Otro revés en el turismo balear: los barcos "pirata" y los precios reducen un 25% los alquileres
Los profesionales del sector señalan que en los últimos años han proliferado muchos chárteres sin licencia, lo que se traduce en sobreoferta. Genera un gran impacto medioambiental porque los responsables tiran los residuos al agua
En la búsqueda de una embarcación de alquiler en las Islas Baleares, uno puede encontrar casi cualquier cosa. Cientos de webs, anuncios y patrocinados inundan internet y la tarea de elegir se complica en cada clic. Hay precios para todos los gustos y bolsillos: desde 250 euros hasta los 15.000 por una jornada. En total, la flota en régimen de alquiler del archipiélago cuenta con unos 3.500 barcos. El sector del chárter ha vivido años de bonanza con la llegada de extranjeros y unos españoles con ánimo de gastar sin freno tras la pandemia. Sin embargo, en estos meses de julio y agosto -un verano de cambios en el tablero turístico español por los altos precios- las empresas de arrendamiento náutico le han visto las orejas al lobo.
Septiembre, con los datos del período estival bajo el brazo, ha llegado para corroborarlo. En Mallorca y Menorca los alquileres este verano han caído un 25%, y en Ibiza y Formentera, un 50% de lunes a jueves. El ambiente entre los empresarios del sector es de preocupación e inquietud. “Hay empresas que tenían pensado ampliar las flotas de cara al año que viene y ahora han decidido paralizar las compras”, explica José María Jiménez, presidente de la Comisión de Chárter Náuticos de Apeam. La patronal del arrendamiento náutico tiene identificado el principal motivo de este descenso de los arrendamientos: el mercado ilegal de embarcaciones, los "piratas". El modus operandi sigue un patrón claro.
El primer paso lo dan las empresas, quienes ponen anuncio en webs del país de origen del turista. Cuando llega el período estival, estos barcos siempre están fondeados a la espera de que el arrendatario en cuestión les avise de que ha llegado a la isla. Con una llamada o mensaje, ambas partes se ponen en contacto y quedan en algún punto de la isla, sin pasar por un puerto. "Son totalmente opacos y no figuran en ninguna parte. Si es complicado controlar los apartamentos turísticos que siempre están en el mismo sitio, hacerlo con un barco que hoy está en Sóller y mañana en Palma se convierte en imposible", censura el presidente de la Comisión de Apeam. Esta organización calcula que cerca de un 40% de la oferta total de Mallorca y Menorca no tiene licencia para operar. Asimismo, el porcentaje en las Pitiusas sube hasta cerca de un 50%.
Estas embarcaciones sin licencia generan un problema que comienza a ser visible por los locales y turistas. "Como no pagan amarre ni las tasas, no tienen dónde depositar los residuos de los baños de los barcos, ni los restos de comida. Muchas veces llegan a una cala con poca gente y tiran todo al agua", apunta Jiménez. También Ramón Van Der Hooft, presidente de la Asociación de Industria y Servicios Náuticos de Ibiza y Formentera, señala que los cubos de basura en las playas están hasta arriba por los residuos de las embarcaciones.
“Llevamos muchos años en la pelea, pero al final siempre somos los segundos. Pasa por delante la regulación de los apartamentos, lo que es lógico. Pero nos deja en una posición muy complicada”, sostiene Jiménez. Desde las dos organizaciones han trasladado este problema al Govern Balear en multitud de ocasiones. La administración liderada por Marga Prohens ha tratado de poner freno a la proliferación de los alquileres ilegales a través de un decreto emitido a finales de julio -que llegó tras un choque de competencias entre el Gobierno central y el autonómico- en el que se prohíbe el alquiler para las embarcaciones con licencia recreativa. Esta nueva normativa, que afectará a la actividad económica ya del próximo verano, obliga a que los barcos de alquiler tengan asegurado un lugar de amarre y que las empresas que publiciten los arrendamientos especifiquen el número de registro y de licencia de cada embarcación, según explicó hace un par de meses a El Confidencial Toni Mercant, director general de Puertos y Transporte del Govern regional.
Pese a las nuevas medidas establecidas por el Ejecutivo regional, los profesionales piden más vigilancia y medios, tanto in situ como en internet, para investigar las páginas que ofertan los barcos sin licencia. "Esta reducción de la actividad se va a traducir en una pérdida de empleo, por eso es tan importante para nosotros que se pongan soluciones sobre la mesa", señala Jiménez.
Otro de los problemas que sortea el sector es la pérdida de poder adquisitivo, especialmente del turista español e italiano, pero también de los alemanes. “Nos hemos convertido en un destino caro, y eso nos preocupa. Los alemanes tienen un perfil muy reflexivo: si ven que su economía no es muy boyante, se lo piensan todo dos veces. Y eso tiene un grandísimo impacto en la náutica, porque es un bien que se recorta”, explica José María Jiménez. En Ibiza y Formentera, Ramón Van Der Hooft percibe que ha comenzado a desaparecer el cliente de nivel medio, que es su público objetivo.
"Otros años hemos aguantado hasta final de agosto, pero este, el día 15 cambió todo. Básicamente, la isla ha perdido masa en general, pero es que el consumidor italiano y español se ha retraído mucho. Hemos tirado más de turistas del norte de Europa, que no tienen todo agosto de vacaciones”, señala Van Der Hooft, quien también pone el foco en la reducción del tiempo medio de estancia en las islas. “Antes era normal que viniera gente para dos semanas. Eso ya es casi inexistente, la gente se aprieta mucho las actividades para hacer todo en 4-5 días".
En la búsqueda de una embarcación de alquiler en las Islas Baleares, uno puede encontrar casi cualquier cosa. Cientos de webs, anuncios y patrocinados inundan internet y la tarea de elegir se complica en cada clic. Hay precios para todos los gustos y bolsillos: desde 250 euros hasta los 15.000 por una jornada. En total, la flota en régimen de alquiler del archipiélago cuenta con unos 3.500 barcos. El sector del chárter ha vivido años de bonanza con la llegada de extranjeros y unos españoles con ánimo de gastar sin freno tras la pandemia. Sin embargo, en estos meses de julio y agosto -un verano de cambios en el tablero turístico español por los altos precios- las empresas de arrendamiento náutico le han visto las orejas al lobo.