"Su matrimonio no compete solo a la Princesa de Asturias y será su decisión más importante"
Alfonsín, exjefe de la Casa del Rey, advierte de la importancia del matrimonio de la Princesa de Asturias y de su necesaria dedicación a trabajar para mantener "la unidad de España"
La princesa Leonor y el rey Felipe VI, durante la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias. (Europa Press)
Jaime Alfonsín, exjefe de la Casa del Rey (2014-2024), reconocido por el Rey con el marquesado de Alfonsín, con grandeza de España, ingresó en la tarde del lunes como académico de número en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso brillante y de altísimo voltaje jurídico-constitucional atentamente seguido por Felipe VI y en presencia de un auditorio repleto de personalidades de la política, la universidad, las Reales Academias y la cultura.
Jaime Alfonsín, abogado del Estado, explicitó por primera vez los criterios que debe atender la formación de la herederade la Corona, la Princesa de Asturias, Leonor de Borbón. Y aunque toda la disertación resultó del máximo interés, alcanzó el mayor de los posibles al abordar el futuro matrimonio de la hija mayor de los reyes.
Dijo Alfonsín que “en los términos del artículo 57.4 de la Constitución no se requiere que su matrimonio merezca la aprobación del Rey, pero sí que el Rey no se oponga expresamente porque, si se opone, y a esa oposición se suma la de las Cortes Generales, la Heredera, al contraer ese matrimonio, quedaría excluida de la sucesión a la Corona. No es el matrimonio una cuestión que competa exclusivamente a la Princesa. No lo ha sido en nuestro derecho histórico ni lo es en términos comparados con otras Monarquías Parlamentarias”.
Y añadió: “Naturalmente, al margen del Derecho, a nadie se le oculta que la decisión sobre su matrimonio es probablemente la más importante que tendrá que tomar la Princesa para su futuro y para el futuro de la institución. No voy a extenderme en esta cuestión, más allá que la de constatar su felicidad personal y el equilibrio entre la vida familiar y la institucional, será un gran activo para el ejercicio de sus responsabilidades”.
Alfonsín, antes que jefe de la Casa del Rey, fue, desde 1995, de la secretaría del entonces Príncipe de Asturias, ostentando este cargo cuando Don Felipe y Doña Letizia se casaron en mayo de 2004. El nuevo académico acompañó al heredero de Don Juan Carlos durante veinte años en preparación para asumir la titularidad de la Corona en la que fue proclamado por las Cortes Generales, tras la abdicación de su padre, en junio de 2014. Por esa razón, el discurso del académico que sustituye al fallecido Fernando Suárez González en la medalla número 21 (son 44 en total), recabó la mayor autoridad y conocimiento para una exposición que no dejó nada en el tintero.
Unidad de España
Pero para el nuevo académico otra responsabilidad crucial de la heredera será “trabajar por la unidad de España”, además de la representación nacional e internacional del país. Y explicó cómo debería hacerlo y el contexto nacional que lo requiere:
“Hoy se puede señalar, en ese sentido, que en la realidad diaria —sobre todo, a partir de finales de la década del año 2000, tras los sucesos en Cataluña— la afirmación de ¡viva el Rey! va inexcusablemente seguida y unida a la de ¡viva España! Y es un llamamiento, una convocatoria que procede no de los despachos ni de los salones, sino de las calles y de las plazas de las ciudades y de los pueblos; en definitiva, procede directamente de los ciudadanos que así expresan su opinión y sus sentimientos. Es, por tanto, la afirmación más sobresaliente con la que el pueblo español identifica hoy a la Corona: ser símbolo de la unidad de España. Trabajar por la unidad es recorrer España sin descanso, todas las Comunidades Autónomas, echar raíces profundas y visitar con frecuencia nuestras Comunidades históricas y también esforzarse para que ningún territorio ni Comunidad pueda sentirse sola, olvidada, abandonada o preterida por el Estado. La princesa, que será en su día símbolo de la Nación, debe ser la gran embajadora de la solidaridad y de la unión entre los españoles. De la solidaridad y de la unidad material, pero también de la emocional y sentimental.”
