La receta de Génova contra Vox: presumir de gestión, apelar al voto útil y diferenciación
El PP busca dar con la tecla para corregir el trasvase de voto hacia el partido de Abascal. Los presidentes autonómicos asumen que Vox "seguirá creciendo" al menos hasta que se abran las urnas
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso. (EFE/Zipi Aragón)
El ascenso de Vox ha sacudido el tablero político y trastocado las estrategias de los principales partidos ante un ciclo electoral que culminará, si no es antes, con elecciones generales a mediados de 2027. El PSOE, debilitado por su difícil horizonte judicial, bucea en el desgaste ideológico de Feijóo en el que también participa Abascal, mientras espolea el temor a una regresión de derechos por el avance de la ultraderecha que ya le funcionó a Sánchez en 2023. Génova, por su parte, busca la tecla para cortar el trasvase al partido situado a su derecha, al que se podrían ir hasta un millón de papeletas.
En la dirección del PP intentan minimizar el sostenido avance de Santiago Abascal bajo el argumento de que hoy por hoy, y salvo en el caso del inverosímil último CIS de Tezanos, todos los sondeos sitúan a Feijóo en primera posición y al bloque de la derecha en una holgadísima mayoría absoluta. Pero a nadie en el PP se le escapa que si Vox sigue creciendo a su costa, los equilibrios postelectorales se le pueden complicar a un líder que se comprometió públicamente a no gobernar en coalición con Abascal. Distintos barones del PP tampoco ocultan en privado su preocupación por esta circunstancia. "Vuelan alto, y lo van a seguir haciendo", apunta un presidente.
Para encontrar el remedio, primero hay que hacer un diagnóstico. ¿Por qué crece Vox? Todos los dirigentes consultados coinciden en señalar la alta "polarización" como principal vector electoral de Santiago Abascal, que encuentra en la "antipolítica" y en la "desafección" de la ciudadanía con la clase política un caldo de cultivo perfecto para abonar su crecimiento, en línea con los movimientos de la derecha identitaria en otros países de Europa. A ello se suma una "elevada fidelización" de su base electoral, muy por encima del resto de partidos, así como la progresiva derechización de los votantes más jóvenes, entre los que Vox gana por goleada.
El PP intentó combatir esa tendencia durante meses, peleando por banderas hasta ahora atribuidas casi en exclusiva a Vox. Entró de lleno, por ejemplo, en la pugna por el voto del campo subiendo el tono frente a las políticas ambientalistas de Bruselas —impulsadas por su propia familia política—. Asomó la cabeza en la lucha contra la inmigración irregular. E intentó incluso calar en las capas más jóvenes con medidas en materia de vivienda o con la incursión en redes sociales y formatos no tradicionales. Hasta ahora nada ha servido para corregir el auge de Vox, y Génova vuelve a recalcular su estrategia.
"El PP no puede permitirse escorarse a la derecha. Como partido debemos asumir que no podemos competir con Vox en determinadas áreas, porque eso implicaría perder al votante más reflexivo de centroizquierda que ellos nunca van a alcanzar", sintetiza un dirigente cercano a Feijóo. La reflexión es la misma en las baronías de corte moderado. La clave, dicen, es reivindicar sus fortalezas sin querer conquistar las de Vox para afianzar a su electorado y convencer al del PSOE. Porque Vox, como subraya otro líder autonómico, "va a seguir subiendo, al menos hasta que se abran las urnas". "No nos podemos poner nerviosos", añade un cargo nacional.
Feijóo mantendrá el pulso en esas áreas clave, pero la estrategia ahora es otra y se asienta en tres pilares: gestión, "voto útil" y convencer a propios y ajenos de que "no somos iguales". La primera pata es la más importante. Tanto en la dirección del PP como en los territorios apuntan a la "buena gestión" y a la experiencia de gobierno como punto fuerte frente a las "proclamas" del partido ultraconservador. "Cuanto tuvieron opción de gestionar algo, salieron por la puerta de atrás", recuerdan fuentes populares, en alusión a la decisión de Abascal de abandonar los ejecutivos autonómicos hace más de un año por discrepancias respecto a la inmigración.
La crisis de los cribados de cáncer de mama en la Junta de Andalucía, la oleada de incendios en Castilla y León y la ineficiente gestión de las inundaciones de la Comunidad Valenciana hace un año han ensombrecido la gran baza argumentativa de Génova, donde asumen que no se pueden permitir más "errores". En los últimos días, Feijóo ha reorientado el timón hacia la arena económica, con la vista puesta en los impuestos, los autónomos y, en suma, en las "clases medias" a los que quiere afianzar y atraer ante el "abandono" del Gobierno y la inexperiencia de Abascal.
Feijóo también quiere diferenciar su proyecto del de Vox, y neutralizar con ello el discurso de Sánchez, que insiste en igualar a las dos derechas para revitalizar su pulso en lo sondeos. Sin ir más lejos, durante la presentación de su proyecto migratorio, el líder del PP quiso desvincular su programa del de Abascal que, a su juicio, "criminaliza" al migrante por el hecho de serlo. "La derecha radical convierte la identidad en un arma, y el miedo en una ideología", ilustró sin pelos en la lengua la vicesecretaria Alma Ezcurra, punta de lanza de la ofensiva verbal contra Vox. "La historia ha demostrado que no han servido nunca para gobernar ni una sola nación", aseveró.
Génova también ha dado orden de pasar a la confrontación directa y sin ambages frente a las "patadas" de Abascal. "Si mienten y nos atacan, tendremos que defendernos", reiteran en el equipo del presidente nacional. Esta estrategia, sin embargo, despierta recelos en las filas de los conservadores, especialmente entre los barones más moderados, que creen que la vía correcta es la de "ignorar" a Vox para no darles mayor foco mediático. "Cuanto menos pendientes estemos, mejor", apunta un barón periférico.
Por último, los populares ven como gran antídoto para frenar a Vox la apelación al "voto útil", que en el PP ya han comenzado a espolear de cara la próximo ciclo electoral. La tesis más extendida es que el ascenso del partido ultraconservador se cortará justo en el momento en que se abran las urnassi logran jugar bien esa carta. "Hay que profundizar en el mensaje de que si se elige la papeleta verde, Sánchez puede volver a gobernar", inciden en la cúpula nacional, en alusión al precedente de 2023.
Se trata de una estrategia que también ha comenzado a jugar Andalucía. En conversación informal con los periodistas, Juanma Moreno advirtió el pasado domingo del riesgo a que el auge de Vox pudiese quebrar su mayoría absoluta. "Si les votan, que sepan que perderemos la mayoría absoluta y la estabilidad, y que pasaremos a mendigar presupuestos y leyes", apuntó. La primera prueba de fuego, salvo adelanto electoral de otras autonomías, serán los comicios de Castilla y León. Ahí se medirá por primera vez la hegemonía del PP, los efectos reales del ascenso de Vox y la posible resistencia del PSOE que, por ahora, los populares minimizan.
El ascenso de Vox ha sacudido el tablero político y trastocado las estrategias de los principales partidos ante un ciclo electoral que culminará, si no es antes, con elecciones generales a mediados de 2027. El PSOE, debilitado por su difícil horizonte judicial, bucea en el desgaste ideológico de Feijóo en el que también participa Abascal, mientras espolea el temor a una regresión de derechos por el avance de la ultraderecha que ya le funcionó a Sánchez en 2023. Génova, por su parte, busca la tecla para cortar el trasvase al partido situado a su derecha, al que se podrían ir hasta un millón de papeletas.