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Espinosa de los Monteros y lo que está pasando en las derechas
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Espinosa de los Monteros y lo que está pasando en las derechas

La presentación de Atenea y el anuncio de un nuevo partido liberal muestran movimientos en un agitado derecho del tablero. La lucha ideológica, más profunda de lo que parece, revela un momento diferente

Foto: Iván Espinosa de los Monteros. (Alejandro Martínez Vélez)
Iván Espinosa de los Monteros. (Alejandro Martínez Vélez)
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Han pasado muchas cosas en la derecha española en poco tiempo. La presentación de Atenea, el think tank de Espinosa de los Monteros, el nuevo partido de centro derecha anunciado por Miriam González Durántez, la alteración en el noreste por el cohete Alianza Catalana o el momento efervescente de Vox, a quien muchos analistas sitúan en porcentajes de voto cercanos al 20%. Además, la configuración de un nuevo eje en la política española, el de Gaza, ha creado algunas indecisiones dentro del PP. Las declaraciones de sus dirigentes abarcan todas las posiciones: Díaz Ayuso apoya a Israel, Feijóo se declara favorable al orden internacional y contrario a la masacre de los palestinos y Rueda y Moreno Bonilla pronuncian la palabra genocidio. Demasiada agitación para una derecha que necesita algo más de tranquilidad, y que solo muestra unión en los asuntos judiciales que afectan al presidente.

Por extraño que parezca, para comprender los motivos de las cuitas que agitan a la derecha española, se ha de pasar por el discurso de Trump en la ONU. Francesca Albanese subrayó un punto de vista muy común: “Debemos reconocer al presidente Trump por su discurso visionario: una imaginación sin igual, puro flujo mental, el raro don de decir lo que se le ocurre, sobre cualquier tema, a cualquiera”.

Es usual abordar así las intervenciones del presidente estadounidense, pero se debería evitar que la verborrea tapase el bosque. El exceso tiende a ocultar la sustancia. Su discurso fue la exposición al mundo de un programa político definido y que comparten los partidos de otros países de su mismo ámbito ideológico. Las palabras de Trump pudieron resultar exageradas, grandilocuentes o insultantes, pero ahí estaba todo sintetizado en cuatro puntos concretos.

El núcleo de la ideología de las derechas

Los ataques a la ONU son parte de su intención, expresamente declarada y ampliamente ejecutada, de cambiar el orden internacional vigente. En dos aspectos muy relevantes: el ligado a la recomposición de las reglas para que favorezcan a EEUU y le otorguen un mayor poder, y el vinculado con el apoyo indiscutible a Israel. Las derechas trumpistas coinciden en ambas cosas, aunque cada una de ellas adapte esa sacudida al orden internacional a su realidad local. Sea cual sea la lectura, las conclusiones son las mismas: el orden construido en la era global resulta perjudicial para sus países (con la UE por medio en el caso europeo) y el apoyo decidido a Israel no se pone en cuestión.

Trump ve a Europa en declive a causa de la inmigración masiva. Las derechas de su entorno coinciden plenamente

Un apunte ligado a Argentina que demuestra la profundidad de los cambios. A pesar de la más que deficiente gestión de Milei, que empobreció a la mayoría de sus compatriotas con políticas de ajuste duro, y tampoco logró estabilizar sus finanzas, EEUU ha manifestado que apoyará al gobierno argentino con un rescate. En la era global, los mercados habrían hecho su tarea. Ahora, la prioridad es ofrecer indisimulado alivio a un país aliado; a uno de los nuestros. La ortodoxia económica importa bastante menos que los intereses del gobierno estadounidense.

El segundo elemento central es la inmigración. Trump no se limita a la acción interna, con las deportaciones en su país, sino que pretende que sus ideas arraiguen en todo Occidente. Particularmente en Europa, a la que ve en declive a causa de los flujos migratorios. En la ONU afirmó que “hay que evitar la inmigración masiva que está causando la ruina de países enteros”. Es otro punto indiscutible de su programa. Las derechas europeas tienen exactamente la misma posición.

Se está creando una esfera comunicativa ligada a las empresas tecnológicas cada vez más afín a Donald Trump

El tercer aspecto crucial para Trump es el de la energía. Calificó en su discurso a las políticas climáticas como “la mayor estafa del mundo” y atacó a la energía verde, “un monstruo que destruye todo a su paso”. Pero hizo algo más, señalar el declive europeo como efecto de las medidas ligadas a la descarbonización: “Europa ha reducido su huella de carbono en un 37% y ustedes han sacrificado muchos empleos para lograrlo. Mientras tanto, las emisiones de carbono han aumentado un 50%, principalmente en China. Esta brutal política verde no beneficia en absoluto al medio ambiente, sino que envía las fábricas y la actividad industrial de los países desarrollados que respetan estas normas absurdas a países contaminantes que no las respetan”. Es obvio que la desindustrialización europea comenzó mucho antes que las políticas ligadas a la Agenda 2030, y que fue producto del giro neoliberal en la economía global. Pero eso no significa que estas afirmaciones no jueguen ahora un papel relevante. Alemania es el mejor ejemplo. El ambiente entre la industria alemana está entre tenso y furioso, y las empresas manufactureras están sufriendo, lo que conlleva pérdida de empleos. AfD está creciendo en las encuestas, y argumenta exactamente lo mismo que Trump: la apuesta por la energía verde ha llevado a la industria germana a una situación muy dolorosa.

