy a contestar a nada". También en las sesiones de control: preguntas qué es lo que está pasando sobre la vivienda y te contestan que eres un fascista.
P. Cuando usted ve ahora las sesiones del Parlamento, ¿qué piensa?
R. Pienso que realmente es mucho peor que hace algunos años. Lo digo con absoluta franqueza, porque realmente las formas son muy importantes en la vida y no hay formas. Se puede decir de todo, de todo, si se hace con buena educación. Otra frase del libro: "No debatas en el barro porque te van a ganar, porque tú no estás acostumbrado a eso".
R. Consejos no he dado en mi vida y a estas alturas ya ni le cuento. Eso son opiniones.
"¿Cree que a mí me divirtió algo subir los impuestos a los nueve días de llegar al Gobierno?"
P. Señor Rajoy, empieza el libro y habla usted de cuando llegó a la Moncloa y subió los impuestos. Esto se le reprocha mucho, especialmente desde la derecha.
P. Sí, soy consciente. Por eso tengo unas cuantas frases sobre este asunto. Una cosa es el programa electoral y la ideología de cada uno, que sin duda tiene que preservarse siempre, y otra cosa es la realidad. Y entonces la realidad nos obliga a hacer cosas que no nos gustan. ¿Cree que a mí me divirtió algo subir los impuestos a los nueve días de llegar al Gobierno? ¿Qué cree cualquier persona que podía pensar yo cuando nacionalicé parte de la banca española? El programa de un partido de centro derecha no iba de eso. Pero, como muy bien dijo Ortega, la realidad ignorada siempre prepara su venganza. Entonces, un político no puede ser un doctrinario, no debe ser un doctrinario, debe tener ideología, debe tener ideas, debe tener convicciones, pero cuidado con la realidad. Y nosotros subimos los impuestos, nacionalizamos la banca, redujimos el gasto y al cabo de unos años, en el 2015, bajamos los impuestos. Esa parte no se recuerda. Naturalmente, privatizamos la banca —no vamos a tener unos bancos públicos— y pudimos aumentar de una manera razonable el gasto público.
Foto: S. B.
P. La primera frase del libro precisamente es "gobernar es decidir".
R. Sin duda, gobernar es decidir, y a veces tienes que decidir cosas que no te gustan. Yo he decidido muchas cosas que no me gustan y además, al principio de mi mandato.
P. ¿Usted cree que si llega el señor Feijóo al Gobierno la reacción de la izquierda va a ser como la que recibió a usted, con dos huelgas generales en seis meses?
R. No lo sé. A mí lo que me importa es que el señor Feijóo llegue al Gobierno. En el panorama actual que tenemos en España, la única opción que transmite una cierta sensatez, un cierto equilibrio y que es capaz de hacer las cosas con razón, es la del PP. Lo que me preocupa del señor Feijóo es que va a tener que hacer dos o tres cosas que no son fáciles. Vamos, el señor Feijóo o quien sea.
R. ¿Cuáles?
P. Primero, recuperar la calidad de la democracia española. Eso es fácil, porque eso evidentemente lo va a hacer. Pero luego hay una cosa que ya es más complicada: recuperar la buena armonía dentro la sociedad española. Hoy la división y la polarización que hay en España es algo que no se ha producido nunca. Nunca en nuestro país se han perdido las maneras. Todo eso hay que recuperarlo. Es fundamental terminar con la bronca continua, porque esto no conduce a nada, ni sirve absolutamente para nada.
P. Es probable que esta legislatura acabe, llegado el momento, sin ningún Presupuesto aprobado.
R. Solo esa es razón suficiente para disolver la Cámara. Yo aprobé siete Presupuestos en siete años y aun así se me decía que un año los presenté tarde. Y ahora presentar los Presupuestos parece que es una tontería, que no hay que hacerlo. España ya lleva bloqueada bastante tiempo.
P. ¿Y usted cree que la última decisión de Junts presentando enmienda a la totalidad de casi 50 leyes, es causa de convocatoria de elecciones?
R. Evidentemente, eso es tanto como decir que el Gobierno no puede gobernar. Mire el caso de Francia: cuando el primer ministro es incapaz de aprobar los Presupuestos se le cesa y se nombra otro primer ministro. Pero aquí no, no se aprueban los Presupuestos y no pasa nada. Este es el drama, que estamos convirtiendo en normal, algo que es absolutamente anormal y que además va contra lo que son los principios básicos de la democracia, al menos los que hemos conocido algunos y que espero que se recuperen.
