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La última noche de sangre de los ‘4Chorros’: así cayó una de las bandas más violentas de Madrid
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Una venganza que salió mal

La última noche de sangre de los ‘4Chorros’: así cayó una de las bandas más violentas de Madrid

Una víctima que no debía haber estado ahí, una huida en falso y el rastro de un coche robado marcan una investigación policial que suma ya once detenidos

Foto: Dos de los investigados y las armas que se les incautaron.
Dos de los investigados y las armas que se les incautaron.
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Los Dominican Don’t Play de Carabanchel habían sufrido tres ataques recientes en su territorio a manos de los Trinitarios. Sentían su orgullo herido y salieron a cobrarse venganza. Kelvin José G.C., un joven venezolano de 21 años, esperaba en un banco tranquilo a que llegase la chica con la que había quedado. Estar en el lugar equivocado en el momento equivocado le arruinó la vida. “Baja patria” fue lo último que escuchó antes de que le disparasen. La bala le perforó una vértebra y quedó tirado en el suelo sin sentir las piernas. Esta es una historia de violencia protagonizada por las bandas latinas que desde hace años buscan imponer su ley en Madrid.

Era la noche del 14 de enero. Al menos seis integrantes de los DDP se subieron en dos coches en busca de un derramamiento de sangre. Representan uno de los grupos más violentos y peligrosos de la capital, según la Policía. Armados con un machete y una pistola, pusieron rumbo al barrio de Almendrales, en Usera, territorio trinitario. De allí partieron los ataques que habían manchado su honor los días previos. Al ver al primer chico con rasgos latinos, se lanzaron a por él sin contemplaciones.

Los recuerdos de Kelvin son difusos porque todo fue muy rápido. Le contó lo que pudo a la Policía desde la cama del hospital 12 de Octubre en el que fue ingresado para ser sometido a una “neurocirugía por paraplejia secundaria a lesión medular”. Tenía dañada la vértebra D11 “con invasión del canal medular”. El joven relató que esa noche estaba con los auriculares en las orejas, su amiga le había escrito por WhatsApp para decirle que estaba llegando cuando se le acercó un grupo que llevaba ropas oscuras.

Recuerda que vio una pistola y sonó el disparo. Ahí el joven notó que la fallaron las piernas y se desplomó en el sitio. Sin posibilidad de defenderse, otro de ellos le asestó varios golpes con un machete oxidado. Cundo la víctima atendió a los policías, seguía sin saber qué era aquello de "baja patria" que le repitieron varias veces antes del disparo.

La amiga con la que había quedado se llama Yoendry Alexandra R.B., tiene 19 años y también es venezolana. Estaba lo suficientemente cerca como para ver la escena, aunque no tanto como para ayudar a su amigo. Quizá eso le salvó la vida y le permitió aportar más datos a los investigadores. Proporcionó información cómo que eran cuatro el número de personas que había en la escena y contó cómo se fugaron en un coche oscuro que estaba aparcado en las inmediaciones. Luego la Policía descubriría que no era un coche, sino dos.

placeholder La escena del crimen en Almendrales.
La escena del crimen en Almendrales.

Kelvin aseguró que nunca ha tenido relación con bandas latinas, pero no es la primera vez que las autoridades escuchan eso en sucesos que muchas veces tienen que ver con ajustes de cuentas. En este caso, el joven decía la verdad. Ningún antecedente, ningún rastro de vinculación. Así lo recoge uno de los informes del Grupo XXIII de la Brigada Provincial de Información de la Jefatura Superior de Madrid de la Policía Nacional: “Se trata de una persona completamente ajena. Fue objeto de la agresión por su aspecto y encontrarse de forma absolutamente circunstancial en el citado lugar”.

Desde hace años en Madrid este no es solo un problema de seguridad ciudadana, sino que escaló a los especialistas de Información, los mismos que investigan grupos terroristas o a los grupos ultras del fútbol. Por eso los agentes del Grupo XXIII saben que “baja patria”, la frase que Kelvin no supo interpretar, es la manera con la que los Dominican Don’t Play obligan a un trinitario a hacer un gesto con los dedos para mostrar su sumisión.

