Sumergirse en un baño termal mientras fuera el termómetro marca apenas unos grados es, probablemente, uno de los mayores placeres del invierno. Y si además lo haces en un lugar donde hace siglos se bañaban los romanos, la experiencia roza lo histórico. Así ocurre en las Termas de Alange, el balneario más emblemático de Extremadura, situado a solo 18 kilómetros de Mérida, que acaba de recibir el impulso definitivo para convertirse en uno de los destinos termales más atractivos del país.
Las Termas de Alange no son un balneario cualquiera. Son un auténtico legado del Imperio Romano, reconocidas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1993 al formar parte del conjunto arqueológico emeritense. Su historia se remonta al siglo II, cuando los ciudadanos de Emérita Augusta acudían hasta aquí para disfrutar de sus aguas medicinales, dedicadas a Juno, diosa de la fertilidad, por el patricio Licinio Sereniano en agradecimiento por la curación de su hija Varinia Serena.
Durante siglos, el enclave permaneció en el olvido hasta que, en el siglo XIX, la familia Berbén lo recuperó y devolvió a la vida. Hoy, tras cinco generaciones, el balneario sigue activo, conservando las termas originales —las únicas romanas aún en uso en Europa— y sumando modernas instalaciones de hidroterapia que lo convierten en un plan irresistible para cualquier amante de la historia y del bienestar.
Las aguas que brotan del manantial de Alange, a 28 grados de temperatura natural, son ricas en radón alfa, litio, carbonatos y bicarbonatos de sodio, magnesio y calcio. Estas propiedades las hacen únicas en España y muy valoradas para tratar dolencias del sistema nervioso, circulatorio y respiratorio, además de artritis o varices. “Es la principal diferencia entre un spa y un balneario”, suele explicar su director, Fernando Fernández-Chiralt: mientras el primero busca relajación, el segundo tiene una finalidad terapéutica basada en la ciencia.
A esta joya romana se suman una piscina de hidromasaje que calma el sistema muscular, una piscina de manantial que ayuda al equilibrio natural, baños turcos con mármol caliente y terapias con parafina para aliviar el dolor. Todo, bajo una atmósfera que mezcla historia, silencio y el sonido constante del agua fluyendo desde las profundidades.
Durante años, un vacío burocrático hizo que ni el municipio ni los propios gestores del balneario fueran conscientes de su inclusión en la lista de la UNESCO. Casi dos décadas después, la noticia ha devuelto la ilusión a este pequeño pueblo de Badajoz. “Va a ser beneficioso para todos, sobre todo para el turismo”, reconocen desde la oficina local, que ya ha notado un aumento de visitantes solo para ver las termas.
El actual equipo del balneario y el Ayuntamiento trabajan ahora para mejorar la señalización en las carreteras, uno de los grandes hándicaps de la zona. Su objetivo es que nadie pase por Mérida sin saber que a menos de 20 minutos se esconde este tesoro romano, vivo y burbujeante.
Un refugio para el cuerpo y la mente
El complejo se completa con dos hoteles comunicados directamente con el balneario: el Gran Hotel Aqualange, de estilo moderno y acogedor, y el Hotel Varinia Serena, más tradicional y con vistas al embalse de Alange. Ambos ofrecen habitaciones confortables, cafetería, biblioteca y amplios pasillos que conectan con las zonas termales, lo que permite moverse sin salir al exterior ni en los días más fríos del invierno.
Además, el entorno invita a prolongar la estancia. El embalse de Alange ofrece actividades náuticas como piragüismo o vela, y el Castillo de la Culebra vigila desde lo alto la antigua ruta de la Plata, completando un paisaje de historia y naturaleza perfecto para una escapada de fin de semana.
El Balneario de Alange es más que un lugar para relajarse: es un viaje al pasado, un homenaje a la arquitectura romana y un recordatorio de cómo el agua ha sido siempre fuente de salud.
Sumergirse en un baño termal mientras fuera el termómetro marca apenas unos grados es, probablemente, uno de los mayores placeres del invierno. Y si además lo haces en un lugar donde hace siglos se bañaban los romanos, la experiencia roza lo histórico. Así ocurre en las Termas de Alange, el balneario más emblemático de Extremadura, situado a solo 18 kilómetros de Mérida, que acaba de recibir el impulso definitivo para convertirse en uno de los destinos termales más atractivos del país.