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Aplausos a su llegada, negaciones y gestos en el estrado: día 1 del acusado García Ortiz
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SE ENFRENTA A SEIS AÑOS DE CÁRCEL

Aplausos a su llegada, negaciones y gestos en el estrado: día 1 del acusado García Ortiz

El fiscal general se mostró incómodo ante la testifical de la fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Almudena Lastra, que aseguró haberle echado en cara las filtraciones

Foto: El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, junto a los dos miembros de la Abogacía del Estado durante el juicio. (Reuters/Mariscal)
El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, junto a los dos miembros de la Abogacía del Estado durante el juicio. (Reuters/Mariscal)
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Álvaro García Ortiz llegó este lunes al Tribunal Supremo a las 9.42. Minutos antes, policías nacionales se habían colocado frente el tribunal para blindar su entrada, pero no hubo sorpresas: el fiscal general del Estado no solo entró por la puerta noble del Supremo con absoluta tranquilidad, sino que un pequeño grupo de personas comenzó a aplaudirle en cuanto bajó del coche. "¡Ánimo!", le gritó una señora. "¡Todo va a salir bien!".

Esta particular muestra de apoyo no fue casual. La Unión Progresista de Fiscales (UPF), a la que pertenecía García Ortiz antes de convertirse en fiscal general, convocó a sus miembros para arroparle. Primero en la sede de la Fiscalía, en la calle Fortuny, y después en el Supremo, que se encuentra a 10 minutos a pie. De esta manera, fiscales de la UPF fueron llegando al tribunal mientras los periodistas escuchaban el discurso del presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón.

Una vez dentro —y con Mazón ya dimitido—, García Ortiz volvió a encontrarse a varios de estos fiscales entre el público. Con toga y corbata negra, el fiscal general aprovechó los privilegios que le otorga el cargo y, en lugar de sentarse en el habitual banquillo de los acusados, compartió sillón con la Abogacía del Estado. Su número dos en la Fiscalía, María Ángeles Sánchez Conde, se sentó al lado. Ella también desempeñó el papel de defensora para proteger a su jefe este lunes.

Las acusaciones se sentaron enfrente y el abogado de Isabel Díaz Ayuso, que está personado como acusación particular, llevó las riendas de los interrogatorios. La Asociación Profesional e Independiente de Fiscales (APIF), que está personada como acusación popular, acaparó el resto de los focos en ese lado de la sala. A diferencia de la UPF, la APIF pide cárcel para su jefe: seis años frente a los cuatro que reclaman el resto de acusaciones.

Con los asientos y papeles ya repartidos, el arranque del juicio se centró en las cuestiones previas. El fiscal general, que ha pedido declarar el último, solo pronunció una palabra: "No". García Ortiz respondió así al presidente del tribunal, que le preguntó si era responsable de los delitos. El resto de la mañana se dedicó al fiscal que investigó al novio de Díaz Ayuso y, tras un breve receso en el que los magistrados comieron en el tribunal mientras García Ortiz abandonaba el edificio, llegó el plato fuerte del día.

Primero, con la fiscal jefe provincial de Madrid, Pilar Rodríguez, a la que el Supremo ha mantenido imputada hasta el último momento. En concreto, hasta poco después de que renunciara a la defensa de la Abogacía del Estado para fichar a su propio letrado. "Dan ganas de incorporar un poquito más de cianuro", aseguró esta fiscal a García Ortiz en marzo de 2024, cuando estaban a punto de publicar la nota de prensa que detallaba los correos que el abogado del novio de Díaz Ayuso había enviado a la Fiscalía.

El mensaje del "cianuro" no tardó en salir durante el interrogatorio. Sin embargo, Rodríguez quiso hacer una matización: ella nunca escribió "más" en ese wasap. Le dijo al fiscal general que daban "ganas de incorporar un poquito de cianuro", pero los investigadores cometieron un error al transcribir el mensaje y añadieron el "más". Ni las acusaciones ni el tribunal hicieron más preguntas sobre ello. Ahí quedó su aclaración.

Después llegó el turno de la fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Almudena Lastra. Ella también perteneció durante décadas a la UPF, pero este lunes dejó claro que no estaba ahí para apoyar a García Ortiz. La fiscal relató sus rifirrafes con el fiscal general, al que llegó a echar en cara las filtraciones. Su versión cayó como una losa sobre su jefe, que negó incluso con la cabeza durante algunas partes del interrogatorio.

Lastra, sin embargo, tenía la mirada fija en las acusaciones, que fueron haciéndole una pregunta tras otra. Según afirmó, ella no entendía la insistencia de García Ortiz por conseguir los correos en plena noche: "Soy fiscal, yo trabajo por las mañanas". La que fuera jefa de la Abogacía del Estado, Consuelo Castro, tomó la palabra a continuación e hizo una broma sobre este último comentario, pero Lastra le respondió que no estaba para guasas. "Pido disculpas", se retractó Castro.

Aunque la sesión llegó a su fin con el teniente fiscal de la Secretaría Técnica, Lastra ya se había convertido en la protagonista de la jornada al provocar los aspavientos de García Ortiz. A las 18.46, ella abandonó el edificio y se fumó un cigarrillo mientras caminaba frente a la puerta noble. Ningún miembro de la UPF la despidió entre aplausos.

Álvaro García Ortiz llegó este lunes al Tribunal Supremo a las 9.42. Minutos antes, policías nacionales se habían colocado frente el tribunal para blindar su entrada, pero no hubo sorpresas: el fiscal general del Estado no solo entró por la puerta noble del Supremo con absoluta tranquilidad, sino que un pequeño grupo de personas comenzó a aplaudirle en cuanto bajó del coche. "¡Ánimo!", le gritó una señora. "¡Todo va a salir bien!".

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