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El Gobierno mantiene el hilo con Junts para ofrecer respuestas al desafío de Puigdemont
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El Gobierno mantiene el hilo con Junts para ofrecer respuestas al desafío de Puigdemont

Los canales de comunicación siguen abiertos para evitar la ruptura pero los posconvergentes exigen a Sánchez "hechos". En la órbita de Junts se da por hecho un clima más hostil hacia el Ejecutivo

Foto: Carles Puigdemont, presidente de JxCat. (EFE/David Borrat)
Carles Puigdemont, presidente de JxCat. (EFE/David Borrat)
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El Gobierno mantiene abiertos cauces de comunicación con Junts para evitar que el nuevo enfriamiento de las relaciones desemboque en una ruptura. Curtidos ya en la imprevisibilidad de un socio tan trabajoso como Carles Puigdemont, al principio no identificaron como un mal augurio la frase de Míriam Nogueras de "la hora del cambio". Pero la intervención directa de Pedro Sánchez en la crisis demuestra que el presidente se ha tomado en serio la amenaza.

El jueves reclamó "tiempo" a Junts para cumplir con los acuerdos pendientes que, recordó, no dependen todos del Gobierno. Y sólo un día después la Moncloa informó de que España abre una negociación bilateral con Alemania para que el catalán, el euskera y el gallego puedan ser lenguas oficiales en la Unión Europea. Uno de los asuntos candentes en la lista de agravios de Puigdemont junto a la aplicación efectiva de la amnistía para sí mismo.

Junts demandaba la implicación de Sánchez y que se presionara con intensidad a Alemania, que rechaza la oficialidad europea del catalán, y al menos la primera de sus peticiones se ha cumplido. A mediados de septiembre, el canciller alemán visitó la Moncloa y no ofreció una solución a corto plazo. Apenas un mes después, comenzarán "a la mayor brevedad" las conversaciones entre los respectivos Ministerios de Exteriores.

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Lo que ocurre es que Puigdemont no está por esperar y ha abierto un debate interno sobre si se debe apoyar no a Sánchez. Ni siquiera el paso dado con Alemania parece suficiente. Fuentes de la formación posconvergente aseguran que les hacen falta "concreciones". Con Junts en una competición caníbal por el voto independentista conservador con el partido xenófobo y separatista, Aliança Catalana, ya no les vale con los gestos. "Necesitamos hechos, no palabras", subrayan.

Las mismas fuentes confirman que conservan viva la interlocución y que desde el Gobierno se está hablando con ellos para reconducir la crisis. No parece fácil de resolver porque las posiciones (inmigración, ocupación o multirreincidencia) son cada vez más dispares. Pero la Moncloa se aferran a que no apoyarán una moción de censura con PP y Vox. Y a que todo continuará, más o menos como hasta ahora. Con grandes dificultades para lograr el voto de Junts y no pocos sustos de última hora. Aunque, según una persona muy cercana al universo de Junts, la situación será aún peor de lo que pronostoca el Gobierno. El clima será "más hostil" y no se ayudará en nada a Sánchez.

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En este nuevo trance con Puigdemont, la receta oficial de Ferraz es "discreción", "respeto" y "prudencia". Pero cuando se araña algo más en la opinión de los socialistas, la visión varía. Fuentes del PSC sostienen que los posconvergentes están "desorientados" y "en lugar de hacer política y afrontar los debates en su propio partido" lo que han hecho es "montar un número de magia" para dar a entender que el problema "viene de fuera".

Otros cargos socialistas apuntan que lo de Junts es sólo una "vacilada" porque nunca van a votar a favor de una moción de censura. "No puede estar dónde esté Vox en plena batalla con Aliança Catalana", señalan.

Puigdemont reúne mañana al núcleo duro de su dirección y el lunes a toda la cúpula. Hasta ahora su relación con Sánchez ha estado llena de crisis, etapas azules y etapas rosas, pero sin poner en peligro la legislatura. Pero no es posible saber qué puede suceder en la siguiente curva.

El Gobierno mantiene abiertos cauces de comunicación con Junts para evitar que el nuevo enfriamiento de las relaciones desemboque en una ruptura. Curtidos ya en la imprevisibilidad de un socio tan trabajoso como Carles Puigdemont, al principio no identificaron como un mal augurio la frase de Míriam Nogueras de "la hora del cambio". Pero la intervención directa de Pedro Sánchez en la crisis demuestra que el presidente se ha tomado en serio la amenaza.

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