Es noticia
Un dato llamativo sobre los hijos de la EGB del que podemos aprender alguna lección
  1. España
ESPAÑA, POR DEBAJO DE LA MEDIA

Un dato llamativo sobre los hijos de la EGB del que podemos aprender alguna lección

La Fundación BBVA publica un informe en el que muestra cómo la brecha en competencias entre España y la OCDE se amplía cada vez más. Pero eso no es todo

Foto: Varios alumnos en la universidad. (Europa Press/Marta Fernández Jara)
Varios alumnos en la universidad. (Europa Press/Marta Fernández Jara)
EC EXCLUSIVO

El nivel de competencias básicas de los españoles en edad de trabajar (es decir, de entre 16 a 65 años) es más bajo que la media de la OCDE. No solo eso, sino que la brecha se amplía cada vez más. España es uno de los cinco países que menos ha mejorado sus competencias durante las últimas décadas, junto con EEUU, Suecia, Nueva Zelanda y Eslovaquia. Mientras que en la mayoría de países se aprecia una evolución mucho mayor, en España esta es más modesta, lo que hace que nos estemos quedando rezagados ante otros países desarrollados.

En matemáticas, por ejemplo, el avance de la cohorte de entre 45 a 54 años ha sido de 8,5 puntos respecto a la inmediatamente anterior, la de 55 a 65 años, pero desciende a los 4,6 puntos si se compara con la de 35 y 44 años. Entre esta y la de 25 a 34 la mejora es solo de 1,8 puntos. Es decir, cada generación mejora respecto a la anterior en cuanto a competencias, sí, pero a un ritmo más bajo, lo que nos está alejando de la media de la OCDE en todas las competencias, incluidas la resolución de problemas y la lectura.

Son las conclusiones a las que llega un reciente trabajo de la Fundación BBVA a partir de los datos de la encuesta PIAAC de competencias entre adultos. Los autores atribuyen esta brecha, sobre todo, al efecto calidad de la formación recibida. “También influyen la familia o el entorno laboral, pero el sistema educativo tiene un papel muy importante”, explica Lorenzo Serrano, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universitat de València, investigador del Ivie y autor principal del informe.

“Formalmente tenemos uno de los sistemas más democratizados del mundo”, añade Juan Manuel Escudero, pedagogo español y catedrático emérito de la Universidad de Murcia, que incide en el término “formalmente”. “Pero desde hace mucho tiempo los pedagogos venimos dando la lata con que una cosa es el acceso a la educación, y otra, lo que te pase en la educación”. Los resultados del informe apuntan en esa dirección: “Cuando el acceso no se traduce en mejor calidad educativa es que algo está ocurriendo”.

Lo llamativo es que hubo un momento en el que España no solo estaba más cerca de la media de la OCDE, sino que incluso la superaba. Es decir, los españoles de 55 a 65 años superan la media de los países desarrollados en las tres competencias en un mismo nivel de estudios. Son aquellos que cumplieron la mayoría de edad entre 1978 y 1988. Es decir, los hijos de la EGB.

“Supuso un cambio importante hacia un modelo que nos ponía a la altura de los sistemas educativos de otros países”, recuerda Serrano. “Tenía universalidad, tramos gratuitos, una estructura bien formada y tal vez mejorable, pero fue un sistema que se sostuvo en el tiempo”. La Ley General de Educación entró en vigor en 1970 para sustituir a la conocida como Ley Moyano, vigente desde el siglo anterior, y se extinguió durante los años noventa, a medida que fue sustituida por la LOGSE, aprobada en 1990.

"Los sistemas con mejor calidad también funcionan bien en cuanto a equidad"

Ismael Sanz, profesor e investigador de la Universidad Rey Juan Carlos y Funcas, matiza los resultados. “Uno de los factores que puede explicarlo es que la mayoría de los españoles entonces no llegaban hasta BUP y no era infrecuente que ni llegasen a 8º, por lo que la muestra de personas que estudiaba es mucho más pequeña que en otros países”, razona. “Había un filtro no solo por capacidad, sino también por nivel socioeconómico: en las clases había grupos más homogéneos y llegaba una muestra más filtrada de la población”.

¿Calidad y equidad?

Si en los años 90 aún había un abandono escolar cercano al 30%, en las décadas anteriores era incluso superior. Dicho de otra manera, esa parte de la muestra que se sitúa por encima de la media de la OCDE corresponde a un nivel socioeconómico más concreto. Aun así, es la época en la que, según Serrano, se universalizó la educación sin dar de lado la calidad: “El caso de la EGB es un ejemplo claro de cambio que permitió ambas cosas: un mayor acceso a la educación y una revalorización y reestructuración de las competencias que se adquirían”. Sería la LOGSE, no obstante, la primera en hablar de aprendizaje por competencias de manera explícita.

Escudero prefiere fijarse en la letra pequeña, que es que incluso en esa cohorte que ha adquirido más nivel de estudios y ha formado “abogados, ingenieros, arquitectos o profesores”, tan solo el 9% obtiene el nivel más elevado en comprensión lectora frente a países como Japón, donde el porcentaje es del 30%. Una dinámica que se repite en otros estudios semejantes como PISA, donde “en las escalas más altas, la presencia del alumnado español es más baja que la que cabría esperar”.

