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Un rearme a golpe de rumor: la defensa quería estabilidad, pero se sume en la incertidumbre total
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Un rearme a golpe de rumor: la defensa quería estabilidad, pero se sume en la incertidumbre total

El ecosistema de defensa se ha instalado en la incertidumbre. Lo que a mediodía se dice, por la tarde se matiza y de madrugada se cambia. El dinero que hoy se juzga un exceso, mañana resulta insuficiente. ¿Dónde queda la deseada estabilidad?

Foto: F-18 del Ala 12 con un pod de designación Litening II. (Juanjo Fernández)
F-18 del Ala 12 con un pod de designación Litening II. (Juanjo Fernández)
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Si hace apenas unos años hubiéramos escrito sobre la necesidad de la Armada de contar con un gran portaaviones convencional, tacharnos de locos sería lo más suave que habríamos escuchado. Eran tiempos donde, si sobraba algún ministerio, era el de defensa. Hoy todo ha cambiado. El dinero fluye hacia el rearme y actualización de las Fuerzas Armadas y la consolidación de la industria. Pero en vez de esa estabilidad que tanto buscaba la defensa, nos hemos instalado en la incertidumbre. Lo que a mediodía se dice, por la tarde se matiza y de madrugada se cambia. El suministrador que era referencia luego se descarta. El dinero que hoy se juzga un exceso, mañana resulta insuficiente. ¿Dónde está el plan estratégico y su hoja de ruta ? Esa es la pregunta que nos hacemos.

Hoy se asume un umbral mínimo de inversión en defensa del 2% del PIB, que está en niveles récord y creciendo. También se da por hecho que, entre las presiones externas y las necesidades militares e industriales, se puede llegar a superar esa barrera, como reconoció la propia ministra Margarita Robles recientemente. Pero la oleada de dinero que llega a la industria viene con un elevado grado de incertidumbre. Y la incertidumbre nunca es buena.

Durante años, empresas y militares han pedido contar con una financiación estable. Un flujo económico garantizado y, sobre todo, alejado de la política. Con la certeza de ciclos de inversión plurianuales, los ejércitos podrían planificar sobre seguro y la industria se podría lanzar a investigar y realizar inversiones minimizando el riesgo a futuro. Fórmulas hay, y en otros países se hace, pero aquí se nos antoja muy difícil que los políticos renuncien a tener el control de una partida tan jugosa.

Estas medias tintas financieras han provocado retrasos en muchos programas. Demoras que generan sobrecostes y, algo peor todavía, tiempo perdido que hace que el sistema de armas arranque desde el primer minuto con cierto desfase o que, cuando llegue, el resultado final ya no convenza a nadie. Ahora la financiación fluye, pero seguimos instalados en la duda. Todo son rumores, propuestas y sorpresas. Y afecta a los tres ejércitos.

Tierra: un paso adelante, otro atrás

En el Ejército de Tierra uno de los flancos en peores circunstancias es el de la artillería. Aunque se acometen los puntos clave, las incertidumbres y dudas lo siguen rodeando todo. El obús ATP de cadenas está en marcha, con Indra y EM&E (Escribano) como actores claves y un presupuesto de unos 1.800 millones de euros. Pero no sabemos el modelo, ni los plazos o detalles, más allá de que se están analizando modelos como el PzH 2000 alemán y el K9 coreano. Mientras, el Némesis, la propuesta de GDELS/Santa Bárbara, parece descartada.

