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El fuego cruzado y el "no me consta" de un presidente escapista
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COMISIÓN KOLDO

El fuego cruzado y el "no me consta" de un presidente escapista

Sánchez convierte la Comisión Koldo en un mitin contra el PP, pero su nula disposición a responder destapa los puntos calientes de los escándalos de corrupción que cercan a su Gobierno y a su familia

Foto: Sánchez comparece en al comisión del Senado sobre el caso Koldo. (Europa Press/Eduardo Parra)
Sánchez comparece en al comisión del Senado sobre el caso Koldo. (Europa Press/Eduardo Parra)
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sLa primera sorpresa en la comisión Koldo ha sido ver al presidente del Gobierno utilizando gafas, en curiosa metáfora sobre un líder político que ve distorsionada la realidad, o que sólo ve lo que le interesa. El país que ve Pedro Sánchez es un país de color de rosa que no se compadece con lo que día sí, día también destapan y relatan los periódicos y que en el día de hoy se resume en la existencia de serias sospechas de que en el Partido Socialista existe una caja B, antesala de la financiación irregular, y que hay rendijas que apuntan directamente a su secretario general. Por eso, el jefe del Ejecutivo ha tenido que admitir que cobró dinero en metálico del PSOE, aunque ha insistido que fueron pagos “absolutamente anecdóticos”, y que los cobró a pesar de que desconoce en qué planta se encuentra la gerencia del Partido que dirige.

No ha concedido mucho más en una comparecencia de más de seis horas que a tenor de la actitud del presidente deben interpretarse según aquella máxima de que uno es preso de sus palabras y dueño de sus silencios. "Houdini no era un mago, señor presidente, era un escapista", le ha espetado Eduard Pujol (Junts) para denunciar su nulo interés por colaborar con la comisión respondiendo a las preguntas que se le formulaban. “Por lo menos yo respondo”, le ha reprochado la senadora de UPN María Caballero, la primera en intervenir, cuando el presidente del Gobierno se reía de sus preguntas e intentaba escabullirse recurriendo a algunas de las frases más escuchadas en los banquillos de los acusados de guante blanco en los tribunales de Justicia: hasta 25 veces pronunció el presidente el “no me consta”, once al "no lo sé" y hasta seis al “que yo recuerde”.

Traje azul, corbata verde, Sánchez se ha presentado en el Senado con el objetivo de convertir la sesión en fuego cruzado contra el PP y escaparse de los interrogatorios de los portavoces de la derecha, desde el PP a Vox pasando por UPN y Coalición Canaria. ¿Cómo? Alargando sus respuestas para eludir los centenares de preguntas que se le han ido formulando y para colar un argumentario oficial según el cual el PSOE no sólo no está señalado por solventes sospechas, sino que es el paladín de la limpieza y la transparencia. Al presidente sólo le ha faltado decir que los españoles deberían darle las gracias.

A tenor de sus sonrisas y carcajadas, a Sánchez poco le ha importado ser el primer presidente del Gobierno que se sienta en una comisión de investigación por hechos ocurridos durante su mandato, una circunstancia que está lejos de ser honorable, pero al final, guste o no guste, ha colocado su mercancía propagandística. Tan es así que hasta se ha permitido bromear a pesar de las evidencias y de un interrogatorio que ha pasado por José Luis Ábalos, Koldo García, la financiación del PSOE, los soles, lechugas y chistorras, los rescates de Plus Ultra y de Air Europa, Víctor de Aldama, los casos Begoña y Hermano o los negocios de prostitución de su suegro, Sabiniano.

Para él todo forma parte de un “inmenso bulo”, pero no ha sido capaz de aclarar quiénes fueron los donantes de su campaña para las primarias; ha dicho no recordar si el gerente que colocó con 245.000 euros en Enusa, Mariano Moreno, lo visitó en Moncloa para hablarle de los gastos de Ábalos; no ha podido aclarar los motivos que extendieron su cese también como secretario de Organización o de responder por qué lo incluyó en las listas electorales de 2023; se ha revuelto cuando las preguntas afectaban a su hermano, hasta el punto que ha sido amparado por el presidente de la comisión, el popular Eloy Suárez; no ha aclarado por qué el rescate de Air Europa fue tan rápido; se ha puesto nervioso cuando el portavoz del PP le ha ametrallado con preguntas sobre Víctor de Aldama, José Luis Rodríguez Zapatero y el rescate de Plus Ultra; y se ha victimizado cuando el interrogatorio cruzaba las irritantes (para él) causas de su mujer, Begoña Gómez o de su hermano David o los vergonzantes negocios de su suegro.

