La ambición de Rufián y la pieza sobrante: lo que se agita en las izquierdas
La propuesta del portavoz de ERC en el Congreso generó muchas críticas y escasa aceptación. Sin embargo, es reveladora respecto de la situación de un espacio tensionado y expuesto a nuevos movimientos
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE/Chema Moya)
Gabriel Rufián entendió que existía un espacio político huérfano que podía llenarse mediante la creación de un movimiento plurinacional de verdad, que estaría conformado por partidos políticos independentistas y soberanistas de izquierdas. Su llamada a la alianza electoral de ERC, Bildu, BNG y Compromís, entre otros, era fruto de la urgencia, ya que “si no nos ponemos de acuerdo, nos matarán por separado políticamente”. En el horizonte asoma un gobierno PP-Vox.
El camino elegido por Rufián para plantear su propuesta no parecía el más adecuado. Ni siquiera había explicado su idea a la dirección de ERC, que asistía atónita a la creación pública de una hipótesis de la que no estaba enterada. Esther Capella, la portavoz del partido en el Parlament, salió a desautorizar a Rufián, señaló que esa propuesta no estaba sobre la mesa y que ella sí hablaba en nombre del partido. Junqueras estaba verdaderamente molesto con la actitud insistente de Rufián.
Sumar habló de "humo", Esquerra afirmó que esa no es la apuesta del partido y en Bildu no entendieron cuál era el beneficio de la propuesta
Tampoco el momento parecía el más favorable. El día anterior, Oriol Junqueras y Pablo Iglesias habían mantenido una fea discusión en Twitter, en la que, más allá del asunto concreto, asomaron rencores varios. El planteamiento de Rufián incluía un horizonte posible, la incorporación de Podemos a ese espacio de la izquierda plurinacional, que era el que podría aportar un elemento diferencial a la unión, por lo que sonaba más sensato esperar a que las tensiones se apagasen antes de sugerir una unión complicada. Rufián no aguardó, lo que tuvo que sonar muy mal a Junqueras.
En todo caso, la propuesta no encontró buena acogida en ningún espacio de la izquierda. En Sumar hablaron de “humo” y de “serpiente de verano”, Esquerra repitió que esa no es la apuesta del partido y en Bildu no lograron entender el beneficio concreto que podía aportar esa coalición, ni siquiera si se sumaba Podemos, “un partido extraparlamentario en Euskadi y Cataluña y que acostumbra a dar a lecciones a los demás por motivaciones electorales”.
Las ambiciones de Rufián
En este escenario, la negativa a tomar en serio la propuesta de Rufián se tomó por el lado más sencillo, el personal. El diputado de Santa Coloma vive en una situación paradójica. Sus intervenciones le hacen ser cada vez más apreciado como figura parlamentaria de la izquierda y menos como portavoz de ERC. En su partido suelen señalar la tendencia de Rufián a ir por libre, pero la fricción no queda únicamente en eso. Hay cierto consenso entre las fuerzas de izquierda, también en la suya, acerca de que Rufián piensa que se le ha quedado pequeña la marca Esquerra y está tratando de buscar un espacio en el que hacer valer su popularidad.
En la izquierda lo interpretaron como la 'boutade' de alguien que no ve su futuro claro y está intentando generarse un hueco
Hay, por tanto, quienes sugieren que el portavoz de ERC en el Parlamento sería feliz encabezando la candidatura por Madrid de un nuevo espacio de izquierdas; otros que señalan que su propuesta no es más que el proyecto personal de alguien a quien se le ha subido la fama a la cabeza; y otros apuntan a que se trata de la ‘boutade’ de alguien que no ve su futuro claro y está generándose su propio hueco. La apostilla es que, como cae bien, salida en las tertulias tendrá de sobra.
La pieza sobrante
Más allá de la cuestión puramente personal, hay algo cierto en lo que señalaba Rufián. La izquierda es consciente de que necesita un planteamiento electoral unitario, pero no sabe cómo encontrarlo. La propuesta de Rufián puede formularse porque hay una condición de posibilidad: la existencia de una pieza política que no encaja en el rompecabezas de las izquierdas. Si no fuera por esa pieza suelta, el reparto estaría asegurado. Las izquierdas nacionalistas dominarían su territorio, con escasa o nula competencia por parte del espacio Sumar, y este obtendría representación allí donde los nacionalistas no se presentan.
La propuesta de Rufián subraya que hay tres frentes: la izquierda española, la izquierda nacionalista e Iglesias y Rufián entre ambas
La pieza sobrante es Podemos, que encuentra mal acomodo en un lugar y en otro, y que amenaza no tanto con conseguir un gran resultado en las elecciones, sino con tener uno modesto, pero que quiebre las posibilidades del bloque. Podemos, además, ve cerca el final de Sánchez, por lo que no le importa apostar fuerte. Hoy no existe ninguna señal que haga pensar que el espacio de la izquierda vaya a recomponerse con Podemos dentro y las formaciones nacionalistas tampoco han valorado positivamente la idea de ir con los de Iglesias. Al mismo tiempo, los morados hacen todo lo posible por tensar la cuerda con todas esas formaciones en lugar de tender lazos. La fragmentación de las izquierdas es bastante probable, lo que generaría efectos electorales negativos, pero también produciría malas sensaciones antes de los comicios.
Pero desechando la propuesta de Rufián no se acaba con el problema: nadie nombró a Podemos ayer, pero su poder perturbador estaba de fondo. Desde Sumar señalan que la polémica tiene algo de positivo, porque moviliza, ayuda a tomar conciencia del peligro y recalca que el futuro gobierno PP-Vox sigue estando ahí. También tiene mucho de negativo, en la medida en que devuelve los debates en la izquierda a la necesidad de la unidad y tapa más aún la necesidad de nuevos planteamientos ideológicos en el proyecto. La entrada en juego de la propuesta de Rufián subraya que hay tres frentes: la izquierda española, la izquierda nacionalista e Iglesias y Rufián entre ambas. La aceptación popular del portavoz de ERC es un valor que comenzará a jugar en su contra; a partir de ahora, el parlamentario catalán encontrará nuevas animadversiones entre correligionarios, amigos y aliados.
Gabriel Rufián entendió que existía un espacio político huérfano que podía llenarse mediante la creación de un movimiento plurinacional de verdad, que estaría conformado por partidos políticos independentistas y soberanistas de izquierdas. Su llamada a la alianza electoral de ERC, Bildu, BNG y Compromís, entre otros, era fruto de la urgencia, ya que “si no nos ponemos de acuerdo, nos matarán por separado políticamente”. En el horizonte asoma un gobierno PP-Vox.