El ATP de ruedas también se busca, pero tampoco se sabe ni a qué modelo se quiere ir, ni en qué fase nos encontramos para un proyecto que ronda los 1.200 millones. Solo hay indicios de que el Ejército quiere plataforma de camión y pieza en sistema cerrado (se descarta el Caesar francés) y que tampoco gusta la solución de Piraña 10x10 de GDELS con módulo de artillería AGM.

placeholder Piezas de artillería ATP PzH 2000 del ejército lituano. (Lietuvos Kariuomené)
Piezas de artillería ATP PzH 2000 del ejército lituano. (Lietuvos Kariuomené)

Peor pinta tiene la artillería lanzacohetes. El programa SILAM (sistema lanzacohetes de alta movilidad) fue adjudicado en diciembre de 2023 a un consorcio liderado por Expal (filial de la alemana Rheinmetall) y EM&E en colaboración con Elbit, para desarrollar un sistema basado en el PULS israelí. Todo el mundo parecía contento y durante 2024 y 2025 se sucedieron entregas de "demostradores industriales" y varias pruebas.

Las previsiones oficiales contemplaban recibir los primeros lanzadores en 2025 y completar el grupo a finales de 2026. Pero llegó lo inesperado. La intervención política dio al traste con todo por la llamada "desconexión militar de Israel". La realidad es que ahora, por más que se asegure que todo sigue, la incertidumbre es total. ¿Con qué tecnología se va a hacer? ¿Va a seguir siendo el mismo PULS pero con sello made in Germany? ¿A qué precio? De nuevo, las dudas pueden pasar factura.

placeholder Prototipo del SILAM. (EM&E Group)
Prototipo del SILAM. (EM&E Group)

Luego está el culebrón inagotable del 8x8. Los retrasos, sobrecostes y enfados de ministra han perseguido a este programa desde hace años. El remate han sido los últimos rumores (recurrentes) sobre su cancelación total. Ya casi cualquier cosa es posible en este ecosistema de la defensa, pero se nos antoja muy difícil asumir un cierre total del programa, que implicaría admitir un enorme fracaso con muchos culpables (y posibles responsabilidades legales). En nuestra opinión, el 8x8 seguirá. Eso sí, no pasará de la primera fase (unas 350 unidades) e incluso puede que se recorten algo las cifras.

También quedan en el limbo el nuevo 6x6 utilitario que buscaba el Ejército y el reemplazo de los Centauro (aunque todo apunta al Centauro II italiano, tampoco hay nada oficial).

Para rematar el embrollo, el VAC, ese vehículo utilitario de cadenas para reemplazar a los venerables M-113 TOA, también parece atascado porque se cuestiona la idoneidad de la barcaza Ascod de GDELS. Puede que detrás solo haya asuntos industriales entre empresas, pero se debería retomar, utilizar lo ya realizado y darse prisa. Un vehículo llamado a reemplazar al blindado occidental más utilizado del mundo, si se hace bien, sencillo y barato (esto es clave, aquí no caben alardes tecnológicos e ingenieriles), podría tener un gran éxito en exportaciones. Pero no hacerlo rápido implica perder también este tren.

Y nos quedaría el tema de las radios tácticas para reemplazar las israelíes de Elbit y otros temas importantes, como los aprobados esta semana en Consejo de Ministros, donde se incluyen los planes para la modernización del Pizarro I, la sustitución de cajas de cambio de los Pizarro II (se sabía que funcionaban mal) y, sorpresa, también de los Castor. Es decir, se reemplazan las cajas de cambio de un vehículo que se acaba de entregar.

Lo llamativo es que su fabricante, SAPA, parece que va ser el adjudicatario del multimillonario contrato de las transmisiones del nuevo blindado de infantería norteamericano XM30 (el reemplazo del Bradley) y tiene opciones para llevarse el no menos millonario del nuevo carro de combate M1E3 Abrams. ¿Por qué aquí no y allí sí?

placeholder Demostrador del 8x8 Dragón con la torre Guardian 30 de Escribano. (Juanjo Fernández)
Demostrador del 8x8 Dragón con la torre Guardian 30 de Escribano. (Juanjo Fernández)

Ejército del Aire: luces y sombras

Solucionado el tema del avión de entrenamiento avanzado con la elección del modelo turco Hürjet (más de 3.000 millones), se abren para la Fuerza Aérea un buen número de oportunidades en el camino hacia ese 2%. Fuentes conocedoras de lo que se discute en Defensa hablan, por ejemplo, de incrementar la flota de aviones cisterna A330 MRTT en dos unidades adicionales. No vamos a insistir mucho más sobre un avión que pasa por ser el mejor del mundo en su categoría y que se transforma en Getafe (Madrid).

