La crisis de Valencia dispara los nervios en las CCAA del PP que van a elecciones
Los territorios gobernados por el PP miran con tensión al desenlace del rompecabezas valenciano. En amplios sectores del partido creen que Feijóo erró en la gestión de la salida de Mazón y desconfían de Vox
Alfonso Fernández Mañueco junto a María Guardiola. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
La dimisión de Carlos Mazón supuso un alivio para un PP completamente tensionado, que veía cómo cada noticia judicial, cada encuesta o cada editorial cavaba un agujero cada vez más profundo para la credibilidad del partido y del propio Alberto Núñez Feijóo. Pero la crisis política en la Comunidad Valenciana no finaliza, ni mucho menos, con el abandono de su presidente. El futuro político de la región está lleno de interrogantes que escapan incluso al control de Génova y que amenazan con desestabilizar al resto de territorios ante un exigente ciclo electoral que arranca el 21 de diciembre en Extremadura.
Ninguna salida al shock de Mazón era fácil. Pero Feijóo optó por no pulsar el botón electoral e intentar una presidencia interina hasta 2027. ¿El problema? Que, como dicen con pesar cargos populares, "es Vox el que tiene la sartén por el mango". El malestar por la gestión de la situación se ha instalado en la formación, donde creen que el líder del PP erró en el momento y en la forma de ejecutar el relevo de Mazón. Tampoco se explican que en un año Génova no haya atado el posible relevo con Vox. Algunas voces apuntan también que la mejor salida no era intentar una investidura bajo el yugo de Abascal, sino convocar directamente elecciones.
Pero en lo que coinciden la mayoría de fuentes consultadas en el partido es que las consecuencias son imprevisibles por la falta de garantías respecto al desenlace, y tensa especialmente a las comunidades que irán a elecciones en el corto plazo. Génova ha delegado al PPCV para el trance, y el primer encuentro se produjo este mismo viernes, según confirmaron fuentes de Vox. Sin embargo, en ninguna de las dos partes aclaran si hubo avances. La negociación se desarrolla bajo un profundo hermetismo, y dependerá de las condiciones que Abascal ponga encima de la mesa y de lo mucho o lo poco que el PP esté dispuesto a plegarse. "Estamos regalando al PSOE el discurso de asimilarnos con Vox", lamentan en un territorio con urnas a la vista.
La tensión y el nerviosismo cotizan al alza en estos momentos. Feijóo quería arrancar el nuevo ciclo electoral con la idea-fuerza de la diferenciación con Vox y con el objetivo de (intentar) armar gobiernos en solitario. Pero de nuevo es el feudo valenciano el que le impide demostrarlo. El recuerdo del sobresalto de 2023 y de cómo el pacto de Mazón con Abascal lastró el camino de Feijóo hacia la Moncloa sigue demasiado presente. Diversos cargos y líderes autonómicos ya asumen que esta crisis política impregnará sus respectivas campañas electorales. "Esto nos puede hacer polvo", lanza un barón popular.
La dimisión de Carlos Mazón se precipitó sólo cuatro días después de que María Guardiola anunciase, tras dar Feijóo el visto bueno, elecciones anticipadas en Extremadura. La decisión respondía al optimismo de las encuestas y a la determinación de Génova de escalonar elecciones para "desgastar" progresivamente al PSOE, empezando por una comunidad en que los socialistas están bajo mínimos por la imputación de su líder territorial, Miguel Ángel Gallardo. Fuentes del PP extremeño creen que si la crisis en Valencia hubiese eclosionado antes, Guardiola no hubiese pisado tan a fondo el acelerador.
Aunque se achacó a la agenda, la insólita imagen de un Comité Ejecutivo Nacional presidido por Feijóo sin presidentes autonómicos —con la única excepción del murciano Fernando López Miras— en la misma mañana en que Carlos Mazón corroboró su salida de la Generalitat y en un momento en que era preciso visibilizar cierre de filas, es el síntoma de que el PP respira por la herida de la Comunidad Valenciana. "Por supuesto que nos va a afectar lo que suceda", apunta, con cierto enfado, un dirigente extremeño, que se queja del "timing" escogido para solventar la crisis.
