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¿Habrá adelanto electoral? La envolvente de Pedro Sánchez
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¿Habrá adelanto electoral? La envolvente de Pedro Sánchez

Con el nuevo ciclo electoral aparecen los rumores de elecciones anticipadas. El PSOE tiene pocos incentivos para convocarlas pronto, pero hay muchos factores en juego

Foto: Pedro Sánchez. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
Pedro Sánchez. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
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Estamos a las puertas de un nuevo ciclo electoral, que se iniciará en Castilla y León en marzo de 2026, y que estará condicionado, como de costumbre en la última década, por las consecuencias que sus resultados anticipen sobre las elecciones generales, o por un posible adelanto de las mismas.

La fecha última está en manos de Sánchez, por lo que los rumores de las últimas semanas en los medios políticos acerca de una convocatoria para verano no son más que otro intento adivinatorio. Es probable que ni siquiera quien puede pulsar el botón rojo tenga nada decidido.

El factor sorpresa ha sido siempre un aliado de Sánchez, sería raro que en esta ocasión no

Los factores que podrían forzar a un adelanto de las generales son muchos. El cansancio de sus socios sería determinante, pero no se adivina todavía en el horizonte una moción de censura; ni siquiera Junts parece estar por la labor. La presión judicial podría jugar un papel, pero para forzar la dimisión de Sánchez hace falta bastante más de lo que se ha puesto sobre la mesa. Podría existir un mal momento económico que forzase a realizar reformas dolorosas, lo que incentivaría al gobierno a convocar antes de tomar medidas que le perjudicarían electoralmente. Y, como de costumbre, Sánchez puede dar un golpe de mano en cuanto intuya que los números le resultan favorables. El presidente se ha especializado en lo inesperado: la moción de censura, la convocatoria tras la foto de Colón o tras la importante derrota en las autonómicas y municipales del 23 lo certifican. El factor sorpresa ha sido siempre un aliado de Sánchez, sería raro que en esta ocasión no apareciese.

Hay especialistas en la izquierda que esperan un adelanto. Después de intentar aprobar los presupuestos y de que estos sean rechazados, tras las elecciones de Castilla y León, donde se prevé que al PP le haga falta Vox para gobernar (y donde quizá el PSOE pueda recuperar voto por la gestión de los incendios), y con la inminencia de unos comicios andaluces con los de Abascal en auge, los socialistas tendrían su oportunidad. Si los socialistas están más fuertes y el marco de la llegada de la ultraderecha es bien visible, podría ser el momento.

Visto el panorama en su conjunto, la intención del gobierno de convocar en 2027, cuando termine la legislatura, cobra sentido

Sin embargo, el presidente tiene pocos incentivos para convocar elecciones. Las encuestas, incluso las más favorables, aquellas que dan al PSOE como primer partido, concluyen que habría un gobierno PP-Vox. Los casos judiciales que le rodean se soportan bastante mejor en el poder que en la oposición o en el retiro. Incluso si no se aprueban presupuestos, el año que viene quedan fondos europeos por repartir, lo que es una ayuda a la hora de que las cifras macroeconómicas conserven su vigor. Visto el panorama en su conjunto, la intención repetidamente expresada por el gobierno de convocar en 2027, cuando termine la legislatura, cobra mucho sentido.

El rumor

El runrún de adelanto existe y la prueba es que los socios de legislatura están acelerando para fijar posiciones. Junts y PNV están tomando distancia del gobierno en asuntos concretos; Esquerra continúa cerca del PSOE y del PSC, pero Rufián ya se postuló para encabezar la izquierda. El anuncio de Yolanda Díaz acerca del permiso por fallecimiento ha sido interpretado como parte de una estrategia para marcar perfil, mientras Sumar busca un nuevo horizonte. Más Madrid tiene cuitas internas por la candidatura a la Comunidad, con Emilio Delgado como probable candidato. Esperan que Mónica García acepte encabezar las listas de su partido en el Ayuntamiento.

En todo caso, hay una idea general, la de que conviene mover piezas pronto. Más vale prevenir. Hay que afianzar la posición para llegar asentados a la batalla final, y más si esta puede adelantarse.