El último punto es la libertad de expresión, uno de los asuntos a los que los trumpistas han prestado mayor atención. Trump pidió expresamente en la ONU que se “defienda la libertad de expresión y se proteja la libertad religiosa, especialmente la de la religión más perseguida en este planeta hoy en día, que es el cristianismo”. Esta afirmación tiene muchos matices, y más aún tras el asesinato de Charlie Kirk. Los conservadores estadounidenses han percibido ese momento como el definitivo para cambiar la dinámica por completo. Tras una época en la que el afeamiento y la persecución en las redes provenía de personas ligadas a ideologías progresistas, que podían exigir el despido de una persona por haber escrito o pronunciado palabras inadecuadas, han visto claro que ahora es el momento de invertir la situación. En segunda instancia, y más relevante todavía, es la articulación de una esfera comunicativa ligada a las empresas tecnológicas cada vez más afín a Trump. El último ejemplo es el paso de TikTok en EEUU de manos chinas a Oracle, la empresa dirigida por Larry Ellison, un trumpista declarado. CBS, Paramount, MTV, Comedy Central, Showtime y Nickelodeon también son propiedad de Oracle. Twitter está en manos de Musk, Facebook, Instagram y WhatsApp pertenecen a Meta, la empresa que lidera un Zuckerberg ahora muy cercano a los republicanos, y la influencia notable que tiene YouTube en la esfera política es aprovechada fundamentalmente por los conservadores. En tercer lugar, la vinculación entre libertad de expresión y libertad religiosa es todavía más intencionada de lo que parece.

El núcleo de la confrontación

Los cuatro puntos son importantes para España no solo porque definen el programa de las derechas trumpistas, y por tanto el de Vox, sino porque al otro lado está Sánchez. Repasemos el ideario del PSOE: lucha contra el cambio climático y promoción incansable de las renovables, oposición completa a Netanyahu, hasta el punto de liderar la reacción europea, defensa cerrada de la inmigración y una acción cada vez más decidida contra la desinformación, especialmente la ligada a las redes. Es decir, los aspectos centrales de la acción socialista son justo los contrarios de los que defienden Trump y las derechas afines. Y no se trata de una batalla solitaria. Sánchez aprovechó su estancia en Nueva York para reunirse con Larry Fink, el CEO de BlackRock, además de con varios bancos de inversión, y recibió un premio de la Fundación Gates, con palabras muy elogiosas de su fundador para el presidente. Las figuras de ese globalismo que tanto combate Trump recibieron a Sánchez.

Las derechas trumpistas y el progresismo internacional son las fuerzas que están marcando los términos de la confrontación política

En ese reparto de posiciones, las derechas españolas que no sean Vox, quedan atrapadas en un punto medio entre Trump y Sánchez. Las contradicciones y los anuncios de nuevas iniciativas en el ámbito de la derecha tradicional española provienen de esta ubicación complicada.

El PP parte con ventaja porque es el partido mayoritario, el que puede aprovechar el empujón del voto útil y el que cuenta con mayor poder territorial. En la medida en que la pelea política esté centrada en desgastar a Sánchez, en poner de relieve los asuntos judiciales que le rodean y la debilidad de un gobierno con demasiados frentes que contentar, el PP llevará ventaja. Pero esa es la lucha táctica. En la estratégica, los populares están aprisionados entre dos polos, el de Vox y el del PSOE, el de las derechas trumpistas y el progresismo internacional, que son las que marcan los términos de la confrontación.

Los cuatro espacios de la derecha

La presentación de Atenea, el think tank de Espinosa de los Monteros, resalta el posicionamiento difícil del PP. Espinosa no se ha movido del lugar ideológico que ocupaba cuando militó en Vox. Era el representante de una derecha con menos limitaciones expresivas y más contundente, pero plenamente anclada en el neoliberalismo. Sin embargo, esta ideología no es ya la de Trump, ni tampoco la de Vox. La ruptura del orden internacional y la necesidad de desorganizar las estructuras globales para que EEUU gane más poder y afronte de otro modo la amenaza china a su hegemonía incluye medidas heterodoxas, comenzando por los aranceles, que encajan mal con la visión de Iván Espinosa. La gente que ha reunido en Atenea proviene de ese liberalismo económico acelerado que puede encajar perfectamente con Díaz Ayuso, pero que suena inconveniente a otra parte de los votantes del PP.

