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En Formentera hay un vertedero como 80 piscinas olímpicas y el Consell busca 18 años después una solución
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"Atentado ecológico"

En Formentera hay un vertedero como 80 piscinas olímpicas y el Consell busca 18 años después una solución

Los camiones, tanto de obras privadas como públicas, llegan al espacio, vuelcan y se van. No hay ninguna licencia que permita que este lugar opere como depósito de escombros, ni se exige documentación sobre qué se arroja

Foto: Miembros del Consell de Formentera y del Govern posan junto a la montaña de escombros (Govern de Baleares)
Miembros del Consell de Formentera y del Govern posan junto a la montaña de escombros (Govern de Baleares)

Desde hace más de dieciocho años, por los caminos que llegan al Cap de Barbaria, en el sureste de Formentera, circulan camiones de empresas de construcción y particulares cargados de escombros. Rodeado por un acantilado bajo el que se esconde un parque protegido por la Unión Europea y perteneciente a la Red Natura 2000, se encuentra un vertedero de escombros y de restos de construcción. La zona es una gran explanada de tierra con algún matorral. La verja abierta de este recinto indica que quien quiera, puede pasar. No hay que presentar ninguna autorización ni documento donde se especifique qué se arrojará al descampado. Los camiones llegan, vuelcan y se van de un espacio que no tiene ninguna licencia para operar como vertedero.

Todo comenzó en 2006. Ese año se cerró el vertedero que había en Cap de Barbaria para adaptarlo a la normativa y empezó a construirse otro. Sin embargo, en ese espacio, aunque estuviera cerrado, se han seguido acumulando los residuos de construcción de forma "ilegal" desde su clausura. La administración local, según aclara ahora el Govern, no se percató del problema hasta el año 2011. Siete años más tuvieron que pasar para que alguien hiciera algo. En 2018, el Consell Insular de Formentera encargó un estudio para determinar el volumen y la composición de los desechos, que en aquel momento ya superaban los 100.000 metros cúbicos. Pero no fue hasta 2024 cuando los miembros del Govern, en una visita ordinaria a la zona, se percataron de aquella montaña de residuos ilegal.

Año tras año y "sin controles", según denuncia el colectivo ecologista Gob Formentera, se ha construido lo que el propio conseller de Empresa, Autónomos y Energía, Alejandro Sáenz de San Pedro (Partido Popular), denominó la semana pasada como "montaña de la vergüenza" y "atentado ecológico". Un total de 240.000 metros cúbicos, el equivalente a 80 piscinas olímpicas o siete edificios de diez plantas, únicamente de escombros de obra. "Lo peor es que no sabemos con qué otros materiales pueden estar mezclados esos residuos. Puede haber metales, plásticos… cualquier cosa. No hay nadie que compruebe qué es lo que se lleva hasta allí", sostienen desde Gob.

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El colectivo verde pone el foco en la proximidad del vertedero con un paraje de la Red Natura 2000. “Tampoco hay técnicos del Ayuntamiento que digan a los camiones en qué lugar en concreto pueden descargar los escombros. Cada uno, con su buena fe, los deja donde considera. Y muy cerca hay un parque protegido, cualquier cosa puede llegar hasta allí fácilmente”, sostienen y señalan: "Se ha perdido la oportunidad de reciclar ese material de obra que, por otra parte, te obliga la ley a hacerlo". En el Consell coinciden. "Desde hace años en Formentera no se ha aplicado ninguna norma y se ha dejado entrar y tirar sin ningún control", admite Verónica Castelló, consellera de Medio Ambiente de la pequeña de las Pitiusas.

La falta de controles y de personal formado ha generado a su vez problemas de inseguridad laboral, según señala Sáenz de San Pedro. El conseller sostiene que "se ha producido una acumulación sin control, y esto afecta y daña al medioambiente y pone en peligro a las personas trabajadoras que acceden en la zona". Los actuales equipos de Gobierno tanto autonómico como local, aunque reconocen errores, echan balones fuera y dirigen las culpas a pasados dirigentes políticos. "Es una situación que se ha permitido y que el anterior ejecutivo conocía. Se ha permitido el vertido más grande de residuos de las Islas Baleares en unas instalaciones sin control ni orden, que ha crecido un 33% los últimos años".

Ante este escenario, el pasado 20 de marzo, el Govern de la popular Marga Prohens decidió cerrar el vertedero casi dos décadas después y estableció una sanción de 500.000 euros al Consell de Formentera por una infracción grave: 300.000 euros por acumular residuos sin tratar y 200.000 por hacerlo en una planta cerrada. Finalmente, al asumir la responsabilidad y los hechos, el Consell ha obtenido una reducción del 40% en la multa y pagará 300.000 euros.

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Muchos de los vecinos desconocían estos hechos, por lo que la sanción y el desastre ambiental les ha cogido por sorpresa. "No es una zona de tránsito porque está un poco apartada y si no vas aposta o vives en la zona, no lo sabes. Pero la realidad es que ahora hay una multa de 300.000 euros que pagamos todos. Las empresas, e incluso la administración, han tirado ahí sus residuos sin pagar nada y ahora nos toca asumir a toda la ciudadanía esa sanción", censura el colectivo ecologista.

El Consell de Formentera estudia ahora una solución al problema. Pero no es fácil. En una isla el espacio es limitado y la cantidad de escombros es muy grande. Por un lado, el Gobierno local de la isla lícita actualmente trabajos para identificar qué hay en esa montaña, un trámite burocrático que espera terminar este octubre. Además, en las “próximas semanas o meses” el Consell espera tener también hecha la licitación de una planta temporal para llevar los residuos que se generen en el día a día y, posteriormente, se hará el vertedero definitivo. Es decir, incluso lo más prioritario conllevará semanas o meses de trabajos, según detalló Verónica Castelló.

Los tiempos de espera ya hacen mella en los grupos verdes. "Se ha estado vendiendo a la isla como destino sostenible. Pero ya por fin se ve lo que hay. Esto era muy burdo y tenía que caer", zanjan desde Gob.

Desde hace más de dieciocho años, por los caminos que llegan al Cap de Barbaria, en el sureste de Formentera, circulan camiones de empresas de construcción y particulares cargados de escombros. Rodeado por un acantilado bajo el que se esconde un parque protegido por la Unión Europea y perteneciente a la Red Natura 2000, se encuentra un vertedero de escombros y de restos de construcción. La zona es una gran explanada de tierra con algún matorral. La verja abierta de este recinto indica que quien quiera, puede pasar. No hay que presentar ninguna autorización ni documento donde se especifique qué se arrojará al descampado. Los camiones llegan, vuelcan y se van de un espacio que no tiene ninguna licencia para operar como vertedero.

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