P. Dice usted: "Quien cambia de opinión por improvisaciones se revela como un pésimo gobernante". Se refiere a Pedro Sánchez.
R. Bueno, claro, es que aquí estamos todo el día improvisando. Estamos a lo que te exige uno, a lo que te pide otro, al anuncio de tu colega de Gobierno, luego le dices que no... Un Gobierno tiene que transmitir a la opinión pública que tiene un programa y un objetivo. Cuando llegamos al Gobierno, yo comparecí en las Cortes en mi sesión de investidura y dije que el objetivo es acabar lo antes que podamos con la brutal crisis económica que vive España y para eso vamos a hacer una serie de reformas. Y las hice. Había un objetivo. Podría ser del gusto de la gente o no, pero lo que no se puede es cambiar de criterio cada día, hacer una cosa, decir la contraria, pelearte con tu colega de gobierno, con el que supuestamente te está apoyando. Y el único argumento es "no, es que ahí está la derecha, que son mucho peores". Eso te legitima para hacer lo que te dé la gana. Y claro, te acabas cargando la democracia.
P. El presidente del Gobierno, en su primera sesión de investidura en 2019, dedicó la mitad de su discurso a hablar de usted.
R. Bueno, supongo que no le caeré muy bien, pero yo tampoco tengo la culpa. De lo que debiera hablar es de lo que quería hacer en España, pero entre otras cosas no lo hizo porque no sabía qué es lo que le iban a pedir sus socios. Y al final, pues nos contó la historia de la amnistía y todo lo que hemos vivido, pero que tampoco tiene ningún sentido que yo esté diciendo nada del presidente de Gobierno en este momento, salvo que tiene una obligación con los españoles y debería cumplirla, que es disolver la Cámara.
P. ¿A usted le ha llamado el presidente del Gobierno en alguna ocasión?
R. Yo no he vuelto a verlo ni he entrado en Moncloa nunca desde que salí de allí.
P. ¿Ni por teléfono?
R. Por teléfono nos llamó una vez a todos los presidentes. Me enteré por el periódico que nos iba a llamar y efectivamente me llamó. Yo creo que era por el tema de Ucrania. Una vez.
P. ¿En el tema de política exterior, señor Rajoy, le preocupa que el Gobierno haya adoptado la posición de no consultar nunca con la oposición, incluso de no informar al Parlamento? Me refiero a Gibraltar, al Sahara...
P. Me preocupa la política exterior y las grandes políticas de Estado. En España, desde el 78 los grandes temas se hicieron por consenso: la Constitución, la Unión Europea, el euro, la política exterior... La política de defensa también. Por consenso, en mi época y con mayoría absoluta, aplicamos el artículo 155 de la Constitución, porque yo dije "esto no lo podemos hacer sin el PSOE", aunque teníamos mayoría para hacerlo, porque hay algo que nos tiene que unir a todos, que son las reglas de juego. No se puede hacer una ley electoral por mayoría, ni se pueden tomar decisiones como la del Sahara por mayoría. Eso ha desaparecido. Y en España es otro de los grandes problemas que genera la división y la polarización. ¿Pero cómo va a haber un consenso con el PP, que ha sido el partido más votado en España, cuando tienes unos socios como los que tienes, que además te han contagiado? Este es el problema ahora en España.
Caricatura del expresidente publicado en 'La voz de Galicia' colocado en su despacho de Madrid. (S. B.)
P. Otra frase del libro: "El exceso de audacia puede acabar en el ridículo cuando el éxito no acompaña, que suele ser casi siempre". Y yo aquí no puedo no acordarme de los cinco días de reflexión del presidente del Gobierno. ¿Cómo vivió usted esa decisión?
R. Pues con una cierta estupefacción, porque eso tampoco tenía precedentes. Aquí se ha innovado mucho. Lo malo es que se ha innovado para mal. Pero eso de que voy a reflexionar cinco días, y no hago nada y no hay agenda y tal, pues francamente, yo no lo hubiera hecho.
P. En el libro hay frases que uno las lee y realmente las podría afirmar cualquiera. Por ejemplo: "No insultes".
R. Una buena recomendación, no insultes. Y además se dice "es el recurso de los mediocres", y es verdad. Y en otro sitio pues también se dice que "el humor amansa a las fieras". Y es así.
P. En el libro hay un argumento recurrente que es el manejo de los tiempos. A usted se le ha criticado mucho porque "no hacía nada, dejaba pasar el tiempo a ver si se arreglaban solos los problemas".