También saben que Kelvin fue víctima de una “caída”. Así es como se llaman estas operaciones de comando en las que se infiltran en un territorio rival para dar una paliza a un enemigo, generalmente cuando va solo. En este caso el barrio era Almendrales. La Policía sabe que de ahí salieron los trinitarios que hasta en tres ocasiones se adentraron en Carabanchel por lo que no tardaron en encontrar explicación a este nuevo incidente.

La banda

Los Dominican Don’t Play (los Dominicanos no juegan) fundaron su sucursal en España en 2004, emulando a la matriz que ya existía en República Dominicana. En aquel momento, era requisito indispensable haber nacido o tener orígenes en ese país. De hecho, su versión española la crearon pandilleros que antes estaban en otras organizaciones como los Trinitarios o los Ñetas, pero se escindieron debido a las tensiones internas que generaba, sobre todo, la cuestión de la nacionalidad.

placeholder Miembros de la banda investigados.
Miembros de la banda investigados.

Sin embargo, mantienen un pacto de no agresión con Latinking, la otra gran marca de estas bandas juveniles violentas. Actualmente, el requisito de ser dominicano para entrar los DDP está más relajado y por eso entre sus filas es habitual ya ver integrantes de diversas nacionalidades. Se financian con cuotas internas, robos con violencia y el menudeo de droga, por eso para ellos es tan importante controlar el territorio donde poder vender su mercancía.

Ese dinero lo emplean después, entre otras cosas, para comprar más armas y hacerse más fuertes. Si tienen noticias de que alguien de su territorio ha tenido trato con otra banda, le perseguirán para agredirle. A veces las palizas son a sus propios miembros, basta con ofender a la banda o incumplir alguna de sus 21 normas de obligado cumplimiento.

Los '4Chorros' de Carabanchel

Tiene una estructura fuertemente jerarquizada y en Madrid se distribuyen por seis territorios que ellos llaman capítulos. Los protagonistas de este suceso son los '4Chorros', con base en Carabanchel. Así como los Trinitarios usan el verde, el color de los DDP es el negro. Se llaman con motes y emplean una jerga que les aporta una identidad propia y les permite burlar a los investigadores en caso de que se intercepten sus comunicaciones.

El punto de partida para dar con los agresores de Kelvin fue identificar los coches de los agresores. Los agentes recabaron las cámaras de videovigilancia de todos los comercios cercanos, también de instituciones públicas. Fue clave la cámara interior de una farmacia que grababa hacia la puerta y permitió apreciar a lo lejos la matrícula de uno de los coches. También resultó determinante otra cámara en lo alto del Hospital 12 de Octubre con visión panorámica de la carretera. Finalmente, un lector de matrículas en los túneles de la M-30 permitió a la Policía concluir que fueron en dos coches que llegaron y se marcharon a la vez.

placeholder Uno de los coches empleados en el crimen.
Uno de los coches empleados en el crimen.

Eran un Renault Megane a nombre de Euride M.E., uno de los miembros de DDP. Fue a hacer la "caída" con su propio coche. El otro era un Ford Fiesta robado dos meses antes. Según la denuncia que presentó su dueño, le agredieron y le robaron el auto y las llaves en Usera en noviembre de 2024.

Justo tres semanas después de la agresión, unos policías vieron a dos varones en actitud sospechosa a las 4.30 de la madrugada de un domingo en la calle Villaviciosa de Madrid. Uno de ellos era Danny Andrés O.C., nacido en Bolivia. Al ver a los agentes, tiró al suelo una cazadora antes de salir corriendo. En los bolsillos había dos pistolas de aire comprimido y las llaves de un Ford Fiesta, concretamente el auto robado que usaron en la "caída" y que estaba buscando el Grupo XXII de Información.

El joven y su acompañante, Dennis Santiago V.C., nacido en Ecuador, fueron detenidos y la Policía procedió a volcar el contenido de sus teléfonos con la autorización del Juzgado de Instrucción número 25 de Madrid, que declaró secretas las actuaciones. En el coche, además, aparecieron hasta 30 rastros biológicos. Eso permitió identificar al menos a tres personas más y vincularlas con el coche que participó en la operación fallida de venganza en Almendrales.