Espinosa podría atraer hacia el PP a los votantes de Vox que creen que el partido se ha vuelto demasiado trumpista, si es que existen

En ese escenario, más que un puente entre Génova y Bambú, o que la puesta en marcha de un partido propio, Atenea parece un intento de recoger votos de Vox para el PP. Los de Abascal siempre han insistido en que Espinosa está tratando de encontrar un nuevo lugar en la política, por lo que trata de forjarse un perfil que le permita recibir alguna oferta en el futuro cercano. Espinosa ha negado con insistencia estos extremos. Todo se verá con claridad al final del camino. Pero, mientras tanto, la función más probable que puede realizar Espinosa es la de atraer hacia otro lugar a esos votantes de Vox que creen que el partido se ha vuelto demasiado trumpista, si es que existen.

La otra nueva iniciativa es el partido de centro derecha que ha anunciado Miriam González Durántez. Su objetivo sería configurar un espacio que reúna a votantes desencantados por la polarización, que abogue por la limpieza del sistema y que articule un futuro para España a través de un desarrollo ligado a la inteligencia artificial y a la tecnología. La moderación como baza política parece una opción complicada en un momento tan enfrentado, y las dudas sobre la viabilidad efectiva del proyecto son muchas. Pero, más allá de que se ponga en marcha y tenga o no cierto éxito, es interesante el propósito que lo anima. El nuevo partido ofrecería un instrumento al PP para alejarse de Vox. Y, en última instancia, si lograse escaños suficientes, que permitiera al PSOE una relación menos hostil con el PP que dejase a los de Abascal en el rincón.

Con los matices que se quiera, pero las objeciones que puede poner el PP a la inmigración y a las renovables no son grandes

La derecha quedaría configurada pues por el partido liberal de González Durántez, el PP, el espacio sin intención electoral de Espinosa de los Monteros y Vox. La misma existencia de cuatro posiciones (cinco si se cuenta al últimamente desaparecido SALF) indica la complicación del momento, que inquieta especialmente a los populares. Son la única formación con opciones reales de gobernar, tiene los aspectos tácticos de su lado y cuenta con el mayor número de simpatizantes. Sin embargo, están sujetos a una contradicción en la que Vox puede golpear una y otra vez, la de su ubicación en el eje Trump-Sánchez.

En realidad, en los cuatro asuntos, orden internacional, políticas climáticas, inmigración y libertad de expresión, los populares están más cerca del partido socialista que de Vox y Trump. Con los matices que se quiera, pero las objeciones que puede poner el PP a la inmigración y a las renovables no son grandes. Los populares no optan por afirmar que la inmigración perjudica a España ni son favorables a las deportaciones. En un país como el nuestro, que no cuenta con gas ni petróleo, la opción energética pasa por las renovables. Feijóo podría criticar la apuesta tan decidida de Diego Rubio, el director de Gabinete de Moncloa, con la inmigración, pero dado que el alineamiento de Génova con los populares europeos es muy grande, carecen de margen para impugnar seriamente las políticas migratorias. Tampoco las climáticas, por más que se estén dando pasos atrás en la UE en ambos sentidos. Gaza es otro punto espinoso en el orden internacional, porque la mayoría de los votantes populares y la mayoría del partido no está a favor de Netanyahu, más al contrario. Los populares pueden quejarse de la dictadura de Sánchez en los medios, pero no manifestarse contra las políticas europeas contra la desinformación. Vox puede hacer todas estas cosas sin ninguna limitación.

Es ahí donde cada presidente de comunidad autónoma, y el mismo Feijóo, tratan de hacer equilibrios en el instante en que las encuestas se tuercen o en que las elecciones dictaminan que los gobiernos pasan por Vox. Se ven obligados a realizar declaraciones o tomar medidas en las que no creen para evitar la pérdida de votos o conservar los gobiernos. El PP está atrapado en ese lugar sistémico que todavía conserva la derecha europea y la pulsión antisistema de Vox. Es una posición momentánea, porque los populares acabarán inclinándose hacia un lado u otro. Se verán obligados a tomar partido y a acercarse o alejarse de inmigración, cambio climático y demás, pero dependerá más de la evolución de la situación internacional que de Génova. Mientras esta fase dura, el PP pasará por una etapa compleja que facilita la aparición de nuevas opciones.

Han pasado muchas cosas en la derecha española en poco tiempo. La presentación de Atenea, el think tank de Espinosa de los Monteros, el nuevo partido de centro derecha anunciado por Miriam González Durántez, la alteración en el noreste por el cohete Alianza Catalana o el momento efervescente de Vox, a quien muchos analistas sitúan en porcentajes de voto cercanos al 20%. Además, la configuración de un nuevo eje en la política española, el de Gaza, ha creado algunas indecisiones dentro del PP. Las declaraciones de sus dirigentes abarcan todas las posiciones: Díaz Ayuso apoya a Israel, Feijóo se declara favorable al orden internacional y contrario a la masacre de los palestinos y Rueda y Moreno Bonilla pronuncian la palabra genocidio. Demasiada agitación para una derecha que necesita algo más de tranquilidad, y que solo muestra unión en los asuntos judiciales que afectan al presidente.

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