También gana fuerza la posibilidad de quedarnos con algunos (no hay datos concretos sobre el número) del paquete de aviones de transporte militar A400M que deberíamos vender fuera, en principio 10 ejemplares de los 27 comprometidos. Ya se da por hecho que la flota llegará a 20 unidades y lo que se dice ahora es que, de esos siete restantes, alguno también se quedaría en nuestro país. Con las nuevas cotas de gasto y con la importancia que tiene el transporte estratégico, aspirar a 24 aviones no es descabellado. Si a esto le unimos un nuevo paquete de Eurofighter (Airbus hace tiempo que trabaja en un "Halcón 3"), más la modernización de los aviones de las primeras series, podría cumplir las expectativas tanto de la parte militar como de la industrial.

placeholder Maqueta a tamaño real del TAI Hürjet con los colores españoles. (Juanjo Fernández)
Maqueta a tamaño real del TAI Hürjet con los colores españoles. (Juanjo Fernández)

Quedan, sin embargo, varios asuntos espinosos. El primero es que el Hürjet tardará en llegar y la continuidad de los actuales aviones de entrenamiento avanzado, los F-5, se sustenta en el mantenimiento de una empresa extranjera. Sí, lo han adivinado, israelí. Otro material de la misma nacionalidad es el de los pod de designación, que sirven para atacar objetivos en tierra. Actualmente son del modelo Litening II, el mejor del mundo, pero de la empresa Rafael. Se preguntarán ¿son tan importantes estos pod? La respuesta, muy gráfica, nos la dio un alto mando del Ejército del Aire y del Espacio hace unas semanas: "Con el pod tenemos setenta aviones de ataque. Sin el pod es como si tuviéramos siete".

Quedan el aire (nunca mejor dicho) dos cuestiones polémicas como ninguna. Primera, qué hacer con la patrulla marítima y lucha antisubmarina, porque la solución C295 no convence a todo el mundo. Y segundo, el asunto estrella de ese segundo modelo de avión que debería reemplazar al resto de la flota de F-18. Sobre esto se habla con ligereza del turco Kaan (tema bastante verde) y del interés de la parte militar en ese avión maldito, del que por supuesto, nada se sabe.

Armada: del powerpoint a la realidad

Lo de la Armada se ha convertido en un tema aparte. Está claro que su papel y dotación de medios y personal se debe potenciar –no hay más que ver un mapa para entenderlo-, pero no se puede vivir a golpe de imaginación, rumores y especulación. Seguro que muchos recuerdan lo que dio de sí aquel famoso powerpoint del almirante Lapique. Ya no hacen falta ni gráficos ni propuestas. Se habla de construir portaaviones como si fuesen patrulleros y surgen flotas anfibias y alas embarcadas que ni hubiéramos soñado hace unos años.

Embarcarse en un solo gran portaaviones convencional o CATOBAR (dotado de catapultas y cables de detención) no es ninguna broma. La construcción del casco e incluso sus sistemas no son en exceso complejos y Navantia lo podría afrontar sin problemas. Pero, dinero aparte, tiene cuatro puntos puntos delicados: catapultas, sistemas de cables, ala embarcada y propulsión. El primero pasaría necesariamente por tecnología norteamericana (no será en el único sitio) y casi seguro que también el segundo. Pero el tercero nos lleva a utilizar el avión francés Rafale, si descartamos el Super Hornet o el F-35C. Tendría su gracia que la Armada haya llegado a plantear este buque por la pura necesidad de mantener ala fija embarcada y acabáramos con otro avión americano a bordo. Todo por la negativa del gobierno a hablar siquiera del que existe para despegue vertical (el Innombrable).