El exjefe de la Casa del Rey, ya en los últimos párrafos de su discurso, realizó “consideraciones sobre la Constitución y la Heredera de la Corona” reconociendo que “en nuestros días es un hecho generalmente aceptado, la falta de respeto a nuestra Constitución. Nuestra Constitución se incumple, sin más, en determinadas ocasiones; se inaplica en otras; se interpreta alejada de sus principios fundacionales; o se instrumentaliza, en fin, con fines ajenos a su espíritu. Y es cada vez más compartido que ese proceso de erosión, además de otras razones distintas y de relevancia, debería conducir a su reforma, si queremos preservar los principios fundacionales del orden constitucional vigente y que doña Leonor-y antes y todavía Don Felipe- reine sobre una Constitución que sea plenamente vigente”.
Por eso, propugnó una reforma (la calificó, en estos momentos, de “quimera”, de “imposible”) de la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión ("ahora esta reforma está en el olvido, pero “hasta que el matrimonio de la Princesa ponga de nuevo en el debate político la cuestión relativa al orden sucesorio") Tal reforma se debería tramitar como un aspecto más de una modificación constitucional de amplio propósito para hacer efectiva la Carta Magna de 1978. Respecto del Título II de la Constitución, también se refirió a la necesidad de desarrollar la ley orgánica que prevé para la regulación de abdicaciones, renuncias y dudas en el orden sucesorio.
El Rey preside la sesión solemne en la que Jaime Alfonsín, abogado del Estado y ex jefe de la Casa de S.M. el Rey, ingresa como académico de número en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Por fin, resultó especialmente novedosa la alusión de Jaime Alfonsín a la relación que la Princesa de Asturias ha de mantener con los medios de comunicación: "No es fácil ni cómoda para nadie en la vida pública la relación con los Medios. Asumir, comprender y aceptar la función esencial que estos desempeñan en una democracia supone avanzar y mucho en la consolidación de unas relaciones que, en mi opinión, deben ser de sintonía y sobre todo de complicidad. En los tiempos que vienen, es muy difícil mantener una disociación entre la autenticidad de una persona y su proyección pública a los ciudadanos. Ello es lo decisivo además, sobre todo, de iniciativa. La imagen pública no se construye o se mantiene solo con desmentidos o contraprogramaciones, sino con la afirmación, cuantas veces sea necesaria, de tu propia personalidad. Y ello requiere visión, temple, paciencia y mucho trabajo".
Emilio Lamo de Espinosa, académico de número y vicepresidente de la Red de Estudios de las Monarquías Parlamentarias (REMCO), contestó a la intervención de Jaime Alfonsín elogiando su discurso y glosando a los ‘consejeros de los príncipes’ en la literatura política europea desde la existencia de las monarquías hereditarias, para terminar describiendo al nuevo académico como un servidor público que se ha distinguido por su lealtad, preparación y discreción y felicitándose de que la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas disponga de su concurso para continuar incrementando la investigación y estudios de la forma monárquica de los Estados más estables. Porque, dijo, "monarquía, Constitución y democracia, van juntas, de la mano".
Como colofón, el Rey impuso a Jaime Alfonsín la medalla que le acredita como académico de número y se levantó la Junta de la Real Academia que, en opinión generalizada (lo demostró la ovación sostenida a Alfonsín y la calurosa a Lamo de Espinosa), resultó especialmente brillante.
Jaime Alfonsín, exjefe de la Casa del Rey (2014-2024), reconocido por el Rey con el marquesado de Alfonsín, con grandeza de España, ingresó en la tarde del lunes como académico de número en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso brillante y de altísimo voltaje jurídico-constitucional atentamente seguido por Felipe VI y en presencia de un auditorio repleto de personalidades de la política, la universidad, las Reales Academias y la cultura.