Junts y PP se acercan a la moción contra Sánchez entre el recelo mutuo y el empuje empresarial
Los independentistas creen que "sólo hay que ponerle la guinda al pastel" y que "el PP tiene que moverse". En Génova insisten en que su disposición a derribar a Sánchez "es absoluta", pero "no consta" que Junts quiera apoyar a otro presidente
Sánchez mantiene un encuentro con Junts. (Europa Press/Carlos Luján)
El proceso que ha iniciado Junts no tiene retorno, y el Gobierno lo sabe, aunque quiera transmitir la idea de que nada ha cambiado. La pregunta a estas alturas no es si hay vuelta atrás, si no hasta dónde está dispuesto a llegar el partido de Carles Puigdemont en su intento de desestabilizar a Pedro Sánchez: la respuesta es que Junts está abierto a todo, pero una moción de censura instrumental con un candidato pactado con Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal requiere, en primer lugar, que sea el Partido Popular quien mueva ficha.
Fuentes del entorno de Puigdemont informan a El Confidencial de que “esto es imparable”, en referencia al giro escenificado por la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, que el jueves cuajó con la presentación de casi medio centenar de enmiendas a la totalidad de las iniciativas legislativas del Gobierno: desde los Presupuestos Generales del Estado a las leyes Bolaños y Begoña."Solo hay que ponerle la guinda al pastel: el PP tiene que moverse”, añaden.
Y mientras Junts espera al PP, el PP espera a Junts. Fuentes de la dirección del partido de Alberto Núñez Feijóo insisten en que su "disposición a cambiar al Gobierno de España desde ya, con el apoyo de cualquier partido, es absoluto". En este sentido, la formación despeja la incógnita sobre si están dispuestos a afrontar con Junts una maniobra para desalojar a Sánchez de La Moncloa: "Sin lugar a duda". No obstante, y aquí está el obstáculo, en este momento el PP asegura oficialmente que les consta la disposición de Junts de no apoyar más a Sánchez, pero no "la decisión de Junts para apoyar a otro".
Así que los dos partidos están dispuestos a dar ese paso, que necesita necesariamente del apoyo de Vox, pero se observan con recelo y se pasan la pelota. Entretanto, tal y como ha podido constatar este periódico, existen contactos discretos, si bien nadie confirma ni desmiente oficialmente.
En el PP, la situación está lejos de ser normal, dado que la relación entre la dirección nacional y el presidente del PP catalán, Alejandro Fernández, está muy lejos de ser buena. Al líder del PP en Cataluña le parece que la hipótesis de una moción de censura es "imposible" porque "recuerda a los clásicos pasteleos de Junts". En este sentido, recuerda que Puigdemont fue nombrado "presidente instrumental" cuando la CUP vetó a Artur Mas, y se quedó. "Creo, sinceramente, que seguirle el juego a Junts y sus debilidades lleva donde lleva", añade.
Aquí adquieren relevancia dos nombres, uno en Madrid y otro en Barcelona. El primero es Elías Bendodo, vicesecretario de coordinación autonómica y local y análisis electoral del PP, que últimamente está viajando mucho a Barcelona, donde ha participado en actos con Fernández, y estará allí de nuevo la semana que viene. El pasado 4 de octubre estuvo en el Civet del empresario Luis Conde, el encuentro informal que reúne anualmente a la clase política y empresarial catalana con importante presencia del Gobierno y de empresarios del IBEX. Además, y esto es relevante, tiene línea directa con el presidente de Fomento del Treball, Josep Sánchez Llibre; con Isidre Fainé y con el Cercle de Economía.
La segunda persona es Daniel Sirera, el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, que tiene hilo directo con Bendodo. No obstante, Sirera genera un gran recelo en el partido de Puigdemont: “Fue el gran traidor en el ayuntamiento de Barcelona, el que dio los votos a Collboni. Eso no se olvida fácil”, explican los de Puigdemont.
Empresarios a favor
En este entorno adquiere relevancia el papel del empresariado. Desde hace ya más de un año, Junts puso el objetivo en la entrada en Madrid, y así ha sido. Como contó El Confidencial en su momento, desde que el empresariado catalán arrastró a Illa y a Puigdemont a colocar afines en las grandes empresas del Ibex-35 o en organismos reguladores. En esa estrategia ha sido esencial el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez-Llibre.En la actual coyuntura, el empresariado se está sumando también a la idea de lanzar la moción de censura, que en cualquier caso sería instrumental para que el candidato de consenso se limite a convocar elecciones.
En todo este juego de estrategias políticas, el Gobierno también juega. Como adelantó El Confidencial, Sánchez quiere poner a Junts entre la espada y la pared por una doble vía: si Míriam Nogueras no aprueba el nuevo sistema de financiación autonómica, Cataluña perderá cada año 4.500 millones de euros de capacidad de gasto adicional. Será el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, quiense encargará de responsabilizar a los de Puigdemont y de capitalizar el descontento en el electorado.
Es más, el Gobierno ha querido responder a Junts dando un impulso a las iniciativas que, en principio, cuentan con el apoyo de Junts: multirreincidencia, ELA, dana y movilidad sostenible. Será su forma de visualizar que la legislatura sigue como hasta ahora, porque, según aseguran en La Moncloa, "ellos mismos han puesto excepciones a sus enmiendas a la totalidad. Nosotros seguimos con la mano tendida".
El elemento común en este juego de espejos en el que todos se miran es que nadie quiere dar un paso en falso. Nadie se fía de que Pedro Sánchez lo aproveche para convocar elecciones, dado que es el único que cuenta con esa prerrogativa. Al menos, en los próximos 21 meses.
El proceso que ha iniciado Junts no tiene retorno, y el Gobierno lo sabe, aunque quiera transmitir la idea de que nada ha cambiado. La pregunta a estas alturas no es si hay vuelta atrás, si no hasta dónde está dispuesto a llegar el partido de Carles Puigdemont en su intento de desestabilizar a Pedro Sánchez: la respuesta es que Junts está abierto a todo, pero una moción de censura instrumental con un candidato pactado con Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal requiere, en primer lugar, que sea el Partido Popular quien mueva ficha.