R. Lo sé y por eso, en el libro hablo de ese asunto, para refutar esas afirmaciones que yo entiendo que alguna gente las hacía de buena fe y otros de aquella manera. Pero voy a poner un ejemplo. Cuando se produjo el gran debate sobre si España tenía que ser rescatada o no, cuando estábamos al principio de mi mandato, con una crisis económica brutal, se me criticaba porque yo no tomaba una decisión. Sólo había dos decisiones posibles: pedir el rescate, en cuyo caso nos quedábamos sin soberanía económica, o no pedir el rescate. Y claro, yo lo que estaba haciendo era tomando una decisión, que es no pedir el rescate, que es una manera de tomar una decisión. Un político tiene que tener al principio ideología, pero tiene que estar muy pegado a la realidad y, a veces, la realidad te obliga a hacer lo que no quieres. Pero eso es muy importante.
P. Desde posiciones más bien liberales se dice que a los países que sí fueron rescatados ahora les va mejor.
R. En realidad les va mejor a los países que hicieron reformas, no a los que han sido rescatados. Y claro, estos tres (Portugal, Grecia, Irlanda) hicieron reformas porque se las impusieron. A nosotros nadie nos impuso nada, decidimos lo que creíamos que teníamos que hacer e hicimos reformas y eso también fue bueno para la economía española durante un tiempo.
P. Usted cree, señor Rajoy, que el Gobierno de Sánchez se beneficia de las reformas que hizo el Gobierno Rajoy en lo económico?
R. Sí, sin duda alguna, claro. Nosotros recibimos un sistema financiero prácticamente quebrado y ahora el sistema financiero español es un ejemplo. Nosotros recibimos una legislación laboral absolutamente rígida, la flexibilizamos y ahora han dado unos cuantos pasos en la mala dirección.
"Hablar de las injusticias de la Conquista de América es una necedad. El señor López Obrador era de origen cántabro, su abuelo era cántabro"
P. ¿Cuál es su análisis sobre la paradoja en que vive la economía: buenos datos macro y una cesta de la compra que no hay manera de llenar?
R. Le voy a decir algo que espero que no se produzca, lo deseo fervientemente. Espero que no le pase a Feijóo lo que me pasó a mí, que después de estar en la oposición oyendo que la economía española iba bárbara, bárbara, bárbara, en un año tuvimos la mayor crisis económica de la historia. Yo solo espero que eso no suceda. Hay tres temas que son importantes: los salarios, la calidad del empleo y la vivienda. Para mí esos tres temas son los más importantes a día de hoy, fundamentalmente porque eso es la vida de la gente, el tener un empleo de calidad, normal, donde trabajes tu tiempo total, que te paguen algo razonable, que la inflación no se coma las subidas de sueldo. Y luego el tema de la vivienda. Esos temas afectan a millones de españoles y para mí eso es lo más preocupante hoy en día.
"Sánchez no era el más partidario del 155 y tuve una reunión que creo que fue muy útil y para mí reconfortante con Salvador Illa y Miquel Iceta"
P. Ha hablado del 155 y de la necesidad de consensos. ¿Cómo fue aquella negociación con Pedro Sánchez, que no era el líder socialista más partidario?
P. No, no lo era. ¿Para qué sirvió el 155? Para que todo el mundo sea conocedor de que si la democracia española es atacada se puede defender y se defiende. Ahora, lo ideal es que no hubiéramos llegado a eso. Yo dije "aquí hay dos cosas que son capitales": primero tienen que declarar la independencia para que yo aplique el 155, porque eso lo justifica y sobre todo lo justifica ante el mundo, porque esto hay que explicarlo en Europa y por ahí, esto de cargarse un Gobierno como hicimos. Y segundo, yo necesito el apoyo del PSOE, aunque tenía mayoría suficiente para hacerlo. ¿Por qué? Porque salir en defensa de la Nación española no puede ser cosa sólo de un partido, por mucha mayoría que tenga. Yo estuve mucho tiempo trabajando y Sánchez no era el más partidario y tuve una reunión que creo que fue muy útil y para mí reconfortante con Salvador Illa y Miquel Iceta, que entonces era el que mandaba en el PSC de Cataluña. Y se lo expliqué y le dije "yo no tengo ningún interés en esto, pero claro, si estos señores declaran la independencia, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué país del mundo si le declaran la independencia no aplica el 155 o algo parecido?". Ninguno.
P. Usted habla de Hispanoamérica. La semana pasada, el ministro de Asuntos Exteriores habló de las injusticias en la Conquista de México.