placeholder LHD Juan Carlos I con aviones Hasrrier sobre su cubierta de vuelo. (Juanjo Fernández)
LHD Juan Carlos I con aviones Hasrrier sobre su cubierta de vuelo. (Juanjo Fernández)

El cuarto punto nos lleva a un tema crítico: el desplazamiento. Ahí nos vamos a encontrar con un cierto límite en el entorno de las 40.000–45.000 toneladas, porque un portaaviones requiere algo que a veces se olvida: velocidad. En un buque mayor, eso implica dotarlo de propulsión nuclear para alimentar las necesidades energéticas de la planta motriz y de las catapultas. Difícil imaginar que un gobierno que quiere cerrar las centrales nucleares en contra de los criterios técnicos esté dispuesto a poner un reactor en un buque de la Armada.

Lo interesante es que se habla no de uno, sino de dos de estos buques. Y cuando se pone esto en un papel, las necesidades de navíos de escolta y otros buques crece en mayor medida. ¿De qué se habla ahora? Hay indicios bastante fundados, por ejemplo, de que las F-110 no se van a quedar en 5+2 (de un Flight o Serie II), sino en 5+5. Estas últimas serían una versión ligeramente agrandada, con capacidades antisubmarinas similares, pero con sistemas antiaéreos incrementados (muy probablemente con un lanzador vertical VLS de 48 e incluso más celdas) y capacidad para lanzamiento de misiles de crucero. De ahí el superior desplazamiento y eslora. Esto significaría mantener 15 escoltas, más las EPC o corbetas europeas, y tal vez otra serie de corbetas similares a las que Navantia ha fabricado para Arabia Saudí, bastante más potentes.

placeholder El S-81 en superficie. (Juanjo Fernández)
El S-81 en superficie. (Juanjo Fernández)

No solo hay más escoltas. También más barcos para operaciones anfibias (se barajan cifras de tres o más navíos tipo LHD / LPD) y, lo más importante, más submarinos. Se daba por hecho que esa flota se iba a incrementar a un 4+2, con el objetivo de que todos acabaran siendo actualizados a la versión S-80+, ya dotada del sistema AIP. Ahora los planes apuntan a 4+4, donde el segundo lote sería, no un S-90 de nuevo diseño, pero sí un S-80+ Flight II. Aquí se podrían introducir mejoras sustanciales, como el reemplazo de las baterías convencionales de los S-80 / S-80+ por otras con tecnología de litio, lo que llevaría a estos navíos a otro salto cualitativo en capacidades.

Todo está muy bien y hay soluciones que, si de verdad el dinero llega, podrían dejar una Armada en el lugar que se merece como una de las referencias de Europa. Así que no sirve de mucho hacer powerpoints y menos aún fiar todo a comentarios de pasillo. Consumen tiempo, generan incertidumbres y no aportan soluciones. Es el momento de definir, concretar y materializar.

Si hace apenas unos años hubiéramos escrito sobre la necesidad de la Armada de contar con un gran portaaviones convencional, tacharnos de locos sería lo más suave que habríamos escuchado. Eran tiempos donde, si sobraba algún ministerio, era el de defensa. Hoy todo ha cambiado. El dinero fluye hacia el rearme y actualización de las Fuerzas Armadas y la consolidación de la industria. Pero en vez de esa estabilidad que tanto buscaba la defensa, nos hemos instalado en la incertidumbre. Lo que a mediodía se dice, por la tarde se matiza y de madrugada se cambia. El suministrador que era referencia luego se descarta. El dinero que hoy se juzga un exceso, mañana resulta insuficiente. ¿Dónde está el plan estratégico y su hoja de ruta ? Esa es la pregunta que nos hacemos.

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