Españoles, la mili ha vuelto: "En una semana los chavales salen de aquí endurecidos"
En los últimos años han proliferado varios cursos para jóvenes en los que se emulan las condiciones de un cuartel militar con el objetivo de formar en valores como la disciplina
Imagen del campamento castrense El Cid. (Cedida)
Por
Alfredo Pascual
En diciembre se cumplirán 24 años del último reemplazo de ciudadanos que hicieron el SMO (Servicio Militar Obligatorio), conocido popularmente como la mili. Terminó así un procedimiento instaurado en 1939 y que obligó a más de nueve millones de españoles a recibir una formación militar nada más cumplir la mayoría de edad. Para muchos fue una pérdida de tiempo, pero otros consideran que el servicio militar les sirvió para disciplinarse y prepararse para la vida adulta.
La mili desapareció, pero su espíritu sigue vivo. Se estima que en torno al 65% de los hombres de más de 45 años, en torno a 6 millones de personas, ha pasado por los cuarteles, mientras que varias encuestas recientes apuntan a que cuatro de cada diez españoles apuesta por recuperar una formación militar básica para los jóvenes. Conclusión: no hace falta ser un lince del marketing para intuir que hay una importante bolsa de padres a los que les gustaría mandar a sus hijos a la mili.
Campamento El Cid. (Cedida)
José Gómez, un exmilitar de 54 años, es uno de estos casos. "Mi hijo no sabía si quería hacer la carrera militar, de modo que, buscando por internet, encontré un campamento militar para chavales. Parecía lo más adecuado para que él decidiese si quería ese tipo de vida", explica a este periódico. "Lo que pasa es que no me terminaba de fiar de aquello. Yo he sido Scout toda mi vida y militar durante once años, quiero decir, algo sé de este tipo de campamentos, así que terminé yendo allí como monitor para ver qué tipo de formación se impartía. Y lo que vi no me gustó".
En España hay dos grandes campamentos militares para jóvenes. Nacieron en la década pasada y cada año han multiplicado su crecimiento. Los mayores son El Gran Capitán, en la sierra de Madrid, y Tercios de Lezo, en Valencia. El funcionamiento es común a todos: ofrecen cursos durante el verano, normalmente de una o dos semanas, en los que desarrollan una expriencia a caballo entre la mili patria y El sargento de hierro de Clint Eastwood. Visten a los chavales de soldados, les hacen levantarse a las 5 de la mañana, izan la bandera, corren, bucean y hacen rappel, desfilan y aprenden a orientarse con tecnología tan obsoleta como un mapa y una brújula.
Campamento El Cid. (Cedida)
También utilizan armas de airsoft, las que disparan bolitas de plástico, para redondear la ambientación. Este es el punto que menos le gustó a José Gómez cuando fue monitor: "Yo no entiendo que se enseñe a disparar a un chaval que está de campamento de verano. Ni que se le explique cómo cavar una trinchera. Una instrucción en armas para un civil no tiene sentido: eso es jugar a ser militar y, para eso, creo que lo suyo es alistarse en el Ejército", explica.
Formación sin armas
Con la idea de separar la disciplina de lo militar, Gómez se lio la manta a la cabeza y creó en 2021 su propio campamento, El Cid, en Sigüenza. Empezó con 14 niños el primer verano y cerró la última edición, este verano, con 210. "Nuestro campamento es castrense, no militar. No somos la antesala de entrar al Ejército ni preparamos a los jóvenes para ingresar en ningún otro cuerpo como la Policía Nacional o la Guardia Civil", afirma el exmilitar. "Nuestro campamento, de 13 días, busca detectar los puntos débiles de cada uno y ayudarle a mejorar".
Al ser una versión light de los campamentos militares, hace dos años abrieron las inscripciones a mayores de 19 años. Su versión es menos física, pero con más contenido técnico: "Aprenden a sobrevivir en la intemperie, a bucear, a frenar sangrados, primeros auxilios... aquí viene gente hasta de 60 años que se adapta como el primero, pero no puedes manejarle dándole gritos como en las películas. Si en un ejercicio no puede más, o no quiere hacerlo, no lo hace. Aquí no se obliga a nadie ni estamos para traumatizar a la gente".
Campamento El Cid. (Cedida)
El Cid también se diferencia en la selección de los participantes. "Hablamos con los padres y nos aseguramos de que lo que quieren es disciplinar a su hijo, endurecerlo. Siempre les dejamos claro que no preparamos para ser policía ni estamos para rehabilitar delincuentes o chavales con graves problemas de conducta. Esto no es Hermano Mayor", continúa Gómez.
El campamento también es atípico en su trastienda. A diferencia del resto, que son mercantiles, El Cid es una asociación sin ánimo de lucro que reinvierte todos los ingresos en el campamento, que se celebra en las instalaciones de un colegio religioso en el centro de Sigüenza. "Tampoco tenemos a nadie en nómina, todos los que trabajamos aquí en verano somos voluntarios, la mayoría del Ejército y la Policía Nacional, que hacemos esto porque nos encanta dar formación en valores", dice Gómez. "Y todo lo hacemos sin armas, porque no tienen nada que ver con la disciplina. Duermo con la tranquilidad de que ninguno de los chavales que pasa por aquí va a coger una escopeta de caza la próxima vez que tenga un problema en el instituto", concluye Gómez.
Con o sin armas, es claro que los campamentos militares están en auge. El sector, que hace una década no existía, hoy maneja cifras que superan los 2.000 jóvenes por verano. Esto supone en torno al 5% de la facturación de los campamentos de verano, en los que siguen reinando los de aventura e idiomas, pero la militar es la modalidad que más rápido crece y amenaza con superar a los campamentos urbanos y de ciencia, que se estiman en torno al 8% y 10%.
En diciembre se cumplirán 24 años del último reemplazo de ciudadanos que hicieron el SMO (Servicio Militar Obligatorio), conocido popularmente como la mili. Terminó así un procedimiento instaurado en 1939 y que obligó a más de nueve millones de españoles a recibir una formación militar nada más cumplir la mayoría de edad. Para muchos fue una pérdida de tiempo, pero otros consideran que el servicio militar les sirvió para disciplinarse y prepararse para la vida adulta.