R. Eso es una necedad. En México hasta hace poco estaba de presidente un señor que se llamaba López Obrador, que le llamaban "el mesías tropical". Este señor por las mañanas hacía como (Nicolás) Maduro, daba un discurso de dos horas a la gente. Se inventó esto y dijo que los españoles fuimos allí a machacar a los indígenas y hacer toda suerte de tropelías. Lo que pasa es que el señor López Obrador era de origen cántabro, su abuelo era cántabro. Entonces habría que decirle "no, el que fuiste ahí eres tú, porque yo me quedé aquí, yo no fui a ningún sitio. Entonces serías tú, ¿no?". Y, mire, eso es una demagogia terrible.
P. El señor Sánchez le reprocha a usted que nunca subió la inversión de defensa al 2% en términos de PIB, algo que se había acordado en 2014.
R. El único problema que tenía yo es que, como consecuencia de la herencia recibida, ni gasté en defensa ni gasté en nada, porque lo primero que teníamos que hacer era dar un mensaje a los mercados de que íbamos a controlar el déficit público. Eso es lo que estuvo a punto de hacernos quebrar y por eso hicimos unos Presupuestos restrictivos durante mucho tiempo. Y yo en el debate de investidura dije "sólo hay dos cosas que no voy a tocar", y no las toqué: el seguro de desempleo y las pensiones. Pero claro, si se hubieran hecho las cosas de otra manera, pues evidentemente hubiéramos llegado al 2% en defensa.
P. En el prólogo usted también dice que usted recibió la peor herencia de la democracia.
R. Bueno, eso es un hecho objetivo. Claro. Llegamos allí con un déficit que iba a ser del seis y era del diez, lo que nos creó unos problemas enormes.
P. Cuénteme cómo fue el momento en el que usted se percató de ese cambio en las cifras
P. Yo le pedí al entonces presidente del Gobierno que me diera un papel diciendo cuál era el déficit, y me lo dio: con los datos que tenemos es el 6%, que era el compromiso con Europa. Bueno, al cabo de cinco o seis días ya me dijo (Cristóbal) Montoro, el ministro de Hacienda, que eran nueve y pico y al final fue el diez y pico y por eso tuvimos que hacer en los primeros diez días la subida de impuestos, que fue acompañada de un recorte del gasto. Subimos impuestos por valor de 6.000 millones y redujimos gasto por valor de 10.000 millones. Entonces, claro, todas estas cosas parecen una broma, pero acaban teniendo consecuencias. Yo soy un convencido de que hoy no se debe gastar lo que no se tiene. Eso vale tanto para un Gobierno como para un ciudadano normal. No te puedes gastar más de lo que tienes durante mucho tiempo porque acabas teniendo un problema de los grandes, quebrando.
P. ¿Le preocupa a usted la situación actual del señor Montoro con las acusaciones que hay sobre él? Llegó a investigar a un periodista…
R. No, no. Tengo plena y absoluta confianza en eso y ya hay algunos datos de los que han salido que dicen que no hay absolutamente nada de nada.
P. Hace casi ocho años que salió usted de La Moncloa. ¿Lo echa de menos?
R. Como ser humano le puedo decir que estoy muy tranquilo. Esto lo juzgará la Historia y cada uno tendrá su opinión, pero salgo de ahí tranquilo, con la sensación de deber cumplido. Ahora, humanamente, estoy mucho mejor ahora.
P. ¿Su éxito más importante fue la gestión de la sucesión de Juan Carlos I?
R. Yo creo que hubo tres o cuatro asuntos: la defensa de nuestras posiciones en Europa; haber afrontado la crisis y conseguir en los últimos años que creciéramos por encima del 3% más que los grandes países de la Unión; lo del 155; y luego la sucesión fue otra prueba de que las cosas importantes hay que hacerlas por acuerdo, y en 17 días, que se dice pronto. ¿Usted cree que eso sería posible hoy? Yo sé que no tengo que preguntar y, por tanto, no le pido que me responda.
P. Le responderé con una frase de su libro: "El silencio no implica otorgar".
R. Eso es: "Quien calla, calla, y nadie le puede obligar a que hable".
P. El señor Zapatero reapareció activamente cuando el presidente Sánchez adelantó las elecciones a julio del 23 y en su primera intervención en el programa de Carlos Herrera afirmó que con ETA acabó él. Lo afirmó asertivamente y con mucha convicción.
R. Pues yo le voy a decir una cosa: con ETA acabaron la sociedad española, los jueces, los fiscales, los periodistas y todos los partidos políticos. Creo que esos fueron los que acabaron de verdad con ETA. Y las víctimas del terrorismo y gente que dio muchos años la cara en el País Vasco y que lo pagaron muy caro.