¿Es posible compatibilizar equidad y calidad? Para Serrano, la EGB es ejemplo de que sí. “El objetivo prioritario con posterioridad no ha sido mejorar la calidad, sino otros aspectos”, valora. “Cuando uno observa lo que sucede a nivel internacional, no se ve que si tienes calidad no tienes equidad y al revés, sino que lo que muestra es que los sistemas que mejor funcionan a nivel de calidad también lo suelen hacer a nivel de igualdad. No pasa por sacrificar una cosa por la otra, sino de preocuparse por las dos”.

“Hay algo que se llama calidad equitativa”, coincide Escudero, autor de Inclusión y exclusión educativa: Realidades, miradas y propuestas. “Es la del sistema que hace todos los esfuerzos para que todos los centros y aulas propicien una buena experiencia educativa, no solo a algunos alumnos, sino a la mayoría (un 90 o un 95%), que son las tasas de alta calidad en la educación obligatoria de los países punteros”.

“Creo que siempre hay algo en lo que pones más énfasis”, valora por su parte Sanz. “Creo que no son totalmente incompatibles, pero tienes que tomar algún tipo de decisión”. Ahí alude a la segunda mitad de los noventa, los años de la plena implantación de la LOGSE, en los que “se creía en la comprensibilidad en su versión más extrema”. Algo que no terminó de funcionar bien, como ha reconocido en alguna ocasión César Coll, uno de los ideólogos de la ley.

"Los cambios pueden producir trastornos a corto plazo pero beneficios a largo"

Por eso, propone, uno de los posibles elementos a considerar es la introducción de itinerarios educativos a una edad más temprana, lo que permitiría una mayor flexibilidad que reduciría el abandono. Antes de 3º o 4º de ESO, y sin tener que llegar a los casos de Países Bajos o Alemania, donde los primeros itinerarios aparecen a los once años (el equivalente a quinto de primaria). “El objetivo debería ser el de conseguir que todos los estudiantes terminasen como mínimo 4º de ESO”, añade.

En lo que todo el mundo se pone de acuerdo con cierta facilidad –pero que no se traslada a la práctica política– es en la necesidad de estabilidad en las leyes educativas. En eso, la larga vigencia de la EGB es irrebatible. “Los momentos de cambio siempre producen trastornos a corto plazo, pero a largo plazo pueden verse los beneficios si la reforma está bien enfocada”, recuerda el economista. “Si se compara la experiencia española con la de otros países como Corea del Sur, Finlandia o Francia, uno se plantea hasta dónde podríamos haber llegado”.

¿Y qué hacemos?

El objetivo de la publicación es fomentar el debate educativo, así que ¿qué podemos hacer para reducir esa brecha? Aunque Serrano reconoce ser economista y no pedagogo o experto en educación, considera que tendría que ver con “cambios cualitativos”. Es decir, aspectos relacionados con la organización de las clases, el proyecto escolar o la selección y formación del profesorado.

Foto: teoria-alternativa-educacion-espanola-mala

Entre las propuestas de Sanz se encuentran las tutorías en pequeños grupos, algo que, como recuerda, “ha dado resultado”, aludiendo al trabajo realizado por Menttores; la observación entre docentes o la mentorización de los nuevos docentes por los más veteranos. También, las pruebas externas con un seguimiento más estrecho de los resultados. Sobre todo, que se compartan más experiencias positivas entre centros educativos, departamentos y profesores.

“Nadie puede dudar de que tenemos algunos centros, algunas aulas y algunos profesores de altísima calidad, muy innovadores, y que se están haciendo cosas muy interesantes dentro de nuestro sistema educativo”, añade Escudero. “Lo que ocurre es que quien debe ser innovador no tiene que ser solo algunos centros y educadores, sino el sistema en su conjunto”. Una golondrina no hace verano, prosigue, y “que un aula de un centro funcione no quiere decir que sea un entorno propicio”.

Los profesores, añade, son clave. “En estos momentos se está hablando mucho de la cuestión docente, pero a poco que nos descuidemos no vamos a hablar de la cuestión docente, sino de la emergencia docente”, recuerda. La desconexión que muchos profesores están empezando a sentir hacia la profesión, unida al relevo generacional que se aproxima o la ausencia de formación continuada son temas que deben abordarse pronto. “Hay profesorado de una generación que está a punto de desaparecer que tuvo una gran implicación y compromiso. Es una generación muy distinta, no solo docente, sino a nivel personal”.

"Es interesante ver lo que están haciendo algunas CCAA para aprender de ellas"

“A menudo se ve que tengamos muchos sistemas educativos distintos como un problema, pero podemos entenderlo como un laboratorio”, concluye Serrano. “Es interesante ver qué están haciendo algunas CCAA para aprender, y también recordar que la educación no es como fabricar ladrillos, es una interacción entre muchos elementos, y la familia puede jugar un papel muy importante que no hay que desdeñar”.

El nivel de competencias básicas de los españoles en edad de trabajar (es decir, de entre 16 a 65 años) es más bajo que la media de la OCDE. No solo eso, sino que la brecha se amplía cada vez más. España es uno de los cinco países que menos ha mejorado sus competencias durante las últimas décadas, junto con EEUU, Suecia, Nueva Zelanda y Eslovaquia. Mientras que en la mayoría de países se aprecia una evolución mucho mayor, en España esta es más modesta, lo que hace que nos estemos quedando rezagados ante otros países desarrollados.

Educación Colegios Universidades
El redactor recomienda