Los teléfonos móviles

Los nuevos nombres fueron Rafael Nicolás C.G., Arialdy F.N. y Fidel Alejandro R.O. En cuanto a las pistolas, eran dos armas de gas comprimido, una de ellas de la marca Gamo y la otra una imitación de Smith and Weeson. Los policías sospechan que una de ellas es la que se usó para disparar a Kelvin. Otro avance para la investigación fue el análisis de la geolocalización de los teléfonos móviles. Los datos de las antenas aportaron una lista de nombres que habían estado en a la misma hora en los lugares por los que pasaron los dos coches.

Los expertos en la lucha contra estas bandas advierten que estos delincuentes siempre llevan encima sus teléfonos. Asumen el riesgo de ser ubicados en los lugares donde cometen sus crímenes. No obstante, muchas veces son peores las consecuencias en caso de que sus superiores de la banda no les localicen a cualquier hora del día.

El 11 de febrero se produjo otro golpe de suerte para los investigadores del Grupo XXIII. La Policía dio el alto a dos jóvenes en el marco de otra investigación por la agresión a un agente. Los dos individuos trataron de escapar, pero no lo lograron. En su intento de huida, a uno de ellos se le cayó el móvil al suelo. Esta persona es Thiago Alexander G.V. y su nombre es uno de los que aparecen en la relación de personas geolocalizadas la noche de la agresión a Kelvin en Almendrales. En consecuencia, procedieron también a volcar el contenido de su teléfono.

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Más miembros de los Dominican Don't Play investigados.

El otro joven, de apenas 19 años, era “sobradamente conocido” por la Policía, según consta en la documentación a la que ha tenido acceso este periódico. Se trata de Wanner Alberto .R.D, nacido en República Dominicana. Su nombre también está entre los geolocalizados la noche de la agresión y está involucrado en otro intento de ataque con disparos desde una motocicleta días antes que el suceso en Almendrales. El análisis de los teléfonos incautados permitió a los investigadores terminar de cuadrar el puzzle. El Grupo XXIII de Información remitió este verano al juzgado 25 de Madrid una ampliación de su atestado inicial por un intento de asesinato. Acusaba a cinco de los varones investigados “miembros probados del grupo organizado y violento de carácter juvenil y origen latino de los Dominican Don’t Play”. Se trata de Daniel Emilio E.H.

Dani el Negro, Guayaba y Champi

Dani el Negro'; Euride M.E. y Rafael Nicolás C.G, alias 'Guayaba'. Según las pesquisas, este último es al que iban a vengar porque unos días antes había resultado herido con arma de fuego.

Los dos últimos son Thiago Alexander G.V, alias 'Champi'; Wanner Alberto R.D. A pesar de su juventud, antes de este caso, todos ellos sumaban ya decenas de antecedentes policiales e identificaciones. El atestado policial dedica decenas de folios solo a detallar el pasado criminal de estos jóvenes, implicados en robos con violencia, agresiones, tenencia ilícita de armas, violencia de género…

Varias semanas después de ese informe, la Policía Nacional informó de que la operación se había saldado con el arresto de un total once personas. Los agentes además practicaron nueve registros en inmuebles donde fueron intervenidos un subfusil de asalto y un revolver -ambos de imitación-, elementos balísticos, armas blancas tipo machete y navaja mariposa, multitud de dispositivos electrónicos, ropa, simbología y literatura identificativa de la banda DDP. Los "4Chorros" son ya historia y su territorio de Carabanchel ha quedado vacante.

Los Dominican Don’t Play de Carabanchel habían sufrido tres ataques recientes en su territorio a manos de los Trinitarios. Sentían su orgullo herido y salieron a cobrarse venganza. Kelvin José G.C., un joven venezolano de 21 años, esperaba en un banco tranquilo a que llegase la chica con la que había quedado. Estar en el lugar equivocado en el momento equivocado le arruinó la vida. “Baja patria” fue lo último que escuchó antes de que le disparasen. La bala le perforó una vértebra y quedó tirado en el suelo sin sentir las piernas. Esta es una historia de violencia protagonizada por las bandas latinas que desde hace años buscan imponer su ley en Madrid.

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