Foto: S. B.
P. ¿Usted tuvo algún contacto con la banda terrorista?
R. Le voy a decir una cosa. Cuando yo llegué a Moncloa, el Gobierno de Noruega, que es un país serio, nos dijo que estaban instalados allí Josu Ternera, David Pla e Iratxe Sorzábal. Eran los tres interlocutores que tenía ETA con el Gobierno de España y que querían hablar con nosotros. Había un mediador, incluso, designado por los noruegos, al que naturalmente no recibimos. Le hicimos llegar al Gobierno noruego que nosotros no teníamos nada que ver con aquello y que no íbamos a pactar ni acordar nada. Y tengo que decir que desde ese día yo jamás hablé con ETA, ni directa ni indirectamente. Y lo único que dije cuando ETA dijo que iba a dejar de matar es que me parecía muy bien. Pero lo que más me importaba era que se disolvieran, y se disolvieron sin recibir absolutamente nada a cambio. Ni una reunión, ni un mensaje. Eso es la verdad. Eso lo he publicado en un libro, pero como usted muy bien sabe, si quieres que algo no se sepa, haz un libro.
P. Señor Rajoy, dice usted en su libro que con humor se puede plantear de todo. Yo le voy a preguntar por otras frases que no están en este libro. Existe una aplicación en los teléfonos que se llama "Frases de Rajoy" y que recupera frases pronunciadas por usted menos doctas que las que están en este libro, pero que son graciosas. Usted dice en el libro en algún momento que es mejor hablar poco para no equivocarse. Cuando usted escucha este ruido que hay en redes sociales por frases como aquella de "muy españoles y mucho españoles", ¿qué piensa?, ¿se ríe o le molesta?
R. Me río, me río. Evidentemente, soy un ser humano, y hay otros que no lo son. Entonces, pues me puedo equivocar, trabucar o a saber en qué estaba pensando. En algunas ocasiones piensas "bueno, suelto una frase de estas y así no se habla de otra cosa, que no me interesa que se hable mucho de ella…". Pero la mayor parte de las veces fueron equivocaciones propias de un ser humano. Aquella del vecino y el alcalde.
P. Hay una frase en su libro que a mí me recuerda a Pablo Iglesias y no quiero que pase inadvertida: "En algunos parlamentos hay un problema serio de guardarropía".
R. Sí, realmente hay un problema serio de guardarropía en algunos parlamentos, pero no digo en qué parlamentos, ni digo quiénes son los que tienen un problema de guardarropía. Lo que sí digo es que las formas son muy importantes en la vida, y las maneras también. Claro, si a usted le invitan a una boda en verano, en julio, oiga, no va a ir en pantalón corto porque hace calor, ¿verdad que no lo hace? Pues hombre, el Parlamento merece también un cierto respeto por parte de los que representan a la soberanía nacional. Ya sé que algunos me dirán que esto es muy antiguo, pero mire, me trae sin cuidado.
Desde que es expresidente, Mariano Rajoy (Santiago, 1955) es más Mariano Rajoy que nunca. Se le ve en forma y disfrutando de una etapa alejado de la primera línea, y ha desarrollado una sorna y una forma de ser y de expresarse que causa sensación, incluso llega a las nuevas generaciones. Siete años después de salir de la política se ha lanzado a publicar su tercer libro, un volumen de aforismos basado en más de cuarenta años dedicados al servicio público, y lo ha hecho queriendo trasladar al ciudadano y sobre todo al joven político en qué consiste el arte de gobernar. Muy en su estilo, le quita importancia —"no es un tratado de política"—, y sin dar apenas nombres, cada frase evoca en el lector indefectiblemente la imagen de un líder político: Sánchez, Zapatero, Feijóo, Aznar, Casado, Puente, Iglesias… Casi todos los protagonistas de la política contemporánea española desfilan sin ser citados en un libro con el que el expresidente entre 2012 y 2018 hace una defensa de la profesión del político. Cree que hay que derogar las leyes de incompatibilidades para que el servicio público no esté penalizado, denuncia que los gobernantes están mal pagados y no rehúye preguntas incómodas: por qué subió los impuestos al llegar a la Moncloa, el caso Montoro o el error de incorporar las primarias al PP. También advierte a Feijóo de lo que deberá hacer si llega a la Moncloa y le desea que no le pase lo que le sucedió a él con la herencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Aun así, es optimista.