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La amnesia y el borrado de mensajes blindan a Moncloa frente a la filtración sobre el novio de Ayuso
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Tercera jornada del juicio al fiscal general

La amnesia y el borrado de mensajes blindan a Moncloa frente a la filtración sobre el novio de Ayuso

La tesis de una filtración dirigida por Álvaro García Ortiz al gabinete de Presidencia acabó en vía muerta mientras tres periodistas confirman ante el tribunal que accedieron al contenido del correo antes que el fiscal general

Foto: La directora de gabinete del secretario de Estado, Pilar Sánchez Acera. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
La directora de gabinete del secretario de Estado, Pilar Sánchez Acera. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
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La tercera jornada del juicio se convirtió en la del viento en las alas del fiscal general del Estado. Sumó varios triunfos para su línea de defensa. La tesis de una filtración dirigida por Álvaro García Ortiz al gabinete de Presidencia de Moncloa acabó en vía muerta. Fue gracias, eso sí, a la amnesia súbita de algunos, combinada con una providencial eliminación de mensajes. A este éxito relativo -el sospechoso borrado no pasó desapercibido para el tribunal- se añadió otro completo. Varios periodistas afirmaron haber accedido al correo en el que la defensa del novio de Ayuso reconocía la comisión de delitos fiscales antes de que Álvaro García Ortiz llegara a tenerlo.

El fiscal general del Estado aborda ahora el paréntesis impuesto por el calendario del juicio, que no se reanudará hasta la próxima semana, con la sensación de que la incógnita que rodea su intervención en la filtración continúa siendo eso, una incógnita. Su equipo insiste desde el principio en que no hay nada que le incrimine de forma directa en la distribución a la prensa del email. Al menos de momento, efectivamente nada de lo sucedido en la sala de vistas del Tribunal Supremo ha logrado despejar este interrogante. Los magistrados tendrán que navegar entre indicios, como ya sucedió en la instrucción, para trazar un mapa de lo ocurrido.

Una parte de la historia se desplegó este miércoles en la vista oral. La pata más política del episodio, con la exasesora de Moncloa Pilar Sánchez Acera como principal protagonista. Llegó relajada y sonriente, vestida de verde esperanza, y no se bajó una coma de la primera versión ofrecida ante el juez instructor Ángel Hurtado. Lo que llegó a su teléfono a primera hora de la mañana del día 14 de marzo era un fragmento recortado del famoso correo electrónico, al que faltaba el encabezado con el remitente y el destinatario. No se lo envió el fiscal general, aseguró rotunda.

Se mostró menos convincente cuando fue preguntada sobre quién se lo había mandado. Sus explicaciones resultaron poco creíbles. No es que no quiera recordar, es que "no puede". Dijo que han pasado varios meses y que ni logra acordarse de quién fue ni tiene forma de comprobarlo. Se limitó a mencionar que, el que fuera, pertenecía a un medio de comunicación regional. No explicó por qué se fió por completo de la autenticidad de un documento de origen tan incierto hasta tal punto que decidió remitírselo a Juan Lobato para que se lo restregara en la cara a Isabel Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid.

Mala suerte. Desgracia. Casualidad. No ha podido llenar esas lagunas de memoria consultando sus mensajes. Más que nada porque ya no los conserva. Borró el contenido de su teléfono y, además, cambió de terminal. No explicó por qué decidió eliminar todas sus conversaciones en lugar de mantenerlas cuando realizó ese cambio. Tampoco los motivos que la llevaron a no aclararle el origen a Lobato cuando, con la memoria -entonces sí- fresca, evitó toda concreción cuando este le preguntó de dónde lo había sacado.

La actitud de Sánchez Acera resultó antinatural hasta tal punto que llevó a Lobato a creer que cumplir las instrucciones que ella le daba sobre el email podía llevarle a cometer una ilegalidad. Para protegerse, acudió a un notario y decidió levantar fe pública del desarrollo de todos los acontecimientos de esa mañana. Pese a esa patente desconfianza, tuvo oportunidad de rematar en su declaración en el juicio y no lo hizo. Evitó concretar sus sospechas y decir que creyó que el email procedía de la Fiscalía. Se refugió en la prudencia e hizo evidentes esfuerzos para no mentar a la bicha.

Lobato, prudente frente al delito

La conversación que Lobato mantuvo con Sánchez Acera aquel día y que consta en el sumario del caso, detalla sus dudas sobre la forma en la que se obtuvo el pantallazo. "¿Pero se ha publicado en algún sitio esta carta?", preguntó mientras trataba de que le precisaran de dónde había salido. "Porque llega, la tienen los medios", respondió Sánchez Acera. "Vamos a verlo. Para que estés más respaldado. Si es así, te lo digo. Si no, la tienes en retaguardia", matizó a continuación. "Va a salir antes", le aseguró poco después, en referencia a que el correo se publicaría antes de que se celebrara el pleno. A las 9:06, El Plural terminó por publicar una imagen del correo.

Los abogados de las acusaciones no ahorraron esfuerzos, pero no consiguieron sacarle de su guion ni que mencionara al Ministerio Público. Sí que dijo que su temor siempre fue usar en el parlamento madrileño un documento con origen "ilegítimo". "La revelación de secretos a mí no me afecta si tiene un origen" correcto, lanzó. "¿Cuando vio eso creyó que venía de la Fiscalía?, le preguntaron directamente. "No es que creyera, es que, por criterio de prudencia, pensé que si no estaba certificado el origen, mejor no utilizarlo".

Lobato salió de la Sala como salió del PSM en su día, defenestrado por la prevención de no delinquir. Por si alguien le pedía detalles que no pudiera recordar, entró y se fue aferrado a una carpetilla de cartón con el logotipo del PSOE. Ironías de la vida.

La tercera jornada del juicio se convirtió en la del viento en las alas del fiscal general del Estado. Sumó varios triunfos para su línea de defensa. La tesis de una filtración dirigida por Álvaro García Ortiz al gabinete de Presidencia de Moncloa acabó en vía muerta. Fue gracias, eso sí, a la amnesia súbita de algunos, combinada con una providencial eliminación de mensajes. A este éxito relativo -el sospechoso borrado no pasó desapercibido para el tribunal- se añadió otro completo. Varios periodistas afirmaron haber accedido al correo en el que la defensa del novio de Ayuso reconocía la comisión de delitos fiscales antes de que Álvaro García Ortiz llegara a tenerlo.

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