En Génova se escudan en que ningún momento hubiese sido idóneo de aquí a 2027. Pero hasta hace apenas 15 días, lo cierto es que los planes de Feijóo no pasaban por una salida rápida, sino que optaba más bien por la vía de que Mazón agotase la legislatura con la condición de no repetir como candidato. Pero el impacto político y anímico del funeral de la dana y las maniobras de los barones del PP valenciano para marcar el paso a Génova acabaron precipitándolo todo. "Tarde y mal", se quejan en el partido.
Toda la atención se sitúa ahora en la negociación entre PP y Vox. Y sobre todo en el calendario. Si hay acuerdo rápido, como desea Génova, la negociación finalizará en la víspera del arranque de la campaña extremeña —prevista el 5 de diciembre—. Lo que se teme en las filas de los conservadores es que las posibles nuevas cesiones a Vox contaminen el discurso de Guardiola, que ha destacado por la crítica a los postulados climáticos, migratorios o ideológicos de los de Abascal. Y que si las cosas se tuercen en Extremadura, se produzca una especie de 'efecto dominó' en el resto de territorios.
La situación es igual de enrevesada si Feijóo y Abascal no logran acercar posturas en la Comunidad Valenciana. En el PP, de hecho, es casi unánime la creencia de que los de Abascal, crecidos por su situación de ventaja, van a "apretar" a los populares hasta el final. Las dos formaciones tienen hasta finales de enero como máximo para desatascar una investidura. Si agotan el plazo y no lo consiguen, la región irá a elecciones el 22 de marzo, sólo una semana después de la fecha prevista por Alfonso Fernández Mañueco para abrir las urnas en Castilla y León.
La salida que más se teme en esta comunidad es que las dos campañas coincidan en el tiempo. "Sería una mala influencia. Intentarían equiparar la gestión de la dana con la de los incendios. Y eso no es bueno", recelan en Castilla y León. No sería descartable que, si se produce ese escenario, Mañueco acabe moviendo la fecha de sus comicios unas semanas antes. Pero todo está en el aire. "Debemos tener la cabeza fría y los pies en el suelo. La situación no es fácil", asumen.
El resultado de unas hipotéticas elecciones en la Comunidad Valenciana también sería incierto. No solo por la incógnita de quién sería el cartel electoral del PP por la evidente brecha interna entre los populares valencianos o la evolución de Vox y PSOE, sino también porque se trataría de un anticipo inédito. Sería la primera vez que se singularizan unas autonómicas fuera del calendario de otras citas de ámbito nacional —salvo en 2019, siempre se han celebrado con municipales— una circunstancia que podría desafiar las encuestas publicadas hasta el momento.
En 2026 sólo hay una cita más en el calendario: las andaluzas que Juanma Moreno no se plantea mover de la fecha prevista y que se celebrarán entre mayo y junio del próximo año. Lo que suceda en las próximas semanas condicionará también a un barón que se juega mantener la mayoría absoluta frente a un Vox al alza, y que ya se ha comprometido públicamente a no pactar con el partido de Santiago Abascal como estrategia para movilizar al elector moderado y el voto útil.
La Comunidad Valenciana, de nuevo, "lo distorsiona todo". Encontrar una buena salida a la crisis es la prioridad absoluta para Génova. De ello puede depender también el segundo intento de Fejióo de llegar al Palacio de la Moncloa. Las elecciones generales no tocan hasta 2027, pero el bloqueo de la legislatura propiciado por Junts acrecienta la tensión electoral también en la arena nacional.
La dimisión de Carlos Mazón supuso un alivio para un PP completamente tensionado, que veía cómo cada noticia judicial, cada encuesta o cada editorial cavaba un agujero cada vez más profundo para la credibilidad del partido y del propio Alberto Núñez Feijóo. Pero la crisis política en la Comunidad Valenciana no finaliza, ni mucho menos, con el abandono de su presidente. El futuro político de la región está lleno de interrogantes que escapan incluso al control de Génova y que amenazan con desestabilizar al resto de territorios ante un exigente ciclo electoral que arranca el 21 de diciembre en Extremadura.