Ese es el resumen de una estrategia basada en no sólo no dar respuesta a las preguntas, sino en arremeter contra el PP, contra Feijóo, y ya de paso contra Rajoy o contra Aznar. Sánchez ha disfrutado haciendo referencia a todo tipo de casos que nada tienen que ver con el objeto de la comisión de investigación: que si el dinero negro, las policías patrióticas, los pagos en metálico en el Senado, las “magdalenas y bizcochos” del PP en Valencia, “los sobresueldos” en el PP, un supuesto “sobresueldo” de Feijóo en el Senado, el pago con dinero B de la reforma de la sede del PP, la famosa foto con Marcial Dorado, el hermano de Isabel Díaz Ayuso y un rosario de argumentos políticos que niegan el derecho a exsistir de la derecha como alternativa, como la respuesta del Gobierno de Rajoy a la crisis financiera de 2008.

La izquierda al rescate

Tras el arreón inicial de UPN y en menor medida de Vox, la izquierda ha acudido al rescate para alfombrar la comparecencia del presidente y convertirla en un homenaje al Gobierno de coalición —“de corrupción”, interrumpían desde el PP—. Uno tras otro, los senadores de Compromis, Geroa Bai, la Agrupación Socialista de la Gomera, Más Madrid y en menor medida ERC y Bildu han ido poniendo las preguntas adecuadas para que Pedro Sánchez colocara el núcleo del mensaje político: negar la alternancia democrática.

Hay un error de principiante en las entrevistas periodísticas que es perfectamente aplicable a los políticos y a los abogados: hacer varias preguntas seguidas. Es una excelente fórmula para que el entrevistado escoja la que más le convenga y se vaya por la tangente. Y en ese mal ha incurrido reiteradamente el senador de Vox, Ángel Gordillo, que además se ha dejado llevar por los adjetivos dando una salida al presidente del Gobierno, encantado de victimizarse y experto en salir por la tangente.

El portavoz del PP, que finalmente fue el inicialmente previsto, Alejo Miranda, ha salido satisfecho con su intervención después de haber formulado al presidente 65 preguntas sobre todos los temas que tenía previsto abordar. Algo acelerado tras su intervención más mediática, ha confesado que lleva días encerrado, como ha quedado demostrado en una intervención que ha sido tan incisiva como algo atropellada al principio. Aun así, semanas de estudio siempre serán insuficientes para acorralar a un presidente que lleva 7 años dedicando 24 horas al día a sí mismo y que ha llegado bien pertrechado de argumentos para apuntalar la versión del oficialismo.

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En resumen, esta mañana, en la comisión Koldo que se sigue en el Senado, el presidente ha respondido poco a las preguntas de la oposición, se ha dado un baño de propaganda en el tiempo de la izquierda, ha aprovechado los excesos verbales del senador de Vox para victimizarse y ha sido profundamente irrespetuoso con la institución que le convocaba, para enfado del presidente de la misma: “Esto es una comisión de difamación”, o “de frustración”, y “esto es un circo”.

Más allá de la corrupción, o las corrupciones, el titular político de la jornada estuvo en el portavoz de Carles Puigdemont: “Junts llega a esta comisión como partido de oposición de un Gobierno incumplidor”, le ha dicho Eduard Pujol antes de reprocharle su actitud, sus sonrisas y su incapacidad para ssumir responsabilidad política alguna: “Usted nunca tiene culpa de nada y uno piensa ‘pobre Pedro Sánchez que en el colegio le robaban el bocadillo’”. Y, a continuación, ha consolidado el cambio de paradigma que supone la ruptura de su partido y ha hecho un vaticinio para el futuro de la legislatura: “Está condenado a vivir en la debilidad política, y si no tiempo al tiempo”.

A Pedro Sánchez, que asegura salir "contento", la presbicia le ha llegado siendo presidente del Gobierno. La presbicia física, que se arregla con unas buenas gafas, pero, a tenor de sus respuestas, también la política. Y esta no se arregla con anteojos, por muy caros que sean.

sLa primera sorpresa en la comisión Koldo ha sido ver al presidente del Gobierno utilizando gafas, en curiosa metáfora sobre un líder político que ve distorsionada la realidad, o que sólo ve lo que le interesa. El país que ve Pedro Sánchez es un país de color de rosa que no se compadece con lo que día sí, día también destapan y relatan los periódicos y que en el día de hoy se resume en la existencia de serias sospechas de que en el Partido Socialista existe una caja B, antesala de la financiación irregular, y que hay rendijas que apuntan directamente a su secretario general. Por eso, el jefe del Ejecutivo ha tenido que admitir que cobró dinero en metálico del PSOE, aunque ha insistido que fueron pagos “absolutamente anecdóticos”, y que los cobró a pesar de que desconoce en qué planta se encuentra la gerencia del Partido que dirige.

Koldo García Caso Koldo García Pedro Sánchez