El contraataque socialista

La pelea central, no obstante, tiene lugar entre PP y PSOE. Los populares tienen una táctica bien delimitada, la de poner el foco en Sánchez. Los procesos judiciales que acechan a su entorno es una de las principales bazas. La petición de comparecencia en el Senado es un paso más en el camino en el que Génova siempre ha confiado, el del desgaste personal. Hay una convicción firme en que, si se insiste en las causas abiertas (a la espera de nuevas aportaciones) y en el daño que el presidente está causando a las instituciones, los socialistas sufrirán pérdidas electorales importantes.

Una vez pasada la efervescencia de las manifestaciones, los socialistas están contraatacando a través de las autonomías

El PSOE, sin embargo, ha cambiado el paso. Estaba tratando de mantener todas las bolas en el aire: las tensiones con los socios y las noticias del juzgado le obligaban a jugar a la defensiva. La aparición del caso Cerdán parecía haberle restado toda capacidad de maniobra electoral y más cuando las brasas de Koldo y Ábalos perjudicaban el apoyo con que contaba entre el electorado femenino: los cálculos de Moncloa estimaban en julio que habían perdido alrededor de 900.000 votos provenientes de las mujeres.

Palestina cambió el escenario. La izquierda se revitalizó, sobre todo porque comenzó a pensar en una posibilidad olvidada, la de que el partido seguía abierto. Y una vez pasada la efervescencia de las manifestaciones, los socialistas no han desaprovechado el impulso. Su contraataque, con forma de envolvente, está produciéndose a través de las autonomías. En Andalucía están elevando el foco más allá de los cribados y apuntan a la sanidad en su conjunto; en la Comunidad Valenciana continúan señalando a Mazón; en Castilla y León esperan aprovechar el desgaste de Mañueco; en Madrid, creen que la confrontación con Ayuso en temas como el aborto será útil, no solamente en la Comunidad, sino en el resto de España.

Espera lo inesperado

Para el PSOE, no se trata únicamente de crecer electoralmente promoviendo el descontento con los gobiernos del PP; también de aprovechar una doble perturbación en las derechas. Por una parte, la pelea frontal entre los populares y Sánchez deja en un segundo plano una pieza importante, Vox. Dado que es muy difícil que haya trasvase de votos entre bloques, y que lo que está produciéndose es un desplazamiento en el interior de los mismos, el descontento con el PP puede fortalecer a los de Abascal. Estos continúan a su ritmo y con su dibujo bien definido. El jueves, en la presentación de su programa económico en Málaga, insistieron en que, dentro de 20 años, y con el ritmo actual de inmigración y de natalidad, los españoles seremos minoría en nuestro país. El viernes, Abascal estuvo en Sevilla y afirmó que "Moreno Bonilla tiene un corazón gigante para los de fuera y miserable para los de dentro". Tienen claro el marco.

En segunda instancia, el propósito del PSOE es el de presionar para desgastar a Feijóo. La displicencia mostrada en el Congreso por Sánchez, con su "ánimo, Alberto", refleja la intención de mostrarle como un líder débil y sobrepasado por sus barones.

Tampoco con esto ganaría el PSOE: el resultado final que auguran las encuestas no es el de la repetición de gobierno. De modo que hoy, los socialistas se ven tan ganadores como perdedores. El momento les es favorable y son capaces no solo de defenderse, sino de atacar, pero su crecimiento se produce mediante el trasvase de votos de su izquierda, lo que no les da para seguir en La Moncloa. En un escenario de incertidumbre, en el que las grandes polémicas de hace un par de meses se difuminan ante nuevos asuntos, y en el que no se puede prever qué factores diferentes entrarán en la ecuación, lo más probable es que los socialistas trabajen a corto plazo, despejen los balones que les lleguen y, cuando las condiciones y las encuestas anuncien vientos favorables, Sánchez pulse el botón electoral.

Estamos a las puertas de un nuevo ciclo electoral, que se iniciará en Castilla y León en marzo de 2026, y que estará condicionado, como de costumbre en la última década, por las consecuencias que sus resultados anticipen sobre las elecciones generales, o por un posible adelanto de las mismas.

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