La espantada nacional: de Sánchez y 21 ministros a Abascal, Morante y el miedo del PP a Vox
El Gobierno ya no quiere mezclarse con la gente y delega su representación en Óscar Puente. El PP da la cara, pero admite que Vox está muy fuerte. Y Vox prioriza el populismo a la institucionalidad. Eso es España en 2025.
Sánchez y Pumpido charlan durante el desfile del 12-O en presencia de Óscar Puente.
La primera vez que fui a Palacio como periodista reinaba Juan Carlos I. Eran tiempos del plan Ibarretxe y en los corrillos con la prensa el Rey dijo lo que pensaba, medio en broma, medio en serio. Yo lo escuché, aún resuena en mi memoria, aunque me lo quedo para mí. Si la interpretación de la frase fuera literal sería titular de portada. Tan es así, que un joven e inexperto redactor con cara de susto empezó a tomar notas en su cuaderno. Enseguida se le acercó un mandamás de la Casa y le conminó a mantener las formas. Nadie publicó nada, salvo un medio que lo dejó caer, y por eso yo lo cuento.
A partir de ese día los corrillos de las grandes ocasiones se empezaron a convertir en un difuso espacio entre el off the record y la rueda de prensa en el que los políticos se mezclaban con una distinguida representación del pueblo, y con la prensa, esa profesión en la que hay que comer muchas gambas para llevar a casa un plato de cocido. Lo que inauguraron aquel día Juan Carlos I, el periódico que lo publicó y ese joven periodista que tomaba notas finalizó ayer con la actitud de Pedro Sánchez, queacabó con las buenas costumbres cortando por lo sano. Sanchismo puro.
Este 12 de octubre el presidente del Gobierno dio la espantada y con él no solo se llevó los titulares sino que destapó su estrategia, un día más. Fue un nuevo gesto de debilidad, aunque no fue la única flaqueza que se pudo observar en la recepción en palacio por la Fiesta Nacional, que no es el día de la Hispanidad aunque lo sea, ni el de la raza, que decían cuando Franco. La pregunta es qué estarán pensando en La Moncloa, donde todo lo miden, para que sea preferible que todos los españoles se enteren de tu huida a que tengas que atender a los periodistas.
Hasta ayer lo normal en esta recepción era que el presidente se parara con la prensa. Así ha sido en los últimos años, como también lo es en la Copa de Navidad en La Moncloa. La noticia ayer estuvo en que Sánchez no aprovechó una oportunidad para llenar la agenda, para vender su moto. Es raro, porque su política de comunicación siempre ha sido expansiva, que no es sinónimo de plural. Puede ser, incluso, antónimo.
De modo que el 12-O sigue siendo un momento especial. En los corrillos se mezclan los periodistas que siguen al Rey, al Gobierno o a la oposición con los directores de los medios y muchos líderes de opinión. Es un batiburrillo raro, como es la selección de más de mil personas que representan a la sociedad española. Por eso, cuando acaba el besamanos, los Reyes, la Princesa y la Infanta se mezclan amable y generosamente con los invitados. Leonor y Sofía, siempre juntas, demostraron ayer una gran naturalidad. También es una oportunidad para el presidente del Gobierno y sus ministros, el resto de autoridades del Estado, los presidentes autonómicos y el líder de la oposición. Visto desde la perspectiva del poder político, es un buen momento para explicarse en esa difusa mezcla entre rueda de prensa y off the record.
Pero Sánchez prefirió huir con una excusa que no se la salta un caballo de los del desfile militar de la mañana, ése en el que un año más el presidente fue abucheado a pesar de que cada año el público está más lejos. La excusa era el viaje a Egipto para la firma del alto el fuego en Gaza, pero todo el mundo sabe que el avión partía el lunes cargado de periodistas. O mucho tardan en La Moncloa en hacer la maleta o es mejor asumir el titular de la espantada que responder a las preguntas de la prensa: que si los sobres del PSOE con dinero en efectivo, que si el caso Begoña, que si no hay Presupuestos del Estado, que si el fiscal general (que también se ausentó).
Una entre 190.000
En los corrillos de palacio la noticia corrió como la pólvora: el presidente se ha ido. Pero eso no era todo; también se evaporaron 21 ministros, todos menos uno. Si le preguntamos a la inteligencia artificial qué posibilidades hay de que esto sea casual, la respuesta es la siguiente: "Si cada ministro tirara una moneda al aire para decidir quedarse o irse, la probabilidad de que solo uno se quede y los otros 21 se vayan sería bajísima, prácticamente imposible por azar: una entre 190.000 o un 0.0005245%". De manera que podemos concluir que el Gobierno decidió irse y entregar a Óscar Puente la responsabilidad de atender a esa representación de la sociedad española y a la prensa. No es extraño, porque Puente ya fue el elegido por Sánchez para responder en su nombre a Alberto Núñez Feijóo cuando este se presentó a la investidura en octubre de 2023. Eso es el sanchismo.
Fue un 12-O de espantadas y de flaquezas, por acción y por omisión. También se escapó Santiago Abascal, que ni siquiera fue a palacio para mostrar que prioriza el populismo a la institucionalidad. La estrategia le va bien, porque su partido no para de subir y los que mejor lo pueden constatar son los adversarios del PP. Quien lo verbalizó fue Juanma Moreno: la mayoría absoluta peligra en Andalucía por el auge de Vox tras la crisis de los cribados. Hay miedo a Vox.
También se fue pronto Isabel Díaz Ayuso, pero su excusa fue mejor que la de Sánchez porque lo suyo no era un vuelo a la mañana siguiente, sino la última faena de Morante en las Ventas. El maestro se la dedicó a la presidenta: “Va por usted y por todo lo que defiende, es usted una valiente”. Y anunció su retirada para constatar que ayer fue un domingo de emociones en Madrid.
Aunque entre el Palacio Real y Las Ventas solo hay cuatro kilómetros y medio, entre la espantada de Sánchez y el adiós de Morante cabe el mundo entero. La distancia entre uno y otro es lo que va de los abucheos al presidente en el desfile militar por la mañana al "torero, torero" al maestro de la Puebla por la tarde. Lo que va de la cabra de la Legión al cuarto de la tarde, que cogió al maestro pero no pudo con él. Y quien piense que Sánchez está acabado y por eso huye debe tener en cuenta que Morante también le brindó un toro a Abascal. Y eso fue, probablemente, la noticia que más gustó al presidente del Gobierno mientras preparaba, ajeno al mundanal ruido, la maleta.
La primera vez que fui a Palacio como periodista reinaba Juan Carlos I. Eran tiempos del plan Ibarretxe y en los corrillos con la prensa el Rey dijo lo que pensaba, medio en broma, medio en serio. Yo lo escuché, aún resuena en mi memoria, aunque me lo quedo para mí. Si la interpretación de la frase fuera literal sería titular de portada. Tan es así, que un joven e inexperto redactor con cara de susto empezó a tomar notas en su cuaderno. Enseguida se le acercó un mandamás de la Casa y le conminó a mantener las formas. Nadie publicó nada, salvo un medio que lo dejó caer, y por eso yo lo cuento.