Cuando Paco Camps fue juzgado por cohecho por un jurado popular (y le absolvieron)
El expresidente de la Generalitat valenciana fue exonerado por un jurado y se convirtió en el primer político en enfrentarse a un juicio de estas características hace más de una década
El expresidente de la Generalitat Francisco Camps, tras declararle el jurado no culpable. (EFE/K. Forsterling)
Hubo vítores y hubo abucheos, pero no hubo condena. El 25 de enero de 2012, el expresidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, dejó atrás un caso que le persiguió durante la última etapa de su mandato y le perseguirá posiblemente para siempre. Doce trajes, cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas tuvieron la culpa. Acabó sentado ante un jurado popular acusado de cohecho impropio. Y salió indemne. Al menos a efectos penales. Begoña Gómez, por tanto, no sienta ningún precedente ni será la primera figura ligada a la política que se enfrentará a un jurado.
Aquel caso, vinculado a la trama Gürtel y que ha dejado frases que ya forman parte del imaginario colectivo -como el "amiguito del alma" o el "te quiero un huevo" que le dedicó a Álvaro Pérez el 'Bigotes' una Nochebuena- acabó con su carrera política, amagos de resurrección mediante. Cuando estalló su procesamiento, tres meses después de ganar en las urnas sus terceras elecciones autonómicas, decidió dimitir. Meses después, se sentaba frente a nueve ciudadanos que consideraron que no había prueba suficiente en su contra.
Según apuntaba la instrucción, tanto él como Ricardo Costahabían aceptado regalos en forma de ropa a cambio de prestar favores a la red y facilitarles contratos. Se arriesgaron y decidieron ir a juicio pese a que otros altos cargos de la Generalitat también acusados tomaron la vía del pacto y cerraron el asunto con el pago de una multa. La ecuación salió bien según como se mire. La exposición pública a la que le sometió el juicio quedó más que patente a la vista del clima de aquel día.
A su llegada al tribunal, le esperaba un grupo de 300 personas. Le recibieron con abucheos. "El expresident, a Picassent", "chorizo!!!". La despedida fue parecida. Hubo hasta lanzamiento de huevos contra su coche. Eso sí, en la Sala, con un público más cercano, el veredicto quedó interrumpido por aplausos y vítores. La maldición de los trajes parecía zanjada.
Eso es lo que consideró el jurado por estrecho margen. Por cinco votos frente a cuatro, los mínimos en casos de delitos menos graves y si es para exonerar al acusado, concluyeron que "no recibió regalo alguno en consideración a su cargo" y que las supuestas prebendas no habían quedado demostradas y que no tenía influencia alguna en materia de contratación. Alegaron que tenían dudas de que no pagara sus trajes y consideraron que había quedado demostrado que su escolta le había prestado dinero en una ocasión para abonarlos.
La maldición de los trajes
Un par de años después de aquello, el Tribunal Supremo confirmó aquella decisión. La acusación popular recurrió la decisión del jurado que veía contradictoria y carente de sentido. Basaban su discrepancia en lo ajustado de la votación. El Supremo dejó sentado entonces que los cinco votos bastan cuando se trata de apoyar un hecho favorable al reo mientras que si es al contrario, y el hecho es desfavorable, se necesitan siete.
Hace unos pocos meses, el expresident confirmó que además de la absolución judicial -que después ha reeditado en otras causas ya ajenas al jurado- busca la política. Confirmó sus intenciones de volver y de disputarle a un Carlos Mazón abrasado por la dana la opción de aspirar de nuevo el bastón de la Generalitat. "Seré lo que queráis, estoy a vuestra disposición", exclamó, no sin recordar que ha salido limpio de polvo y paja tras un "calvario judicial de 15 años".
Pero en el momento clave, dudó. Su defensa sopesó sus opciones, miró los datos, comprobó que las cuentas no salían y que este tipo de tribunal suelen condenar y dudó, tratando de forzar un cambio de competencia que alejara el posible riesgo. La Justicia emana del pueblo, dice la Constitución, pero la mayoría de los procesados prefiere quedarse con la segunda parte del artículo que agrega y "se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial".
Episodios como el de Camps demuestran, además, que hay otros efectos, entre ellos, un menoscabo de la imagen pública. Una década después, pocos recuerdan cómo se celebró aquel juicio y su resultado. Pero nadie ha olvidado los trajes.
Hubo vítores y hubo abucheos, pero no hubo condena. El 25 de enero de 2012, el expresidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, dejó atrás un caso que le persiguió durante la última etapa de su mandato y le perseguirá posiblemente para siempre. Doce trajes, cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas tuvieron la culpa. Acabó sentado ante un jurado popular acusado de cohecho impropio. Y salió indemne. Al menos a efectos penales. Begoña Gómez, por tanto, no sienta ningún precedente ni será la primera figura ligada a la política que se enfrentará a un jurado.